Sunday, July 5, 2026

Depredación en el Mar Argentino

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Depredación en el Mar Argentino

5 de julio de 2026

Flotas extranjeras, mayoritariamente de ChinaCorea del Sur y Taiwán, operan de manera sostenida sobre el límite exterior de la Zona Económica Exclusiva argentina y capturan, cada año, entre 1,5 y 3 millones de toneladas de especies vinculadas al ecosistema de nuestra plataforma continental. La industria pesquera nacional, que trabaja dentro de los marcos legales y contribuye al empleo y a la generación de divisas, no supera las 900.000 toneladas anuales. No podemos ignorar ni el origen histórico del problema ni los límites reales del derecho internacional.

La soberanía argentina sobre sus recursos marinos alcanza, según el derecho internacional del mar, hasta la milla 200 pasada la cual la pesca es, en principio, libre. Las flotas que se concentran sobre la “milla 201” no violan la soberanía argentina, pero aprovechan con eficacia devastadora para el ecosistema un vacío de gobernanza en el derecho internacional. La respuesta deberá pues anclarse en los acuerdos regionales de ordenamiento pesquero, los regímenes de trazabilidad impulsados por la Unión Europea y las instancias multilaterales más que sobre una retórica soberanista que, por sí sola, no mueve un solo buque de lugar.

Antes del conflicto de las Islas Malvinas, la Armada y la Prefectura patrullaban las aguas del sur y el este, con flotas extranjeras como presencia marginal. El conflicto de 1982 cambió drásticamente esa ecuación. El Reino Unido optó por vender licencias de pesca en el área de las islas como mecanismo para financiar la administración allí y consolidar su presencia. Parte del problema actual es consecuencia directa de una decisión política y militar tomada hace más de 40 años y cuyo costo estratégico sigue acumulándose.

Según la Cámara de Armadores Pesqueros y Congeladores de la Argentina, a mediados de la década de 2000 era posible contabilizar más de 600 embarcaciones extranjeras operando irregularmente. La Armada y la Prefectura optaron por no intervenir y los propios pescadores nacionales llegaron a interponer físicamente sus embarcaciones para obstaculizar a los intrusos. Denuncias sin consecuencias, inacción institucional y captura tolerada integraron un patrón que se volvió difícil de revertir.

Según informes de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera, entre 400 y 600 buques extranjeros se concentran anualmente sobre la milla 201, con niveles de extracción en el Atlántico Sudoccidental que, entre 2019 y 2024, crecieron un 65%, mientras la pesca china crecía 85%. La presión extractiva puede llevar al colapso de especies como calamar illex argentinus, pilar de nuestras exportaciones pesqueras. La prestigiosa ONG internacional Environmental Justice Foundation ya ha advertido que la combinación de sobrepesca y variabilidad ambiental podría provocar un colapso poblacional en el corto plazo, dado el ciclo de vida breve de esta especie. La escala del esfuerzo extractivo, ya sea mediante poteros o arrastreros más destructivos, sostenido en el tiempo no es compatible con la reproducción de stocks.

Por fuera de las categorías económicas convencionales, las flotas chinas no persiguen una rentabilidad marginal. Solo responden a una política de Estado orientada a garantizar proteína animal para 1400 millones de personas. Estamos ante una disputa geopolítica sobre el acceso a recursos globales que debe ser abordada como tal.

Cuando las flotas extranjeras capturan hasta cuatro veces más que la industria local, el costo en divisas no cobradas, en empleo no generado y en cadenas de valor truncadas resulta incalculable. El daño más profundo, sin embargo, es biológico y, por ende, irreversible.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/depredacion-en-el-mar-argentino-nid05072026/

 

Comentario:

La riqueza del Mar Argentino constituye uno de los patrimonios naturales y económicos más importantes del país. Sin embargo, este artículo editorial pone de manifiesto una realidad preocupante: la enorme presión que ejercen las flotas extranjeras sobre especies que forman parte del mismo ecosistema del que depende la pesca nacional. Aunque muchas de estas embarcaciones operan fuera de la Zona Económica Exclusiva y dentro de los límites del derecho internacional, el impacto ambiental trasciende cualquier frontera jurídica.

Esta situación demuestra que algunos desafíos actuales no pueden resolverse únicamente con discursos sobre soberanía. La conservación de los recursos marinos requiere cooperación internacional, controles efectivos y acuerdos que permitan proteger especies cuya supervivencia depende de un manejo responsable por parte de todos los países involucrados. Cuando un recurso es compartido, también debería ser compartida la responsabilidad de preservarlo.

Al mismo tiempo, el problema invita a reflexionar sobre la importancia de pensar el desarrollo en términos de largo plazo. La sobreexplotación puede generar beneficios inmediatos, pero compromete el futuro de la actividad pesquera, el empleo y la biodiversidad. Recuperar un ecosistema degradado suele ser mucho más difícil que evitar su deterioro.

En definitiva, proteger el Mar Argentino no implica solo defender un recurso económico, sino también preservar un patrimonio natural para las próximas generaciones. La sostenibilidad exige decisiones basadas en la ciencia, la cooperación y una visión estratégica que vaya más allá de las urgencias del presente.

C.M.


La crisis en las rutas: dónde quedan las autopistas que el Gobierno proyecta construir, por Diego Cabot

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La crisis en las rutas: dónde quedan las autopistas que el Gobierno proyecta construir

Mientras se adjudican 9000 kilómetros con foco en mantenimiento, el segundo paquete de proyectos prevé obras en la mayoría de las provincias

5 de julio de 2026

 por Diego Cabot

Una de las tareas más fáciles para un administrador de temas viales s conocer exactamente dónde están los problemas de saturación de tránsito, ya que los sistemas de medición de flujo son baratos y eficientes.

De ahí que cuando los ministros pidieron a Vialidad Nacional dónde se ubican las “obras urgentes”, el mapa apareció en minutos. Desde entonces, en el Gobierno trabajan en un complejo llamado a licitación para ampliar la infraestructura vial que será la cuarta etapa, después de las tres que por estas horas terminarán de entregar a concesionarios los primeros 9000 kilómetros de rutas.

El mapa al que accedió LA NACION y que es la base de las nuevas licitaciones presenta obras y novedades en prácticamente todas las provincias, excepto Misiones, Tierra del Fuego y, por supuesto, la Ciudad de Buenos Aires.

A simple vista, el esquema tiene cuatro focos donde se concentra la mayoría de las rutas. El primero, y más importante de acuerdo a la extensión, es el que rodea a todo el complejo energético que une Vaca Muerta, en Neuquén, con el puerto de Bahía Blanca.

El segundo bloque está localizado en la zona centro, al norte de Córdoba y en un complejo de rutas que unen las provincias de Santiago del Estero, Tucumán y Catamarca. Luego, Salta y Jujuy, con dos caminos, uno de ellos está en plena obra de ampliación, para unir las provincias con el límite de Bolivia.

Finalmente, también hay obras en nodos importantes como los puertos de la zona de Rosario y Santa Fe y una parte de Entre Ríos, donde se extrae la arena que viaja a Vaca Muerta, y en la Patagonia, corredores y concesiones en rutas cercanas a Rawson, Trelew y Puerto Madryn, y más abajo, en algunos la zona aledaña a Comodoro Rivadavia.

Para que se entienda, las licitaciones actuales, que se entregan en este tiempo, son las viejas concesiones que estaban en la empresa Corredores Viales. De los 9000 kilómetros que están en ese proceso ahora, hay 3000 que ya son autovías, mientras que de los 6000 restantes sólo se prevé la construcción de 300 kilómetros de rutas de cuatro manos. Es decir, que nadie tenga la más mínima esperanza de que las empresas que ganan los concursos y que las manejarán por al menos 25 años hagan mucho más que tapar baches.

De hecho, no tienen obligación ya que el pliego no prevé demasiadas obras a cargo de ellas más que la necesidad de que la ruta esté en estado de “transitabilidad”, una condición subjetiva que será auditada por Vialidad Nacional, el organismo que iba a desaparecer y que finalmente resistió la motosierra de la administración del presidente Javier Milei. Dicho en una palabra, solo tienen obligaciones de bacheo.

Las licitaciones de las rutas nacionales, que eran esperadas por gran parte del interior del país, se convirtieron en una enorme decepción para los usuarios de los corredores. El sector productivo, por caso, estalló en críticas cuando miró los pliegos y vio que era un festival de bacheo y peajes.

Actualmente, el sistema vial sobre las rutas nacionales tiene 39 estaciones de peajes repartidas en 10 tramos. El esquema que se privatizará suma 50 puntos de cobro adicionales que se autorizaron a instalar en las vías troncales pagas que están en proceso de licitación.

Como se dijo, en este paquete se prevé la construcción de tramos de autopistas, autovías, duplicación de calzadas o tercer carril, según el flujo de tránsito. Ahora bien, una parte de estas obras está dentro del paquete que se licita por estos días, que según cálculos del Gobierno, concentra 80% del movimiento vial argentino.

Hay una parte importante de kilómetros de esta nueva etapa que sólo serán entregados al sector privado para sacarlos de la órbita del mantenimiento que actualmente realiza Vialidad. La idea del Gobierno es que el organismo deje esas tareas de mantenimiento o construcción y que concentre sus funciones en cuestiones administrativas. Esas rutas, que están señaladas con color azul en el mapa, no necesariamente serán concesionadas a las empresas a cambio de peaje sino que en muchos casos, aún no se sabe en cuáles, el Tesoro pagará como un servicio al concesionario. Consideran que esta solución es más barata que dejarlas en manos del mantenimiento de Vialidad.

El mapa sobre el que se trabaja es tentativo ya que, además, hay consultas con varios organismos y con algunos gobernadores para ver cuál será el proyecto de licitación final. ¿Cuántos kilómetros? Algo dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, hace poco más de un mes en un encuentro en la Bolsa de Comercio de Rosario. “A los 9000 kilómetros que están en proceso de concesión les vamos a agregar 12.000 kilómetros adicionales, entre algunos que haremos doble mano y otros con pasos alternativos, y algunos que vamos a rehacer. El mapa vial para el final del mandato va a parecer que estamos en otro país. Esto va a ser un cambio”, dijo entonces.

Lo que está en marcha actualmente es el proceso de concesión de alrededor de 9000 kilómetros que antes estaban en la empresa estatal Corredores Viales. Mediante este esquema, que se licitaron varias etapas, ya se entregó la ruta del Mercosur (12 y 14) a la empresa Cartellone, una compañía constructora mendocina que tiene a gran parte de sus ejecutivos imputados y en juicio oral en el caso Cuadernos. Las otras están en distintas etapas de ese llamado a concurso. Allí se pelean las principales constructoras del país, la gran mayoría imputadas en este proceso y alguna de ellas con ejecutivos confesos.

El más largo, que lo ganó una empresa del Grupo Cartellone, cuyos dueños y ejecutivos están imputados en la causa Cuadernos, tiene la autorización para colocar una cabina más, en la zona de Paso de los Libres, cerca del límite con Brasil, que se sumará a las cuatro existentes.

El 1° de julio empezó la gestión privada en la ruta 5, llamado Tramo Pampa, que une Mercedes con Santa Rosa, y se hizo cargo la empresa Construcciones Electromecánicas del Oeste, una firma mendocina que suele ser adjudicataria de muchas obras en la provincia que maneja el radical Alfredo Cornejo.

Entonces, también empezó la gestión privada del Tramo Sur - Atlántico - Acceso Sur (que contiene la Autopista Ezeiza – Cañuelas y las rutas 3 y 205). Ahora la explotará un consorcio conformado por las firmas Concret NorMarcalbaCoarco Pose, varias de ellas también con antecedentes en la causa Cuadernos.

Pero como se dijo, ese esquema no prevé prácticamente autopistas ni obras importantes, sino más bien mantenimiento de la calzada y de las estaciones de peaje, además de posibilidad de utilizar los terrenos aledaños. El pago es mediante un peaje que rondará los $3500 por cada 100 kilómetros a valores de junio del año pasado y que podrán cobrar por 30 años, según un sistema de actualización que está previsto en los pliegos.

Claro que la apuesta ahora tiene un interrogante fundamental: si se cobrará $3500 por cada 100 kilómetros a cambio de cortar el pasto y hacer baches, cuánto se debería cobrar para hacer obras viales importantes. Nadie contesta. La respuesta la darán los propios constructores que por estas horas se amontonan en las licitaciones actuales, una maravilla para los bolsillos de las empresas viales que se quedan con el flujo por más de dos décadas y tienen que hacer poco más que permanecer. Pero, claro, habrá que ver qué sucede cuando tengan que ir a construir y no sólo a cobrar y hacer de jardineros.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/la-crisis-en-las-rutas-donde-quedan-las-autopistas-que-el-gobierno-proyecta-construir-nid05072026/


Comentario:

Hay promesas que invitan a soñar y otras que conviene leer con un buen mapa al lado. Aquí se describe un ambicioso plan para transformar la red vial argentina, con miles de kilómetros de rutas concesionadas y nuevos proyectos de autopistas. Sin embargo, al revisar los detalles, el entusiasmo parece detenerse en el primer bache.

La paradoja es llamativa: se anuncian grandes cambios, pero los contratos actuales apenas obligan a garantizar la "transitabilidad". Traducido al castellano cotidiano, el futuro parece consistir en mucho peaje, bastante pasto cortado y algunos pozos menos. Las autopistas, mientras tanto, aparecen en los mapas con la misma facilidad con la que desaparecen de los pliegos.

Resulta curioso que el gran interrogante no sea cuánto costarán las obras, sino cuándo empezarán realmente. Porque cobrar por mantener es relativamente sencillo; construir, ampliar y modernizar exige inversiones, planificación y controles mucho más rigurosos. Y de eso, por ahora, hay más expectativas que certezas.

Quizás el mayor riesgo sea acostumbrarnos a celebrar anuncios antes que resultados. En Argentina solemos inaugurar proyectos con discursos mucho antes de que existan las máquinas, el asfalto o los puentes. Las rutas, sin embargo, tienen una virtud incómoda: no entienden de conferencias de prensa ni de promesas electorales. Un bache no desaparece porque alguien lo mencione en un PowerPoint. Y los conductores, lamentablemente, tampoco pueden esquivarlo con un comunicado oficial.

C.M.


Frío frío, por Graciela Guadalupe

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Frío frío

“Él tomó la decisión personal para enfrentar el proceso judicial como un ciudadano privado” (De Adrián Ravier sobre la renuncia de Adorni)

5 de julio de 2026

 

 

Por Graciela Guadalupe

 

Fue una bomba. Me refiero a la “bomba polar” que estaría empezando a remitir a partir de hoy. Efectivamente, estamos terminando una semana fresca después de varios días acalorados. Ahora me refiero a la política, querido lector, no solo al estado de la atmósfera.

Veníamos ya bastante caldeados esperando el desenlace del caso Adorni cuando de golpe aparecieron los dólares de Martincito mostrados por Jesi antes de que la Justicia le encontrara armas y un polvito muy parecido a cocaína rosa en su departamento. Esta chica no tiene suerte con las parejas que elige. Adorni tampoco la tuvo con los proveedores, entre ellos, una empleada que deschavó haberle prestado su tarjeta de crédito al entonces jefe de Gabinete para que se comprara electrodomésticos que le hacían falta en la casa de la cascada. Una testaferrita, bah.

 

Algo bueno debe haber hecho Adorni. Todos le prestaban algo. Lo último fue la atención que le prestó Victoria Villarruel el día en que Karina Milei posteó una sentida despedida en X para el caído jefe de Gabinete. “Solo entré para leer los comentarios”, escribió la vicepresidenta en la propia cuenta de la hermanísima. Ni le cuento el tenor de los comentarios…

Hubo ánimos encendidos también en la provincia de Buenos Aires: los gremios docentes se le rebelaron a Kicillof. Le reclaman mejores salarios y más seguridad, y hasta el karateca Sergio Berni lo amenazó con dejarlo más perdido que aceituna en pan dulce si no retomaba la senda del perokirchnerismo.

Cuando parecía que la olla a presión iba a aflojar con la silbatina, apareció Milei acusando a Mauricio Macri de haber estafado a los argentinos con el reperfilamiento de la deuda.

 

Todo eso hasta que llegó la “bomba polar”. La advirtieron los meteorólogos y la aprovechó la dirigencia. Ya libres del lastre Adorni, el Gobierno le dio la bienvenida a Santilli (ex PJ, ex Pro y actual libertario de la primera hora). Santilli arrastró a una docena de gobernadores en una foto de familia para mostrar respaldo político. Adrián Ravier, nuevo vocero presidencial, brindó su primera conferencia de prensa en la que clausuró el tema Adorni diciendo que ahora debe afrontar el proceso judicial como un ciudadano privado –que no es lo mismo que privatizado-, admitió preocupación por el nivel de actividad y de consumo, y se mostró muy respetuoso del trabajo periodístico. De insistir con el espíritu republicano, este muchacho va a tener los días contados.

 

Es cierto que la temperatura política no bajó tanto como la del termómetro, pero al menos dio un respiro, que incluyó hasta la propia Patricia Bullrich, quien venía sorteando tormentas en el Senado por la granizada de yerros de Adorni, viendo crecer la sequía de apoyos parlamentarios para los proyectos del Gobierno y esquivando los vientos del ciclón Karina tras la pérdida de su alfil.

 

La anterior “bomba polar” se había registrado hacia fines de mayo pasado cuando Adorni dilataba la presentación de su declaración jurada patrimonial mientras, para demostrar que todo estaba en calma, se tomaba selfies con CaputoCaputitoKarinaSantilli y Martín Menem. No fue el frío lo más saliente de aquel fenómeno, sino la niebla, una niebla que lo tapaba todo.

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/frio-frio-nid05072026/


Comentario:

La metáfora de una "bomba polar" sirve para comparar el descenso de la temperatura con un aparente enfriamiento del clima político argentino. A través de un estilo irónico y cargado de referencias a la actualidad, muestra cómo la agenda pública cambia rápidamente: un escándalo reemplaza a otro y las tensiones políticas parecen encontrar breves pausas antes de volver a intensificarse. Nada que no hayamos visto o leído antes.

Más allá de los nombres propios y de las circunstancias del momento, este texto nos invita a pensar en la volatilidad del debate político. Muchas veces, la atención pública se concentra en conflictos personales, acusaciones o estrategias de comunicación, mientras problemas estructurales, como la economía, la pobreza, la falta de oportunidades, la inseguridad o la calidad institucional, entre otros, permanecen sin resolverse.

También pone de manifiesto el papel que desempeñan los medios y las redes sociales en la construcción de la agenda política. Declaraciones, fotografías o publicaciones en internet pueden modificar el foco de la discusión en cuestión de horas, desplazando otros temas de mayor impacto para la ciudadanía con suma rapidez, facilidad y liviandad.

En definitiva, este texto sugiere que los cambios de temperatura política suelen ser pasajeros. Más importante que los episodios coyunturales debería ser  la capacidad y diligencia de las instituciones y de los dirigentes para generar estabilidad, fortalecer la confianza pública y ofrecer soluciones concretas a los desafíos que afectan la vida cotidiana de la sociedad.

C.M.



Saturday, July 4, 2026

Tecnología, sí; celulares, no: así funciona el colegio bonaerense que fue reconocido entre los 10 más innovadores del mundo,por Camila Súnico Ainchil

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Tecnología, sí; celulares, no: así funciona el colegio bonaerense que fue reconocido entre los 10 más innovadores del mundo

La institución, finalista de los World’s Best School Prizes, desarrolla un sistema que combina seguimiento personalizado, restricciones al uso de smartphones y propuestas que cambian según los intereses de los estudiantes

4 de Julio de 2026

 

Camila Súnico Ainchil

 

Cuatro alumnos de segundo año hacen un último repaso antes de salir al aire. Uno controla el sonido, otro revisa la grilla y un tercero sigue la transmisión desde una pantalla ubicada frente a la mesa. El profesor observa desde un costado e interviene apenas para una corrección. Alrededor hay caños, ventanillas y asientos laterales: el estudio funciona dentro de un antiguo vagón de subte.La escena ocurre en Northfield School Campus Puertos, en Escobar. Allí, el streaming forma parte de uno de los espacios electivos de secundaria. Mientras algunos estudiantes eligieron teatro, música, coreografía o escenografía, un grupo decidió que quería aprender cómo se construye un programa. Hoy producen, conducen, preparan entrevistas y operan las cámaras y el sonido.Hace tres meses que vienen preparándose para este momento. Primero grabaron programas y los revisaron para detectar errores; después modificaron la disposición de las cámaras y ajustaron el formato del estudio. “Entrenar, errar. Que no se frustren. Para mí eso es importante”, resume su docente.La recorrida de LA NACION comienza allí, en el estudio, pocos días después de que la institución quedara seleccionada entre las diez mejores del mundo en la categoría Innovación, por un modelo educativo basado en investigación, análisis de datos y toma de decisiones sustentadas en evidencia. A medida que avanza el recorrido, el reconocimiento internacional empieza a explicarse a través de escenas cotidianas.

El campus reúne a unos 1260 estudiantes, desde niños de un año en el nivel inicial hasta los últimos años de secundaria. La recorrida comienza por primaria. Los chicos están en recreo y eso permite entrar a las aulas sin interrumpir las clases. No hay filas de pupitres mirando al pizarrón. Las mesas cambian de disposición según la actividad, se agrupan para el trabajo colaborativo y dejan espacios libres para circular. En las paredes predominan producciones realizadas por los propios alumnos.“Siempre nos preocupamos porque el espacio también eduque”, dice Carla Curto, integrante del equipo directivo. La escuela funciona con jornada extendida, de 8 a 16.30, y la intención es que el aprendizaje no quede limitado a las cuatro paredes del aula.Esa idea también atraviesa la organización docente. Cada grado tiene tres secciones y las maestras planifican en conjunto. Los alumnos tienen clases en castellano y en inglés, por lo que ambos equipos trabajan articuladamente. “El niño es uno solo. Los adultos tenemos que articular nuestro diálogo”, resume.

Aprendizaje Basado en Proyectos

Mientras tanto, varias familias recorren una muestra de maquetas realizadas por alumnos de tercer grado durante un proyecto de inglés. Representan distintos ambientes, como el desierto de Atacama o el Sahara, y forman parte de una propuesta de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Pero las producciones muestran otra característica del trabajo cotidiano: los grupos no están integrados por una sola división, sino por estudiantes de las tres secciones. “No eligen por el amigo, sino por aquello sobre lo que quieren seguir aprendiendo”, explica una docente.La posibilidad de elegir aparece desde los primeros años y se amplía a medida que avanza la escolaridad. “En la escuela decimos que enseñamos a elegir. Esa capacidad se construye a lo largo de la trayectoria escolar. Si los chicos llegan a los 17 años sin haber tenido oportunidades para probar, equivocarse o experimentar, resulta mucho más difícil que puedan tomar una decisión sobre qué quieren hacer cuando terminen el colegio”, sostiene Curto.

El Mundial y la Matemática

Los pasillos tampoco funcionan únicamente como lugares de paso. Las paredes y las columnas exhiben proyectos realizados por los alumnos. Uno de esos espacios está dedicado al Mundial. Los resultados de los partidos sirven para trabajar Matemática: tablas de posiciones, fracciones, figuras geométricas y resolución de problemas. Son los propios estudiantes quienes muestran el álbum que prepararon para seguir el torneo y explican cómo esos datos se convierten en actividades de clase.La misma dinámica aparece en el nivel inicial. Los ambientes cambian según las propuestas y los chicos se mueven entre distintos espacios de juego y aprendizaje. Uno de ellos está ambientado con las cuatro estaciones del año y otro funciona como ágora para los encuentros grupales. Muy cerca, un amplio espacio abierto ocupa el lugar donde antes había un aula. Surgió a partir de un proyecto en el que los alumnos de las tres salas de cinco años se mezclaban para realizar distintas actividades distribuidas en el pasillo. La experiencia creció tanto que la escuela decidió derribar una pared para transformarlo en un nuevo lugar de encuentro.

El cambio de clima se percibe al llegar a secundaria. Durante el recreo, los alumnos ocupan los pasillos, conversan en grupos y entran y salen de las aulas. Junto a una de las paredes, una hilera de lockers guarda mochilas, computadoras y también celulares.

Innovación, sí; celulares, no

Desde este año, la escuela ha restringido su uso durante la jornada. Solo pueden utilizarse cuando forman parte de una actividad planificada por un docente y, en esos casos, los estudiantes llevan una identificación que indica que están registrando evidencias para un proyecto. Además, comenzaron una prueba piloto con sobres Faraday, donde los teléfonos permanecen guardados y sin señal hasta el final del día.La decisión surgió después de una serie de investigaciones y encuestas realizadas por la propia red educativa. “Buscamos entender qué nos dicen los datos para tomar mejores decisiones”, explica Curto. Entre los resultados aparecieron altos niveles de ansiedad, muchas horas frente a las pantallas, preocupación por los mensajes que los padres enviaban durante la jornada escolar y una menor interacción entre los alumnos durante los recreos.El cambio también alcanzó a los adultos. Los preceptores dejaron de comunicarse por grupos de WhatsApp y comenzaron a utilizar handies para coordinarse dentro del colegio. Uno de ellos muestra el equipo que lleva sujeto al cinturón mientras continúa el recorrido. “La comunicación interna era siempre por WhatsApp. Esto cambió muchísimo”, cuenta.

Para Curto, la decisión también implicó revisar los hábitos de los docentes. “El problema también lo teníamos nosotros. Vivíamos con el celular en la mano”, reconoce.La escena se refleja en los recreos. Los grupos conversan, caminan por el campus o permanecen reunidos en distintos espacios comunes, sin teléfonos de por medio. A pocos metros, el antiguo vagón de subte vuelve a llenarse de movimiento. Los alumnos terminan de preparar el programa que en pocos minutos saldrá en vivo.

El proyecto nació a comienzos del ciclo lectivo y, después de varios meses de ensayos y pruebas, hoy transmite en directo desde un estudio montado en el interior de la antigua formación. “Siempre me gustó mirar streamers y me copaba la idea”, cuenta uno de los estudiantes, que explica que el programa surgió como parte de los espacios electivos de secundaria.En otra aula, una tutora mantiene una entrevista individual con una alumna como parte del seguimiento de las trayectorias escolares. Más adelante, otro grupo organiza la feria multitemática, donde presentará los proyectos desarrollados durante el primer cuatrimestre, entre ellos un emprendimiento cuyos productos se venderán para financiar el viaje solidario de sexto año.La tecnología también forma parte de las clases, aunque bajo un criterio diferente al del uso social de los dispositivos. Este año la red comenzó a incorporar inteligencia artificial a partir de un marco pedagógico y ético propio. “No queremos delegar las capacidades cognitivas en la inteligencia artificial”, explica la coordinadora del área de Tecnología.

La propuesta busca que el primer esfuerzo sea siempre del estudiante y que estas herramientas se utilicen para ampliar, revisar o contrastar el trabajo realizado, una decisión que también modificó la forma de evaluar.El edificio principal del colegio se conecta a través de un camino con la huerta, el mariposario y el aula forestal, espacios donde también se desarrollan proyectos de los distintos niveles y que amplían el aprendizaje más allá del aula.

“Nos preguntamos qué podemos hacer diferente”

Para Darío Álvarez Klar, fundador de la Red Educativa Itínere y director ejecutivo de HUB Educación e Innovación, los espacios flexibles, los trayectos electivos, las restricciones al uso del celular y el seguimiento de los estudiantes mediante datos responden a una misma concepción pedagógica.La historia comenzó en 2009 con la apertura de Northfield School en Escobar. Aquel primer colegio, que tenía 120 alumnos, dio origen a una red integrada hoy por diez instituciones de la Argentina y Uruguay, con más de 7000 estudiantes. “El gran desafío era sostener la identidad del proyecto a medida que crecíamos. Eso solo se logra con equipos de trabajo, políticas compartidas y una cultura de innovación”, afirma.Para Álvarez Klar, innovar no implica incorporar tecnología por sí sola ni replicar experiencias de otros países, sino revisar permanentemente las prácticas. “Viajamos, visitamos escuelas, recibimos colegas y aprendemos de otras experiencias. Pero no se trata de copiar, sino de preguntarnos qué podemos hacer diferente con nuestra realidad”.

“Los datos nos ayudan a decidir”

En ese proceso, la medición ocupa un lugar central. Hace más de dos años la red creó un departamento de Data Analytics que procesa información académica, pedagógica, administrativa y de bienestar para transformarla en decisiones concretas. “Muchas veces se piensa que cuando una escuela habla de datos se deshumaniza. Para nosotros ocurre exactamente al revés. Los datos nos ayudan a llegar antes y a tomar mejores decisiones”.Ese trabajo fue el que la institución presentó este año ante T4 Education, la organización que impulsa los premios World’s Best School. La postulación llegó después de años de participación en redes internacionales de educación. Entre escuelas de 90 países, Northfield School Campus Puertos fue elegida como una de las diez finalistas de la categoría Innovación.“Fue una enorme alegría, pero el reconocimiento es para toda la red. Lo presentamos desde este colegio porque acá nació el proyecto, aunque hoy es una forma de trabajo compartida por todas las escuelas”, sostiene.

Los datos que acompañaron la presentación muestran parte de ese seguimiento. Durante 2025 fueron evaluados 2449 estudiantes de la Red Educativa Itínere. Según la institución, el 72% de los alumnos de primer grado alcanzó altos niveles de fluidez lectora y más del 70% de los estudiantes, desde segundo grado hasta secundaria, obtuvo niveles suficientes u óptimos en comprensión lectora.

El mismo relevamiento detectó que el 26% presentaba indicadores de uso problemático del teléfono celular, un diagnóstico que derivó en las medidas implementadas este año dentro de las escuelas.El seguimiento continúa incluso después del egreso. De acuerdo con los datos de la red, el 95% de los estudiantes sigue estudios universitarios, el 78% completa el primer año sin interrupciones y el 65% adquiere experiencia laboral antes de graduarse mediante programas de pasantías.La medición también alcanza a los equipos docentes. Este año, las diez escuelas de la red obtuvieron la certificación Best School to Work, otorgada por T4 Education tras evaluar el clima laboral y la cultura organizacional mediante encuestas al personal. “Un docente que no está bien transmite eso a sus alumnos. Cuidar el bienestar de los equipos también es mejorar la educación”, afirma Álvarez Klar.

Para el fundador de la red, la nominación internacional es una consecuencia y no un objetivo. “Nosotros no hicimos todo esto pensando en un premio. Lo hacemos porque creemos en una educación que mejore las prácticas y prepare a los chicos para un mundo que todavía no sabemos cómo va a ser. La escuela tradicional respondió muy bien a las necesidades de otra época, pero hoy el contexto cambió y también tienen que cambiar las formas de enseñar”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/asi-funciona-el-colegio-bonaerense-que-quedo-entre-los-10-mas-innovadores-del-mundo-nid04072026/

Comentario:

El reconocimiento de Northfield School entre los diez colegios más innovadores del mundo nos deja una lección fundamental: la verdadera vanguardia educativa no consiste en digitalizar las aulas a ciegas, sino en diseñar experiencias con un propósito claro. Su premisa central es tan disruptiva como lógica: Tecnología sí; celulares no.

A través de esta mirada, el artículo derriba el mito de que la innovación exige pantallas encendidas de forma permanente. Al contrario, limitar el uso social del smartphone busca devolverle a los adolescentes algo que la hiperconectividad les estaba quitando: la interacción humana real, la concentración y la socialización cara a cara durante los recreos.

Los Pilares del Cambio

Este exitoso modelo se sostiene sobre tres ejes dinámicos:

  • El espacio como educador: Aulas flexibles sin pupitres fijos y un antiguo vagón de subte transformado en un estudio de streaming real.
  • Aprender a elegir: Propuestas basadas en proyectos (ABP) que fomentan la autonomía, la colaboración interdisciplinaria y la sana tolerancia a la frustración.
  • Datos con rostro humano: El uso de la analítica de datos (Data Analytics) para anticiparse a las necesidades pedagógicas y emocionales tanto de alumnos como de docentes.

"La escuela tradicional respondió muy bien a las necesidades de otra época, pero hoy el contexto cambió y también deben cambiar las formas de enseñar."

En definitiva, innovar no es copiar recetas extranjeras, sino diagnosticar la propia realidad con evidencia. Northfield demuestra que el futuro educativo radica en humanizar la tecnología, garantizando que el esfuerzo cognitivo principal sea siempre del estudiante y no de un algoritmo.

C.M.

Friday, July 3, 2026

La pobreza no se combate con discursos

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La pobreza no se combate con discursos

Es necesario comprender y hacerse cargo de que ninguna sociedad ha logrado reducir de manera eficaz las carencias sin antes generar riqueza

·         3 de julio de 2026

La Iglesia tiene razón cuando se preocupa por la pobreza. Sería extraño que no lo hiciera. Desde sus orígenes, el cristianismo ha puesto en el centro de su mensaje a los pobres, los enfermos, los marginados y los vulnerables. Una Iglesia indiferente frente al sufrimiento humano traicionaría su propia razón de ser.

Pero una cosa es preocuparse por la pobreza y otra muy distinta es comprender cómo se la combate. La diferencia parece obvia. En la Argentina, sin embargo, solemos olvidarla.

En los últimos días, las declaraciones de algunas de las máximas autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina sobre el deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores sociales coincidieron con reuniones mantenidas entre dirigentes políticos, sindicales y eclesiásticos para analizar la situación social del país. Nadie puede cuestionar la legitimidad de esa preocupación. Lo que sí merece discusión son las conclusiones que algunos pretenden extraer de ella.

Porque existe una vieja confusión argentina; una tentación recurrente en la vida pública de nuestro país: la de creer que la pobreza se resuelve distribuyendo riqueza antes de crearla; la de imaginar que el problema consiste exclusivamente en la forma en que se reparte el producto social y no en la capacidad de una sociedad para producirlo; la de pensar que el crecimiento económico es una preocupación secundaria, casi un detalle técnico, frente a la urgencia moral de asistir a quienes más sufren.

Sin embargo, la experiencia histórica demuestra exactamente lo contrario: ninguna sociedad ha logrado reducir de manera duradera la pobreza sin antes generar riqueza. Ninguna.

No lo hicieron las naciones europeas que hoy admiramos por sus sistemas de protección social. No lo hicieron los países asiáticos que sacaron a cientos de millones de personas de la pobreza. No lo hicieron los Estados UnidosCanadáAustralia o Nueva Zelanda.

La tragedia argentina consiste en que buena parte de quienes hoy expresan legítima preocupación por la pobreza acompañaron durante años políticas que contribuyeron a expandirla.

Primero crecieron. Después distribuyeron. Y no porque fueran egoístas, sino porque entendieron una verdad elemental: nadie puede repartir aquello que no existe.

La Argentina, en cambio, parece empeñada desde hace décadas en discutir cómo distribuir una riqueza que cada vez produce menos. Y cuando los resultados de esa estrategia fracasan, la respuesta suele ser siempre la misma: más subsidios, más transferencias, más gasto público, más Estado y más endeudamiento.

El resultado está a la vista: más pobres, más dependencia, más exclusión; más personas viviendo de la asistencia. Y menos personas capaces de sostenerla.

La tragedia argentina consiste en que buena parte de quienes hoy expresan legítima preocupación por la pobreza acompañaron durante años políticas que contribuyeron a expandirla.

Así se destruyó el ahorro, se castigó la inversión, se hostigó al sector privado, se multiplicaron regulaciones, impuestos y controles… ¡y luego se expresó sorpresa ante la falta de crecimiento!.

Es una lógica tan extraña como pretender aumentar la cosecha castigando al agricultor.

Por eso la Iglesia debe ser especialmente cuidadosa. Su misión consiste en recordar la dignidad de cada persona humana, denunciar la indiferencia y acompañar a quienes sufren. Pero no debería convertirse —ni siquiera involuntariamente— en caja de resonancia político partidaria de quienes confunden solidaridad con estatismo, asistencia con desarrollo o compasión con política económica y de quienes favorecen la anomia y la informalidad.

La caridad es una virtud. La creación de riqueza también. La primera alivia el sufrimiento inmediato y la segunda permite reducirlo de manera permanente. Una sociedad madura necesita ambas. Porque los milagros existen en los Evangelios. Las economías, en cambio, funcionan de otro modo. Nada se multiplica si antes no se produce.

Por eso, el verdadero tema que se afronta desde estas columnas no es religioso ni partidario. Es cultural.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/la-pobreza-no-se-combate-con-discursos-nid03072026/


Comentario:

La pobreza es uno de los problemas más complejos y dolorosos que enfrenta cualquier sociedad. Por eso, resulta comprensible que instituciones como la Iglesia expresen su preocupación por quienes viven en condiciones de vulnerabilidad. Sin embargo, la solidaridad, aunque indispensable, no siempre alcanza para resolver un problema que tiene profundas raíces económicas, sociales y culturales.

El presente texto plantea una idea provocadora: no es posible distribuir de manera sostenible aquello que antes no se ha producido. La historia de numerosos países muestra que el crecimiento económico y la generación de riqueza suelen ser condiciones necesarias para reducir la pobreza de forma permanente. Sin inversión, empleo, innovación y productividad, los recursos disponibles terminan siendo insuficientes para atender las necesidades de una población cada vez mayor.

Al mismo tiempo, tampoco puede ignorarse que el crecimiento económico, por sí solo, no garantiza una sociedad más justa. Si la riqueza no se acompaña de instituciones sólidas, educación de calidad, igualdad de oportunidades y políticas públicas eficientes, muchas personas pueden quedar excluidas de sus beneficios.

Quizá el verdadero desafío no sea elegir entre crecimiento o solidaridad, sino comprender que ambos son complementarios. Una sociedad necesita generar riqueza para crear oportunidades, pero también requiere sensibilidad para acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles. Combatir la pobreza exige una visión de largo plazo, basada en el trabajo, la educación y el desarrollo, sin dejar de lado el compromiso humano con quienes más lo necesitan.

C.M.

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