Sunday, September 27, 2026

La nueva desigualdad que puede crear la IA, por Brian Klaas

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La nueva desigualdad que puede crear la IA

Por qué la IA podría terminar garantizando que los inteligentes se vuelvan más inteligentes mientras todos los demás se quedan atrás

Brian Klaas

Mucho se ha escrito sobre el potencial y los peligros de la inteligencia artificial (IA). Los tecnomagnates la idolatran como una panacea que permite enriquecerse rápidamente y que además tiene un potencial emancipador, y hacen planes faraónicos para transferir sus mentes y consciencias al éter eterno gracias al poder de sus abultadas cuentas de criptomonedas. Los megamillonarios CEO de las empresas se babean ante el aumento de la productividad y el astronómico aumento de los márgenes de ganancia, liberados al fin de los molestos “sueldos a pagar”.

Por el contrario, los científicos sociales —y muchos ciudadanos conscientes— temen su disruptivo y masivo impacto en el empleo, así como el riesgo existencial que podría sumar a un sistema global ya de por sí frágil.

Para muchos, la postura ante la IA es de todo o nada: o es una catástrofe que vacía de humanidad a nuestra especie, o es una revolución de la información que dará paso a lo antes inimaginable, con un vertiginoso y estimulante empujón digital.

Pero esas reacciones contrapuestas pasan por alto una dinámica crucial y oculta que ya se puso en marcha hace tiempo. Y si no tenemos cuidado, uno de los impactos con mayores consecuencias de la IA será la aparición de una gran brecha cognitiva: una bifurcación de la inteligencia humana, una nueva era de desigualdad mental, con consecuencias duraderas para nuestra especie.

I - La aleccionadora advertencia del vuelo 447 de Air France

El 1 de junio de 2009, a unos 600 kilómetros al noreste de la costa de Brasil, el sistema de piloto automático del vuelo 447 de Air France con rumbo a París se desconectó abruptamente. Era algo sumamente inusual: desde el momento en que alcanzan la altitud crucero, la mayoría de los aviones comerciales vuelan casi todo el trayecto en piloto automático.

Así que de repente y sin preaviso, los pilotos se vieron obligados a realizar maniobras manuales que durante la mayor parte de su carrera habían delegado en una máquina. Los sensores arrojaban lecturas incorrectas e inverosímiles, las luces de advertencia se prendían y apagaban, sonaban las alertas sonoras, y los pilotos no lograban entender lo que pasaba. En medio de esa confusión, el piloto intentó ascender bruscamente y maniobró al avión en un ángulo demasiado pronunciado.

Incapaz de interpretar la información que mostraban los sensores, uno de los pilotos gritó con frustración: “¡No tengo ningún control sobre el avión!”.

Cuatro minutos después de que se desconectara el piloto automático, el avión, ya apagado, descendía a una velocidad de casi 3400 metros por segundo. Los pilotos, acostumbrados a delegar gran parte de la carga cognitiva del vuelo en su fiable piloto automático, no estaban preparados para que la máquina fallara.

El vuelo 447 de Air France se estrelló contra el océano a una velocidad tremenda. Se desintegró por completo, causando la muerte instantánea de los 228 pasajeros y tripulantes que iban a bordo.

Es un ejemplo especialmente trágico de delegación cognitiva: al depender durante tanto tiempo de dispositivos digitales falibles, las habilidades de los pilotos se deterioraron y perdieron parte de su capacidad de autonomía. Lo mismo demuestran las investigaciones sobre los taxistas de Londres, que tienden a tener un hipocampo más desarrollado gracias a tener que memorizar el mapa completo de la ciudad, mientras que quienes se desplazan utilizando Google Maps muestran un peor desempeño en memoria espacial que las generaciones anteriores. Conclusión: lo que no se usa, se pierde.

Yo mismo he escrito anteriormente sobre los peligros de la delegación cognitiva que he experimentado en carne propia:

Cuando era niño, podía recitar números de teléfono de memoria. Los teléfonos fijos, y después los primeros teléfonos móviles, mamotretos enormes y aparatosos, verdaderos “ladrillos” que uno cargaba en el bolso. Me sabía esos números de memoria, y todavía me los sé…

El número de mi mejor amigo, que vivía en la misma cuadra. El de mis padres. También sabía los nombres de las calles: a los 12 años, por mi mente serpenteaban cuadrículas y líneas, y yo era una especie de Google Maps humano. Por entonces uno aprendía a conocer un lugar gracias a la tecnología GPS de los años 90: “Go Play Somewhere”, o sea “Andá a jugar a otra parte”.

Después llegó el celular. Esa parte de mi cerebro hasta entonces dedicada a retener cifras y coordenadas fue transferida a aquel pequeño teléfono con tapa, y nunca la recuperé. No me sé ningún número de teléfono nuevo y los nombres de las calles pasaron de moda; el futuro es la geocodificación de What3Words. Ahora es fácil ignorar el entorno, porque siempre está la opción de consultarle al teléfono. Ahora la gente nos dice: “¡¿Cómo que te perdiste?! ¿Te quedaste sin batería en el celu?”

Diversos estudios ya han señalado los riesgos de la externalización cognitiva por el uso de modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM), como ChatGPT. Un estudio de 2025 del MIT (con una muestra reducida) reveló menor conectividad cerebral en personas que redactaron un ensayo con ayuda de ChatGPT, así como incapacidad para recordar lo que acababan de escribir. Asimismo, un estudio de 2026 —preocupante, aunque preliminar— aporta pruebas de que cuando las personas utilizan la IA para realizar tareas, se vuelven menos constantes, abandonan más rápido el aprendizaje de algo, y presentan un rendimiento general inferior.

Al evaluar conocimientos recientemente adquiridos, un estudio de 2026 demostró que las personas asistidas por IA obtenían peores resultados y desistían de contestar las preguntas antes que quienes aprendían de forma “natural”.

Nuestro mundo está a punto de atravesar el mayor experimento natural en la historia de la cognición: ¿Qué pasaría si la mayoría de las tareas que antes requerían cierto nivel de procesamiento intelectual pudieran delegarse simplemente en una máquina? Y más importante aún: a medida que esto ocurra, ¿quiénes serán los ganadores y quiénes los perdedores de esa nueva realidad, dado que amenaza nuestra capacidad colectiva para pensar de manera eficiente?

II - Gimnasios cognitivos y la IA como amplificador

Imaginemos que alguien se nos acerca en el gimnasio para darnos un consejo útil mientras estamos levantando pesas o en la cinta de correr.

“Un autoelevador podría levantar la misma cantidad de peso con muchísimo menos esfuerzo”, nos ​​dice. “Y en esa cinta no estás optimizando el tiempo: en bicicleta podrías recorrer cinco kilómetros mucho más rápido, o mejor aún, en coche”.

Cualquiera de nosotros se preguntaría, con todo derecho, si esa persona sufre algún trastorno mental, porque si bien sus sugerencias son obviamente correctas, ha cometido un garrafal error categórico: el objetivo de ir al gimnasio no es liberar la mayor cantidad posible de peso del obstinado empuje de la gravedad, ni correr en la cinta la mayor distancia posible en el menor tiempo. Si así fuera, ni siquiera existirían los gimnasios: las máquinas ya pueden hacer todo eso mejor que nosotros.

Sin embargo, a no todo el mundo le sirven los gimnasios. Para quien está postrado en cama o no tiene ni idea de cómo levantar pesas, el mero hecho de que exista un gimnasio no hace que ganen fuerza o se puedan parar. De hecho, la presencia de un gimnasio incluso podría profundizar la brecha estadística de salud física entre los habitantes de determinada zona, porque para alguien que ya está en forma y sabe cómo ejercitarse, la apertura de un gimnasio cerca de su casa puede desbloquear y acelerar mejoras y beneficios en su cuerpo, y quienes no estaban en forma seguirán sin estarlo, mientras que los que estaban más en forma estarán aún mejor.

Ahora, agreguemos a esa ecuación un tercer tipo de persona: alguien que nunca va al gimnasio pero usa anabólicos esteroides para parecer más fuerte. Es probable que esa persona desarrolle una visible musculatura, y al verla por la calle podríamos presumir erróneamente que va al gimnasio con regularidad. Pero es todo una ilusión: si le hicieran exámenes médicos, probablemente estaría menos sana que antes de tomar los esteroides. Apariencia sin sustancia.

Aplicado a la humanidad, la IA podría terminar cumpliendo la función de una especie de gimnasio cognitivo. Más que tener efectos uniformes y generalizados, la IA puede actuar como un amplificador que profundice un abismo entre dos grupos de personas: las que poseen gran capacidad de pensamiento crítico y disposición para aprender, y quienes que carecen de esos rasgos.

Admito que a primera vista no parece así. Para el ojo inexperto, la IA puede parecer una gran herramienta igualadora, que hace posible que personas funcionalmente analfabetas elaboren mágicamente un pastiche vistoso, pero vacío, que pasa por prosa pulida aunque carezca de todo contenido intelectual original.

Es mucha la gente que se parece al haragán que en vez de ir al gimnasio toma esteroides, el que cayó en la tentación de usar una autoelevadora para levantar pesas. Parecen más inteligentes por los resultados que generan, mientras su propia inteligencia se va marchitando. Al delegar cada vez más el pensamiento crítico en herramientas de IA, esa excesiva tercerización cognitiva hacia la máquina les atrofia el cerebro.

La IA ya bajó la vara de la calidad de la producción humana: ahora, generar resultados mediocres es absurdamente fácil. Apretando un par de teclas, cualquiera puede “escribir” una publicación de LinkedIn medianamente atractiva —aunque con algo de falsa modestia— o un informe técnico aceptable. Y las presentaciones de PowerPoint y las hojas de cálculo son directamente un juego de niños.

Sin embargo, la IA también elevó el techo de lo posible para quienes ya poseen pensamiento crítico y voluntad de aprender, los profesionales del conocimiento capaces de potenciar las habilidades que ya tenían, gracias a potentes herramientas de apoyo digital.

Los matemáticos podrían analizar problemas complejos con mayor rapidez, incluso con resultados ingeniosos e inesperados, y eso les permitiría dedicarle más tiempo a las fronteras matemáticas verdaderamente difíciles del conocimiento. Y antes de emprender una nueva investigación científica de gran envergadura, un científico podría entablar una “tormenta de ideas” intelectual con la IA para identificar los posibles abordajes investigativos.

En los países emergentes, a las personas inteligentes e intelectualmente curiosas que carecen de acceso a una educación formal se les puede abrir la puerta hacia un futuro de desarrollo cognitivo antes inalcanzable, gracias a herramientas gratuitas de enseñanza basadas en la IA (y eso en parte tal vez explique por qué en los países más pobres son tan optimistas con la IA).

Como escribió el biólogo evolutivo Stephen Jay Gould en su célebre libro El pulgar del panda: “En cierto modo, me interesa, menos el peso y las circunvoluciones del cerebro de Einstein que la certeza casi absoluta de que hubo personas con igual talento que fueron explotados y murieron en algodonales y talleres clandestinos”.

El impacto social neto de la IA bien podría derivar en un mundo de desigualdad económica más profunda, haciendo realidad la fantasía suprema de los tecnomagnates de Silicon Valley: la creación de una subclase permanente. En los países ricos, millones de personas perderían su trabajo mientras los billonarios se transforman en trillonarios. Y en los países pobres, por optimistas que sean, no hay ningún Silicon Valley, así que la casi totalidad de los valiosos frutos de la innovación tecnológica serán cosechados, una vez más, en el Norte Global.

No obstante, un individuo ambicioso e ingenioso de un país pobre hoy puede volver a su casa después de un día de trabajo precario y utilizar gratuitamente herramientas de IA que lo instruyen mucho mejor de lo que jamás habría podido pagarse anteriormente. Sin embargo, eso solo sirve de catalizador para cierto tipo de individuo: una persona iletrada, agotada por una labor extenuante en condiciones precarias o incapaz de salir de la informalidad laboral puede pasarse interminables horas en ChatGPT aprendiendo matemática e ingeniería, o dominando nuevas áreas de las humanidades, gracias a una instrucción y tutoriales progresivos; sin embargo, eso difícilmente tenga repercusiones más allá de su desarrollo cognitivo.

Por lo tanto, el resultado más probable es muy crudo: los pensadores críticos, trabajadores e intelectualmente curiosos que sepan utilizar la IA para potenciar su inteligencia se volverán más inteligentes, y los demás, mientras tanto, se rezagarán cognitivamente, delegando gustosamente todo esfuerzo mental en las máquinas.

Para entender la razón, debemos analizar un marco económico útil y que explica a la perfección por qué la IA generará una bifurcación en las capacidades cognitivas, dependiendo de quién la utilice y de cómo la incorpore a su vida.

III - Sustitutos versus complementos

Los economistas señalan la distinción teórica entre sustitutos y complementos. ¿Un bien reemplaza a otro o lo respalda y lo mejora? Un concepto relacionado es el de desplazamiento, ese fenómeno por el cual una innovación tecnológica deja obsoleta a una tecnología anterior.

Cuando se inventaron los cajeros automáticos, muchos temieron que el puesto de cajero desaparecería y que cientos de miles de personas perderían su trabajo en un abrir y cerrar de ojos debido a la automatización. Sin embargo, a medida que los cajeros automáticos dejaron de ser una tecnología futurista marginal y se convirtieron en un elemento omnipresente de la vida cotidiana, durante ese periodo el número de empleados de ventanilla aumentó ligeramente.

David Autor estudió este fenómeno y explicó que eso permitió que los empleados bancarios se dedicaran a la llamada banca relacional: la venta de productos bancarios a los clientes, en vez de limitarse a la rutinaria tarea de contar billetes con la mano. Es un ejemplo claro de algo que parecía destinado a desplazar el empleo, pero que acabó complementándolo. Si aplicamos esos conceptos económicos al auge del uso de la IA y a la externalización de las demandas cognitivas, obtenemos un marco claro para comprender lo que denomino la gran brecha cognitiva que asoma en el horizonte.

Para el matemático que utiliza la IA para ampliar las fronteras teóricas de su saber, o para el cirujano cardíaco que se vale de ella para idear nuevas intervenciones médicas con mayor precisión, la inteligencia artificial no desplaza su pensamiento crítico, sino que más bien amplifica su eficacia intelectual y potencia la capacidad de su cerebro para centrarse en la innovación y en encontrar soluciones creativas a problemas obstinados que no pueden resolverse con los datos de entrenamiento existentes.

Por el contrario, si una persona que antes debía emplear su cerebro para llenar hojas de cálculo o redactar informes técnicos ahora utiliza herramientas de IA exclusivamente para delegar su pensamiento crítico —aunque realice las mismas tareas—, con el tiempo esos cerebros individuales acabarán atrofiándose, por no estar sometidos al esfuerzo suficiente para mantenerlos cognitivamente activos. (Lo mismo pasa con navegar pasivamente por las redes sociales, que suele desplazar, y no complementar, actividades cognitivas más enriquecedoras, como la lectura de libros).

Sin embargo, muchas de las tareas que realizan actualmente los seres humanos son tediosas y rutinarias, y la gente se pasa la vida laboral en lo que David Graeber calificó muy gráficamente como bullshit jobs (trabajo “de mierda” o “de mentira”). Aquí es donde el ejemplo de los cajeros automáticos ofrece motivos para el optimismo. La innovación que supuso el cajero automático resultó beneficiosa para todos, y especialmente para el cajero de ventanilla, ​​que pudo centrarse en actividades intelectualmente más estimulantes.

Asimismo, si la IA puede ayudar a agilizar lo que Jamie Bartlett denomina tecnoadministración —esas tareas digitales que consumen el espíritu y que todos debemos realizar en la vida moderna—, ese sería un desplazamiento que habría que celebrar. (No desperdiciar neuronas marcando casillas digitales).

Por eso, estas categorías ofrecen un sólido encuadre teórico para comprender una nueva frontera de la carga cognitiva: el objetivo de la IA para los seres humanos debería ser desplazar las tareas aburridas y tediosas que no aportan nada a nuestra experiencia intelectual de vivir, y complementar nuestras pasiones cognitivas amplificando nuestros talentos naturales y habilidades existentes.

IV: Resistirse al canto de sirena de la delegación cognitiva

Sin embargo, tal como sostenía en mi ensayo anterior sobre “La muerte de la monografía estudiantil”, la amplificación de la inteligencia solo puede producirse cuando el individuo ya posee habilidades de pensamiento crítico y está dispuesto a cultivar dicho pensamiento como un fin en sí mismo. Si no se aprende a usar el “gimnasio cognitivo” ni se esta dispuesto a realizar el exigente trabajo de generar ideas, el cerebro no se desarrolla.

En cuanto a los jóvenes que sustituyen o desplazan su educación con atajos de IA —externalizando o delegando así el proceso de aprender a pensar—, la inteligencia artificial nunca llegará a complementar su capacidad de cognición. Por el contrario, convertirá la educación en un callejón sin salida mental, un límite infranqueable para lo que de otro modo podría ser una vida interior rica, marcada por la curiosidad y el conocimiento.

Del mismo modo, quienes ponen erróneamente como objetivo final “los resultados” —en lugar de considerarlos simplemente el subproducto económicamente útil de poner el cerebro en marcha— se sentirán cada vez más tentados a delegar todo en herramientas de IA, poniéndose en la misma situación que quienes nunca llegaron a desarrollar el pensamiento crítico.

Para ambos grupos el problema es el siguiente: algunas personas llegarán a dominar realmente bien ChatGPT o alguna otra IA y generarán resultados aparentemente excelentes, lo que les inducirá a creer falsamente que poseen una ventaja comparativa.

Pero si no aprenden a pensar, cualquier habilidad que desarrollen basada en la IA adolecerá de dos defectos:

En primer lugar, sus competencias estarán atadas exclusivamente a una tecnología concreta, en lugar de constituir una aptitud cognitiva flexible capaz de perdurar ante futuros avances tecnológicos.

En segundo lugar, dichas habilidades no serán en absoluto singulares. Hoy en día, es posible obtener una ventaja profesional gracias al dominio de herramientas de IA, dado que algunas personas se adaptan mejor que otras a esta tecnología. Sin embargo, así como antes la gente incluía con orgullo en sus CV que dominaba Word y Excel, con el paso del tiempo esas habilidades pasaron a darse por sentadas. Y en un mundo que inevitablemente integrará la IA en la experiencia humana, nadie destacará por su habilidad para redactar prompts (instrucciones) para la IA.

Por eso, mientras la externalización cognitiva seduce a una población obsesionada con la eficiencia optimizada, la ventaja finalmente la tendrán los pensadores inteligentes y diligentes que complementan su propia inteligencia en lugar de sustituir su mente por un modelo de lenguaje (LLM).

A esto los convoco: a resistir el canto de sirena de una excesiva delegación cognitiva. La próxima vez que utilicen ChatGPT pregúntense: ¿lo estoy usando como sustituto de mi mente o como un complemento que me permite usar mejor mi cerebro? ¿Estoy agilizando una tarea irrelevante para centrarme en ideas más interesantes, o me estoy privando de esas ideas interesantes porque me sedujo un atajo?

El cerebro humano es la creación más compleja y maravillosa del universo conocido, pero si no se utiliza, se marchita. Y me preocupa que con cada instrucción mecánica y carente de reflexión que le damos a la IA ya estemos avanzando como sonámbulos, paso a paso, hacia ese abismo mental.

(Traducción de Jaime Arrambide)

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/la-gran-brecha-cognitiva-la-nueva-desigualdad-que-puede-crear-la-ia-nid26092026/

(Editado)


Comentario:

El presente artículo ofrece una lectura sumamente lúcida y oportuna sobre el impacto de la inteligencia artificial, desplazando el debate habitual hacia un riesgo menos visible pero más profundo: la "gran brecha cognitiva".

Frente a la polarización simplista que ve a la IA o bien como una salvación mesiánica o bien como una catástrofe total, el texto advierte sobre los peligros de la delegación y la externalización mental. Utilizando la trágica metáfora del vuelo 447 de Air France y la analogía de los gimnasios, el autor ilustra con precisión cómo el cerebro humano —al igual que un músculo— se atrofia cuando se prescinde del esfuerzo intelectual, un fenómeno respaldado por estudios recientes sobre el uso de modelos de lenguaje.

Lo más valioso del análisis es la distinción económica entre sustitutos y complementos. Mientras que los pensadores curiosos y críticos utilizan la IA para potenciar sus capacidades y elevar el techo de lo posible, quienes caen en la tentación de sustituir su propio pensamiento por atajos tecnológicos terminan atrofiando sus habilidades cognitivas y quedando rezagados. En última instancia, la verdadera desigualdad del futuro no será solo económica, sino mental: un abismo entre quienes usan las herramientas para pensar mejor y quienes eligen dejar de pensar. Una advertencia indispensable para no caminar como sonámbulos hacia el estancamiento intelectual.

 Clara Moras.

 


Wednesday, September 9, 2026

Lo que la escuela dejó de prometer: la movilidad social, por Gala Díaz Langou

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Lo que la escuela dejó de prometer: la movilidad social

Las pruebas PISA muestran diferencias entre los resultados obtenidos por los alumnos de diferentes sectores socioeconómicos en nuestro país. Revelan, además las peores marcas en cuanto a disciplina en el aula

 

9 de septiembre de 2026

 

Por Gala Díaz Langou

 

En la Argentina, sólo 52,7% de los adolescentes cree que la escuela puede torcerles el destino social. La capacidad de las escuelas para igualar condiciones y habilitar la movilidad social probablemente sea una de sus funciones más centrales. Y es una capacidad que se encuentra íntimamente vinculada con los tristes resultados que se publicaron recientemente. Argentina empeoró su desempeño en las tres áreas evaluadas respecto de 2022: lectura (cayó de 401 a 389 puntos), matemática (de 378 a 367) y ciencias (de 406 a 393). Se trata del peor resultado histórico del país en matemática, y el nivel más bajo en casi veinte años en lectura y ciencias. Aunque también es importante notar que el deterioro viene sucediendo hace 25 años.

La lectura de datos se problematiza aún más cuando se observan las desigualdades entre estratos socioeconómicos. Los estudiantes provenientes de familias de mejor posición socioeconómica no sólo tienen mejores resultados (el 25% más rico tiene un desempeño muy superior al 75% restante en todas las disciplinas) sino que cada vez se amplía más la brecha. Por ejemplo, si bien entre 2022 y 2025 todos empeoraron, los estudiantes en desventaja socioeconómica perdieron 7 puntos en ciencias, los aventajados perdieron solo 1, y la brecha entre ambos grupos creció 6 puntos en apenas tres años.

¿Puede realmente la escuela igualar condiciones y habilitar la movilidad social? Es una pregunta que viene ocupando a la sociología de la educación hace sesenta años. Los primeros estudios que existieron, en particular el Informe Coleman sobre oportunidades educativas de 1966, evidenciaron que el origen familiar pesaba más que los recursos escolares para marcar las trayectorias. Pero investigaciones posteriores lograron complejizar este análisis, al identificar factores específicos que contribuyen a que la escuela cumpla este tan importante rol como el clima del aula, las expectativas docentes, el liderazgo escolar y el vínculo con las familias, entre otros.

Aquí probablemente es donde logremos tener más información acerca de las razones detrás del pésimo desempeño de nuestro país. Argentina tiene el peor clima de disciplina en el aula de todos los países relevados por PISA: obtuvo -0,43, el valor más bajo entre los países con datos disponibles. Más de la mitad de los estudiantes reportaron ruido y desorden regular en la clase de ciencias, contra un 30% en el promedio OCDE. De hecho, hay una frase textual en el reporte de la OCDE donde se nombra a Argentina como uno de los dos casos más extremos del estudio completo por esta puntuación.

Sin embargo, es importante notar que, aún en este contexto, hay un vínculo que resiste. El apoyo docente percibido por los estudiantes argentinos está en 0,30, por encima del promedio OCDE de 0,03. No es un dato menor: la evidencia muestra que el vínculo con una persona adulta que pueda actuar como referencia en la escuela antecede al aprendizaje.

Pero este sostén ocurre en un contexto muy hostil, al que el sociólogo francés Robert Castel, definió como de “desafiliación”. Se trata de un proceso en el que una persona ve debilitarse progresivamente las redes que deberían sostenerla, hasta quedar suspendida sin red. La escuela es una de las instituciones más fundamentales para la socialización, para hacer que una persona se sienta parte de la sociedad que integra y actúe en consecuencia. El proceso de desafiliación escolar del que estamos siendo testigos pone en jaque justamente eso. Porque si bien se mantiene el vínculo entre docentes y estudiantes, se está debilitando todo lo que debería sostenerlo. Un caso paradigmático es el del apoyo familiar percibido, que está por debajo del promedio OCDE (-0,34 contra -0,19). Un vínculo fuerte no alcanza para sostener a un chico cuando el entramado que lo rodea se cae.

Volvamos entonces a la pregunta de apertura. Si un estudiante no cree que la escuela puede cambiarle el destino, es poco lo que pueda lograr el esfuerzo individual docente. Si queremos genuinamente que la escuela sirva para que todos, independientemente de su origen, puedan generar aprendizajes que habiliten una vida mejor a nivel individual y una mayor prosperidad a nivel agregado, tenemos que ineludiblemente preguntarnos cómo se reconstruye la red que los habilite. Esa reconstrucción excede al aula: necesita políticas públicas específicas que sean capaces de sostener la trayectoria escolar y los aprendizajes de cada estudiante. Ahí está la palanca que no deberíamos dejar afuera de la conversación.

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/lo-que-la-escuela-dejo-de-prometer-la-movilidad-social-nid09092026/

 

Comentario:

 

El artículo de Gala Díaz Langou expone un diagnóstico preocupante: la escuela argentina está perdiendo su capacidad de igualar oportunidades. Los datos de PISA 2025 no solo confirman un declive sostenido en lectura, matemática y ciencias, sino que revelan algo más grave: la brecha entre estudiantes de distinto origen socioeconómico se amplía año a año, incluso cuando el desempeño general empeora para todos.

Lo más interesante del texto es cómo conecta los resultados académicos con el concepto de "desafiliación" de Robert Castel. La autora muestra que el vínculo entre docentes y estudiantes —un indicador donde Argentina supera el promedio OCDE— no alcanza para compensar el debilitamiento de las redes familiares y sociales que rodean a cada alumno. Esto sugiere que el problema educativo no puede resolverse únicamente dentro del aula, por más comprometidos que estén los docentes.

El dato sobre disciplina también resulta revelador: Argentina presenta el peor clima áulico entre los países evaluados, lo que probablemente erosiona tanto el aprendizaje como la confianza de los estudiantes en que la escuela puede cambiar su destino.

En definitiva, el texto plantea una idea central y urgente: sin políticas públicas que reconstruyan el entramado social que sostiene las trayectorias escolares, ningún esfuerzo individual —ni de docentes ni de estudiantes— será suficiente para revertir esta pérdida de movilidad social.


Una justicia a la medida de la AFA, por Joaquín Morales Solá

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Una justicia a la medida de la AFA

La política con respecto a la entidad del fútbol cambió con el ministro Mahiques, que no se detiene en sus favores a los encartados Tapia y Toviggino

9 de septiembre de 2026

 

Joaquín Morales Solá

Cuando Juan Bautista Mahiques asumió como ministro de Justicia, en marzo último, el entonces juez en lo Penal Económico Pablo Yadarola no imaginaba que su destino cambiaría velozmente. Son amigos desde hace mucho tiempo y han protagonizado varias correrías juntos. Hace pocos días, Yadarola escaló hasta convertirse en miembro de la poderosa Cámara Penal Federal de la Capital. Un día antes de asumir su nuevo puesto, Yadarola cerró la causa que investigaba el ingreso al país, en febrero del año pasado, de diez bultos sin que fueran controlados por funcionarios de la Aduana. Los bultos llegaron al aeroparque de la Capital en un vuelo privado propiedad del empresario Leonardo Scatturice, vinculado con los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y de la Argentina; él vive en Miami.

María Belén Arrieta, colaboradora muy cercana de Scatturice, fue la única pasajera de ese avión. Los registros de las cámaras del aeropuerto señalan que una funcionaria de la Aduana hizo un llamado telefónico para permitir el privilegiado ingreso al país de Arrieta. Yadarola solo tenía que seguir la cadena de llamados telefónicos hasta establecer qué autoridad del gobierno nacional dio la orden definitiva. No lo hizo. El premio de su amigo Mahiques fue un ascenso, rápido y asombroso, en la misma Cámara donde el gobierno nacional le negó la permanencia al juez Martín Irurzun, un impecable magistrado del fuero federal.

Esos son solo dos ejemplos, el de Yadarola y el de Irurzun, que suponen un drástico cambio en el manejo de la Justicia desde que Mahiques accedió al control de la cartera de Justicia. Yadarola había quedado en el puesto 16° en el examen escrito y anónimo del concurso para ser camarista. Tras la entrevista personal, ascendió al noveno lugar, aún lejos de los seis primeros puestos que conformarían la terna definitiva. Pero uno de los consejeros que representa a los jueces, Diego Barroetaveña, volvió a analizar las entrevistas personales, propuso modificar el orden de mérito y lo ascendió al quinto lugar. El Consejo de la Magistratura lo aprobó, Yadarola ingresó en una terna y fue propuesto por el gobierno para ocupar ese destacado cargo en la Cámara Federal. Su acuerdo en el Senado fue votado por mileístas y kirchneristas. Una extraña convergencia en un mundo sin acuerdos.

Juan Bautista Mahiques no solo es miembro de una familia judicial; cuenta también con una larga carrera que pasó por varias covachas del Poder Judicial. Tiene de igual modo un pasado muy emparentado con los cuestionados dueños del fútbol argentino, Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino, tesorero de la AFA y mano derecha de Tapia. Los dos están siendo investigados en siete causas judiciales y también por la Justicia de los Estados Unidos y por el FBI. Investigan si cometieron delitos de fraude y lavado de dinero por 400 millones de dólares. El caso más iridiscente, pero no el más importante, es el de la propiedad real de la mega mansión en Villa Rosa, en Pilar, que está a nombre de supuestos testaferros de Tapia y Toviggino. En esa majestuosa casa supuestamente propiedad de los caudillos de la AFA, donde se guardaban 54 autos de colección y de alta gama, celebró sus 74 años el juez Carlos Mahiques, miembro de la Cámara de Casación (la máxima instancia penal del país); este Mahiques es padre de Juan Bautista, el ministro.

Hay otro Mahiques en la Justicia, el exfiscal y actual juez de la Cámara de Apelaciones porteña Ignacio Mahiques, también hijo del mismo patriarca. Pero este nunca fue cuestionado y, por el contrario, recibió elogios cuando fue coautor, junto con el fiscal Gerardo Pollicita, del primer dictamen sobre los manejos corruptos del clan Kirchner y Lázaro Báez con la obra pública. Cristina Kirchner está presa por esa causa que tuvo como primeros impulsores a esos dos fiscales y al juez Julián Ercolini. En cambio, su hermano, el actual ministro Mahiques, fue vicerrector de la Universidad de la AFA, una creación ilusoria del inefable Tapia que no cuenta con habilitación legal. Peor: la incuestionada ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, intimó a la AFA para que cese con la promoción de carreras en esa ficcional universidad porque no tiene autorización para hacerlo.

Mahiques no se detiene en sus favores a los encartados Tapia y Toviggino. El juez Agustín Rubiero acaba de ser ascendido como miembro de la Cámara Nacional en lo Civil, una instancia que intervino en la causa de la AFA por la quinta de Pilar y que dictó la anulación de la veeduría dispuesta por la Inspección General de Justicia a la más importante entidad del fútbol. Rubiero es amigo del ministro Mahiques desde la infancia. Fue su asesor cuando este fue representante del gobierno en el Consejo de la Magistratura. En el concurso para cubrir ese cargo obtuvo el penúltimo lugar en el orden de mérito (terminó en el número 30 entre 31 postulantes). Luego pasó al lugar número 27 y finalmente al 22, tras un examen oral sospechoso. Esa posición le permitía integrar solo la “lista complementaria”, una suerte de banco de suplentes. Rubiero estuvo también vinculado a la AFA como miembro de su tribunal de apelaciones. ¿Será por eso que pasó de integrar la lista suplementaria a la terna definitiva y, ahora, a la designación como juez de la Cámara Nacional en lo Civil?

Es difícil suponer a Javier Milei entretenido con esos recovecos de los tribunales ni sosteniendo una política judicial de apoyo explícito a los investigados Tapia y Toviggino. El Presidente cuestionó siempre y públicamente a Tapia. La política con respecto de la AFA no cambió con Milei; cambió con el ministro Mahiques, quien cuenta con el madrinazgo de la poderosa hermana presidencial.

Otro caso significativo de esa modificación es la promoción de María Pérez Cárrega, que podría ser designada al frente del juzgado en lo Penal Económico número 10. Pérez Cárrega pasó de estar en el lugar 12 en el orden de mérito al número cuatro luego de unos minutos de examen oral; desplazó, así, a varios candidatos con mejores antecedentes. La maniobra fue perfecta: un juez que integraba la terna, Ignacio Labadens, fue designado en otro juzgado y Pérez Cárrega pasó en el acto a integrar la terna. Sobresale la información de que en ese juzgado en lo Penal Económico quedó radicada una de las denuncias más delicadas contra la conducción de la AFA, que es precisamente la que investiga la propiedad de la quinta de Pilar. Actualmente ese juzgado está siendo subrogado por la jueza Verónica Straccia, con fama de buena magistrada, pero podría ser reemplazada definitivamente por Pérez Cárrega.

¿Otro ejemplo? José Miguel Guerrero, amigo del ministro de Justicia y exfuncionario de Mahiques hijo cuando este ocupó anteriormente altos cargos en esa cartera, había quedado en el lugar 32 luego de la evaluación de antecedentes, la prueba de oposición y la etapa de impugnaciones. No tenía ninguna posibilidad de ser juez. Sin embargo, tras la entrevista personal ascendió al puesto 23 y logró incorporarse a una terna como posible juez. O saben hablar, pero no saben escribir, o la influencia de los amigos es lo único que importa en la designación de los jueces.

Ninguna de estas designaciones hubiera sido posible si estuviera vigente la acordada de la Corte Suprema de Justicia, firmada por los jueces Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. El presidente del tribunal, Horacio Rosatti, no firmó, pero para esta clase de cuestiones se necesita solo la mayoría de los jueces que están para convertirla en una decisión de la Corte. Esa acordada propone restringir fuertemente la utilización de la “lista complementaria”, el banco de suplentes, para la designación de jueces; se prohíbe al Poder Ejecutivo que designe a dos postulantes de una misma terna, y, sobre todo, se elimina la discrecionalidad de las entrevistas personales. Estos exámenes orales son los hacedores de milagros para pasar del último a los primeros lugares después de una simple conversación.

Para estar vigente, esa acordada necesita hacerla suya una mayoría simple del Consejo de la Magistratura, integrada por 20 representantes de distintos estamentos políticos, judiciales y académicos. Se necesitan 11 votos. Los representantes políticos del Senado y de la Cámara de Diputados son ocho; hay uno que representa al Gobierno y otro eventual voto podría ser el de Rosatti, que también preside el Consejo. Pero es la política la que impide alcanzar ese número; prefiere quedarse con la arbitrariedad que predomina actualmente. Los políticos que están ahora no quieren perder la oportunidad de nombrar y destituir jueces, que es la función del Consejo, y los que están en la oposición imaginan que algún día accederán al poder y podrán hacer lo mismo. Es la política la que corrompe a la Justicia, y luego es la Justicia la que debe juzgar a los políticos. No nos sorprendamos después, cuando las causas que investigan a políticos duermen durante décadas en los despachos de los jueces, hasta que alguien en los tribunales dicta las prescripciones porque transcurrió el “tiempo razonable”.

Puede ser una casualidad, si es que las casualidades existen cuando se construye la política. Pero lo cierto es que la llegada de Mahiques al ministerio de Justicia coincidió con una resolución de la Cámara de Casación, con la firma de los jueces Mariano Borinsky y el mismo Barroetaveña del Consejo de la Magistratura, por la que la investigación sobre la propiedad de Pilar, que sería de los dueños de la AFA, pase al juzgado federal de Campana, donde el juez Adrián González Charvay, la esperaba con los brazos abiertos. Tapia y Toviggino esperaban lo mismo. El fiscal de esa Cámara, Mario Villar, acaba de apelar tal despropósito con un duro dictamen sobre la decisiones de los dos jueces. Villar calificó de “arbitraria” la resolución de los magistrados y señaló que “puede sembrar dudas acerca de la imparcialidad” de Borinsky y Barroetaveña.

Borinsky es candidato a integrar la Corte Suprema de Justicia, que deberá tener como primera firma, si fuera así, la del ministro Mahiques. Y Barroetaveña fue hasta fines del año pasado presidente del tribunal de ética de la AFA. Villar llegó al extremo de plantear la suspicacia de que detrás de tantas disputas por la competencia del caso podría esconderse una maniobra de “forum shopping”, que es la forma como los interesados logran acceder al juez que más les conviene. El fiscal sostuvo que no alcanza con mirar dónde están las bienes presuntamente comprados con dinero ilícito, sino que deben analizarse prácticas corruptas mucho más amplias. Y también los lugares donde se habrían tomado las decisiones y organizado las operaciones inmobiliarias. Villar sostiene que el lugar de la investigación es la Capital Federal y no Campana porque en la Capital, entre otras razones, está la sede histórica y real de la AFA, en la calle Viamonte.

No bien asumió Mahiques, Milei firmó un decreto por el que modificaba un decreto de Néstor Kirchner, obligado en sus primeros meses como presidente a portarse bien con la designación de jueces luego de los zafarranchos que había hecho con la justicia provincial como gobernador de Santa Cruz. La modificación del actual presidente encoge seriamente los márgenes de transparencia y de control ciudadano de los jueces postulados. Hasta hace poco, reinaba una virtual acefalía en casi la mitad de la Justicia; un 40 por ciento de los cargos de jueces estaba vacante. La obligación del Gobierno era cubrir esos despachos desérticos de los tribunales. Pero no cualquier decisión es buena. Una cosa es la necesidad de ocupar lo que está desocupado, y otra cosa es llenar los vacíos en el Estado con amigos y compinches.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/una-justicia-a-la-medida-de-la-afa-nid08092026/

 

Comentario:

Este  artículo expone con detalle cómo la llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia ha coincidido con una serie de designaciones y ascensos judiciales que despiertan fuertes sospechas de favoritismo y vínculos con la AFA. El caso del juez Pablo Yadarola, que cerró una investigación sensible justo antes de ser promovido a la Cámara Penal Federal, es un ejemplo claro de cómo las entrevistas personales y la discrecionalidad del Consejo de la Magistratura pueden alterar drásticamente los concursos. Algo similar ocurrió con otros jueces cercanos al ministro, como Agustín Rubiero o María Pérez Cárrega, quienes pasaron de posiciones irrelevantes a ocupar lugares clave en causas vinculadas al fútbol argentino.

El texto también subraya la relación histórica de Mahiques con Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino, dirigentes de la AFA investigados por fraude y lavado de dinero. La sospecha es que las designaciones judiciales buscan garantizar protección a estos dirigentes, incluso en causas de gran magnitud como la propiedad de la quinta de Pilar. La crítica central es que la política ha colonizado la Justicia, utilizando la “lista complementaria” y las entrevistas orales como herramientas para premiar a amigos y aliados.

En definitiva, el artículo denuncia un entramado de poder donde la independencia judicial queda relegada frente a intereses políticos y deportivos. La consecuencia es una Justicia debilitada, que pierde credibilidad y se convierte en un instrumento de protección para quienes deberían ser investigados.

 


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