Tuesday, August 11, 2026

Santa Clara de Asís: esta es su historia y la oración que hay que rezar para pedir su ayuda

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Santa Clara de Asís: esta es su historia y la oración que hay que rezar para pedir su ayuda

Inspirada por la fe y enseñanzas de San Francisco de Asís, renunció a todas sus posesiones como símbolo de devoción católica

·         11 de agosto de 2026


 

El Día de Santa Clara de Asís se celebra cada 11 de agosto en honor a quien fue una de las fundadoras de la Orden de las Hermanas Pobres. Es conocida por su labor y devoción católica que la llevó a impulsar a las “clarisas”. Con una cercana amistad a San Francisco de Asís, a pesar de vivir adversidades nunca abandonó su fe. Actualmente se la venera como la defensora de los más vulnerables, patrona de la televisión y las comunicaciones.

La historia de Santa Clara de Asís

Chiara Scifi nació el 16 de julio de 1194 en Asís, un municipio ubicado en la región de Umbría, Italia. Su familia pertenecía a la nobleza, por lo que logró conocer a Francisco de Asís, años antes de que sea declarado santo. Fue gracias a esta cercanía que se interesó por la fe, dedicando horas al rezo cada día.

Santa Clara mostró una clara vocación de servicio desde joven. Se preocupaba por quienes necesitaban ayuda o se encontraban en momentos de vulnerabilidad. Se dedicó al cuidado, las tareas domésticas y la crianza de sus hermanos más pequeños. Tras presenciar la prédica de la Cuaresma de de San Francisco en la iglesia de San Giorgio, decidió vivir según el Evangelio a partir de sus 18 años.

Uno de los momentos más importantes de su vida se dio durante la noche del Domingo de Ramos de 1212, cuando decidió abandonar todas sus posesiones. Clara renunció a sus bienes materiales “por amor hacia el santísimo y amadísimo Niño envuelto en pañales y recostado sobre el pesebre”. Seguido de esto, se trasladó al Cristo ubicado en el Monasterio de San Damián.

Fue en este sitio donde se unió a la Orden de los Hermanos Menores. Uno de sus primeros actos de fe fue pedirle a Francisco que le cortara su cabello, como un símbolo de despojo. Existen varios sucesos milagrosos asociados a su figura. El más recordado fue cuando su monasterio carecía de comida y tras rezar un padre nuestro, el pan se multiplicó. Otro se dio cuando durante el día de la Solemnidad de la Natividad de Cristo, a pesar de encontrarse gravemente enferma, Clara se transportó milagrosamente desde su cama a la iglesia de San Francisco.

Santa Clara de Asís pasó los últimos 27 años de su vida enferma. Recibió la visita del Papa Inocencio IV en dos ocasiones, quien le otorgó su bendición. Falleció el 11 de agosto de 1253, acompañada por sus hermanas y frailes del monasterio. Fue en 1958, cuando el Papa Pío XII la declaró Santa Clara Patrona de la Televisión.

Oración de Santa Clara de Asís para pedir su ayuda

Gloriosísima virgen

y dignísima madre santa Clara de Asís,

espejo clarísimo de santidad y pureza,

base firme de la más viva fe,

llamarada de perfecta claridad

y erario riquísimo de todas las virtudes.

Por todos estos favores con que

el Divino Esposo os colmó,

y por la especial prerrogativa

de haber hecho a vuestra alma

trono de su infinita grandeza,

alcánzanos de tu inmensa piedad,

que limpie nuestras almas

de las manchas y de las culpas,

y, destituidas de todo efecto terreno,

sean templo digno de su morada.

También te suplicamos por la paz

y tranquilidad de la Iglesia,

para que se conserve siempre en la unidad de fe,

de la santidad y de las costumbres,

que la hacen incontrastable

a los esfuerzos de sus enemigos.

Y si fuese para mayor gloria de Dios

y bien espiritual mío

concededme, os ruego

cuanto pido en esta oración,

y el favor especial que tanto necesito:

(hacer la petición).

Apiadaros de mi y conseguidme

rápida y favorable solución

a esta urgente y apremiante solicitud,

que agobia y entristece mi corazón.

Vos, como Madre y protectora,

no me abandonéis en este difícil trance,

presentad mis deseos ante el Trono de Dios,

pues yo confío en la bondad infinita,

que por vuestros méritos alcanzaré,

para mayor honra y gloria

de Nuestro Señor,

que vive y reina por los siglos de los siglos,

Amén.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/hoy-se-celebra-a-santa-clara-de-asis-esta-es-su-historia-y-la-oracion-que-hay-que-rezar-para-pedir-nid11082026/Google Images (Editado)


Monday, August 10, 2026

La alarmante declinación educativa argentina, por Martín Rafael López

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La alarmante declinación educativa argentina

Allí donde la educación se deteriora se afecta la cohesión de la sociedad en su totalidad y, en consecuencia, sus posibilidades de desarrollo

10 de agosto de 2026

 

 

Por Martín Rafael López

 

Hay crisis que se presentan de forma abrupta y son fáciles de identificar. Pero hay otras que avanzan en silencio, erosionando lentamente los cimientos de una nación. La crisis educativa es una de ellas. No estalla ni logra posicionarse en el ideario de la sociedad como una crisis permanente, pero se profundiza día a día.

Este carácter sigiloso dificulta precisar su origen. En nuestro país, ya a fines de la década de 1990, Guillermo Jaim Etcheverry advertía sobre “la tragedia” del progresivo deterioro del sistema educativo argentino y sus consecuencias sociales. En una línea convergente, Mariano Narodowski ha señalado que la escuela argentina enfrenta una crisis tanto de sentido como de calidad, en la que los avances en términos de inclusión no siempre han estado acompañados por aprendizajes efectivos.

Allí donde la educación declina se afecta la cohesión de la sociedad en su totalidad y, en consecuencia, sus posibilidades de desarrollo. Ello se debe a que la educación trasciende el ámbito de una política pública específica para convertirse en una dimensión transversal del proyecto de país, pues de ella dependen tanto la formación de los recursos humanos que requiere el desarrollo nacional como la generación de capacidades estratégicas, la producción de conocimiento y la construcción de soberanía.

Un país que no forma a sus ciudadanos en pensamiento crítico, ciencia, tecnología y cultura queda inevitablemente subordinado a aquellos que sí lo hacen. La dependencia no se expresa sólo en términos económicos o militares, sino en la incapacidad de generar conocimiento propio, de innovar y de tomar decisiones autónomas en un mundo cada vez más interrelacionado y complejo. En pocas palabras: sin educación de calidad, la independencia formal se convierte en dependencia real.

Al mismo tiempo, la educación es desarrollo. No hay crecimiento sostenido ni desarrollo real sin un capital social sólido. Las economías que lideran el siglo XXI no son las que cuentan con más recursos naturales, sino las que han invertido de manera sistemática en la formación de su población. La productividad, la diversificación económica y la capacidad de insertarse en cadenas de valor globales dependen, en gran medida, de sistemas educativos robustos. Cuando estos fallan, el resultado suele ser un estancamiento prolongado, una economía primarizada y niveles crecientes de desigualdad.

Pero la educación también es protección. Protege frente a la pobreza estructural, la manipulación, la violencia y la exclusión. Una sociedad educada es más resiliente, más cohesionada y está mejor preparada para enfrentar crisis. Por el contrario, la degradación educativa expone a amplios sectores a la marginalidad, debilita el tejido social y amplifica tensiones latentes. Así, por ejemplo, la inseguridad -en sus múltiples dimensiones- encuentra en la crisis educativa un terreno fértil.

En este marco, el caso argentino presenta una particularidad: un proceso de “desdesarrollo” difícil de ignorar. Durante buena parte del siglo XX, el país exhibió indicadores educativos que lo posicionaban favorablemente en la región. La expansión de la educación pública, la alfabetización temprana y la fuerte valorización social del conocimiento constituyeron los pilares de un proyecto de movilidad social ascendente. Sin embargo, ese impulso inicial no logró sostenerse en el tiempo. La falta de continuidad en las políticas, la pérdida de calidad, la fragmentación del sistema y la creciente desigualdad educativa marcaron el inicio de un proceso sempiterno de declinación.

Los datos confirman con claridad este deterioro. Las evaluaciones del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) muestran que la Argentina se ubica por debajo de los estándares internacionales. En 2022, el país obtuvo alrededor de 378 puntos en matemática y 401 en lectura, muy por debajo del promedio de la OCDE. Más preocupante aún, resulta que la mayoría de los estudiantes no alcanza niveles mínimos en matemática ni en comprensión lectora.

Hoy, la crisis educativa se expresa en múltiples dimensiones: bajos niveles de aprendizaje, abandono escolar, deterioro de la formación docente y una desconexión creciente entre la educación y las demandas del mundo contemporáneo. No se trata sólo de un problema de recursos, sino de prioridades, de visión estratégica y de consenso social. La educación dejó de ser el eje ordenador del desarrollo para convertirse, en muchos casos, en una variable más de ajuste. Esta crisis también refleja una pérdida de orientación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Educar implica avanzar desde el conocimiento hacia niveles superiores como la comprensión, la aplicación, el análisis, la síntesis y la evaluación. Sin embargo, estos objetivos han sido progresivamente desplazados.

Recuperar la evaluación objetiva (de alumnos y de docentes) resulta imprescindible no solo para diagnosticar el nivel alcanzado, sino también para reinstalar el incentivo al esfuerzo y la mejora continua. Reconocer la centralidad de la educación implica asumir que su recuperación debe ser una política de Estado sostenida en el tiempo. Requiere inversión, pero también reformas profundas, evaluación constante y un compromiso colectivo que trascienda coyunturas. Implica, sobre todo, entender que el futuro no se construye con improvisación, sino con planificación y conocimiento.

Este proceso exige, además, revalorizar la racionalidad como recurso central del poder humano: la capacidad de orientar medios hacia fines, evaluar costos y gestionar el tiempo. La búsqueda de la excelencia, junto con una administración eficiente del tiempo, debe volver a ocupar un lugar central en la formación. Al mismo tiempo, resulta necesario revertir la pérdida de hábitos fundamentales como la disciplina, la resiliencia y la tolerancia a la frustración, sin los cuales ningún proceso educativo logra sostenerse.

Porque lo que está en juego es mucho más que el rendimiento escolar. La educación define el posicionamiento de un país en el mundo: allí donde se fortalece, se abren oportunidades; donde se degrada, se consolidan limitaciones. Su degradación no solo impacta en la economía o la cohesión social, sino también en la formación de las nuevas generaciones de decisores políticos, en la capacidad de sostener políticas de largo plazo y en la defensa de causas nacionales.

 

La dificultad para construir consensos en torno a cómo proceder para la reivindicación y defensa de cuestiones estratégicas (como la soberanía territorial, la protección de la infraestructura crítica o la definición de objetivos de interés nacional) da cuenta de una carencia más profunda: la pérdida de una cultura cívica y estratégica que otrora formó parte del horizonte educativo.

En este contexto, resulta indispensable recuperar la transmisión de valores que históricamente definieron el ethos argentino, sostenidos tanto en el ejemplo docente como en el compromiso indelegable de las familias. Esto implica también restituir al aprendizaje su lugar central dentro de la escuela. La Argentina enfrenta el desafío de revertir una tendencia que compromete seriamente su lugar en el siglo XXI. La tragedia educativa no fue solo un diagnóstico, sino que fue -y continúa siendo- una advertencia que relativizamos.

La educación es, en esencia, poder nacional. Potencia la calidad, la eficacia y la resiliencia de una sociedad; optimiza el uso de los recursos, fortalece la economía y amplía las capacidades de desarrollo y proyección estratégica. Educar es generar conocimiento; el conocimiento es capacidad; y la capacidad, poder para transformar la realidad en favor del interés nacional.

Es tiempo de sincerarnos, actuar en consecuencia y exigir una emergencia educativa como política de Estado. Porque sin educación no hay soberanía, desarrollo, ni futuro. En las aulas comienza la defensa de la Nación y la transmisión de los valores que sostienen su libertad y unidad. Y como todo recurso estratégico, la educación nunca es neutral: allí donde se debilita, otros consolidan su ventaja.

 

Martín Rafael López

Profesor de Relaciones Internacionales (UCALP). Especialista en Estudios Chinos (IRI-UNLP). Asuntos Transnacionales (FPHV).

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-alarmante-declinacion-educativa-argentina-nid10082026/(Editado)

Comentario:

El presente texto plantea una afirmación difícil de ignorar: la crisis educativa argentina no es un fenómeno reciente ni repentino, sino el resultado de un deterioro progresivo que durante décadas no ha recibido la atención que merece. Su carácter silencioso puede ser, precisamente, uno de sus aspectos más peligrosos. Mientras otras crisis generan respuestas inmediatas, la pérdida de calidad educativa se manifiesta gradualmente y sus consecuencias suelen hacerse visibles cuando resulta mucho más difícil revertirlas.

Uno de los argumentos más relevantes de este artículo es que la educación no puede considerarse simplemente una política pública más. Constituye una condición necesaria para el desarrollo económico, la cohesión social y la autonomía de un país. Una sociedad que no desarrolla capacidades científicas, tecnológicas y de pensamiento crítico corre el riesgo de depender permanentemente del conocimiento y de las decisiones producidas en otros lugares.

Sin embargo, atribuir la crisis exclusivamente a la falta de recursos sería insuficiente. El problema parece estar también relacionado con la ausencia de políticas educativas sostenidas, la falta de evaluación sistemática, la formación docente y la pérdida de ciertos hábitos vinculados con el esfuerzo, la disciplina y la responsabilidad. Invertir más es necesario, pero no garantiza por sí mismo mejores resultados.

En este sentido, recuperar la educación requiere mucho más que una reforma puntual. Hace falta construir un consenso social y político que permita establecer objetivos de largo plazo y sostenerlos más allá de los cambios de gobierno. La educación debería dejar de ser una cuestión secundaria o coyuntural y convertirse nuevamente en una verdadera política de Estado.

Clara Moras.


Wednesday, August 5, 2026

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Wednesday, July 29, 2026

Aprender un nuevo idioma es bueno para el cerebro, por Richard Sima-The Washington Post

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Aprender un nuevo idioma es bueno para el cerebro

Los investigadores descubrieron que ser multilingüe puede retrasar los diagnósticos de demencia y que los cerebros de las personas que hablaban dos o tres idiomas parecían seis años más jóvenes.

28 de Julio de 2026

 Por Richard Sima

The Washington Post

WASHINGTON.- Aprender un nuevo idioma es bueno para su cerebro. Ser capaz de hablar y entender otra lengua ofrece una forma de estimulación mental, la cual mantiene el cerebro activo y agudo a medida que envejecemos. De hecho, los investigadores descubrieron que ser multilingüe puede retrasar los diagnósticos de demencia y ralentizar la velocidad a la que envejece el cerebro.

A diferencia, por ejemplo, de la música, que alguien puede practicar unas pocas horas al día, la estimulación mental proveniente del lenguaje es “intensa y constante”, señaló Ellen Bialystok, distinguida profesora investigadora emérita de psicología en la Universidad de York, en Canadá, quien estudió los efectos de los idiomas en el cerebro durante más de cinco décadas.

Conocer más de un idioma —y practicarlo a menudo— es similar a entrenar constantemente la fuerza de su cerebro. Ser multilingüe cambia cómo funciona su cerebro y cómo está estructurado. “Si usted utiliza constantemente su cerebro para desafíos difíciles, atractivos y estimulantes, su cerebro será más saludable —dijo Bialystok—. Aprender un idioma es difícil, y eso hace que valga la pena”.

Cómo los idiomas cambian el cerebro

Si usted conoce varios idiomas, su cerebro los tiene “encendidos” todo el tiempo, incluso cuando no los está hablando. Para las personas que son bilingües, existen áreas corticales en la red lingüística del cerebro que responden a ambos idiomas. Pero, dentro de esa gran área, hay regiones específicas que responden a un solo idioma, explicó Lucía Amoruso, subdirectora científica y líder del grupo de neurobiología del lenguaje en el Basque Center on Cognition, Brain and Language, en España.

Mientras usted habla o escucha en un idioma, “el otro idioma también está activo en su cerebro. No está durmiendo”, dijo Amoruso, quien señaló que necesitaba suprimir el español, su lengua materna, mientras respondía en inglés. (Amoruso también habla francés e italiano por haber vivido en diferentes países europeos a lo largo de su carrera).

Como resultado, los cerebros multilingües están monitoreando constantemente lo que escuchan y dicen, evaluando los idiomas que conocen.

“No existe un interruptor de idiomas”, afirmó Bialystok. Es por eso que las personas que hablan varios idiomas pueden ser mejores controlando su atención, enfocándose en lo que es relevante e ignorando información distractora, según muestra la investigación.

Este monitoreo ocurre muy temprano en la vida. Los bebés de siete meses que crecen en hogares bilingües ya pueden notar cuándo cambian los idiomas. También tienen un mejor desempeño en ciertas pruebas de atención que los bebés que viven en hogares monolingües.

El desafío constante de prestar atención, distinguir y decidir qué idioma usar —y cuál no— parece entrenar al cerebro, construyendo más resiliencia.

“Usted obtiene un cerebro que estuvo expuesto a este entorno lingüístico más complejo y desarrolla los recursos atencionales o lo que sea necesario para hacer frente”, dijo Bialystok. “Y así, a medida que la vida continúa y ocurren cosas en el cerebro, este es más resiliente”.

Un cerebro más eficiente

En un estudio, Bialystok y sus colegas utilizaron electroencefalogramas (EEG) para medir la actividad eléctrica cerebral en personas que hablan dos idiomas en comparación con aquellas que hablan uno. Descubrieron que las personas bilingües tenían, en general, menos actividad en reposo, pero más enfocada.

Otras investigaciones encuentran un patrón similar cuando a las personas multilingües se les realizan pruebas de atención simples: tenían menos activación cerebral en comparación con las personas monolingües que realizaban las mismas tareas, lo que sugiere que conocer más idiomas hacía que sus cerebros fueran más eficientes.

 La actividad electrofisiológica en los cerebros de los bilingües es menos activa, menos molesta. Es más fácil. No tiene que esforzarse tanto para llegar al mismo nivel. Así que hay algo en esto que habla de eficiencia”, dijo Bialystok.

Una mayor eficiencia cerebral —una mejora en la funcionalidad— es importante en el envejecimiento, especialmente si existen cambios patológicos que pueden causar afecciones como la enfermedad de Alzheimer. Un cerebro más eficiente podría seguir funcionando por más tiempo a pesar de las ralentizaciones que vienen con la edad o la enfermedad, señaló.

Al mismo tiempo, conocer otro idioma parece mantener las diferentes redes cerebrales distintas y especializadas. Estas redes están formadas por diferentes regiones cerebrales estrechamente conectadas que trabajan juntas en ciertas funciones. Con el envejecimiento, “los límites entre sus redes cerebrales comienzan a desdibujarse”, dijo Amoruso.

Puede haber un mecanismo en el multilingüismo que mantiene su red cerebral segregada, dijo. “Es una forma de luchar contra el deterioro cognitivo que está presente y es normal en el envejecimiento”.

Cerebros que parecen “más jóvenes”

Los investigadores tenían evidencia de que hablar más de un idioma puede hacer que su cerebro sea más eficiente. ¿Pero podría también hacerlo más joven?

Para averiguarlo, Amoruso y sus colegas entrenaron modelos de aprendizaje automático con imágenes y datos biológicos de más de 86.000 personas.

En el estudio, publicado el año pasado en Nature Aging, descubrieron que, en 27 países europeos, los estados con más idiomas hablados estaban asociados con un envejecimiento cerebral más lento. Hubo una relación dosis-respuesta, lo que significa que “cuantos más idiomas habla, más fuerte es la protección o más juvenil parece su perfil neurocognitivo”, dijo Amoruso.

Hablar solo un idioma, por otro lado, estaba relacionado con aproximadamente el doble de riesgo de envejecimiento acelerado.

Sin embargo, esta investigación analizó diferencias entre países, no entre personas. Por lo tanto, en un estudio de seguimiento, Amoruso y sus colegas crearon relojes de edad cerebral utilizando datos de actividad eléctrica cerebral de 728 personas. La investigación, presentada recientemente en la conferencia de la Federación de Sociedades Europeas de Neurociencia pero aún no revisada por pares, encontró que las personas que hablaban dos o tres idiomas tenían cerebros que parecían seis años más jóvenesAquellos que hablaban cuatro tenían cerebros que parecían 13 años más jóvenes.

Curiosamente, cuanto más similares son los idiomas que alguien conoce, mayor es la protección cerebral que obtiene, potencialmente porque el cerebro necesita trabajar más para distinguir y cambiar entre ellos, dijo Amoruso.

El vínculo entre los idiomas y la demencia

Conocer más idiomas parece aumentar la reserva cognitiva, que es la capacidad del cerebro para adaptarse y compensar a pesar de los cambios biológicos relacionados con la edad o la enfermedad.

Las personas que son bilingües tienen diagnósticos de demencia más retrasados en comparación con las personas que hablan un solo idioma y son capaces de funcionar por más tiempo incluso si tienen patología avanzada de Alzheimer, muestra la investigación.

“Usted obtiene como cuatro o cinco años en los que es funcional. Su cerebro parece un cerebro con Alzheimer, pero clínicamente no está interfiriendo con su funcionalidad”, dijo Bialystok, quien escribió una revisión en 2021 sobre cómo el bilingüismo contribuye a una mayor reserva cognitiva.

Cómo aprender un nuevo idioma

Aprender un nuevo idioma tiene muchos beneficios además de los cognitivos, incluso si usted no llega a hablarlo con fluidez.

“Le permite hablar con personas con las que quizás no hubiera podido hablar, o viajar a lugares a los que podría haber sido reacio”, dijo Bialystok. “Así que es una experiencia de apertura, no una experiencia de cierre”.

Tampoco nunca es demasiado tarde para empezar. Algunas investigaciones sugieren que aprender idiomas más adelante en la vida puede mejorar la memoria y la flexibilidad cognitiva.

El nivel de impulso cognitivo va de la mano con el trabajo que usted le dedica. “Mi opinión es que cuanto más tiempo, mejor; cuanto más intenso, mejor”, dijo Bialystok. “Cuanto más competente, mejor”.

No existe un enfoque único para el aprendizaje de idiomas. Usted puede estudiar de manera más formal en una clase o a través de una aplicación, como Duolingo o Rosetta Stone. Sitios web como Italki y Verbling pueden ayudar a conectarlo con tutores en línea. Estas lecciones pueden ir acompañadas de ver programas o escuchar música en ese idioma, lo que le ayudará a estar más familiarizado con los sonidos.

Pero la clave del idioma es usarlo, dijo Bialystok en un correo electrónico. “Creo que un enfoque que incluya un componente de conversación, especialmente interacciones con un hablante nativo, es el más efectivo”.

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/esta-habilidad-puede-mantener-su-cerebro-mas-joven-aqui-le-explicamos-como-aprenderla-nid28072026/ (Editado)

Comentario:

El presente artículo invita a repensar el aprendizaje de idiomas desde una perspectiva mucho más amplia que la simple adquisición de una habilidad comunicativa. Durante años se consideró que aprender otra lengua era útil para viajar o mejorar las oportunidades laborales. Sin embargo, las investigaciones citadas muestran que sus beneficios alcanzan un nivel mucho más profundo: el cuidado de la salud cerebral.

Resulta especialmente interesante que el cerebro bilingüe permanezca en un estado constante de entrenamiento. El hecho de alternar entre idiomas, seleccionar palabras y bloquear interferencias fortalece funciones como la atención, la memoria y la capacidad de adaptación. En una sociedad donde el envejecimiento de la población y las enfermedades neurodegenerativas representan un desafío creciente, descubrir que el aprendizaje de idiomas puede retrasar el deterioro cognitivo es una noticia alentadora.

No obstante, el artículo también deja una enseñanza más humana. Aprender una lengua no consiste únicamente en memorizar reglas gramaticales o ampliar el vocabulario; significa acercarse a otras culturas, comprender distintas maneras de pensar y establecer vínculos con personas que antes nos resultaban lejanas. Cada idioma abre una nueva ventana al mundo y, al mismo tiempo, amplía nuestra forma de entender la realidad.

Quizás el mayor mensaje sea que nunca es tarde para empezar. Más allá de alcanzar o no la fluidez, cada conversación, cada lectura y cada esfuerzo representan una inversión en nuestro futuro intelectual. Aprender un idioma no solo nos permite comunicarnos mejor; también nos ayuda a conservar una mente activa, flexible y curiosa durante toda la vida.

Clara Moras.


Santa Clara de Asís: esta es su historia y la oración que hay que rezar para pedir su ayuda

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