Sunday, July 5, 2026

Depredación en el Mar Argentino

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Depredación en el Mar Argentino

5 de julio de 2026

Flotas extranjeras, mayoritariamente de ChinaCorea del Sur y Taiwán, operan de manera sostenida sobre el límite exterior de la Zona Económica Exclusiva argentina y capturan, cada año, entre 1,5 y 3 millones de toneladas de especies vinculadas al ecosistema de nuestra plataforma continental. La industria pesquera nacional, que trabaja dentro de los marcos legales y contribuye al empleo y a la generación de divisas, no supera las 900.000 toneladas anuales. No podemos ignorar ni el origen histórico del problema ni los límites reales del derecho internacional.

La soberanía argentina sobre sus recursos marinos alcanza, según el derecho internacional del mar, hasta la milla 200 pasada la cual la pesca es, en principio, libre. Las flotas que se concentran sobre la “milla 201” no violan la soberanía argentina, pero aprovechan con eficacia devastadora para el ecosistema un vacío de gobernanza en el derecho internacional. La respuesta deberá pues anclarse en los acuerdos regionales de ordenamiento pesquero, los regímenes de trazabilidad impulsados por la Unión Europea y las instancias multilaterales más que sobre una retórica soberanista que, por sí sola, no mueve un solo buque de lugar.

Antes del conflicto de las Islas Malvinas, la Armada y la Prefectura patrullaban las aguas del sur y el este, con flotas extranjeras como presencia marginal. El conflicto de 1982 cambió drásticamente esa ecuación. El Reino Unido optó por vender licencias de pesca en el área de las islas como mecanismo para financiar la administración allí y consolidar su presencia. Parte del problema actual es consecuencia directa de una decisión política y militar tomada hace más de 40 años y cuyo costo estratégico sigue acumulándose.

Según la Cámara de Armadores Pesqueros y Congeladores de la Argentina, a mediados de la década de 2000 era posible contabilizar más de 600 embarcaciones extranjeras operando irregularmente. La Armada y la Prefectura optaron por no intervenir y los propios pescadores nacionales llegaron a interponer físicamente sus embarcaciones para obstaculizar a los intrusos. Denuncias sin consecuencias, inacción institucional y captura tolerada integraron un patrón que se volvió difícil de revertir.

Según informes de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera, entre 400 y 600 buques extranjeros se concentran anualmente sobre la milla 201, con niveles de extracción en el Atlántico Sudoccidental que, entre 2019 y 2024, crecieron un 65%, mientras la pesca china crecía 85%. La presión extractiva puede llevar al colapso de especies como calamar illex argentinus, pilar de nuestras exportaciones pesqueras. La prestigiosa ONG internacional Environmental Justice Foundation ya ha advertido que la combinación de sobrepesca y variabilidad ambiental podría provocar un colapso poblacional en el corto plazo, dado el ciclo de vida breve de esta especie. La escala del esfuerzo extractivo, ya sea mediante poteros o arrastreros más destructivos, sostenido en el tiempo no es compatible con la reproducción de stocks.

Por fuera de las categorías económicas convencionales, las flotas chinas no persiguen una rentabilidad marginal. Solo responden a una política de Estado orientada a garantizar proteína animal para 1400 millones de personas. Estamos ante una disputa geopolítica sobre el acceso a recursos globales que debe ser abordada como tal.

Cuando las flotas extranjeras capturan hasta cuatro veces más que la industria local, el costo en divisas no cobradas, en empleo no generado y en cadenas de valor truncadas resulta incalculable. El daño más profundo, sin embargo, es biológico y, por ende, irreversible.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/depredacion-en-el-mar-argentino-nid05072026/

 

Comentario:

La riqueza del Mar Argentino constituye uno de los patrimonios naturales y económicos más importantes del país. Sin embargo, este artículo editorial pone de manifiesto una realidad preocupante: la enorme presión que ejercen las flotas extranjeras sobre especies que forman parte del mismo ecosistema del que depende la pesca nacional. Aunque muchas de estas embarcaciones operan fuera de la Zona Económica Exclusiva y dentro de los límites del derecho internacional, el impacto ambiental trasciende cualquier frontera jurídica.

Esta situación demuestra que algunos desafíos actuales no pueden resolverse únicamente con discursos sobre soberanía. La conservación de los recursos marinos requiere cooperación internacional, controles efectivos y acuerdos que permitan proteger especies cuya supervivencia depende de un manejo responsable por parte de todos los países involucrados. Cuando un recurso es compartido, también debería ser compartida la responsabilidad de preservarlo.

Al mismo tiempo, el problema invita a reflexionar sobre la importancia de pensar el desarrollo en términos de largo plazo. La sobreexplotación puede generar beneficios inmediatos, pero compromete el futuro de la actividad pesquera, el empleo y la biodiversidad. Recuperar un ecosistema degradado suele ser mucho más difícil que evitar su deterioro.

En definitiva, proteger el Mar Argentino no implica solo defender un recurso económico, sino también preservar un patrimonio natural para las próximas generaciones. La sostenibilidad exige decisiones basadas en la ciencia, la cooperación y una visión estratégica que vaya más allá de las urgencias del presente.

C.M.


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