Monday, August 24, 2026

¿Se animará Milei a dar un salto al vacío?, por Joaquín Morales Solá

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¿Se animará Milei a dar un salto al vacío?

 

23 de agosto de 2026

 

Por Joaquín Morales Solá


El Presidente decidió sublevarse contra la realidad. En su penúltimo discurso, ante el influyente Council of the Americas, cargado de palabras soeces ante un auditorio que no está acostumbrado a aplaudir esos modos, desmintió que el consumo se contrajo y que a una numerosa mayoría social le cuesta llegar a fin de mes con sus ingresos actuales. Hace un año esa desconexión con la realidad hubiera sido una excentricidad más en el presidente que nos tocó; ahora está entrando en una zona demasiado riesgosa porque dentro de poco más de un año deberá revalidar su condición de jefe del Estado. Su último aislamiento como inquilino de Olivos fue tan real que hasta ignoró lo que dicen públicamente algunos de sus ministros y de sus legisladores más destacados: la sociedad atraviesa una parte ardua, vacía y desaguada del desierto que significa el fuerte ajuste, que, vale reconocer, la economía necesitaba luego de la larga festichola kirchnerista. En ese mismo discurso se volvió a referir agresivamente, aunque sin nombrarlo, pero de manera inconfundible, al principal empresario argentino, Paolo Rocca, accionista y CEO de la multinacional Techint. Entre el público que lo escuchaba había muchos amigos o conocidos de Rocca; los aplausos al final del discurso fueron tibios y formales, muy distintos de las ovaciones de otros años. El Presidente dijo también que no se había equivocado cuando pronosticó una inflación que comenzaría en cero en agosto, a pesar de que la de julio fue del 2,1 por ciento. Pero él interpretó que el cero correspondía a la inflación mayorista, que fue del 0,8. Contabilidad creativa. Es cierto que la economía creció un 0,8 por ciento en junio con respecto de mayo, porcentaje que adelantó un crecimiento interanual del 2,7 por ciento. Esa evolución de la economía está promovida por la pesca, la minería, el petróleo y el sector agropecuario, franjas productivas donde hay un caudal significativo de inversiones que también debe destacarse. Pero el conflicto consiste en que las bondades de esa producción económica están lejos de los muy poblados centros urbanos y, sobre todo, del populoso y arisco conurbano bonaerense. En la propia capital del país es fácil ver en vastas e importantes calles y avenidas, muy cerca de los barrios elegantes, que existen más negocios cerrados que abiertos. O escuchar a argentinos que se quejan de los salarios insuficientes.

¿Cómo se explica ese crecimiento de la economía que convive con un amplio reclamo social por la escasez? Sucede que ni la pesca ni la minería ni el petróleo ni el campo altamente tecnificado son grandes creadores de mano de obra. La industria nacional y el comercio están, en cambio, muy mal. Y el 45% de los puestos de trabajo está concentrado en la industria, el comercio y la construcción; los servicios, que también se consumen más en los centros urbanos, constituyen otro alto porcentaje de la mano de obra ocupada (o desocupada). Por eso, el temor a perder el trabajo o a no conseguirlo supera ya a la inflación en las encuestas recientes.

 

La última medición de la opinión pública argentina que hacen habitualmente Bloomberg y la agencia brasileña AtlasIntel, y que tiene mucha repercusión en el ámbito de los empresarios e inversores, señaló que la aprobación de Milei está en 37%. No es poco para el tamaño del ajuste que hizo. Su desafío es que esa cifra no siga bajando, aunque un encuestador señaló que “si la percepción de la gente sobre la economía no cambia Milei podría estar con cinco puntos menos, en un 32%, dentro de un año”. El 37% está cerca del 40 que él necesita, con una diferencia de diez puntos sobre el que le sigue, para ganar en primera vuelta y no ir a una segunda ronda electoral. Un 32% haría casi imposible el triunfo en la primera ronda electoral. El balotaje, un mes después, significaría ya un salto al vacío. Y el vacío es una oquedad con un final que nunca está a la vista.

 

Milei puede ufanarse de su 37% porque la aprobación del Gobierno está peor: es de solo el 30%. Según Bloomberg y AtlasIntel, la opinión sobre la situación de la economía es negativa para un 70% de la sociedad. Solo el 26% de los argentinos cree que la economía mejorará en los próximos seis meses, asevera esa medición. El núcleo del problema nuevo es que antes Milei descendía en las encuestas, pero nadie crecía: ahora está mejorando la imagen de Axel Kicillof, cuya imagen positiva está empatada con la de Milei; comparten, además, la misma imagen negativa, que es del 59%. Les guste o no, Patricia Bullrich conserva el liderazgo de la imagen positiva, de acuerdo con Bloomberg, y supera a Milei. Hace pocos días, el peronismo demostró que tiene una fórmula secreta para que desaparezcan las pendencias entre ellos cuando se avecina una elección, sobre todo las presidenciales. Se juntaron sorpresivamente casi todos los bandos que lo integran. Estaban los tres dirigentes más ambiciosos del partido de PerónKicillofMáximo Kirchner en nombre de su madre (¿de quién, si no?) y Sergio Massa, que no renunció a su proyecto presidencial a pesar de que sus pobres encuestas deberían desalentarlo. Kicillof hasta prefirió abandonar por un instante sus esfuerzos para diferenciarse de Cristina Kirchner. Nunca pudo distanciarse definitivamente; después de todo, fue su ministro de Economía y su mejor discípulo cuando estuvieron juntos en el poder. Esa reunión se pareció al éxtasis de la decadencia, pero Milei debería comprender la historia y saber que las sociedades desesperadas suelen escapar de donde están por cualquier puerta. “Improbable”, dice un prestigioso analista de opinión pública cuando se le pregunta sobre un triunfo de Milei en primera vuelta el año próximo, aunque reconoce que a principios de este año su reelección estaba asegurada. Otro prefiere sintetizarlo de una manera más explícita: “Ganará si la gente puede llenar la heladera y perderá si la tiene vacía”. En resumen: las grandes teorías económicas y los hiperbólicos anuncios chocan, al final del día, con el famoso metro cuadrado que rodea a cada argentino.

 

Nada es normal ni previsible. En aquel discurso organizado por la organización empresarial norteamericana Council of the Americas, con viejos lazos con la Argentina, Milei elogió las importaciones y les reprochó a los empresarios argentinos el alto nivel de sus precios. La competencia es necesaria para el consumidor, y es cierto que una parte significativa del empresariado argentino prefiere el proteccionismo económico para vender sin competir. Esa es la histórica tendencia nacional de los negocios. El Presidente debería reconocer, a su vez, que la igualdad de condiciones es indispensable para que la competencia exista sanamente. La economía, en efecto, no debe cerrarse, pero la administración de Milei debería comenzar a bajar la presión tributaria, que va del 56 al 60% si se la mide sobre el sector económico que trabaja en blanco. Impuestos sobre impuestos, que no es obra de Milei, pero que lo ayudan a pavonearse con el superávit fiscal. Nadie habla de la carga impositiva, que es esencial para la competencia con las importaciones. Los malos modos y los insultos pasan inadvertidos cuando la economía es generosa, pero se potencian cuando la economía es módica. ¿Por qué insistir con la insolencia y la ofensa? ¿Por qué Paolo Rocca de nuevo? ¿Por qué otra vez la grosería en sus expresiones? Tales crítica pueden ser una cuestión de ñoños republicanos, pero esos ñoños son los que votaron a Milei en 2023 para fuera presidente de los argentinos. La moneda nunca tiene una sola cara. La obra más importante de Milei es haber instalado en la sociedad, sobre todo en vastos sectores de la juventud, la idea de que son necesarias en el país la competencia, la apertura comercial, el superávit fiscal y la libertad en el mercado financiero. Un cambio significativo en la idea de nación de los argentinos. Esta vez son los jóvenes los que están empujando otra idea de nación. Es el sector etario que detesta el regreso al pasado. “Por eso, el mejor capital político de Milei se llama Cristina Kirchner”, dice un hacedor de encuestas. Milei se resiste, también por eso, a arriar las banderas de una inflación descendiendo, de perseverar con el superávit fiscal y de no devaluar. “Ninguna decisión para resolver la microeconomía de la gente común puede quedar bien con esos tres principios; alguno o algunos deberán modificarse levemente durante un tiempo”, razona un funcionario. No hay solución, por ahora al menos: Milei rechaza cualquier innovación que modifique sus políticas fundamentales.

 

También corre el riesgo de romper la coalición que lo llevó al poder en 2023, cuando él era una experiencia política por conocer. El enfrentamiento permanente con Victoria Villarruel descarta que la fórmula presidencial vuelva a repetirse. ¿Y qué hará entonces la actual vicepresidenta? Nadie la imagina regresando a casa después del tiempo y las energías que ha gastado -y gasta- en recorrer el país. Va donde la invitan, paga sus pasajes de avión -aclaran sus laderos- porque Milei le sacó la posibilidad de usar la flota presidencial y pernocta donde puede. Ella podría agrupar a sectores nacionalistas, a cierto peronismo y a algún mileísmo desencantado con Milei. “No nos preocupa: tendrá un porcentaje bajo de votos”, vaticinan cerca del Presidente. No importa. ¿Y si son suficientes para condenarlo a Milei a una segunda vuelta en las elecciones presidenciales? En aquel enfurecido discurso ante los empresarios, Milei también destrató a Mauricio Macri, a quien le atribuyó un pésimo manejo de la economía en sus tiempos de presidente. No le hizo un favor a su jefe de Gabinete, Diego Santilli, un profeta de la paciencia y el optimismo. Los potenciales aliados (el macrismo y los cinco gobernadores radicales, por ahora) reclaman garantías de que se cumplirán los acuerdos. “En las legislativas de octubre pasado se cumplieron todos los compromisos. ¿Por qué quieren más garantías?”, les replica Santilli. Macri puso también como condición, en sus recientes parloteos con Karina Milei, que se hablara primero de los problemas de la sociedad y, antes que nada, de los endeudados para luego negociar las candidaturas compartidas. Este último problema corresponde a los informes de bancos y billeteras virtuales, según los cuales muchos argentinos se endeudan para comprar alimentos, no bienes durables. Karina pareció comprenderlo. Macristas y radicales desconfían, en síntesis, de la evolución de la economía. Santilli vuelve a pregonar una ilusión: en diciembre la percepción social de la economía será mucho mejor, asegura. Por ahora, no hubo más acercamientos formales entre dirigentes de Pro y funcionarios del Gobierno. Pero Milei ninguneó a Macri justo el día en que las delegaciones del macrismo y del mileísmo habían acordado reunirse de nuevo el próximo jueves. Un dirigente prominente de Pro describe la discordia entre Milei y Macri por la economía de esta manera: “Es un error complicar las cosas desde nuestra parte porque lo que sucederá es muy simple de predecir: Milei perderá la primera vuelta de las próximas elecciones si no hace algunos cambios en la economía”. Otro que dice lo mismo. Ya Karina Milei había sacado a pasear por la Capital a su protegida, Pilar Ramírez, que siempre aspiró a ser la próxima jefa del gobierno capitalino. Desde la victoria del mileísmo en octubre pasado, Karina se propuso sacarle a Pro el liderazgo de la Capital. Mauricio Macri puede entregar muchas cosas en una negociación política, menos el lugar donde nació su partido y su carrera política. La política impone sus condiciones: ellos necesitan hacer un alianza en la Capital para facilitar una coalición en la provincia de Buenos Aires. En ese distrito decisivo, hosco y con una mayoría filoperonista habita el núcleo más numeroso de argentinos críticos de Milei. “Podemos perder hasta yendo juntos”, anticipan en la dirigencia de Pro. El salto al vacío consistirá en un regreso del peronismo al poder. ¿Regresará? Es mejor no hacer algunas preguntas para evitar las respuestas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/se-animara-milei-a-dar-un-salto-al-vacio-nid23082026/ (Editado)

Comentario:

El presente artículo plantea que Milei enfrenta una contradicción central: mientras ciertos sectores de la economía muestran crecimiento, una gran parte de la sociedad continúa padeciendo salarios insuficientes, endeudamiento, desempleo y caída del consumo. La mejora en actividades como la minería, el petróleo, la pesca y el agro no alcanza para compensar la crisis de la industria, el comercio y la construcción, precisamente los sectores que concentran buena parte del empleo urbano.

El autor también cuestiona la estrategia política del Presidente. Sus insultos contra empresarios, opositores y antiguos aliados pueden consolidar a su núcleo más fiel, pero dificultan la construcción de acuerdos indispensables para gobernar y competir electoralmente. La ruptura con Mauricio Macri y Victoria Villarruel, sumada a la desconfianza de sectores radicales y del PRO, podría fragmentar la coalición oficialista y favorecer el regreso del peronismo.

Sin embargo, el texto reconoce que Milei modificó el debate público al instalar la importancia de la competencia, la apertura comercial, el equilibrio fiscal y la libertad económica. Ese cambio tiene especial influencia entre los jóvenes, que rechazan el retorno al pasado kirchnerista.

El gran desafío será entonces, traducir los logros macroeconómicos en mejoras concretas para la vida cotidiana. La estabilidad fiscal no basta si la población no puede llenar la heladera. En definitiva, el artículo advierte que Milei podría estar confundiendo firmeza con aislamiento: si no adapta algunas políticas y modera su confrontación, el “salto al vacío” electoral podría dejarlo sin aliados y abrirle nuevamente la puerta al peronismo.

Clara Moras.


Sunday, August 23, 2026

Por suerte estaba Massa, por Alejandro Borensztein

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Por suerte estaba Massa

Milei sigue beneficiándose de la comparación con el kirchnerismo. Por las dudas, no debería abusar tanto del recurso.

Al Caribe. Massa y el jet privado.

22/08/2026


Por Alejandro Borensztein

Antes que nada cabe destacar la buena noticia que tuvo el gobierno esta semana. Por un lado metieron preso por intento de asesinato a un tipo que se llama Cerimedo y que fue uno de los ideólogos y asesores del equipo de redes y comunicación de Milei. Por otro lado, se confirmó que en todas las encuestas hay una caída de la imagen positiva del gobierno. A eso hay que sumarle que el riesgo país comenzó a subir y, como si todo esto fuera poco, Javi se volvió a meter con el tema del aborto mezclando la baja de natalidad en el país y en el mundo con los pañuelos verdes. La buena noticia es que de todo esto sirve para demostrar nuevamente que Milei es un presidente con suerte: en el mismo momento en que pasaba todo esto, nos enteramos de que Sergio Massa se fue a rascar el higo en un jet privado al Caribe y todo lo demás pasó a un segundo plano.

Definitivamente ya podemos acuñar una nueva ley de oro. Ya teníamos la Ley de Oro Kirchnerista que enuncia: “cada vez que un gobierno kirchnerista raja a un funcionario o funcionaria siempre es reemplazado por algo peor”. Ahora también tenemos una Ley de Oro Libertaria que dice: “cada vez que un libertario o una libertaria se mande una cagada universal siempre habrá un peronista dispuesto a rescatarlo haciendo algo peor para llevarse las marcas”.

Cuando no es Insaurralde es Quintela o Grabois o Moreno o Facundo Moyano o, si no queda más remedio, te la sale a remar Sergio Massa. Lo importante es que la ley se cumple siempre.

Dicho esto, desgranemos lo importante.

El caso Cerimedo es un tema difícil, no solo porque implica un intento de femicidio sino porque el tipo es promotor y padrino de las Fuerzas del Cielo.

Por suerte salieron voceros allegados al mundo oficialista y nos explicaron la verdadera historia del episodio.

Según dicen los libertarios, la mujer decidió contratar a 2 sicarios para que le peguen 4 tiros. Al parecer ella le habría dicho bien clarito a ambos asesinos que uno de los disparos lo debían errar, el otro la debía raspar un poquito y los otros dos tiros la tenían que impactar, pero en el hombro y en el brazo. Le podían romper, como mucho, un hueso. Hasta dos se la bancaba, pero no más.

Además es evidente que la mujer tenía un fuerte apoyo económico porque, pudiendo ahorrar plata contratando un solo sicario, contrató dos. No escatimó.

Ahora sabemos que Cerimedo es otra víctima de los zurdos que, con tal de perjudicar a las derechas latinoamericanas, son capaces de hacerse asesinar a sangre fría. No sería raro que para completar la conspiración, ahora se descubra que la idea del autoatentado se la sugirió el periodista Marcelo Bonelli, obviamente después de terminar su columna comunista de los viernes.

Dicho sea de paso, impecable el insulto que Javi le espetó a Bonelli. El Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina Doctor Don Javier Gerardo Milei escribió este viernes 21 de agosto a las 1:39 pm que Marcelo Bonelli era una “mierda humana mal cagada”. Posta. No se sabe si algún día le darán a Javi el Nobel de Economía, pero el de Literatura ya habría que ir descartándolo. También el de la Paz.

En este sentido, la Cancillería debería estar alerta. Un viaje de Milei a Brasil o a Colombia para que insulte presidentes se puede tolerar pero sería mejor que no lo lleven a cenar con nadie de la realeza europea. No estaría bueno que el mandatario argentino vaya vestido con el mameluco de YPF a cenar con el Duque de Windsor. O que se reúna con la Reina Máxima de Holanda y le cuente lo que piensa de Melconian, Pagni o Paolo Rocca. Ella entiende castellano.

Por el tema de las encuestas, el gobierno no debería preocuparse. Todos los días salen nuevas y de todo tipo. Sin embargo, cuando uno las analiza en profundidad, descubre que hace décadas que todas indican lo mismo, aunque con distinto formato. Imagen positiva, imagen negativa, ¿a quién no votaría nunca? ¿a quién votaría si enfrente se presenta Mengano? ¿cómo ve su propio futuro? ¿usted está mejor o peor que antes? Todo parece muy elaborado.

Sin embargo, cuando se analizan los resultados con distancia y frialdad, todas las encuestas muestran lo mismo: 40% siempre vota peronismo, 40% siempre vota cualquier cosa que no sea peronismo y el 20% restante decide quien gana la elección.

Cualquier otro análisis no es más que un disfraz tras el que se esconde la fórmula 40/40/20 pero que sirve para que algunos dueños de encuestadoras cambien el auto más seguido.

La historia lo demuestra. Pocos recuerdan que cuando Herminio Iglesias quemó el famoso “cajón de Herminio Iglesias”, llevando al peronismo a uno de sus peores momentos de la historia, sacaron el 41%. O sea 40% de peronistas y 1% de gente que le encantó lo del cajón.

Cuando Alberto y Cristina dijeron que volvían mejores, sacaron 48%, o sea 40% de peronistas y 8% de embaucados. En la misma elección, Macri sacó 41%, es decir 40% que vota cualquier cosa menos peronismo y 1% de distraídos. Revisen todas las elecciones y es así siempre.

Por su parte, el tema de la morosidad es mucho más complejo y bien merecería una nota entera. Quedémonos con la idea principal del presidente: es un problema entre privados. Caramba.

En el año 2008 millones de norteamericanos dejaron de pagar sus hipotecas. Para el caso también era un problema entre privados, pero un problema de la gran flauta porque mandó a la quiebra a Lehman Brothers, el principal banco de inversión de EEUU, ante la pasividad del presidente Bush.

Por suerte al toque asumió Obama y evitó que la caída de Lehman arrastrara a todo el sistema financiero americano, al europeo y se comiera los ahorros de todo occidente. Para los libertarios argentinos, un pequeño problema entre privados.

Una vez más, la idea tantas veces expresada en esta columna: si nuestros gobernantes supieran algo de historia nos ahorraríamos la mitad de los problemas. Apotegma: Libros si, alpargatas y twitter no.

En este contexto amigo lector, volvemos al punto de siempre: lo malo que habrá sido el kirchnerismo que Milei, insultando a medio mundo a niveles estratosféricos y metiendo la pata cada 48 horas, sigue siendo más tolerable que Cristina, Máximo, Axel, Massa y Alberto. Al menos eso piensa el 40% que vota cualquier cosa menos Cristina, Máximo, Axel, Massa y Alberto.

Veremos que dice el famoso 20% que son los únicos que importan.

Mientras tanto, en otro lugar de Ciudad Gótica, la ley de oro libertaria ya estaba en marcha y pronta para cumplirse. Massa se fue al Caribe vía Montevideo en un vuelo que costó 200.000 dólares y volvió por Paraguay para que no se entere nadie. Nos enteramos todos. Ni eso les sale bien.

Por suerte estaba Massa. Festeja Milei.

 

Fuente: https://www.clarin.com/opinion/suerte-massa (Editado)

Comentario:

Qué suerte tiene Milei: cada vez que el gobierno tropieza, aparece un peronista dispuesto a caer peor. Esta semana el menú fue abundante: un ex asesor libertario preso por intento de femicidio, encuestas que muestran caída de imagen, riesgo país al alza y el presidente mezclando aborto con natalidad como si fuera un influencer de la demografía. Pero, por suerte, estaba Massa. El ex ministro se fue al Caribe en jet privado, con escala técnica en la discreción y regreso por Paraguay para que “no se entere nadie”. Se enteraron todos. Y así, la tormenta mediática mutó en comedia: el villano del día ya no es el presidente que insulta a medio mundo, sino el ex rival que se toma unas vacaciones que parecen sacadas de una telenovela de ricos.

La columna también propone  una “Ley de Oro Libertaria”: cuando un libertario mete la pata de manera universal, siempre hay un peronista que rescata la escena con una cag… mayor. Funciona como reloj: si no es Insaurralde, es Quintela; si no es Grabois, es Moyano; y si no queda opción, sale Massa a remar con sombrero de paja. Mientras tanto, el caso Cerimedo se reescribe en versión conspiranoica: la víctima habría contratado dos sicarios con instrucciones de precisión quirúrgica, porque uno solo era poco elegante. Bonelli, por supuesto, está en el guión.

Las encuestas, dice el autor, son siempre la misma fórmula 40/40/20 disfrazada de ciencia. Y la morosidad, para el presidente, es un “problema entre privados”, como si Lehman Brothers, por ejemplo, hubiera sido un malentendido entre vecinos. Moraleja irónica: los libros sobran; alpargatas y Twitter bastan. Y mientras Ciudad Gótica arde, Massa sonríe en Barbados. Por suerte.

 

Clara Moras.


Friday, August 21, 2026

El hallazgo que podría dar pistas sobre la longevidad, por Alejandro Horvat

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El hallazgo que podría dar pistas sobre la longevidad

Un estudio realizado en Japón identificó una población poco habitual de linfocitos que aumenta a edades extremas y podría favorecer la vigilancia frente a infecciones y células tumorales

·         21 de agosto de 2026

 Por Alejandro Horvat

 Para una persona, llegar a los 100 años ya es excepcional; superar los 110 es un hito al alcance de muy pocos. A quienes alcanzan esa edad se los conoce como supercentenarios y se han convertido en una población de especial interés para los científicos que intentan comprender por qué algunas personas no solo viven mucho más que el promedio, sino que además consiguen retrasar enfermedades asociadas al envejecimiento.

Un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Osaka, en Japón, aporta una pista que apunta hacia el sistema inmunológico. El trabajo, publicado en Cell Reports, encontró que con la edad aumenta una población poco habitual de células de defensa llamadas linfocitos T CD4+ citotóxicos (CD4 CTL) y que ese incremento se vuelve especialmente marcado alrededor de los 100 años.

La investigación sugiere que el envejecimiento de las defensas no sería únicamente un proceso de deterioro. En algunas personas extremadamente longevas, el sistema inmunológico parecería conservar la capacidad de reorganizarse frente a amenazas persistentes. Sin embargo, los autores advierten que no demostraron que estas células sean responsables de vivir más ni que protejan, por ejemplo, del cáncer.

Unas células poco habituales

Los linfocitos T CD4 suelen ayudar a coordinar la respuesta inmunológica. Los CD4 CTL son diferentes: poseen además capacidad citotóxica, es decir, pueden atacar determinadas células. Normalmente son poco frecuentes, pero se los ha observado en respuestas frente a infecciones virales y existen investigaciones que muestran su capacidad para eliminar células tumorales y senescentes, aquellas que se acumulan con el envejecimiento.

Los científicos analizaron muestras de sangre de 28 personas: ocho de entre 70 y 99 años, diez centenarios –de 100 a 109– y diez supercentenarios, de 110 años o más. Los CD4 CTL representaban una mediana del 4% en el primer grupo, aumentaban al 9,6% entre los centenarios y llegaban al 17,6% entre los supercentenarios. El resultado fue luego contrastado con bases públicas que reunían más de cinco millones de células.

Además, determinados grupos de estas células se habían multiplicado de manera extraordinaria, un fenómeno conocido como expansión clonal, que puede ocurrir cuando una célula inmunológica reconoce una amenaza y genera copias para responder contra ella.

Al comparar los receptores de esas células con grandes bases de datos, los investigadores encontraron coincidencias con secuencias observadas en pacientes con cáncer de pulmón, mama e hígado, aunque los centenarios y supercentenarios estudiados no tenían antecedentes conocidos de esos tumores.

Una hipótesis es que estas células participen de una suerte de vigilancia inmunológica, reaccionando frente a células anormales antes de que exista una enfermedad detectable. También podrían responder a virus latentes o células senescentes. Pero los autores aclaran que las coincidencias encontradas no prueban que estuvieran efectivamente reconociendo células cancerosas.

“Inmunopotencia”

Para el neurólogo Conrado Estol, allí radica uno de los aspectos más interesantes del trabajo. “Los supercentenarios no parecen tener simplemente un sistema inmune ‘más joven’, sino un sistema capaz de seleccionar y expandir linfocitos T CD4+ citotóxicos especializados en detectar y eliminar amenazas como infecciones y posibles células tumorales”, explica.

 “No podemos decir que estas células sean la causa de que estas personas vivan 110 años”, advierte. Pero considera que el hallazgo plantea la posibilidad de que la longevidad extrema dependa, en parte, de conservar durante décadas mecanismos particularmente eficientes de vigilancia y reparación.

Estol utiliza un término para sintetizarlo: “inmunopotencia”, en contraposición a pensar el envejecimiento únicamente como pérdida de capacidad inmunológica. Y plantea que podría existir una arquitectura genética que favorezca esa longevidad, en la que participen genes como APOE2, FOXO3 y CETP, aunque esa conexión no fue demostrada por el estudio.

El neurólogo traza un paralelismo con los elefantes, que poseen múltiples copias de TP53, un gen clave para controlar el daño celular. Aunque se trata de mecanismos diferentes, apunta, aparece una idea común: “Vivir mucho no sería solamente envejecer más lentamente, sino ser extraordinariamente bueno detectando y eliminando el daño antes de que se convierta en enfermedad”.

El papel de la alimentación

El hallazgo abre otra pregunta: ¿es posible favorecer mediante los hábitos un mejor funcionamiento del sistema inmune? El estudio describe características propias de los centenarios analizados y no demuestra que la expansión de estos linfocitos pueda conseguirse mediante alimentación, ejercicio u otras conductas.

Eso no significa que los hábitos sean irrelevantes. “La alimentación, el sistema inmunológico y el envejecimiento están totalmente relacionados”, señala Cecilia Ponce, especialista en nutrigenética y autora de La edad que elegimos. Con los años aparece la inmunosenescencia –la pérdida progresiva de capacidad para responder frente a infecciones– y aumenta la inflamación crónica de bajo grado asociada al envejecimiento, conocida como inflammaging.

Según Ponce, la alimentación puede influir sobre esos procesos. Una dieta con pescado y fuentes de omega 3, frutas, verduras y alimentos mínimamente procesados puede favorecer mecanismos relacionados con la regulación de la inflamación. Otra vía pasa por el microbioma intestinal.

“Cuando consumimos fibras alimentarias, polifenoles y otros componentes bioactivos, van a aumentar aquellas bacterias que tienen la capacidad de generar ácidos grasos de cadena corta, como butirato, propionato y acetato”, explica. Estos compuestos intervienen en procesos relacionados con la permeabilidad intestinal, la inflamación y la inmunidad. “La alimentación va a tener un diálogo directo con el microbioma intestinal, que está sumamente relacionado con la inmunidad”, agrega.

La distinción es central. Una alimentación saludable puede contribuir al funcionamiento inmunológico, pero no existe evidencia de que permita reproducir el particular perfil de células T encontrado en quienes llegan a edades extremas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/que-tienen-de-distinto-las-defensas-de-quienes-llegan-a-los-110-anos-el-hallazgo-que-podria-dar-nid21082026/ (Editado)


Tuesday, August 18, 2026

Nadie monitorea los experimentos con virus riesgosos que podrían iniciar la próxima pandemia, por Alina Chan

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Nadie monitorea los experimentos con virus riesgosos que podrían iniciar la próxima pandemia

La autora de esta nota es una bióloga molecular que trabajó en un laboratorio de ingeniería de vectores virales; a seis años del Covid-19, reclama una regulación

18 de agosto de 2026

 

Por Alina Chan

The New York Times

 

NUEVA YORK.– En febrero del año pasado, la revista Cell publicó un estudio en el que virólogos en China analizaron casi 1000 muestras de murciélagos, recolectadas de cinco provincias y almacenadas en el Instituto de Virología de Wuhan, en busca de nuevos coronavirus. El propósito previsto de un trabajo como este es dar una alerta temprana: aprender qué virus animales están cerca de ser capaces de infectar a las personas, para que los virólogos sepan qué observar y tengan la oportunidad de prepararse.

Descubrieron que un puñado de muestras portaba parientes del MERS, un coronavirus mortal. Los investigadores demostraron entonces que uno de esos virus podía entrar en las células humanas a través de la misma puerta celular que los virus que causan el SARS y el Covid-19.

Los científicos cultivaron el virus en versiones creadas en laboratorio de células humanas de las vías respiratorias, la nariz y el intestino, donde se multiplicó. Propusieron probarlo a continuación en ratones modificados con la misma puerta celular humana. También identificaron características que limitaban la eficiencia con la que el virus podía infectar las células humanas. Más trabajo de laboratorio podría crear un virus sin esas limitaciones, y miembros de este grupo habían realizado ese tipo de experimentos anteriormente.

Todo esto se hizo fuera de un alto nivel de contención, dos peldaños por debajo del tipo de precauciones reservadas para los patógenos más mortales. Destacados virólogos hicieron sonar la alarma, diciendo que el nivel de seguridad era inadecuado para un nuevo virus potencialmente capaz de infectar a las personas a través del aire.

Cuando Cell recibió críticas por publicar el estudio, un vocero de la revista dijo que las decisiones de bioseguridad como estas recaen en el científico principal de un estudio y su institución, y que los investigadores “no infringieron ninguna regla o política de la revista”. Cell tenía razón. En China y en los Estados Unidos hay sorprendentemente pocas restricciones sobre este tipo de investigación. Los científicos todavía pueden recolectar nuevos coronavirus, mejorarlos en el laboratorio bajo condiciones de bioseguridad relativamente bajas e incluso causar accidentalmente un brote, sin infringir ninguna regla.

Las reglas no habrían evitado lo que sucedió un mes después, cuando un trabajador en un laboratorio de Fort Detrick en Frederick, Maryland, encontró un agujero grande en un traje hermético. A aproximadamente una hora en auto de Washington, Fort Detrick contiene algunos de los laboratorios de máxima contención del país, donde los científicos manejan patógenos mortales, incluidos el ébola y el hantavirus. Se llamó al FBI y se entrevistó a decenas de miembros del personal.

Los investigadores concluyeron que el daño fue deliberado, pero no pudieron determinar quién fue el responsable. La investigación también reveló evidencia de otras violaciones graves de los protocolos de seguridad, fallas que no tenían nada que ver con el aparente sabotaje y que probablemente no habrían salido a la luz sin él. El laboratorio fue cerrado durante casi seis meses.

He trabajado en un laboratorio que diseña virus (del tipo que no causa enfermedades), y lo que me llama la atención sobre ambos episodios es cuánto depende del juicio y el buen comportamiento de los individuos. Los científicos son personas. Los errores, las malas decisiones y los momentos de ira ocurren, y los patógenos escapan de los laboratorios más a menudo de lo que se podría pensar.

Lo que falta es un estándar vinculante y con un alcance suficiente para regular la investigación de patógenos con potencial catastrófico, establecido y aplicado por alguien que no sean los investigadores que realizan el trabajo y las agencias que lo pagan. Ningún país tiene uno. Ningún organismo internacional tiene el poder de establecer uno.

La acción debería comenzar con los Estados Unidos, el mayor financiador público de investigación de enfermedades infecciosas del planeta, que también suministra a gran parte del mundo el dinero, los materiales y las revistas científicas que impulsan el campo. En julio pasado, la administración Trump emitió nuevas reglas para la investigación de patógenos riesgosos que financia. Son una mejora potencial, pero no son suficientes.

Tal regulación se ha retrasado mucho. La capacidad de trabajar con patógenos peligrosos fue aumentando en todo el mundo.

Durante décadas, solo un puñado de países operó instalaciones BSL-4, laboratorios construidos para manejar los patógenos más mortales. Hoy en día, al menos 53 laboratorios BSL-4 operan en 22 países, muchos de ellos en ciudades densas. La investigación con patógenos peligrosos también ocurre en laboratorios de menor bioseguridad, que son mucho más numerosos y difíciles de rastrear.

Las fugas de laboratorio no son inusuales. Una revisión de 2024 contó unos 300 casos de trabajadores de laboratorio que se infectaron con los patógenos que estaban estudiando entre 2000 y 2021, muchos de ellos en laboratorios un paso o dos por debajo de las instalaciones de máxima contención. Debido a que la revisión se basa en informes voluntarios, los autores llamaron a ese conteo “la punta del iceberg”.

Las infecciones pueden ocurrir incluso en instalaciones de alta contención. El SARS y los virus similares al SARS han escapado de laboratorios BSL-3 y BSL-4 repetidamente.

Fuera de las infecciones de laboratorio documentadas, queda la que puede ser más importante: el probable escape del virus que causa el Covid-19 de un laboratorio en Wuhan, China, en 2019. Los científicos en esa ciudad habían pasado años recolectando nuevos coronavirus, y en el año anterior al brote se unieron a una propuesta liderada por estadounidenses –rechazada por el Departamento de Defensa– para crear virus con la característica definitoria del SARS-CoV-2.

Seis años después, el panorama oficial sigue siendo confuso. Los servicios de inteligencia y las academias científicas que analizaron la cuestión no están de acuerdo entre sí. Varios todavía consideran que el contagio natural de un animal es la mejor explicación, mientras que otros revisaron sus posiciones hacia un origen de laboratorio.

Si las evaluaciones que apuntan a un origen de laboratorio son correctas, el Covid-19 sería el accidente más destructivo en la historia de la ciencia. Según algunas mediciones, el virus mató a más de 15 millones de personas en todo el mundo y drenó un estimado de 14 billones de dólares de la economía estadounidense.

Valdría la pena tener, si tal cosa fuera posible, una contabilidad de la totalidad de la pandemia: el número de muertos, para lo cual tenemos estimaciones aproximadas, y todo lo que hay debajo... Los abuelos que murieron entre extraños, los tumores encontrados tarde porque los escáneres permanecieron inactivos, los años universitarios pasados en dormitorios de la infancia, las pequeñas empresas cerradas, las amistades que se desmoronaron, los jóvenes que comenzaron sus carreras en videollamadas, las decenas de millones de personas en Asia, África y América Latina empujadas de nuevo a la pobreza, el tono bajo de temor que se instaló sobre la vida cotidiana y que aún no se disipó por completo.

La mayoría de nosotros soportamos todo eso de la forma en que las personas soportan un desastre natural. Pero esa actitud es incorrecta si la evidencia apunta a otra parte. Un error humano con consecuencias horribles no es un acto de Dios, e incluso la posibilidad debería centrar nuestra atención en evitar que algo así vuelva a suceder.

Un virus no necesita ser especialmente mortal para poner nuestras vidas patas arriba. Solo necesita propagarse fácilmente, como lo hizo el SARS-CoV-2.

La mayor parte de la investigación es beneficiosa

La mayor parte de la investigación de patógenos es beneficiosa para la sociedad. La pequeña parte de ella que es capaz de causar una pandemia ha sido objeto de un largo debate en la comunidad científica. El término “ganancia de función” se utilizó para referirse a una amplia gama de investigaciones. Puede describir hacer que una bacteria brille para que los científicos puedan seguirla bajo un microscopio o construir un virus que se propague más fácilmente en una multitud. Son los experimentos que pueden hacer que un patógeno sea más letal o contagioso los que requieren nuestra atención.

Algunos científicos argumentan que dicha investigación de ganancia de función podría ayudarnos a crear contramedidas médicas para los virus preparados para infectar a los humanos. Otros dicen que probar lo que un virus necesitaría para propagarse puede decirnos qué mutaciones observar en la naturaleza. Otros argumentan que el trabajo es necesario para mantener el ritmo de los adversarios que realizan los mismos tipos de experimentos. Los experimentos de mejora de patógenos en el centro de este debate produjeron artículos científicos, pero no tengo conocimiento de que sean necesarios para el desarrollo de una sola vacuna o tratamiento en uso hoy en día.

Los incentivos para la investigación de virus riesgosos empujan en la dirección equivocada. En un artículo del Washington Post de 2011 titulado “Un riesgo de virus de gripe que vale la pena correr”, los doctores Francis Collins y Anthony Fauci –entonces directores de los Institutos Nacionales de Salud y su instituto de enfermedades infecciosas– defendieron los experimentos de ganancia de función que hicieron que una gripe aviar mortal fuera más contagiosa en mamíferos. Cuando los financiadores que controlan cientos de millones de dólares en subvenciones de investigación respaldan tales experimentos, los científicos tienen una razón poderosa para perseguirlos. Los investigadores que buscan publicaciones, subvenciones y ascensos a menudo son recompensados por la velocidad y la novedad en lugar de la precaución. Algunos toman atajos y trabajan bajo una bioseguridad menos estricta para ahorrar costos y tiempo. Un virólogo creó lo que llamó “probablemente uno de los virus más peligrosos que puedes hacer” para probar un punto a sus colegas que dudaban de que pudiera hacerse.

Las conversaciones sobre la investigación de ganancia de función se politizaron tanto que los llamados a una mayor supervisión se pintan como ataques a la ciencia misma. Pero nada le costaría más a la ciencia que otra pandemia rastreada hasta un laboratorio o simplemente sospechosa de provenir de uno. Un público convencido de que los científicos causaron el desastre sería más lento en aceptar la próxima vacuna y menos dispuesto a apoyar la investigación de patógenos. Después de las lecciones ganadas con esfuerzo de crisis y situaciones cercanas, el trabajo con materiales nucleares es una de las actividades más fuertemente reguladas de la tierra. Nadie considera eso un insulto a los físicos.

Todas las administraciones desde la de Barack Obama intentaron establecer contenciones para la investigación de patógenos de alto riesgo, deshaciendo o reescribiendo políticas anteriores. Las reglas de julio de 2026 reemplazaron una política de la era Biden que el presidente Trump eliminó el día antes de que entrara en vigor.

De varias maneras importantes, la política de julio de 2026 es más rigurosa en papel que la que reemplazó. Mientras que la política de la administración Biden habría enviado los experimentos más peligrosos para su revisión, esta los prohíbe directamente. Establece un organismo independiente para sopesar los casos ambiguos y amenaza a las instituciones que no informan sobre dicho trabajo con hasta cinco años de inelegibilidad para fondos federales.

Tres brechas importantes

Quedan tres brechas importantes.

La primera es la investigación privada. Hubo cuatro intentos importantes de restringir la investigación de ganancia de función desde 2014, y todos ellos se aplicaron solo a la investigación que paga el gobierno. Incluso bajo las nuevas reglas, las instituciones que no reciben dinero federal solo están, en palabras de la política, “fuertemente alentadas” a adoptar procedimientos equivalentes y advertidas de que negarse podría costarles futuros fondos federales. Ese enfoque puede funcionar en universidades con carteras de subvenciones federales, pero no vincula a los grupos financiados con fondos privados, como reconoce la propia política. La orden ejecutiva de 2025 de Trump solicitó una propuesta legislativa para abordar esta brecha dentro de los 180 días, pero ese plazo se ha superado y la política ahora delega esta tarea a un futuro grupo de trabajo.

La segunda es la autoridad. Gran parte de la maquinaria regulatoria aún no se estableció y la política deja en manos de las agencias de financiación la creación de una guía de implementación, así como el nuevo organismo de revisión independiente. Las recomendaciones del organismo de revisión están destinadas a “informar las decisiones de la agencia de financiación”, ya que la política no puede exigir que una agencia las siga. Los científicos y sus instituciones seguirán decidiendo por sí mismos si su trabajo necesita revisión, y las agencias deben detectar lo que se escapa y decidir si seguir el consejo del organismo. Es como pedirle a los grandes bancos que creen la Oficina de Protección Financiera del Consumidor y luego dejar que la anulen.

Una discreción como esa ya permitió que propuestas riesgosas se salten la revisión que se suponía debían obtener, a veces porque los científicos y los miembros del personal de la agencia asignados para marcar el trabajo riesgoso simplemente no están de acuerdo sobre qué experimentos son peligrosos y qué riesgos vale la pena correr, y a veces porque un investigador podría no haber sido comunicativo. Un mejor diseño evaluaría cada propuesta contra un estándar cuando se presente y enviaría cualquier cosa marcada al organismo de revisión, independientemente de si el científico o el financiador están de acuerdo.

La tercera es el alcance. La búsqueda de nuevos virus en la naturaleza –donde comenzó el estudio de Cell y la investigación de coronavirus de murciélagos de Wuhan– es omitida por la política de la categoría de investigación peligrosa sujeta a revisión independiente. El dinero estadounidense ayudó a financiar esa búsqueda en el extranjero durante más de una década, bajo la teoría razonable de que los patógenos emergentes no respetan las fronteras. Pero los financiadores estadounidenses tienen poco acceso y ningún control sobre lo que los científicos extranjeros hacen con los virus que encuentran, incluidos los peligrosos experimentos de ganancia de función en niveles bajos de bioseguridad.

Incluso bajo la nueva política, nada requiere que una agencia mire sistemáticamente hacia atrás a través de las subvenciones que ya otorgó, y al organismo de revisión se le permite auditar solo una pequeña fracción de las propuestas que no fueron marcadas como trabajo peligroso de ganancia de función. Los Institutos Nacionales de Salud gastan casi 8000 millones de dólares al año en investigación de enfermedades infecciosas y no tienen recursos dedicados para identificar sistemáticamente todos los riesgos en su propia cartera. En 2024, un inspector general descubrió que el Departamento de Defensa no rastreaba la financiación con suficiente detalle para determinar cuánto había dado a los laboratorios chinos para la investigación de mejora de patógenos.

Cada una de estas brechas existe porque no se hizo responsable de cerrarla a ninguna entidad gubernamental y porque ninguna de estas políticas es duradera. La política de julio de 2026 se basa en una orden ejecutiva, lo que significa que una nueva administración podría revocarla fácilmente, como sucedió con las reglas que la precedieron.

Solo el Congreso puede dar esa autoridad a un organismo independiente. La opción más prometedora sobre la mesa es un proyecto de ley llamado Ley de Revisión de Investigación Riesgosa, que establecería una agencia independiente con 30 millones de dólares al año en financiación. El proyecto de ley fue aprobado por el Comité de Seguridad Nacional del Senado en una votación de 11 a 2 hace más de un año, pero no se programó una votación completa en el Senado. El principal patrocinador del proyecto de ley, Rand Paul, pasó años en conflicto con Fauci y la legislación se enredó en esa lucha.

El proyecto de ley sería un comienzo. Pero al igual que la política de julio de 2026, su autoridad se detendría donde lo hace el dinero federal. Lo que la investigación de alto riesgo necesita es un regulador, y el Congreso debería crear uno, como los expertos han instado durante años. Siguiendo el modelo de la Comisión Reguladora Nuclear, tendría la seguridad como su mandato principal. Sabría en qué está trabajando cada laboratorio, quién lo paga, cuál es su historial de seguridad y cuántas personas viven cerca. Recopilaría datos necesarios para una formulación de políticas efectiva y proporcionaría capacitación y recursos a los laboratorios que supervisa.

El Congreso ha creado docenas de agencias reguladoras, abordando los riesgos para el público en general de alimentos y medicamentos, productos de consumo, lugares de trabajo, instituciones financieras y energía nuclear. No hay razón por la que no se pueda crear una agencia similar para regular la investigación capaz de dañar a miles de millones de personas.

Mientras se establece dicha entidad, se podrían dar varios pasos ahora. El Congreso debería financiar un barrido sistemático de la investigación en cualquier parte del mundo que pueda encender una pandemia. Un riesgo es que las reglas estadounidenses más estrictas puedan empujar el trabajo peligroso a países con una supervisión más débil. Los Institutos Nacionales de Salud y otras ramas del gobierno federal pueden usar su considerable influencia sobre las instituciones de las que depende la investigación internacional de patógenos –las revistas que la publican, los proveedores comerciales que venden materiales y equipos esenciales, y los financiadores privados que la pagan– para endurecer la detección de la investigación riesgosa dondequiera que ocurra el trabajo.

Ninguno de estos argumentos depende de dónde vino el Covid-19. Si el virus surgió de un mercado de animales, todos los peligros descritos aquí siguen en juego en los laboratorios de investigación de patógenos, en más países que nunca. Si salió de un laboratorio, ya conocemos el precio. De cualquier manera, a menos que esta investigación sea puesta bajo una supervisión real, no espero que el resto del siglo XXI pase sin una fuga de laboratorio catastrófica.

Lo que nadie podrá decir la próxima vez es que no tuvimos advertencia. Sabemos que la peligrosa investigación de patógenos de ganancia de función continúa, y sabemos lo que puede suceder cuando sale mal. Si hacemos algo al respecto es una decisión que podemos tomar. Por ahora, estamos dejando esa decisión en manos de las personas que quieren realizar los experimentos.

*Alina Chan fundó una organización sin fines de lucro que rastrea la investigación de patógenos y es autora de “Viral: The Search for the Origin of Covid-19”.

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/advertencia-de-una-experta-nadie-monitorea-los-experimentos-con-virus-riesgosos-que-podrian-iniciar-nid18082026/ (Editado)

 

Comentario:

Este artículo plantea una cuestión incómoda pero necesaria: ¿hasta dónde debe llegar la investigación científica cuando sus beneficios potenciales pueden ir acompañados de riesgos capaces de afectar a toda la humanidad? La investigación sobre virus y enfermedades infecciosas ha permitido avances fundamentales y sería injusto presentar a la ciencia como una amenaza en sí misma. El problema aparece cuando la búsqueda de conocimiento, publicaciones, financiación o reconocimiento puede favorecer que la velocidad y la innovación tengan más peso que la prudencia.

Uno de los aspectos más preocupantes es también la dependencia excesiva del criterio individual. Los científicos son profesionales altamente capacitados, pero también son seres humanos y pueden cometer errores, subestimar riesgos o actuar bajo presiones institucionales. Por eso, la bioseguridad no debería depender únicamente de la responsabilidad personal de quienes realizan los experimentos.

La propuesta de establecer una supervisión independiente resulta, en este sentido, razonable. Regular la investigación de alto riesgo no significa estar en contra de la ciencia; por el contrario, puede contribuir a proteger su credibilidad y legitimidad social. Una nueva pandemia, independientemente de su origen, podría generar no solo una enorme crisis sanitaria y económica, sino también una profunda pérdida de confianza en la comunidad científica.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio: no frenar la investigación necesaria, pero tampoco aceptar riesgos extraordinarios sin controles proporcionales. La ciencia necesita libertad para avanzar, pero esa libertad debe estar acompañada por responsabilidad, transparencia y mecanismos de supervisión independientes.

Clara Moras.


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