La
crisis en las rutas: dónde quedan las autopistas que el Gobierno proyecta
construir
Mientras
se adjudican 9000 kilómetros con foco en mantenimiento, el segundo paquete de
proyectos prevé obras en la mayoría de las provincias
5 de
julio de 2026
Una de las tareas más fáciles
para un administrador de temas viales s conocer exactamente dónde están los
problemas de saturación de tránsito, ya que los sistemas de medición de flujo
son baratos y eficientes.
De ahí que cuando los
ministros pidieron a Vialidad Nacional dónde se ubican las “obras urgentes”, el mapa
apareció en minutos. Desde entonces, en el Gobierno trabajan en un complejo
llamado a licitación para ampliar la infraestructura vial que será la cuarta
etapa, después de las tres que por estas horas terminarán de entregar a
concesionarios los primeros 9000 kilómetros de rutas.
El mapa al que accedió LA
NACION y que es la base de las nuevas licitaciones presenta obras y novedades en prácticamente todas
las provincias, excepto Misiones,
Tierra del Fuego y, por supuesto, la Ciudad de Buenos Aires.
A simple vista, el esquema
tiene cuatro focos donde se concentra la
mayoría de las rutas. El primero, y más importante de acuerdo a la
extensión, es el que rodea a todo el complejo
energético que une Vaca Muerta, en Neuquén, con el puerto de Bahía Blanca.
El segundo bloque está
localizado en la zona centro, al norte
de Córdoba y en un complejo de rutas que unen las provincias de Santiago del Estero, Tucumán y
Catamarca. Luego, Salta y Jujuy,
con dos caminos, uno de ellos está en plena obra de ampliación, para unir las
provincias con el límite de Bolivia.
Finalmente, también hay obras
en nodos importantes como los puertos de la zona de Rosario y Santa Fe y una parte de Entre
Ríos, donde se extrae la arena que viaja a Vaca Muerta, y en la
Patagonia, corredores y concesiones en rutas cercanas a Rawson, Trelew y Puerto Madryn, y
más abajo, en algunos la zona aledaña a Comodoro
Rivadavia.
Para que se entienda, las
licitaciones actuales, que se entregan en este tiempo, son las viejas
concesiones que estaban en la empresa Corredores Viales. De los 9000 kilómetros que están en ese
proceso ahora, hay 3000
que ya son autovías, mientras que de
los 6000 restantes sólo se prevé la construcción de 300 kilómetros de rutas de
cuatro manos. Es decir, que nadie tenga la más mínima esperanza de que
las empresas que ganan los concursos y que las manejarán por al menos 25 años
hagan mucho más que tapar baches.
De hecho, no tienen obligación
ya que el pliego no prevé demasiadas obras a cargo de ellas más que la necesidad de que la ruta esté en estado
de “transitabilidad”, una condición subjetiva que será auditada por
Vialidad Nacional, el organismo que iba a desaparecer y que finalmente resistió
la motosierra de la administración del presidente Javier Milei. Dicho en una palabra, solo tienen
obligaciones de bacheo.
Las licitaciones de las rutas
nacionales, que eran esperadas por gran parte del interior del país, se
convirtieron en una enorme decepción
para los usuarios de los corredores. El sector productivo, por caso,
estalló en críticas cuando miró los pliegos y vio que era un festival de bacheo
y peajes.
Actualmente, el sistema vial
sobre las rutas nacionales tiene 39
estaciones de peajes repartidas en 10
tramos. El esquema que se privatizará suma 50 puntos de cobro adicionales que se
autorizaron a instalar en las vías troncales pagas que están en proceso de
licitación.
Como se dijo, en este
paquete se prevé la construcción de tramos de
autopistas, autovías, duplicación de calzadas o tercer carril, según el flujo
de tránsito. Ahora bien, una parte de estas obras está dentro del
paquete que se licita por estos días, que según cálculos del Gobierno,
concentra 80% del movimiento vial argentino.
Hay una parte importante de
kilómetros de esta nueva etapa que sólo serán entregados al sector privado
para sacarlos de la órbita del mantenimiento
que actualmente realiza Vialidad. La idea del Gobierno es que el
organismo deje esas tareas de mantenimiento o construcción y que concentre sus
funciones en cuestiones administrativas. Esas rutas, que están señaladas con color azul en el
mapa, no necesariamente serán concesionadas a las empresas a cambio de
peaje sino que en muchos casos, aún no se sabe en cuáles, el Tesoro pagará como
un servicio al concesionario. Consideran que esta solución es más barata que
dejarlas en manos del mantenimiento de Vialidad.
El mapa sobre el que se trabaja
es tentativo ya que, además, hay consultas con varios organismos y con algunos
gobernadores para ver cuál será el proyecto de licitación final. ¿Cuántos
kilómetros? Algo dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, hace poco más de un
mes en un encuentro en la Bolsa de Comercio de Rosario. “A los 9000 kilómetros que están en
proceso de concesión les vamos a agregar 12.000 kilómetros adicionales,
entre algunos que haremos doble mano y otros con pasos alternativos, y algunos
que vamos a rehacer. El mapa vial para el final del mandato va a parecer que
estamos en otro país. Esto va a ser un cambio”, dijo entonces.
Lo que está en marcha
actualmente es el proceso de concesión de alrededor de 9000
kilómetros que antes estaban en la empresa estatal Corredores Viales.
Mediante este esquema, que se licitaron varias etapas, ya se entregó la ruta
del Mercosur (12 y 14) a la empresa Cartellone,
una compañía constructora mendocina que tiene a gran parte de sus ejecutivos
imputados y en juicio oral en el caso Cuadernos.
Las otras están en distintas etapas de ese llamado a concurso. Allí se pelean
las principales constructoras del país, la gran mayoría imputadas en este
proceso y alguna de ellas con ejecutivos confesos.
El más largo, que lo ganó una
empresa del Grupo Cartellone, cuyos dueños y
ejecutivos están imputados en la causa Cuadernos, tiene la autorización
para colocar una cabina más, en la zona de Paso de los Libres, cerca del límite
con Brasil, que se sumará a las cuatro existentes.
El 1° de julio empezó la
gestión privada en la ruta 5,
llamado Tramo Pampa, que une Mercedes con
Santa Rosa, y se hizo cargo la empresa Construcciones Electromecánicas del
Oeste, una firma mendocina que suele ser adjudicataria de muchas obras en la
provincia que maneja el radical Alfredo Cornejo.
Entonces, también empezó la
gestión privada del Tramo Sur -
Atlántico - Acceso Sur (que contiene la Autopista Ezeiza – Cañuelas
y las rutas 3 y 205). Ahora la explotará un consorcio conformado por las
firmas Concret Nor, Marcalba, Coarco y Pose, varias de ellas también con
antecedentes en la causa Cuadernos.
Pero como se dijo, ese esquema
no prevé prácticamente autopistas ni obras importantes, sino más bien
mantenimiento de la calzada y de las estaciones de peaje, además de posibilidad
de utilizar los terrenos aledaños. El
pago es mediante un peaje que rondará los $3500 por cada 100 kilómetros a
valores de junio del año pasado y que podrán cobrar por 30 años,
según un sistema de actualización que está previsto en los pliegos.
Claro que la apuesta ahora
tiene un interrogante fundamental: si se
cobrará $3500 por cada 100 kilómetros a cambio de cortar el pasto y hacer
baches, cuánto se debería cobrar para hacer obras viales importantes.
Nadie contesta. La respuesta la darán los propios constructores que por estas
horas se amontonan en las licitaciones actuales, una maravilla para los
bolsillos de las empresas viales que se quedan con el flujo por más de dos
décadas y tienen que hacer poco más que permanecer. Pero, claro, habrá que ver qué sucede cuando tengan
que ir a construir y no sólo a cobrar y hacer de jardineros.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/la-crisis-en-las-rutas-donde-quedan-las-autopistas-que-el-gobierno-proyecta-construir-nid05072026/
Comentario:
Hay
promesas que invitan a soñar y otras que conviene leer con un buen mapa al
lado. Aquí se describe un ambicioso plan para transformar la red vial
argentina, con miles de kilómetros de rutas concesionadas y nuevos proyectos de
autopistas. Sin embargo, al revisar los detalles, el entusiasmo parece
detenerse en el primer bache.
La
paradoja es llamativa: se anuncian grandes cambios, pero los contratos actuales
apenas obligan a garantizar la "transitabilidad". Traducido al
castellano cotidiano, el futuro parece consistir en mucho peaje, bastante pasto
cortado y algunos pozos menos. Las autopistas, mientras tanto, aparecen en los
mapas con la misma facilidad con la que desaparecen de los pliegos.
Resulta
curioso que el gran interrogante no sea cuánto costarán las obras, sino cuándo
empezarán realmente. Porque cobrar por mantener es relativamente sencillo;
construir, ampliar y modernizar exige inversiones, planificación y controles
mucho más rigurosos. Y de eso, por ahora, hay más expectativas que certezas.
Quizás el mayor riesgo sea
acostumbrarnos a celebrar anuncios antes que resultados. En Argentina solemos
inaugurar proyectos con discursos mucho antes de que existan las máquinas, el
asfalto o los puentes. Las rutas, sin embargo, tienen una virtud incómoda: no
entienden de conferencias de prensa ni de promesas electorales. Un bache no
desaparece porque alguien lo mencione en un PowerPoint. Y los conductores,
lamentablemente, tampoco pueden esquivarlo con un comunicado oficial.
C.M.
No comments:
Post a Comment
All comments are welcomed as far as they are constructive and polite.