¿Se animará Milei a dar un salto al vacío?
23 de
agosto de 2026
El Presidente
decidió sublevarse contra la realidad. En su penúltimo discurso, ante el
influyente Council of the Americas, cargado de palabras
soeces ante un auditorio que no está acostumbrado a aplaudir esos modos,
desmintió que el consumo se contrajo y que a una numerosa mayoría social le
cuesta llegar a fin de mes con sus ingresos actuales. Hace un año esa
desconexión con la realidad hubiera sido una excentricidad más en el presidente
que nos tocó; ahora está entrando en una zona
demasiado riesgosa porque dentro de poco más de un año deberá
revalidar su condición de jefe del Estado. Su último aislamiento como inquilino
de Olivos fue tan real que hasta ignoró lo que dicen públicamente algunos de
sus ministros y de sus legisladores más destacados: la sociedad atraviesa una
parte ardua, vacía y desaguada del desierto que significa el fuerte ajuste,
que, vale reconocer, la economía necesitaba luego de
la larga festichola kirchnerista. En ese mismo discurso se volvió a
referir agresivamente, aunque sin nombrarlo, pero de manera inconfundible, al
principal empresario argentino, Paolo Rocca,
accionista y CEO de la multinacional Techint. Entre el
público que lo escuchaba había muchos amigos o conocidos de Rocca; los aplausos
al final del discurso fueron tibios y formales, muy distintos de las ovaciones
de otros años. El Presidente dijo también que no se había equivocado cuando
pronosticó una inflación que comenzaría en cero en agosto, a pesar de que la de
julio fue del 2,1 por ciento. Pero él interpretó que el cero correspondía a la
inflación mayorista, que fue del 0,8. Contabilidad creativa.
Es cierto que la economía creció un 0,8 por ciento
en junio con respecto de mayo, porcentaje que adelantó un crecimiento
interanual del 2,7 por ciento. Esa evolución
de la economía está promovida por la pesca, la minería, el petróleo y el sector
agropecuario, franjas productivas donde hay un caudal significativo de
inversiones que también debe destacarse. Pero el conflicto consiste en que las
bondades de esa producción económica están lejos de los muy poblados centros
urbanos y, sobre todo, del populoso y arisco conurbano bonaerense. En la propia
capital del país es fácil ver en vastas e importantes calles y avenidas, muy
cerca de los barrios elegantes, que existen más negocios cerrados que abiertos.
O escuchar a argentinos que se quejan de los salarios insuficientes.
¿Cómo se explica ese crecimiento de la economía que convive con un
amplio reclamo social por la escasez? Sucede que ni la pesca ni la
minería ni el petróleo ni el campo altamente tecnificado son grandes creadores
de mano de obra. La industria nacional y el comercio están, en cambio, muy mal.
Y el 45% de los puestos de trabajo está
concentrado en la industria, el comercio y la construcción; los servicios, que
también se consumen más en los centros urbanos, constituyen otro alto
porcentaje de la mano de obra ocupada (o desocupada). Por eso, el temor a
perder el trabajo o a no conseguirlo supera ya a la inflación en las encuestas
recientes.
La última
medición de la opinión pública argentina que hacen habitualmente Bloomberg y la agencia brasileña AtlasIntel, y que
tiene mucha repercusión en el ámbito de los empresarios e inversores, señaló
que la aprobación de Milei está en 37%. No es poco para
el tamaño del ajuste que hizo. Su desafío es que esa cifra no siga bajando,
aunque un encuestador señaló que “si la percepción de la gente sobre la
economía no cambia Milei podría estar con cinco puntos menos, en un 32%, dentro de un año”. El 37% está cerca del 40 que él
necesita, con una diferencia de diez puntos sobre el que le sigue, para ganar en primera vuelta y no ir a una segunda
ronda electoral. Un 32% haría casi
imposible el triunfo en la primera ronda electoral. El balotaje, un mes
después, significaría ya un salto al vacío. Y el vacío es una oquedad con un
final que nunca está a la vista.
Milei puede
ufanarse de su 37% porque la aprobación del
Gobierno está peor: es de solo el 30%. Según Bloomberg
y AtlasIntel, la opinión sobre la situación de la economía es negativa para
un 70% de la sociedad. Solo el 26% de los argentinos cree que la economía
mejorará en los próximos seis meses, asevera esa medición. El núcleo del
problema nuevo es que antes Milei descendía en las encuestas, pero nadie
crecía: ahora está mejorando la imagen de Axel Kicillof, cuya
imagen positiva está empatada con la de Milei; comparten, además, la misma
imagen negativa, que es del 59%. Les guste o
no, Patricia Bullrich conserva el liderazgo de la
imagen positiva, de acuerdo con Bloomberg, y supera a Milei. Hace pocos días,
el peronismo demostró que tiene una fórmula secreta para que desaparezcan las
pendencias entre ellos cuando se avecina una elección, sobre todo las
presidenciales. Se juntaron sorpresivamente casi todos
los bandos que lo integran. Estaban los tres dirigentes más
ambiciosos del partido de Perón: Kicillof, Máximo Kirchner en
nombre de su madre (¿de quién, si no?) y Sergio Massa, que no
renunció a su proyecto presidencial a pesar de que sus pobres encuestas
deberían desalentarlo. Kicillof hasta prefirió abandonar por un instante sus
esfuerzos para diferenciarse de Cristina Kirchner.
Nunca pudo distanciarse definitivamente; después de todo, fue su ministro de
Economía y su mejor discípulo cuando estuvieron juntos en el poder. Esa reunión se pareció al éxtasis de la decadencia,
pero Milei debería comprender la historia y saber que las sociedades
desesperadas suelen escapar de donde están por cualquier puerta. “Improbable”,
dice un prestigioso analista de opinión pública cuando se le pregunta sobre un
triunfo de Milei en primera vuelta el año próximo, aunque reconoce que a
principios de este año su reelección estaba asegurada. Otro prefiere
sintetizarlo de una manera más explícita: “Ganará si la gente puede llenar la
heladera y perderá si la tiene vacía”. En resumen: las grandes teorías
económicas y los hiperbólicos anuncios chocan, al final del día, con el famoso metro cuadrado que rodea a cada argentino.
Nada es normal
ni previsible. En aquel discurso organizado por la organización
empresarial norteamericana Council of the Americas, con viejos lazos con la Argentina, Milei elogió las importaciones y les
reprochó a los empresarios argentinos el alto nivel de sus precios. La competencia
es necesaria para el consumidor, y es cierto que una parte significativa del empresariado argentino prefiere el
proteccionismo económico para vender sin competir. Esa es la
histórica tendencia nacional de los negocios. El Presidente debería reconocer,
a su vez, que la igualdad de condiciones es indispensable para que la
competencia exista sanamente. La economía, en efecto, no debe cerrarse, pero la
administración de Milei debería comenzar a bajar la
presión tributaria, que va del 56 al 60% si se la mide sobre el sector económico que
trabaja en blanco. Impuestos sobre impuestos, que no es obra de Milei, pero que
lo ayudan a pavonearse con el superávit fiscal. Nadie habla de la carga
impositiva, que es esencial para la competencia con las importaciones. Los
malos modos y los insultos pasan inadvertidos cuando la economía es generosa,
pero se potencian cuando la economía es módica. ¿Por qué
insistir con la insolencia y la ofensa? ¿Por qué Paolo Rocca de nuevo? ¿Por qué
otra vez la grosería en sus expresiones? Tales crítica pueden ser una cuestión
de ñoños republicanos, pero esos ñoños son los que votaron
a Milei en 2023 para fuera presidente de los argentinos. La moneda
nunca tiene una sola cara. La obra más importante de Milei es haber instalado
en la sociedad, sobre todo en vastos sectores de la juventud, la idea de
que son necesarias en el país la competencia, la apertura comercial,
el superávit fiscal y la libertad en el mercado financiero. Un
cambio significativo en la idea de nación de los argentinos. Esta vez son los
jóvenes los que están empujando otra idea de nación. Es el sector etario que
detesta el regreso al pasado. “Por eso, el mejor capital político de Milei se
llama Cristina Kirchner”, dice un hacedor de encuestas. Milei se resiste,
también por eso, a arriar las banderas de una inflación descendiendo, de
perseverar con el superávit fiscal y de no devaluar. “Ninguna decisión para
resolver la microeconomía de la gente común puede quedar bien con esos tres
principios; alguno o algunos deberán modificarse levemente durante un tiempo”,
razona un funcionario. No hay solución, por ahora al menos: Milei rechaza
cualquier innovación que modifique sus políticas fundamentales.
También corre el
riesgo de romper la coalición que lo llevó al poder en 2023, cuando él era una
experiencia política por conocer. El enfrentamiento permanente con Victoria Villarruel descarta que la fórmula
presidencial vuelva a repetirse. ¿Y qué hará entonces la actual vicepresidenta?
Nadie la imagina regresando a casa después del tiempo y las energías que ha
gastado -y gasta- en recorrer el país. Va donde la invitan, paga sus pasajes de
avión -aclaran sus laderos- porque Milei le sacó la posibilidad de usar la
flota presidencial y pernocta donde puede. Ella podría agrupar a sectores
nacionalistas, a cierto peronismo y a algún mileísmo desencantado con Milei.
“No nos preocupa: tendrá un porcentaje bajo de votos”, vaticinan cerca del
Presidente. No importa. ¿Y si son suficientes para condenarlo a Milei a una
segunda vuelta en las elecciones presidenciales? En aquel enfurecido discurso
ante los empresarios, Milei también destrató a Mauricio
Macri, a quien le atribuyó un pésimo manejo de la economía en sus
tiempos de presidente. No le hizo un favor a su jefe de Gabinete, Diego Santilli, un profeta de la paciencia y el
optimismo. Los potenciales aliados (el macrismo y los cinco gobernadores
radicales, por ahora) reclaman garantías de que se cumplirán los acuerdos. “En
las legislativas de octubre pasado se cumplieron todos los compromisos. ¿Por
qué quieren más garantías?”, les replica Santilli. Macri puso también como
condición, en sus recientes parloteos con Karina Milei, que se
hablara primero de los problemas de la sociedad y, antes que nada, de los
endeudados para luego negociar las candidaturas compartidas. Este último
problema corresponde a los informes de bancos y billeteras virtuales, según los
cuales muchos argentinos se endeudan para comprar alimentos, no bienes
durables. Karina pareció comprenderlo.
Macristas y radicales desconfían, en síntesis, de la evolución de la economía.
Santilli vuelve a pregonar una ilusión: en diciembre la percepción social de la
economía será mucho mejor, asegura. Por ahora, no hubo más acercamientos
formales entre dirigentes de Pro y
funcionarios del Gobierno. Pero Milei ninguneó a Macri justo el día en que las
delegaciones del macrismo y del mileísmo habían acordado reunirse de nuevo el
próximo jueves. Un dirigente prominente de Pro describe la discordia entre
Milei y Macri por la economía de esta manera: “Es un error complicar las cosas
desde nuestra parte porque lo que sucederá es muy simple de predecir: Milei
perderá la primera vuelta de las próximas elecciones si no hace algunos cambios
en la economía”. Otro que dice lo mismo. Ya Karina Milei había sacado a pasear
por la Capital a su protegida, Pilar Ramírez, que
siempre aspiró a ser la próxima jefa del gobierno capitalino. Desde la victoria
del mileísmo en octubre pasado, Karina se propuso sacarle a Pro el liderazgo de
la Capital. Mauricio Macri puede entregar muchas cosas en una negociación
política, menos el lugar donde nació su partido y su carrera política. La
política impone sus condiciones: ellos necesitan hacer un alianza en la Capital
para facilitar una coalición en la provincia de Buenos Aires. En ese distrito
decisivo, hosco y con una mayoría filoperonista habita el núcleo más numeroso
de argentinos críticos de Milei. “Podemos perder hasta yendo juntos”, anticipan
en la dirigencia de Pro. El salto al vacío consistirá en un regreso del
peronismo al poder. ¿Regresará? Es mejor no hacer algunas preguntas para evitar
las respuestas.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/se-animara-milei-a-dar-un-salto-al-vacio-nid23082026/
(Editado)
Comentario:
El
presente artículo plantea que Milei enfrenta una contradicción central:
mientras ciertos sectores de la economía muestran crecimiento, una gran parte
de la sociedad continúa padeciendo salarios insuficientes, endeudamiento,
desempleo y caída del consumo. La mejora en actividades como la minería, el
petróleo, la pesca y el agro no alcanza para compensar la crisis de la
industria, el comercio y la construcción, precisamente los sectores que
concentran buena parte del empleo urbano.
El
autor también cuestiona la estrategia política del Presidente. Sus insultos
contra empresarios, opositores y antiguos aliados pueden consolidar a su núcleo
más fiel, pero dificultan la construcción de acuerdos indispensables para
gobernar y competir electoralmente. La ruptura con Mauricio Macri y Victoria
Villarruel, sumada a la desconfianza de sectores radicales y del PRO, podría
fragmentar la coalición oficialista y favorecer el regreso del peronismo.
Sin
embargo, el texto reconoce que Milei modificó el debate público al instalar la
importancia de la competencia, la apertura comercial, el equilibrio fiscal y la
libertad económica. Ese cambio tiene especial influencia entre los jóvenes, que
rechazan el retorno al pasado kirchnerista.
El
gran desafío será entonces, traducir los logros macroeconómicos en mejoras
concretas para la vida cotidiana. La estabilidad fiscal no basta si la
población no puede llenar la heladera. En definitiva, el artículo advierte que
Milei podría estar confundiendo firmeza con aislamiento: si no adapta algunas
políticas y modera su confrontación, el “salto al vacío” electoral podría
dejarlo sin aliados y abrirle nuevamente la puerta al peronismo.
Clara Moras.