Odiamos más
que suficiente a los periodistas
Pese a lo que mucha gente cree,
Adorni aguantó el chubasco y Milei no para de darse máquina contra los
mandriles.
Antes que nada, y para
ir dando por terminado el martirio de Manuel Adorni, hay que reconocer que el
episodio tuvo un final feliz.
Enfrentó una
interpelación que duró más de seis horas con casi 2.000 preguntas que nuestro
Jefe de Gabinete contestó con la misma cara que hubiese puesto Lilia Lemoine si
le hubieran preguntado por Baruch Spinoza y la Cábala. Cuando todo parecía
encaminarse a una derrota, apareció el diputado kirchnerista Rodoldo
Tailhade y le salvó la vida.
Este talibán del
kirchnerismo que fue parte de los servicios de inteligencia de Cristina no tuvo
mejor idea que carpetear a la mujer de Adorni. Explicó cómo ella usaba el auto
oficial para ir a la manicura, a buscar a los chicos al colegio o a un bar en
Palermo dando horarios precisos de entrada y salida. Si Tailhade
hubiera botoneado del mismo modo a algún grandote del conurbano o a uno de los
que ocupan la bandeja media de la Bombonera, ya estaría colgado de los
coglioni.
Hacía mucho que no se
veía una buchoneada tan patética como la que hizo este
muchacho. Parecía el policía de la cuadra que sabe a qué hora entra y sale cada
vecino. Al lado de lo que hizo Tailhade, lo de Adorni ya era un tema menor.
Ni sus propios
compañeros del bloque kirchnerista lo podían creer. Si el tipo sabía dónde
andaba la mujer de Adorni entonces sabe dónde anda la mujer o el marido
de cada compañero.
Para rematarla, el
presidente Milei terminó su visita al Congreso insultando otra vez a los
periodistas presentes a quienes acusó de “chorros y delincuentes”. De este modo se llevó las marcas y
le salvó el pellejo al Jefe de Gabinete.
Si hay una ventaja que
sigue aprovechando el Topo Adorni es la comparación con su antecesora
Gabriela Cerruti, ahora también sumada la cúpula de acero que le ofrecieron
los maravillosos insultos de su jefe y la botoneada de Tailhade.
En definitiva, después
de semanas de tortura, zafó Adorni. Alguien debería proponer su
canonización. Se la merece.
Dicho esto, vayamos a lo
importante.
No podemos decir que
hace muchos años no se veía en Latinoamérica un gobierno tan berreta como este
porque el de Alberto, Cristina y Massa terminó hace 5 minutos. Todavía es
insuperable. Pero que este gobierno es medio berreta lo sabemos todos.
Lo saben muchos de los
que lo votaron, todos los que no lo votaron y, a la hora de apoyar la cabeza en
la almohada, varios de sus ministros.
Sin embargo, hay una
gran parte de la sociedad que, ante la alternativa kirchnerista, está dispuesta
a bancarse lo que venga con tal de que no vuelvan los genios anteriores. El
viejo truco de la comparación con Alberto y Cristina se mantiene intacto.
Lo curioso es que buena
parte de esa sociedad supo tener como referentes a algunos dirigentes y sobre
todo a muchos periodistas que pusieron el pecho a la hora de enfrentar al
kirchnerismo. Fundamentalmente cuando el kirchnerismo era muy peligroso,
controlaba todo y te podía comer crudo. A muchos de ellos, hoy Milei los
llama mandriles, repugnantes, etc.
Por ejemplo, el 15 de
abril de 2024 Jorge Lanata fue acusado por el presidente Milei de mentiroso y
ensobrado. El gordo, que no se comía ninguna, le inició una demanda penal que
se truncó porque Dios se lo llevó antes.
Cuando Lanata y tantos
otros denunciaban la ruta del dinero K, lo de Boudou, lo de Irán y otros hits
del kircherismo, Milei y toda su militancia estaban debajo de la cama. Ahora
se hacen los guapos y se presentan como paladines de la pelea contra el
kirchnerismo en defensa de la libertad y la República, pero en su momento no
dijeron ni mu. Si no hubiera sido por Lanata y tantos otros mandriles,
posiblemente el presidente hoy no sería Milei si no algún chavista local de
esos que pululan por acá.
Es un clásico nacional.
Aparecer cuando el adversario o el enemigo ya está débil, sin capacidad de
respuesta, y proclamarse héroe del enfrentamiento que nunca sostuvieron.
Lo mismo hizo Néstor
Kirchner en 2003: bajó el cuadro de Videla cuando los jerarcas de la
dictadura ya eran unos viejitos que ni se acordaban como se llamaban. A
esa altura, ya no representaban ningún peligro. Bajar el cuadro fue el
equivalente a sacarse una foto pateando un león embalsamado en el Museo de
Ciencias Naturales.
En cambio, cuando hubo
que juzgarlos en 1983, Néstor, Cristina y todos los graciosos para la
liberación estaban escondidos en un placard en el sótano de una casa en
el medio de la Patagonia y con la luz apagada. Todos ellos.
Volviendo a Milei,
deberían saber que culpar de sus desgracias a los medios y atacarlos, no solo
nunca sirvió para nada, sino que siempre terminó jugando en contra. Ya lo
explicó el General Perón pero, como dijimos mil veces, es evidente que nuestros
presidentes se rateaban en la clase de historia.
Recordemos el 14 de
junio de 1974, cuando el General Perón organizó un debate que se transmitió por
cadena nacional. ¿De qué se trató? Veamos.
En ese momento los
canales 9, 11 y 13 eran privados y sus licencias se estaban venciendo. Una
parte del peronismo quería que pasaran a manos del Estado. Los canales se
defendían diciendo que, cuando les otorgaron las licencias, no había televisión
en la Argentina. Por lo tanto, tuvieron que construir los edificios, los
estudios, traer las cámaras, las luces, los equipos, entrenar gente, etc. Entre
pitos y flautas tardaron más de 3 años en salir al aire. Con bastante lógica,
los dueños de los canales pedían que el período de explotación de las licencias
se computara desde ese momento.
El debate se hizo en una
larga mesa con Perón en la cabecera transmitido en vivo para todo el país. De
un lado, el sindicalismo y el lopezreguismo que reclamaban la estatización con
los colmillos y la baba que les chorreaba. Del otro, los canales con los ojos
llorosos.
Cuando todos terminaron
de exponer, tomó la palabra el General y dijo que los medios debían estar en
manos de los que saben de medios. Vivísimo el General porque,
en esa mesa, de los dos lados había gente que sabía de medios.
Luego acuñó su famosa
frase: “Con todos los medios en contra llegamos al poder y con todos
los medios a favor nos rajaron a patadas”. Sabia lección que nadie
aprendió.
Dos semanas más tarde,
moría Perón y las huestes lopezreguistas tomaban los tres canales que quedaron
en manos del Estado hasta que en 1990 Menem los privatizó.
El mensaje de Perón
sigue sin ser entendido. Sin ir más lejos, Cristina en 2011, con casi todos los
medios en contra, sacó el 54% de los votos. Eso la envalentonó a “ir por todo”,
armar una red de medios propios (Cristóbal López, Szpolski, etc.) y amordazar
al resto, menos los medios de Clarín que se la bancaron como
Dios manda. También La Nación. ¿Resultado? Macri los corrió a votos en 2015.
Hoy Milei está
obsesionado con el tema. Dice defenderse de los agravios de gente que
nunca lo agravió. Desde Pagni o Morales Solá hasta todo Clarín.
Y lo hace con la seguridad de quien cree saber de medios y comunicación.
Me hace acordar a los
que dicen saber de arquitectura porque ya se mandaron a hacer 3 casas. O los
que te psicoanalizan porque hacen terapia hace 10 años.
Estos muñecos de ahora
creen que saben de tele porque fueron muchas veces de invitados a los
programas.
En fin, siempre caemos
en lo mismo: garren lolibro que no muerden.
Fuente: https://www.clarin.com/opinion/odiamos-suficiente-periodistas_0_YcwXZ8BuLv.html