La erosión de la confianza
Hechos como los protagonizados por Adorni y la falta de respuesta adecuada
ante otros escándalos ponen en riesgo la credibilidad del Gobierno
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17 de marzo de 2026
Acorralado por los cuestionamientos
de la sociedad, el jefe de Gabinete, Manuel
Adorni, admitió finalmente que haber llevado a su esposa en el avión
presidencial a Nueva York fue “un error” y “una pésima
decisión”, al tiempo que pidió disculpas. Si de honrar la función pública se
trata, correspondía que Adorni presentara su renuncia en forma
indeclinable y que esta fuera inmediatamente aceptada por el presidente de
la Nación, quien se ha desprendido de otros funcionarios por cuestiones mucho
menos relevantes.
Desatado el escándalo por la
inapropiada decisión de permitir que la esposa del jefe de Gabinete, que no
ocupa cargo alguno en el Gobierno, subiera al Tango 01, se escucharon
justificaciones inadmisibles desde el oficialismo. Una de ellas partió del
propio presidente Javier Milei,
quien señaló que la adición de una pasajera en una plaza del vuelo que de otro
modo hubiese quedado vacía no generó un costo adicional al Estado. El
primer mandatario intentó así fallidamente enmendar una grave falta ética con
un razonamiento matemático.
Ningún funcionario puede ignorar las
obligaciones que le impone la tantas veces olvidada ley de ética en el
ejercicio de la función pública. Concretamente, el inciso g) de su artículo 2°
dispone que entre los deberes y pautas de comportamiento ético se encuentra
“abstenerse de usar las instalaciones y servicios del Estado para su beneficio
particular o para el de sus familiares, allegados o personas ajenas a la
función oficial, a fin de avalar o promover algún producto, servicio o
empresa”. Según explicó el propio funcionario, su mujer, Bettina Angeletti, debía viajar a
Nueva York por razones profesionales. El mismo artículo podría aplicarse a la
sospechosa difusión que, más de un año atrás, le dio el primer mandatario a la
criptomoneda que desató el escándalo $LIBRA, que hoy sigue golpeando al
Presidente.
Del mismo modo, resulta equivocado
sostener que situaciones como la de la esposa del jefe de Gabinete no le
generan perjuicios económicos al Estado. Uno de los activos más importantes
para la llegada de inversiones y el desarrollo económico de la Argentina es
la confianza, y la acción de Adorni, sumada a las sospechas en torno de su
viaje a Punta del Este en un costoso
jet privado junto a su familia y un amigo contratado por la TV Pública, solo contribuyen a
erosionarla.
Si bien es probable que lo sucedido
pueda resultar menor frente a los millonarios escándalos de corrupción a los
cuales nos tenía acostumbrados el kirchnerismo, no estamos ante una cuestión
irrelevante, como pretenderían hacernos creer los escuderos de la gestión de
Milei. Mientras el propio presidente de la Nación no se cansa de repetir que
está dispuesto a terminar con los privilegios de la casta y proclama la
moral como política de Estado, además de hacer un culto de la austeridad, un
hecho como el comentado aquí termina socavando la credibilidad del Gobierno.
En agosto de 2024, durante una
conferencia que brindó siendo vocero presidencial, Adorni había anunciado un
decreto, actualmente vigente, que prohibía los viajes particulares en aeronaves
públicas. Especificó, incluso, que de esa manera se terminaría el “privilegio”
de llevar familiares en vuelos oficiales. Y, más recientemente, hacia fines de
febrero último, el propio Adorni, ya como jefe de Gabinete, firmó una decisión
administrativa que restringe las comitivas oficiales en viajes al exterior. La
contradicción entre esas disposiciones y la posterior inclusión de la esposa
del funcionario en el avión presidencial es flagrante. Más irritativa aún fue
la explicación original sobre lo sucedido que dio Adorni: “Vine a deslomarme a Nueva York y quería
que mi compañera de vida me acompañe”. Una fundamentación
disparatada y una falta de respeto a todo argentino que vive de su trabajo
sin los privilegios de los que gozan algunos funcionarios públicos.
La Argentina
Week, realizada durante la semana última en Nueva York, estaba llamada a
representar el retorno del país a la escena internacional, como un destino
atractivo para los capitales extranjeros. Sin dudas, el interés que despertaron
las exposiciones de los funcionarios argentinos y los anuncios de inversiones
concretados constituyen un paso muy positivo.
Lamentablemente, estos importantes
hechos fueron eclipsados por el affaire protagonizado
por el jefe de Gabinete. También por la profundización del internismo en el
seno de la fracción gobernante; en particular, por la lucha por espacios de
poder entre la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el asesor
presidencial Santiago Caputo,
que aún gravita fuertemente en la Secretaría
de Inteligencia y en la ARCA.
Del mismo modo, ha crecido la rivalidad entre la senadora Patricia Bullrich y el
propio Adorni, en tanto ambos aparecen como potenciales contendientes por la
jefatura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
Alentar el anticipo de la agenda
electoral de 2027 podría ser un grave error del oficialismo, especialmente en
un contexto en el que crece la sensibilidad social por las dificultades para
derrotar a la inflación y sectores de la oposición buscan evitar las necesarias
transformaciones económicas tendientes a poner fin a los desequilibrios
fiscales. Frente a un escenario tan exigente, las autoridades nacionales no
pueden darse el lujo de cometer desatinos que terminen demoliendo una de las
piedras basales en las que se sostuvo el importante respaldo electoral a Milei:
la lucha contra los privilegios de la casta política.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/ante-el-peligro-de-la-erosion-de-la-confianza-nid17032026/
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