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Why Universities Need To Prepare Students For The New AI World
Stephanie Glass
Jul 24, 2018
Artificial intelligence is increasingly embedded in our consumer and business lives, and it is poised to transform how societies function in the years to come. Yet universities are not adequately preparing students for a changing world. To better prepare students for a changing world, AI needs to be increasingly embedded into higher education.
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For students, AI will inevitably impact their careers. Those interested in careers in AI could pursue a wide range of exciting new career possibilities focused on data science, machine learning or advanced statistics. And, even students not focused on AI would benefit from a sound education in artificial intelligence and familiarity with working with machines.
The AI era will inevitably create new job types, ranging from machine regulators to emotion engineers. To succeed, all students will need to understand, at least at a high level, how machines perform. In addition, they should better equip themselves to do what machines cannot do.
Moreover, traditional roles such as business analyst, sales, human resources and others will be augmented by AI, requiring a new degree of proficiency for front-line staff to interact with machines. Executives and managers will need to work with machines in strategic decision-making and problem-solving roles.
McKinsey predicts that AI will replace up to 800 million jobs by 2030. That’s a drastic reshaping of the workforce — and one that universities can and should help students prepare for. While some schools have world-class AI and technology programs, others have ample room for improvement.
Curriculum Requirements
While it’s impossible for universities to keep up with the rate of change in the technology industry, I recommend that universities re-evaluate their core curriculums to ensure that students are prepared for the new age of employment that is approaching. I strongly advise all universities to incorporate computer science, entrepreneurship and social impact classes into curriculums.
By taking computer science classes, students will be able to understand the back-end systems that drive machines. At a minimum, a high-level understanding of machines is necessary to operate in an augmented workforce.
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Entrepreneurship is another focus area, as continuous innovation has become the standard across industries. Entrepreneurship no longer solely drives startups, but it also drives large companies. For students to become leaders in the workplace, they should understand the principles of entrepreneurship and how they can innovate in any environment.
And social impact is more important than ever before. If you are going to build, sell or use AI, IoT or other technologies, you have to be able to understand what impact the technology will have on society. Inherently, by working in the world of technology, you are driving change. Technologists have a societal obligation to drive positive change as much as possible.
Projects with Corporations
One thing I am surprised I do not see at more universities are classes driven by projects with corporations. All students should have the opportunity to take classes that enable them to see how their academic curriculum is setting them up for their careers in the new machine-driven world.
With a complete reshaping of the workforce, getting out of the classroom is necessary for students to understand the emerging job opportunities. An increase in university-corporate projects would provide students with the experience required to determine which careers to pursue. These projects would help companies gain new perspectives and reflect positively on universities.
Mentorship Programs
In college, it is important for students to receive guidance from mentors. With the vast amount of opportunities available, students can become overwhelmed. Through the effective matching of mentors, they can gain insights into how to set up their careers, utilize technology and select the best employer.
Additionally, mentors can offer support throughout the ups and downs of choosing a career path in the new AI world. These programs should be fairly easy to set up since many university alumni want to give back to current students.
Of course, it also falls on students to conduct due diligence on which institutions are geared up to help undergraduates excel in a tech-driven future. Universities that embed AI learning and experience into the academic environment will benefit with positive reviews and successful alumni as AI transforms the job market.
Source:https://www.forbes.com/sites/stephanieglass/2018/07/24/why-universities-need-to-prepare-students-for-the-new-ai-world/#7f6490626bc8
Wednesday, July 25, 2018
POLÍTICA | ANÁLISIS-Qué hacer con los militares, el debate que siempre vuelve, por Joaquín Morales Solá
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POLÍTICA | ANÁLISIS
Qué hacer con los militares, el debate que siempre vuelve
Joaquín Morales Solá
Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
25 de Julio de 2018
¿Debe preservarse el consenso democrático (y el cuerpo legal) de 1983 que les impide a las Fuerzas Armadas intervenir en conflictos internos? Sí, desde luego. ¿Deben imaginar los gobernantes el rol que tendrán los militares en el siglo XXI, con desafíos que no figuraban en los años 80, después de más de tres décadas de indiferencia política hacia los uniformados? Sí, también.
El margen de acción y la obligación de cambiar deja un estrecho sendero por el que debe caminar la dirigencia política. Mauricio Macri comenzó a transitarlo el lunes y provocó un escándalo entre sus opositores, algunos porque creyeron ver genuinamente un regreso de los uniformados a la resolución de los conflictos internos y otros porque eligieron recurrir a la crítica demagógica. Es cierto que el Presidente usó demasiado ligeramente el término "seguridad interior", sin explicar muy bien en qué consistía semejante alusión referida a los militares.
Lo cierto es que, por ahora, el Gobierno modificará un decreto reglamentario de la ley de defensa nacional de Néstor Kirchner, que a su vez cambió el decreto reglamentario de Raúl Alfonsín. El decreto de Alfonsín, de los años 80, estipulaba que las Fuerzas Armadas solo podrían intervenir ante casos de agresión externa. Punto. Kirchner modificó ese decreto con otro decreto y agregó que los militares actuarían solo en casos de agresión de "ejércitos de Estados extranjeros".
El decreto de Kirchner dejaba afuera, por lo tanto, los casos de terrorismo internacional, de narcotráfico y de ciberataques provenientes del exterior, como son casi todos los ciberataques. El decreto de Macri reinstalará el de Alfonsín, que permite encarar los fenómenos que no estaban hace treinta años, pero a los que les cerraba la puerta el decreto de Kirchner.
Llama la atención que los primeros escandalizados hayan sido los kirchneristas. Durante su presidencia, y en una cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, Cristina Kirchner anunció la necesidad de darles nuevas funciones a los militares. Pocos días después nombró jefe del Ejército al general César Milani, que en el acto colocó a esa fuerza "al servicio del proyecto nacional y popular". Cristina y Milani rompieron a la vista de todos los consensos de 1983, entre los que figuraba la neutralidad política de las Fuerzas Armadas.
La entonces presidenta avanzó aún más y depositó en Milani el control de los servicios de inteligencia, lo que convirtió al militar -ahora preso por delitos de lesa humanidad presuntamente cometidos en los años 70- en el hombre fuerte de las Fuerzas Armadas. La incursión de Milani en la inteligencia interna violó dos leyes: la de defensa nacional y la de seguridad interior.
Hay que descartar, desde ya, que el Gobierno esté pensando en usar las Fuerzas Armadas para reprimir el conflicto social o para patrullar las calles en busca de delincuentes. Eso no ha sucedido nunca en casi 35 años de democracia, aunque la paranoia real o simulada de la izquierda vuelve cada tanto con el mismo fantasma. Los militares no podrían nunca intervenir en los conflictos sociales porque sencillamente no saben hacerlo. Aunque todos usen uniformes, no todos los uniformados hacen lo mismo.
El tema que más suspicacias provoca es el de la incorporación de las Fuerzas Armadas a la lucha contra el narcotráfico. Hay (por así llamarlas) dos doctrinas al respecto. Una es la del general Martín Balza, exjefe del Ejército, quien dijo en su momento una frase que sintetiza la posición de no pocos militares: "Ningún general soportaría un cañonazo de un millón de dólares". Lo que esa corriente militar plantea es el temor a que la corrupción, inherente al narcotráfico, termine por contaminar también a los militares.
En los dos países más importantes de América Latina, México y Brasil, los gobiernos han recurrido al Ejército para enfrentar el narcotráfico. En México, la experiencia no ha sido buena y muchos militares terminaron corrompidos. En Brasil, el Ejército se usa para cuestiones muy puntuales, no para una tarea constante contra los narcotraficantes, y hasta ahora no hubo denuncias de complicidad con el narcotráfico.
La segunda teoría la expresa Horacio Jaunarena, exministro de Defensa de Alfonsín, De la Rúa y Duhalde. Según Jaunarena, "la respuesta del Estado debe ser proporcional a la agresión"; esto es, el Estado debe usar sus ejércitos si los narcotraficantes tienen el despliegue y el armamento de un ejército. "A un ataque con bombas y morteros el Estado no puede responderle con gases lacrimógenos", suele decir Jaunarena.
Entre esas dos posiciones extremas, ¿en qué lugar se ubica Macri? Su gobierno no imagina, en verdad, un plan de lucha frontal de los militares contra el narcotráfico, pero sí estima conveniente su actuación solo en los casos en que narcotraficantes intenten conquistar una parte del territorio nacional.
El aporte a la "seguridad nacional" en relación con el narcotráfico será más bien con el apoyo logístico, el traslado de fuerzas de seguridad, el control de las fronteras o la detección cibernética de las acciones de los traficantes de droga. Esto obligará a una modificación sustancial, sobre todo en el Ejército, del despliegue geográfico de sus cuarteles. Ubicados según las viejas hipótesis de conflicto, las supuestas guerras con Brasil y Chile, ya no sirven de nada en una región en la que prevalece la paz entre los vecinos. El Gobierno se propone vender y comprar tierras y cuarteles, algunos de estos últimos serán compartidos por el Ejército y la Fuerza Aérea. Entre los proyectos también está la construcción de una enorme y moderna base logística en Ushuaia, el último puerto antes de la Antártida. Una parte sería ocupada por la Armada para la custodia de la enorme riqueza ictícola del país. El resto se destinaría a buques de transporte y de turismo.
Los preparativos para una guerra cibernética están también entre los planes. En los últimos tiempos se han vivido experiencias de incursiones cibernéticas que influyeron decisivamente en elecciones de países muy avanzados en tecnología informática. El ciberespacio y el terrorismo internacional están también muy relacionados. La Argentina ha sufrido ya dos monumentales atentados del terrorismo internacional: el que destruyó totalmente la embajada de Israel y el que voló la sede de la AMIA.
El gobierno de Macri tiene casi terminado con Israel un acuerdo de compra de equipos informáticos de última generación. Una novedad importante es que se está negociando con Chile un acuerdo para una acción conjunta argentino-chilena en el patrullaje del ciberespacio. No deja de ser, además, un gesto político elocuente: la vieja hipótesis de guerra con el país vecino se convierte en una alianza para enfrentar a un enemigo común.
La negociación con Chile configura dos progresos. La paz definitiva con un país vecino, en primer lugar. Y la aceptación implícita de que los métodos de las viejas guerras fueron reemplazados en el mundo de hoy por guerras con otros modos, otros protagonistas y también otras armas.
El consenso democrático de 1983 no debe olvidarse. Los militares no están para resolver conflictos internos, que son responsabilidad de la política. Esta es una parte inmodificable de la verdad. La otra parte es que el significado de la seguridad cambió en el mundo y que los militares pueden hacer un aporte a los nuevos desafíos, sin que ello implique cambiar la vieja doctrina ni el espíritu de los que refundaron la democracia. En cuestiones de tal magnitud la demagogia debería quedar fuera de la discusión, por lo menos para los que todavía sueñan con volver al poder.
Fuente:www.lanacion.com.ar
POLÍTICA | ANÁLISIS
Qué hacer con los militares, el debate que siempre vuelve
Joaquín Morales Solá
Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
25 de Julio de 2018
¿Debe preservarse el consenso democrático (y el cuerpo legal) de 1983 que les impide a las Fuerzas Armadas intervenir en conflictos internos? Sí, desde luego. ¿Deben imaginar los gobernantes el rol que tendrán los militares en el siglo XXI, con desafíos que no figuraban en los años 80, después de más de tres décadas de indiferencia política hacia los uniformados? Sí, también.
El margen de acción y la obligación de cambiar deja un estrecho sendero por el que debe caminar la dirigencia política. Mauricio Macri comenzó a transitarlo el lunes y provocó un escándalo entre sus opositores, algunos porque creyeron ver genuinamente un regreso de los uniformados a la resolución de los conflictos internos y otros porque eligieron recurrir a la crítica demagógica. Es cierto que el Presidente usó demasiado ligeramente el término "seguridad interior", sin explicar muy bien en qué consistía semejante alusión referida a los militares.
Lo cierto es que, por ahora, el Gobierno modificará un decreto reglamentario de la ley de defensa nacional de Néstor Kirchner, que a su vez cambió el decreto reglamentario de Raúl Alfonsín. El decreto de Alfonsín, de los años 80, estipulaba que las Fuerzas Armadas solo podrían intervenir ante casos de agresión externa. Punto. Kirchner modificó ese decreto con otro decreto y agregó que los militares actuarían solo en casos de agresión de "ejércitos de Estados extranjeros".
El decreto de Kirchner dejaba afuera, por lo tanto, los casos de terrorismo internacional, de narcotráfico y de ciberataques provenientes del exterior, como son casi todos los ciberataques. El decreto de Macri reinstalará el de Alfonsín, que permite encarar los fenómenos que no estaban hace treinta años, pero a los que les cerraba la puerta el decreto de Kirchner.
Llama la atención que los primeros escandalizados hayan sido los kirchneristas. Durante su presidencia, y en una cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, Cristina Kirchner anunció la necesidad de darles nuevas funciones a los militares. Pocos días después nombró jefe del Ejército al general César Milani, que en el acto colocó a esa fuerza "al servicio del proyecto nacional y popular". Cristina y Milani rompieron a la vista de todos los consensos de 1983, entre los que figuraba la neutralidad política de las Fuerzas Armadas.
La entonces presidenta avanzó aún más y depositó en Milani el control de los servicios de inteligencia, lo que convirtió al militar -ahora preso por delitos de lesa humanidad presuntamente cometidos en los años 70- en el hombre fuerte de las Fuerzas Armadas. La incursión de Milani en la inteligencia interna violó dos leyes: la de defensa nacional y la de seguridad interior.
Hay que descartar, desde ya, que el Gobierno esté pensando en usar las Fuerzas Armadas para reprimir el conflicto social o para patrullar las calles en busca de delincuentes. Eso no ha sucedido nunca en casi 35 años de democracia, aunque la paranoia real o simulada de la izquierda vuelve cada tanto con el mismo fantasma. Los militares no podrían nunca intervenir en los conflictos sociales porque sencillamente no saben hacerlo. Aunque todos usen uniformes, no todos los uniformados hacen lo mismo.
El tema que más suspicacias provoca es el de la incorporación de las Fuerzas Armadas a la lucha contra el narcotráfico. Hay (por así llamarlas) dos doctrinas al respecto. Una es la del general Martín Balza, exjefe del Ejército, quien dijo en su momento una frase que sintetiza la posición de no pocos militares: "Ningún general soportaría un cañonazo de un millón de dólares". Lo que esa corriente militar plantea es el temor a que la corrupción, inherente al narcotráfico, termine por contaminar también a los militares.
En los dos países más importantes de América Latina, México y Brasil, los gobiernos han recurrido al Ejército para enfrentar el narcotráfico. En México, la experiencia no ha sido buena y muchos militares terminaron corrompidos. En Brasil, el Ejército se usa para cuestiones muy puntuales, no para una tarea constante contra los narcotraficantes, y hasta ahora no hubo denuncias de complicidad con el narcotráfico.
La segunda teoría la expresa Horacio Jaunarena, exministro de Defensa de Alfonsín, De la Rúa y Duhalde. Según Jaunarena, "la respuesta del Estado debe ser proporcional a la agresión"; esto es, el Estado debe usar sus ejércitos si los narcotraficantes tienen el despliegue y el armamento de un ejército. "A un ataque con bombas y morteros el Estado no puede responderle con gases lacrimógenos", suele decir Jaunarena.
Entre esas dos posiciones extremas, ¿en qué lugar se ubica Macri? Su gobierno no imagina, en verdad, un plan de lucha frontal de los militares contra el narcotráfico, pero sí estima conveniente su actuación solo en los casos en que narcotraficantes intenten conquistar una parte del territorio nacional.
El aporte a la "seguridad nacional" en relación con el narcotráfico será más bien con el apoyo logístico, el traslado de fuerzas de seguridad, el control de las fronteras o la detección cibernética de las acciones de los traficantes de droga. Esto obligará a una modificación sustancial, sobre todo en el Ejército, del despliegue geográfico de sus cuarteles. Ubicados según las viejas hipótesis de conflicto, las supuestas guerras con Brasil y Chile, ya no sirven de nada en una región en la que prevalece la paz entre los vecinos. El Gobierno se propone vender y comprar tierras y cuarteles, algunos de estos últimos serán compartidos por el Ejército y la Fuerza Aérea. Entre los proyectos también está la construcción de una enorme y moderna base logística en Ushuaia, el último puerto antes de la Antártida. Una parte sería ocupada por la Armada para la custodia de la enorme riqueza ictícola del país. El resto se destinaría a buques de transporte y de turismo.
Los preparativos para una guerra cibernética están también entre los planes. En los últimos tiempos se han vivido experiencias de incursiones cibernéticas que influyeron decisivamente en elecciones de países muy avanzados en tecnología informática. El ciberespacio y el terrorismo internacional están también muy relacionados. La Argentina ha sufrido ya dos monumentales atentados del terrorismo internacional: el que destruyó totalmente la embajada de Israel y el que voló la sede de la AMIA.
El gobierno de Macri tiene casi terminado con Israel un acuerdo de compra de equipos informáticos de última generación. Una novedad importante es que se está negociando con Chile un acuerdo para una acción conjunta argentino-chilena en el patrullaje del ciberespacio. No deja de ser, además, un gesto político elocuente: la vieja hipótesis de guerra con el país vecino se convierte en una alianza para enfrentar a un enemigo común.
La negociación con Chile configura dos progresos. La paz definitiva con un país vecino, en primer lugar. Y la aceptación implícita de que los métodos de las viejas guerras fueron reemplazados en el mundo de hoy por guerras con otros modos, otros protagonistas y también otras armas.
El consenso democrático de 1983 no debe olvidarse. Los militares no están para resolver conflictos internos, que son responsabilidad de la política. Esta es una parte inmodificable de la verdad. La otra parte es que el significado de la seguridad cambió en el mundo y que los militares pueden hacer un aporte a los nuevos desafíos, sin que ello implique cambiar la vieja doctrina ni el espíritu de los que refundaron la democracia. En cuestiones de tal magnitud la demagogia debería quedar fuera de la discusión, por lo menos para los que todavía sueñan con volver al poder.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL-Océanos de plástico
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OPINIÓN | EDITORIAL
Océanos de plástico
Es preciso adoptar urgentes medidas para combatir la polución que originan los plásticos, pues no se degradan y envenenan los océanos y a sus habitantes
El plástico, veneno de los mares, no se degrada Fuente: Archivo
24 de Julio de 2018
Cada año se producen más de 300 millones de toneladas de plástico, y la mitad de este volumen está destinada a un solo uso. Cada año, alrededor de ocho millones de toneladas terminan en nuestros océanos. Es por eso que en forma reiterada se conoce la muerte de diferentes ejemplares marinos de distintas especies por ingestión de plástico.
Los estudios revelan ballenas con plástico en los intestinos, gigantescas redes de pesca, cuerdas y hasta tambores de plástico. En Tailandia, recientemente una ballena muerta contenía ochenta bolsas de plástico en su estómago. El caso de las ballenas es llamativo por el tamaño del animal y por lo emblemático de la especie. Sin embargo, en el océano, la contaminación plástica afecta, además, a tortugas marinas, aves, peces, arrecifes de coral y un sinnúmero de otras especies y hábitats marinos. Y una de las principales razones por las cuales la contaminación plástica es un problema es que no desaparece: los plásticos son para siempre. Los desechos plásticos simplemente se descomponen en partículas cada vez más pequeñas, conocidas como microplásticos, cuyos impactos ambientales aún están por determinarse.
La acumulación de residuos de plásticos se ha convertido en uno de los problemas más singulares para la conservación de los ecosistemas y la vida marina. Según el estudio "La nueva economía de los plásticos", presentado en enero de 2016 en el Foro Económico Mundial que se celebra en Davos, Suiza, al ritmo actual, en 2050, el peso de los residuos de plásticos en el agua marina será superior al peso de todos los peces del planeta.
Por su parte, el Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas entregó el libro Plásticos de un solo uso: una guía hacia la sostenibilidad, que contiene el estado de ese material y las acciones que toman distintos gobiernos para controlar el creciente problema. Las cifras son escandalosas. Se estima que de uno a cinco trillones de bolsas plásticas se consumen en el mundo cada año. Además, la publicación señala que el 80% de la contaminación en océanos es causada por seres humanos que arrojan cada año a sus aguas ocho millones de toneladas de botellas plásticas y otros desechos.
Sobre el particular, el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, ha manifestado que "el mundo debe unirse para derrotar la polución del plástico, un producto que no es el problema en sí, sino que es creado por el manejo que le hemos dado". La ONU destaca las acciones emprendidas para atacar este problema, pero falta mucho todavía en todos los continentes para contener esta gran amenaza a la vida.
El problema puede resolverse a través de acciones simples: reducir el uso de plásticos de un solo uso; asegurar su reciclado; prohibir bolsas de plástico de un solo uso; evitar el empleo de microperlas (diminutas partículas de plástico que se encuentran en algunos exfoliantes faciales, cremas dentales y enjuagues corporales), y un constante proceso de educación.
En el Congreso, un proyecto que establecía el principio de responsabilidad extendida al productor (REP) perdió estado parlamentario. Ahora existen varios proyectos de ley para establecer los presupuestos mínimos de protección ambiental para la gestión ambiental de los envases y sus residuos con el objetivo de prevenir y minimizar el impacto que ocasionan sobre el ambiente los envases plásticos; reducir su generación y disposición final; promover su reutilización y reciclado; incorporar el análisis del ciclo de vida en los procesos de diseño y producción de envases, y promover la responsabilidad de los productores, consumidores y usuarios con la gestión integral de los envases y los residuos de envases.
Lamentablemente, estos proyectos avanzan con lentitud. El plástico puede ser barato para algunos, pero muy caro a largo plazo para el planeta. El mar es vida. Y esta contaminación alarmante lo empobrece biológicamente. Todos podemos hacer algo. Basta reflexionar sobre una pregunta: ¿es realmente descartable un producto hecho de un material indestructible?
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL
Océanos de plástico
Es preciso adoptar urgentes medidas para combatir la polución que originan los plásticos, pues no se degradan y envenenan los océanos y a sus habitantes
El plástico, veneno de los mares, no se degrada Fuente: Archivo
24 de Julio de 2018
Cada año se producen más de 300 millones de toneladas de plástico, y la mitad de este volumen está destinada a un solo uso. Cada año, alrededor de ocho millones de toneladas terminan en nuestros océanos. Es por eso que en forma reiterada se conoce la muerte de diferentes ejemplares marinos de distintas especies por ingestión de plástico.
Los estudios revelan ballenas con plástico en los intestinos, gigantescas redes de pesca, cuerdas y hasta tambores de plástico. En Tailandia, recientemente una ballena muerta contenía ochenta bolsas de plástico en su estómago. El caso de las ballenas es llamativo por el tamaño del animal y por lo emblemático de la especie. Sin embargo, en el océano, la contaminación plástica afecta, además, a tortugas marinas, aves, peces, arrecifes de coral y un sinnúmero de otras especies y hábitats marinos. Y una de las principales razones por las cuales la contaminación plástica es un problema es que no desaparece: los plásticos son para siempre. Los desechos plásticos simplemente se descomponen en partículas cada vez más pequeñas, conocidas como microplásticos, cuyos impactos ambientales aún están por determinarse.
La acumulación de residuos de plásticos se ha convertido en uno de los problemas más singulares para la conservación de los ecosistemas y la vida marina. Según el estudio "La nueva economía de los plásticos", presentado en enero de 2016 en el Foro Económico Mundial que se celebra en Davos, Suiza, al ritmo actual, en 2050, el peso de los residuos de plásticos en el agua marina será superior al peso de todos los peces del planeta.
Por su parte, el Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas entregó el libro Plásticos de un solo uso: una guía hacia la sostenibilidad, que contiene el estado de ese material y las acciones que toman distintos gobiernos para controlar el creciente problema. Las cifras son escandalosas. Se estima que de uno a cinco trillones de bolsas plásticas se consumen en el mundo cada año. Además, la publicación señala que el 80% de la contaminación en océanos es causada por seres humanos que arrojan cada año a sus aguas ocho millones de toneladas de botellas plásticas y otros desechos.
Sobre el particular, el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, ha manifestado que "el mundo debe unirse para derrotar la polución del plástico, un producto que no es el problema en sí, sino que es creado por el manejo que le hemos dado". La ONU destaca las acciones emprendidas para atacar este problema, pero falta mucho todavía en todos los continentes para contener esta gran amenaza a la vida.
El problema puede resolverse a través de acciones simples: reducir el uso de plásticos de un solo uso; asegurar su reciclado; prohibir bolsas de plástico de un solo uso; evitar el empleo de microperlas (diminutas partículas de plástico que se encuentran en algunos exfoliantes faciales, cremas dentales y enjuagues corporales), y un constante proceso de educación.
En el Congreso, un proyecto que establecía el principio de responsabilidad extendida al productor (REP) perdió estado parlamentario. Ahora existen varios proyectos de ley para establecer los presupuestos mínimos de protección ambiental para la gestión ambiental de los envases y sus residuos con el objetivo de prevenir y minimizar el impacto que ocasionan sobre el ambiente los envases plásticos; reducir su generación y disposición final; promover su reutilización y reciclado; incorporar el análisis del ciclo de vida en los procesos de diseño y producción de envases, y promover la responsabilidad de los productores, consumidores y usuarios con la gestión integral de los envases y los residuos de envases.
Lamentablemente, estos proyectos avanzan con lentitud. El plástico puede ser barato para algunos, pero muy caro a largo plazo para el planeta. El mar es vida. Y esta contaminación alarmante lo empobrece biológicamente. Todos podemos hacer algo. Basta reflexionar sobre una pregunta: ¿es realmente descartable un producto hecho de un material indestructible?
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL-Al césar lo que es del césar
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OPINIÓN | EDITORIAL
Al césar lo que es del césar
Las llamativas palabras de algunos obispos no pueden opacar la tradición de la Iglesia de abstenerse de participar de disputas políticas entre argentinos
25 de Julio de 2018
En los últimos días, una parte minoritaria pero de voz crecientemente alta en la jerarquía eclesiástica se ha expresado en diferentes ámbitos y celebraciones religiosas con un tono de confrontación más apropiado para la arena política. A la condena explícita de la interrupción voluntaria de embarazos, en obvia concordancia con el magisterio de la Iglesia, que está desde siempre a favor de las dos vidas, se han sumado comentarios llamativos sobre el desenvolvimiento de la vida democrática.
Se agregaron así duras y explícitas advertencias sobre la política social del Gobierno. No faltaron entre ellas elogios al peronismo, por cierto difíciles de sostener con un mínimo de rigor histórico. Por un lado, la intervención de monseñor Jorge Rubén Lugones, obispo de la diócesis de Lomas de Zamora y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, en la Semana Social que tuvo lugar en Mar del Plata el mes último; por otro lado, la controvertida homilía de monseñor Eduardo Horacio García, obispo de San Justo, en ocasión de la misa que presidió en la catedral de su diócesis, en conmemoración del 44° aniversario de la muerte del general Juan Perón.
En su alocución, monseñor Lugones abordó temas claves de la Doctrina Social de la Iglesia, como el de la distribución de la riqueza y el del crecimiento de la pobreza, denunciando en ese contexto una "falta de sensibilidad social". Su mensaje parecía claramente dirigido a las dos figuras políticas más destacadas de su auditorio: la gobernadora María Eugenia Vidal y la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley.
Sorprendió por destemplado, cuando no había ya posibilidad de derecho de réplica, que el obispo volviera a tomar la palabra luego de la exposición de la gobernadora, quien según la costumbre debería haber cerrado la jornada. Fue precisamente el momento en que se hizo la interpelación a tales funcionarias, más que el contenido en sí de las palabras, lo que fue a todas luces chocante.
Vidal y Stanley, habiendo accedido a la invitación a participar del encuentro, sufrieron así una situación de maltrato en un ámbito inesperado. Justo ocurrió con ellas, que encarnan para muchos, en relación con el elenco gubernamental, el mayor esfuerzo de atención hacia los más necesitados.
En discurso por demás crítico, Lugones calificó de "catástrofe" la situación actual, condenó el trabajo infantil y el narcotráfico, defendió el cuidado de la naturaleza, "la Patria Grande latinoamericana y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Que un prelado se explaye sobre cuestiones que involucran a los humildes es absolutamente razonable y propio de su misión pastoral. No podríamos decir, en cambio, que su competencia y formación en cuestiones técnicas habiliten para opinar a tan alto nivel sobre otros asuntos complejos, como el de la Unasur, tan alentada por gobiernos de izquierda como lo fue el kirchnerismo. La línea que separaba ambos abordajes debió haberse respetado con más claridad.
En otro contexto, monseñor Eduardo García reivindicó en una homilía la doctrina peronista al decir que esta había abierto "nuevas posibilidades a millones de hombres, mujeres y niños que estaban hasta entonces condenados a sobrevivir como pudieran" y que "lo popular hace a su identidad". En una opinión más curiosa todavía, aseguró que doctrinas foráneas se han filtrado en la raíz más propia de nuestro pueblo hasta el punto de tratar de oponer el pensamiento de Perón a la enseñanza de la Iglesia. Pareció olvidar el obispo que el concepto de persona humana como ser social o colectivo ha sido producto directo de la filosofía marxista a la cual el primer peronismo apeló, haciéndole un lugar en medio de ambigüedades profascistas, a fin de obtener apoyo popular.
Para el cristianismo, en cambio, la persona es un ser individual, único e irrepetible. Pretender transformar la conciencia individual en conciencia social, cuyas características resultan determinadas por el materialismo histórico, es precisamente contrario a la filosofía cristiana, opuesta a la conciencia de clase que postulan los marxistas.
El propio Perón, pragmático y oportunista, abjuró de ese pensamiento. Terminó explicando por qué había acudido a la concepción marxista y adoptado finalmente la ideología de la libre empresa poco antes de la caída de su segundo gobierno. Se lo confesó nada menos que al secretario adjunto de Estado de Asuntos Internacionales Henry F. Holland, según este escribió en un memorando, del 6/12/54. Perón confesó a este que en los primeros años de su gobierno había tomado un punto de vista fuertemente marxista para capturar el apoyo de las masas que estaban predispuestas en esa dirección y que, poco a poco, había cambiado su posición hacia la derecha, llevando a la gente con él.
Preocupan aquellas expresiones en boca de dos obispos que se dicen cercanos al papa Francisco. La politizada homilía de García no parece tener en cuenta que la misión de la Iglesia no es embanderarse en disputas políticas, sino bregar por la unidad de todos los fieles, por la paz y la reconciliación nacional, como tantas veces lo ha hecho el Episcopado argentino.
Tonos y actitudes como las que comentamos poco aportan al encuentro y a la construcción de relaciones de armonía como las que nuestra resquebrajada situación demanda hoy en el país. Las líneas prevalecientes en la Iglesia han sabido abocarse en momentos difíciles de la nacionalidad a una tarea pastoral de unidad de su feligresía y de acercamiento entre las posiciones más enfrentadas. Todavía están frescas en la memoria las gestiones promovidas en favor de la pacificación por el Episcopado en los días harto difíciles de fines de 2001 y principios de 2002. Se las recuerda tanto por su valiosa contribución cuanto por la eficacia con la cual llevó adelante tan encomiables propósitos.
Confiemos en que las voces a las cuales contestamos con espíritu crítico no constituyan más que el síntoma de una desorientación momentánea, como ocurre a veces en otras instituciones de gravitación. No podemos sino esperar que la Iglesia en la que se reflejan los sentimientos religiosos mayoritarios entre los argentinos retome, sin distracciones como aquellas, la senda espiritual que tiene asignada como misión.
La necesitamos como tal en un país con tantos desencuentros ciudadanos, con tantas heridas sin cerrar del pasado y tantas más que en el presente se abren por ligerezas irresponsables.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL
Al césar lo que es del césar
Las llamativas palabras de algunos obispos no pueden opacar la tradición de la Iglesia de abstenerse de participar de disputas políticas entre argentinos
25 de Julio de 2018
En los últimos días, una parte minoritaria pero de voz crecientemente alta en la jerarquía eclesiástica se ha expresado en diferentes ámbitos y celebraciones religiosas con un tono de confrontación más apropiado para la arena política. A la condena explícita de la interrupción voluntaria de embarazos, en obvia concordancia con el magisterio de la Iglesia, que está desde siempre a favor de las dos vidas, se han sumado comentarios llamativos sobre el desenvolvimiento de la vida democrática.
Se agregaron así duras y explícitas advertencias sobre la política social del Gobierno. No faltaron entre ellas elogios al peronismo, por cierto difíciles de sostener con un mínimo de rigor histórico. Por un lado, la intervención de monseñor Jorge Rubén Lugones, obispo de la diócesis de Lomas de Zamora y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, en la Semana Social que tuvo lugar en Mar del Plata el mes último; por otro lado, la controvertida homilía de monseñor Eduardo Horacio García, obispo de San Justo, en ocasión de la misa que presidió en la catedral de su diócesis, en conmemoración del 44° aniversario de la muerte del general Juan Perón.
En su alocución, monseñor Lugones abordó temas claves de la Doctrina Social de la Iglesia, como el de la distribución de la riqueza y el del crecimiento de la pobreza, denunciando en ese contexto una "falta de sensibilidad social". Su mensaje parecía claramente dirigido a las dos figuras políticas más destacadas de su auditorio: la gobernadora María Eugenia Vidal y la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley.
Sorprendió por destemplado, cuando no había ya posibilidad de derecho de réplica, que el obispo volviera a tomar la palabra luego de la exposición de la gobernadora, quien según la costumbre debería haber cerrado la jornada. Fue precisamente el momento en que se hizo la interpelación a tales funcionarias, más que el contenido en sí de las palabras, lo que fue a todas luces chocante.
Vidal y Stanley, habiendo accedido a la invitación a participar del encuentro, sufrieron así una situación de maltrato en un ámbito inesperado. Justo ocurrió con ellas, que encarnan para muchos, en relación con el elenco gubernamental, el mayor esfuerzo de atención hacia los más necesitados.
En discurso por demás crítico, Lugones calificó de "catástrofe" la situación actual, condenó el trabajo infantil y el narcotráfico, defendió el cuidado de la naturaleza, "la Patria Grande latinoamericana y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Que un prelado se explaye sobre cuestiones que involucran a los humildes es absolutamente razonable y propio de su misión pastoral. No podríamos decir, en cambio, que su competencia y formación en cuestiones técnicas habiliten para opinar a tan alto nivel sobre otros asuntos complejos, como el de la Unasur, tan alentada por gobiernos de izquierda como lo fue el kirchnerismo. La línea que separaba ambos abordajes debió haberse respetado con más claridad.
En otro contexto, monseñor Eduardo García reivindicó en una homilía la doctrina peronista al decir que esta había abierto "nuevas posibilidades a millones de hombres, mujeres y niños que estaban hasta entonces condenados a sobrevivir como pudieran" y que "lo popular hace a su identidad". En una opinión más curiosa todavía, aseguró que doctrinas foráneas se han filtrado en la raíz más propia de nuestro pueblo hasta el punto de tratar de oponer el pensamiento de Perón a la enseñanza de la Iglesia. Pareció olvidar el obispo que el concepto de persona humana como ser social o colectivo ha sido producto directo de la filosofía marxista a la cual el primer peronismo apeló, haciéndole un lugar en medio de ambigüedades profascistas, a fin de obtener apoyo popular.
Para el cristianismo, en cambio, la persona es un ser individual, único e irrepetible. Pretender transformar la conciencia individual en conciencia social, cuyas características resultan determinadas por el materialismo histórico, es precisamente contrario a la filosofía cristiana, opuesta a la conciencia de clase que postulan los marxistas.
El propio Perón, pragmático y oportunista, abjuró de ese pensamiento. Terminó explicando por qué había acudido a la concepción marxista y adoptado finalmente la ideología de la libre empresa poco antes de la caída de su segundo gobierno. Se lo confesó nada menos que al secretario adjunto de Estado de Asuntos Internacionales Henry F. Holland, según este escribió en un memorando, del 6/12/54. Perón confesó a este que en los primeros años de su gobierno había tomado un punto de vista fuertemente marxista para capturar el apoyo de las masas que estaban predispuestas en esa dirección y que, poco a poco, había cambiado su posición hacia la derecha, llevando a la gente con él.
Preocupan aquellas expresiones en boca de dos obispos que se dicen cercanos al papa Francisco. La politizada homilía de García no parece tener en cuenta que la misión de la Iglesia no es embanderarse en disputas políticas, sino bregar por la unidad de todos los fieles, por la paz y la reconciliación nacional, como tantas veces lo ha hecho el Episcopado argentino.
Tonos y actitudes como las que comentamos poco aportan al encuentro y a la construcción de relaciones de armonía como las que nuestra resquebrajada situación demanda hoy en el país. Las líneas prevalecientes en la Iglesia han sabido abocarse en momentos difíciles de la nacionalidad a una tarea pastoral de unidad de su feligresía y de acercamiento entre las posiciones más enfrentadas. Todavía están frescas en la memoria las gestiones promovidas en favor de la pacificación por el Episcopado en los días harto difíciles de fines de 2001 y principios de 2002. Se las recuerda tanto por su valiosa contribución cuanto por la eficacia con la cual llevó adelante tan encomiables propósitos.
Confiemos en que las voces a las cuales contestamos con espíritu crítico no constituyan más que el síntoma de una desorientación momentánea, como ocurre a veces en otras instituciones de gravitación. No podemos sino esperar que la Iglesia en la que se reflejan los sentimientos religiosos mayoritarios entre los argentinos retome, sin distracciones como aquellas, la senda espiritual que tiene asignada como misión.
La necesitamos como tal en un país con tantos desencuentros ciudadanos, con tantas heridas sin cerrar del pasado y tantas más que en el presente se abren por ligerezas irresponsables.
Fuente:www.lanacion.com.ar
Sunday, July 22, 2018
OPINIÓN-En un mismo lodo, todos manoseados, por Pablo Sirvén
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OPINIÓN
En un mismo lodo, todos manoseados
Pablo Sirvén
22 de Julio de 2018
El caso sería digno de una emisión de la inquietante serie futurista Black Mirror porque la tecnología, la política y el más allá se entremezclan con inesperados y perturbadores resultados.
El 22 de agosto de 2017, a la 1.07 de la madrugada, murió, a los 82 años, Norberto Campos. Al día siguiente se expidió la correspondiente autorización para cremar su cuerpo en el cementerio Parque Iraola. Lo asombroso es que muerto y cremado, el mismo Campos, con idéntico DNI, más de un mes después, el 27 de septiembre de 2017, inexplicablemente, realizó un aporte de mil pesos a la campaña electoral de la senadora Cristina Fernández de Kirchner. Cosa e'mandinga, dirían en el campo.
Si los muertos han votado unas cuantas veces en este país, ¿por qué no habrían de hacer alguna donación a su candidato preferido? Pero, atención, esta historia tiene un bonus track que produce más escozor: ¡el aporte fue realizado mediante un depósito bancario!
"La ley actual tiene lagunas; todos los partidos han tenido dificultades", apeló la gobernadora María Eugenia Vidal al eufemismo para defenderse de la explosiva revelación de una catarata de aportantes truchos a los fondos de campaña de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, el año pasado. Una denuncia de La Alameda, potenciada y profundizada por una investigación del portal eldestape, se viralizó en las redes sociales, y cuando llegó a los tribunales, la noticia tomó cuerpo también en los medios de comunicación masivos y de mayor credibilidad. En coincidencia, en estos días se conoció la inhabilitación para ejercer cargos públicos por seis meses que un juez le fijó al humorista Miguel Del Sel, también de la misma alianza oficialista, por irregularidades en el balance partidario de los fondos para su campaña, en las elecciones de 2011, en Santa Fe. Ya desde entonces corren historias de aportes para el Pro en dinero "físico" (como diría Leonardo Fariña) de procedencias difusas.
La oscuridad premeditada en la financiación de las campañas no cuenta con inocentes en la política argentina: también fueron denunciados por aportantes truchos Daniel Scioli y Cristina Kirchner. Eso no los hace menos responsables a los dirigentes de Cambiemos; en todo caso, los equipara con un "modelo" del que ellos prometieron estar en las antípodas y por eso fueron votados. Por lo tanto, los distintos procesos judiciales abiertos en la materia deben avanzar sin interferencias hasta las últimas consecuencias, penalizando a quienes corresponda. Por de pronto, ya la gobernadora tomó la decisión de pedirle la renuncia a Fernanda Inza, una de sus principales colaboradoras, por haber formado parte del equipo de rendición de campaña.
Opositores y oficialistas tendrán la oportunidad de curarse en salud si votan afirmativamente el proyecto que el Gobierno envió al Congreso para otorgarle transparencia al financiamiento de la política, que incluye la bancarización de todos los aportes, algo a lo que acaba de comprometerse Vidal, salga o no esa ley, que, esperemos, no sufra las mismas dilaciones que el proyecto de extinción de dominio, aún en veremos.
El portal eldestape tiene la impronta editorial de su líder mediático, Roberto Navarro, uno de los más furibundos operadores del ultrakirchnerismo y, como tal, más que bien recompensado hasta diciembre de 2015 como uno de los comunicadores que más pauta millonaria recibió. Su prédica inflamada contra el Gobierno tiene una legión de fieles seguidores en las redes sociales, a los que atrae, por lo general, con panfletos incomprobables, exageraciones colosales e inefables tergiversaciones, en la tónica de las ahora tan de moda fake news, de las que fue uno de sus pioneros al anunciar, en 2015, por la pantalla de C5N, que Daniel Scioli le había ganado a Mauricio Macri por 3 millones de votos.
Antecedentes tan nefastos hacen que toda información salida de esa usina deba ser tomada con pinzas, incluso esta que, a diferencia de la mayoría de sus contenidos, al menos viene acompañada por documentación más sólida y más fácil de auditar, que es lo que están haciendo el gobierno bonaerense y la Justicia.
En la semana que pasó le otorgaron al periodista de LA NACION Hugo Alconada Mon el prestigioso Premio Moors Cabot por sus investigaciones de corrupción del caso Odebrecht, que se suman a otros merecidos lauros anteriores por los Panama Papers y Paradise Papers, publicados por este diario, así como sus informes lapidarios y documentados sobre las más graves irregularidades del kirchnerismo, y el que hoy mismo se publica sobre los aportantes truchos. En ninguno de estos casos, Alconada salió a agitar sus investigaciones para lograr determinados efectos políticos. En sus antípodas, eldestape, en cambio, se sirve de una noticia real y grave, que merece ser investigada a fondo, pero para usarla tóxicamente como punta de lanza que corroa el poder de Vidal hasta, de ser posible, sacarla definitivamente de circulación. Con total desparpajo usan el mismo método con el que durante semanas se pretendió hacer creer que el Estado había hecho desaparecer a Santiago Maldonado (ahora objeto de un insólito documental de Tristán Bauer y Florencia Kirchner): ejércitos de tuiteros militando virtualmente el tema las 24 horas sin parar y el aparato mediático del kirchnerismo poniendo el foco sobre lo mismo de manera obsesiva.
Enrique Santos Discépolo escribió el tango "Cambalache", en 1934, época que pasó a la historia como la "década infame", por el fraude electoral conservador. Su letra nunca perdió vigencia. "Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos", se repite desde entonces. Es cierto que no todo es lo mismo, pero ¿cambiaremos, de verdad, alguna vez?
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN
En un mismo lodo, todos manoseados
Pablo Sirvén
22 de Julio de 2018
El caso sería digno de una emisión de la inquietante serie futurista Black Mirror porque la tecnología, la política y el más allá se entremezclan con inesperados y perturbadores resultados.
El 22 de agosto de 2017, a la 1.07 de la madrugada, murió, a los 82 años, Norberto Campos. Al día siguiente se expidió la correspondiente autorización para cremar su cuerpo en el cementerio Parque Iraola. Lo asombroso es que muerto y cremado, el mismo Campos, con idéntico DNI, más de un mes después, el 27 de septiembre de 2017, inexplicablemente, realizó un aporte de mil pesos a la campaña electoral de la senadora Cristina Fernández de Kirchner. Cosa e'mandinga, dirían en el campo.
Si los muertos han votado unas cuantas veces en este país, ¿por qué no habrían de hacer alguna donación a su candidato preferido? Pero, atención, esta historia tiene un bonus track que produce más escozor: ¡el aporte fue realizado mediante un depósito bancario!
"La ley actual tiene lagunas; todos los partidos han tenido dificultades", apeló la gobernadora María Eugenia Vidal al eufemismo para defenderse de la explosiva revelación de una catarata de aportantes truchos a los fondos de campaña de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, el año pasado. Una denuncia de La Alameda, potenciada y profundizada por una investigación del portal eldestape, se viralizó en las redes sociales, y cuando llegó a los tribunales, la noticia tomó cuerpo también en los medios de comunicación masivos y de mayor credibilidad. En coincidencia, en estos días se conoció la inhabilitación para ejercer cargos públicos por seis meses que un juez le fijó al humorista Miguel Del Sel, también de la misma alianza oficialista, por irregularidades en el balance partidario de los fondos para su campaña, en las elecciones de 2011, en Santa Fe. Ya desde entonces corren historias de aportes para el Pro en dinero "físico" (como diría Leonardo Fariña) de procedencias difusas.
La oscuridad premeditada en la financiación de las campañas no cuenta con inocentes en la política argentina: también fueron denunciados por aportantes truchos Daniel Scioli y Cristina Kirchner. Eso no los hace menos responsables a los dirigentes de Cambiemos; en todo caso, los equipara con un "modelo" del que ellos prometieron estar en las antípodas y por eso fueron votados. Por lo tanto, los distintos procesos judiciales abiertos en la materia deben avanzar sin interferencias hasta las últimas consecuencias, penalizando a quienes corresponda. Por de pronto, ya la gobernadora tomó la decisión de pedirle la renuncia a Fernanda Inza, una de sus principales colaboradoras, por haber formado parte del equipo de rendición de campaña.
Opositores y oficialistas tendrán la oportunidad de curarse en salud si votan afirmativamente el proyecto que el Gobierno envió al Congreso para otorgarle transparencia al financiamiento de la política, que incluye la bancarización de todos los aportes, algo a lo que acaba de comprometerse Vidal, salga o no esa ley, que, esperemos, no sufra las mismas dilaciones que el proyecto de extinción de dominio, aún en veremos.
El portal eldestape tiene la impronta editorial de su líder mediático, Roberto Navarro, uno de los más furibundos operadores del ultrakirchnerismo y, como tal, más que bien recompensado hasta diciembre de 2015 como uno de los comunicadores que más pauta millonaria recibió. Su prédica inflamada contra el Gobierno tiene una legión de fieles seguidores en las redes sociales, a los que atrae, por lo general, con panfletos incomprobables, exageraciones colosales e inefables tergiversaciones, en la tónica de las ahora tan de moda fake news, de las que fue uno de sus pioneros al anunciar, en 2015, por la pantalla de C5N, que Daniel Scioli le había ganado a Mauricio Macri por 3 millones de votos.
Antecedentes tan nefastos hacen que toda información salida de esa usina deba ser tomada con pinzas, incluso esta que, a diferencia de la mayoría de sus contenidos, al menos viene acompañada por documentación más sólida y más fácil de auditar, que es lo que están haciendo el gobierno bonaerense y la Justicia.
En la semana que pasó le otorgaron al periodista de LA NACION Hugo Alconada Mon el prestigioso Premio Moors Cabot por sus investigaciones de corrupción del caso Odebrecht, que se suman a otros merecidos lauros anteriores por los Panama Papers y Paradise Papers, publicados por este diario, así como sus informes lapidarios y documentados sobre las más graves irregularidades del kirchnerismo, y el que hoy mismo se publica sobre los aportantes truchos. En ninguno de estos casos, Alconada salió a agitar sus investigaciones para lograr determinados efectos políticos. En sus antípodas, eldestape, en cambio, se sirve de una noticia real y grave, que merece ser investigada a fondo, pero para usarla tóxicamente como punta de lanza que corroa el poder de Vidal hasta, de ser posible, sacarla definitivamente de circulación. Con total desparpajo usan el mismo método con el que durante semanas se pretendió hacer creer que el Estado había hecho desaparecer a Santiago Maldonado (ahora objeto de un insólito documental de Tristán Bauer y Florencia Kirchner): ejércitos de tuiteros militando virtualmente el tema las 24 horas sin parar y el aparato mediático del kirchnerismo poniendo el foco sobre lo mismo de manera obsesiva.
Enrique Santos Discépolo escribió el tango "Cambalache", en 1934, época que pasó a la historia como la "década infame", por el fraude electoral conservador. Su letra nunca perdió vigencia. "Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos", se repite desde entonces. Es cierto que no todo es lo mismo, pero ¿cambiaremos, de verdad, alguna vez?
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL-La Argentina, vacía como el Elefante Blanco
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OPINIÓN | EDITORIAL
La Argentina, vacía como el Elefante Blanco
Luego de tantos ataques a la seguridad jurídica y la estabilidad institucional y de tanta manipulación judicial, el precio de recuperar la confianza es elevadísimo.
22 de Julio de 2018
Después de 50 años de fuga de capitales, el gobierno del peronista Carlos Menem logró convencer a locales y extranjeros de que la Argentina era un país confiable. Craso error.
Decenas de empresas europeas y norteamericanas enterraron en nuestro territorio gasoductos, represas, usinas, autopistas, terminales portuarias, estaciones satelitales, centrales telefónicas y torres para celulares; tendieron líneas de alta tensión, cables de distribución eléctrica, ductos de fibra óptica. Se expandieron el comercio, el transporte y la logística. Los bancos fueron capitalizados conforme las reglas de Basilea, para atraer depósitos y atender la expansión del crédito. Ahorristas de todo el mundo compraron bonos de la república y de las provincias. Compañías locales emitieron acciones y títulos de deuda para expandir sus actividades.
Pero el exceso de gasto público quebró el cinturón de la convertibilidad y el dólar voló por los aires, licuando salarios y generando "competitividad" sin cambios estructurales. El Congreso de la Nación aplaudió el mayor default de la historia, se abandonó la convertibilidad, se devaluó la moneda, se "pesificaron" los contratos y se incumplieron las concesiones. El paraíso populista, sobre cuyos cimientos construyó poder la familia Kirchner.
El valor de lo invertido se hizo trizas. Empresas de la talla de British Gas, Total, Eléctricité de France, Gaz de France, Endesa, Gas Natural, Iberdrola, Telefónica, France Telecom, Suez, Aguas de Barcelona, CMS, Camuzzi, Tractebel, Nova y otras tantas advirtieron el significado de "seguridad jurídica" cuando ya era tarde.
Casi todas dejaron el país, tomaron las pérdidas y vendieron sus activos por una fracción de lo invertido. Muchas hicieron juicios en tribunales arbitrales y las deudas soberanas fueron atendidas con quitas aún más "soberanas", en 2005, 2010 y 2016. Todavía quedan juicios por US$9262 millones sin resolver.
Durante otra gestión peronista de signo opuesto, Néstor y Cristina Kirchner terminaron de destruir lo que quedaba, aumentando el gasto público al 43% del PBI mediante la casi duplicación del empleo estatal, las jubilaciones sin aportes, las pensiones no contributivas, la expansión de planes sociales y los subsidios al transporte y a la energía. Con el cepo cambiario y las prohibiciones al comercio exterior, el país se aisló del mundo. Con controles de precios y tarifas irrisorias, desapareció la inversión. Sin recursos para sostener esa explosión de gasto, se expropiaron los fondos de pensión y se confiscó YPF. Se acumuló un déficit fiscal del 8% del PBI, con la mayor presión fiscal del mundo, una inflación rampante y el 32% de pobreza.
Luego de esta terrible experiencia, la Argentina se encuentra huérfana de capitales a pesar de sus abundantes recursos naturales y su población educada.
Como metáfora, podríamos decir que nuestro país es como el Elefante Blanco, abandonado por sus constructores y ocupado por personas que carecen de medios, por sí solos, para convertir un edificio gigantesco en hogar acogedor donde abrigar familias, criar niños y cuidar adultos mayores.
Nunca se ha tomado verdadera conciencia del costo inmenso que implicó para nuestra nación haber arruinado tantas inversiones, burlándose de la confianza brindada por argentinos y extranjeros con aplausos celebratorios. Ese costo todavía se está pagando, no solo por el daño reputacional, sino también por el impacto sobre la mentalidad de la población, que ya no cree en gobiernos, ni en promesas, ni en el esfuerzo, ni mucho menos en la moneda.
Como el Elefante Blanco, nuestra república está vacía de ahorro y de capitales. En su interior, sus ocupantes carecen de empleos regulares y, hasta tanto la situación cambie, necesitan de algún sueldo público, alguna pensión y mucha ayuda para subsistir, incluyendo el cobijo solidario de comedores y merenderos.
La cuestión es saber cuándo cambiará la situación. Concretamente, ¿cuándo llegará la inversión necesaria para reconstruir paredes, poner ventanas, instalar sanitarios, colocar cocinas, conectar los servicios, pintar el frente?, ¿cuándo nuestro Elefante Blanco se convertirá en una vivienda digna?
En antiguas épocas, bastaba un discurso en cadena nacional de Alfredo Gómez Morales, Federico Pinedo, Álvaro Alsogaray o Adalbert Krieger Vasena para dar vuelta los mercados con "shocks de confianza" transitorios, pero efectivos en la coyuntura.
Lamentablemente, luego de tantos desmanes contra la seguridad jurídica, la estabilidad institucional y la sacralidad de los contratos; de tanta venalidad, manipulación de la Justicia y del fisco como instrumentos políticos, el precio de recuperar la confianza es elevadísimo. Casi impagable si lo medimos con la vara nacional tan alejada del discurso parlamentario de Churchill, en 1940. Aunque el Elefante Blanco se desmorone, jamás hay consenso para la sanación: restringir el gasto nunca parece oportuno.
Cambiemos optó por un ensayo novedoso: hacer el rodeo gradualista, sabiendo que ni los propios socios radicales ni de la Coalición Cívica tolerarían cortar por lo sano. Intentó una obra reparadora con dinero prestado, en la esperanza de colocar un laurel en el último piso antes de terminar su primer mandato. Pero los cimbronazos financieros dieron por tierra con el gradualismo y segaron el sueño de la rama triunfal.
Existe una creencia difundida de que la economía se recuperará con el simple paso del tiempo, porque siempre ha sido así y aún estamos vivos, aunque haya niños con hambre. Pero en este caso, no ocurrirá. Llegó el momento de la verdad. Ahora sabremos cuánto sacrificio será necesario para que el capital regrese, los argentinos ahorren en pesos y los extranjeros ingresen sus dólares. Un termómetro precario es la insostenible tasa de interés. Pero la recuperación puede lograrse, aunque nunca por inercia o con medias tintas. Es indispensable enviar señales poderosas de cambio respecto de prácticas pasadas. Inversamente proporcionales al daño causado.
Se debate la equidad en la distribución de las cargas ante el ajuste, creyendo que las cosas se van a arreglar solas, superada la coyuntura. Malas noticias: no se van a arreglar solas. Pueden empeorarse solas. Es imperioso recomponer el crédito externo para evitar otro default; no sirven los remiendos pensando que la reactivación caerá del cielo. En ausencia de inversión externa, faltando ahorro doméstico y estando huérfanos de capitales, la única fuerza para sacar a la Argentina del pantano (como a los niños de la gruta) la tienen los sectores competitivos internacionalmente, como el campo, la pesca, la minería o el gas de esquisto.
Se trata de un dilema nada fácil, pero en las crisis el estadista debe distinguir entre las medidas paliativas, para calmar en lo inmediato, de las curativas, que restauran la salud definitivamente. Si se afecta la potencia del agro para mantener el empleo público o los niveles de subsidios, se mejorarán las cuentas en lo inmediato, pero al costo de un daño mayor: la confianza en la palabra del Gobierno, lo cual es mucho más grave pues dilata la expectativa de reactivación: si en la Argentina siempre se privilegia el gasto público, aun en los momentos críticos, "lo mismo nos ocurrirá a nosotros", pensarán los posibles inversores, como en todas las gestiones populistas. La "necesidad y urgencia"; la predisposición a la emergencia y el hábito por la excepción son prácticas que deben erradicarse.
Este dilema, como todos, tiene ribetes de sábana corta: si se mantienen las retenciones para mejorar los ingresos públicos, quedarán los pies a la intemperie y estos nunca se abrigarán, por afectarse la confianza. En nombre de la equidad, no saldremos del círculo vicioso.
Y una vez en esa escena repetitiva, ante la presión social y la impotencia del gobernante, por enésima vez se intentará suplir la ausencia de reactivación genuina con "algo de inflación" para impulsar el consumo. Volviendo al punto de partida, pero con el default golpeando a la puerta, listo para voltear al elefante.
El dilema tiene solución, con un giro copernicano respecto del pasado. Es poner la confianza como objetivo prioritario del esfuerzo nacional. Recordando que no consiste en convencer a una multinacional para instalar una fábrica, sino a los argentinos para que vuelvan al peso. El flujo de capitales indispensable comienza con el destino de los ahorros, grandes y pequeños, de quienes aquí viven. Para dar vuelta la economía no se necesita ir a Davos ni a Qatar ni a Pekín. La confianza está al alcance de la mano y la prosperidad, también.
Solo exige que la dirigencia esté dispuesta a pagar el costo político de jugar nuestro destino a las actividades que pueden impulsar el crecimiento, dejando por el momento otros objetivos que lo detendrán, por más equitativos que parezcan. Pues, de lo contrario, en nombre de la equidad, será inevitable la demolición completa del Elefante Blanco.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL
La Argentina, vacía como el Elefante Blanco
Luego de tantos ataques a la seguridad jurídica y la estabilidad institucional y de tanta manipulación judicial, el precio de recuperar la confianza es elevadísimo.
22 de Julio de 2018
Después de 50 años de fuga de capitales, el gobierno del peronista Carlos Menem logró convencer a locales y extranjeros de que la Argentina era un país confiable. Craso error.
Decenas de empresas europeas y norteamericanas enterraron en nuestro territorio gasoductos, represas, usinas, autopistas, terminales portuarias, estaciones satelitales, centrales telefónicas y torres para celulares; tendieron líneas de alta tensión, cables de distribución eléctrica, ductos de fibra óptica. Se expandieron el comercio, el transporte y la logística. Los bancos fueron capitalizados conforme las reglas de Basilea, para atraer depósitos y atender la expansión del crédito. Ahorristas de todo el mundo compraron bonos de la república y de las provincias. Compañías locales emitieron acciones y títulos de deuda para expandir sus actividades.
Pero el exceso de gasto público quebró el cinturón de la convertibilidad y el dólar voló por los aires, licuando salarios y generando "competitividad" sin cambios estructurales. El Congreso de la Nación aplaudió el mayor default de la historia, se abandonó la convertibilidad, se devaluó la moneda, se "pesificaron" los contratos y se incumplieron las concesiones. El paraíso populista, sobre cuyos cimientos construyó poder la familia Kirchner.
El valor de lo invertido se hizo trizas. Empresas de la talla de British Gas, Total, Eléctricité de France, Gaz de France, Endesa, Gas Natural, Iberdrola, Telefónica, France Telecom, Suez, Aguas de Barcelona, CMS, Camuzzi, Tractebel, Nova y otras tantas advirtieron el significado de "seguridad jurídica" cuando ya era tarde.
Casi todas dejaron el país, tomaron las pérdidas y vendieron sus activos por una fracción de lo invertido. Muchas hicieron juicios en tribunales arbitrales y las deudas soberanas fueron atendidas con quitas aún más "soberanas", en 2005, 2010 y 2016. Todavía quedan juicios por US$9262 millones sin resolver.
Durante otra gestión peronista de signo opuesto, Néstor y Cristina Kirchner terminaron de destruir lo que quedaba, aumentando el gasto público al 43% del PBI mediante la casi duplicación del empleo estatal, las jubilaciones sin aportes, las pensiones no contributivas, la expansión de planes sociales y los subsidios al transporte y a la energía. Con el cepo cambiario y las prohibiciones al comercio exterior, el país se aisló del mundo. Con controles de precios y tarifas irrisorias, desapareció la inversión. Sin recursos para sostener esa explosión de gasto, se expropiaron los fondos de pensión y se confiscó YPF. Se acumuló un déficit fiscal del 8% del PBI, con la mayor presión fiscal del mundo, una inflación rampante y el 32% de pobreza.
Luego de esta terrible experiencia, la Argentina se encuentra huérfana de capitales a pesar de sus abundantes recursos naturales y su población educada.
Como metáfora, podríamos decir que nuestro país es como el Elefante Blanco, abandonado por sus constructores y ocupado por personas que carecen de medios, por sí solos, para convertir un edificio gigantesco en hogar acogedor donde abrigar familias, criar niños y cuidar adultos mayores.
Nunca se ha tomado verdadera conciencia del costo inmenso que implicó para nuestra nación haber arruinado tantas inversiones, burlándose de la confianza brindada por argentinos y extranjeros con aplausos celebratorios. Ese costo todavía se está pagando, no solo por el daño reputacional, sino también por el impacto sobre la mentalidad de la población, que ya no cree en gobiernos, ni en promesas, ni en el esfuerzo, ni mucho menos en la moneda.
Como el Elefante Blanco, nuestra república está vacía de ahorro y de capitales. En su interior, sus ocupantes carecen de empleos regulares y, hasta tanto la situación cambie, necesitan de algún sueldo público, alguna pensión y mucha ayuda para subsistir, incluyendo el cobijo solidario de comedores y merenderos.
La cuestión es saber cuándo cambiará la situación. Concretamente, ¿cuándo llegará la inversión necesaria para reconstruir paredes, poner ventanas, instalar sanitarios, colocar cocinas, conectar los servicios, pintar el frente?, ¿cuándo nuestro Elefante Blanco se convertirá en una vivienda digna?
En antiguas épocas, bastaba un discurso en cadena nacional de Alfredo Gómez Morales, Federico Pinedo, Álvaro Alsogaray o Adalbert Krieger Vasena para dar vuelta los mercados con "shocks de confianza" transitorios, pero efectivos en la coyuntura.
Lamentablemente, luego de tantos desmanes contra la seguridad jurídica, la estabilidad institucional y la sacralidad de los contratos; de tanta venalidad, manipulación de la Justicia y del fisco como instrumentos políticos, el precio de recuperar la confianza es elevadísimo. Casi impagable si lo medimos con la vara nacional tan alejada del discurso parlamentario de Churchill, en 1940. Aunque el Elefante Blanco se desmorone, jamás hay consenso para la sanación: restringir el gasto nunca parece oportuno.
Cambiemos optó por un ensayo novedoso: hacer el rodeo gradualista, sabiendo que ni los propios socios radicales ni de la Coalición Cívica tolerarían cortar por lo sano. Intentó una obra reparadora con dinero prestado, en la esperanza de colocar un laurel en el último piso antes de terminar su primer mandato. Pero los cimbronazos financieros dieron por tierra con el gradualismo y segaron el sueño de la rama triunfal.
Existe una creencia difundida de que la economía se recuperará con el simple paso del tiempo, porque siempre ha sido así y aún estamos vivos, aunque haya niños con hambre. Pero en este caso, no ocurrirá. Llegó el momento de la verdad. Ahora sabremos cuánto sacrificio será necesario para que el capital regrese, los argentinos ahorren en pesos y los extranjeros ingresen sus dólares. Un termómetro precario es la insostenible tasa de interés. Pero la recuperación puede lograrse, aunque nunca por inercia o con medias tintas. Es indispensable enviar señales poderosas de cambio respecto de prácticas pasadas. Inversamente proporcionales al daño causado.
Se debate la equidad en la distribución de las cargas ante el ajuste, creyendo que las cosas se van a arreglar solas, superada la coyuntura. Malas noticias: no se van a arreglar solas. Pueden empeorarse solas. Es imperioso recomponer el crédito externo para evitar otro default; no sirven los remiendos pensando que la reactivación caerá del cielo. En ausencia de inversión externa, faltando ahorro doméstico y estando huérfanos de capitales, la única fuerza para sacar a la Argentina del pantano (como a los niños de la gruta) la tienen los sectores competitivos internacionalmente, como el campo, la pesca, la minería o el gas de esquisto.
Se trata de un dilema nada fácil, pero en las crisis el estadista debe distinguir entre las medidas paliativas, para calmar en lo inmediato, de las curativas, que restauran la salud definitivamente. Si se afecta la potencia del agro para mantener el empleo público o los niveles de subsidios, se mejorarán las cuentas en lo inmediato, pero al costo de un daño mayor: la confianza en la palabra del Gobierno, lo cual es mucho más grave pues dilata la expectativa de reactivación: si en la Argentina siempre se privilegia el gasto público, aun en los momentos críticos, "lo mismo nos ocurrirá a nosotros", pensarán los posibles inversores, como en todas las gestiones populistas. La "necesidad y urgencia"; la predisposición a la emergencia y el hábito por la excepción son prácticas que deben erradicarse.
Este dilema, como todos, tiene ribetes de sábana corta: si se mantienen las retenciones para mejorar los ingresos públicos, quedarán los pies a la intemperie y estos nunca se abrigarán, por afectarse la confianza. En nombre de la equidad, no saldremos del círculo vicioso.
Y una vez en esa escena repetitiva, ante la presión social y la impotencia del gobernante, por enésima vez se intentará suplir la ausencia de reactivación genuina con "algo de inflación" para impulsar el consumo. Volviendo al punto de partida, pero con el default golpeando a la puerta, listo para voltear al elefante.
El dilema tiene solución, con un giro copernicano respecto del pasado. Es poner la confianza como objetivo prioritario del esfuerzo nacional. Recordando que no consiste en convencer a una multinacional para instalar una fábrica, sino a los argentinos para que vuelvan al peso. El flujo de capitales indispensable comienza con el destino de los ahorros, grandes y pequeños, de quienes aquí viven. Para dar vuelta la economía no se necesita ir a Davos ni a Qatar ni a Pekín. La confianza está al alcance de la mano y la prosperidad, también.
Solo exige que la dirigencia esté dispuesta a pagar el costo político de jugar nuestro destino a las actividades que pueden impulsar el crecimiento, dejando por el momento otros objetivos que lo detendrán, por más equitativos que parezcan. Pues, de lo contrario, en nombre de la equidad, será inevitable la demolición completa del Elefante Blanco.
Fuente:www.lanacion.com.ar
DANZA-Danza de exportación: una generación con el mundo a sus pies, por Constanza Bertolini
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DANZA
Danza de exportación: una generación con el mundo a sus pies
Constanza Bertolini
22 de Julio de 2018
Hay un planisferio con división política, una caja de chinches y una lista que se sabe, indefectiblemente, incompleta: Bailarines argentinos en el mundo, se titula. Empezando por los países vecinos, en plena tarea de graficar la tendencia, se pinchan ocho marcadores bien juntitos para que quepan en la forma breve de Uruguay, uno por cada artista que ha cruzado a la vecina orilla para sumarse al Ballet Nacional del Sodre, y otras tantas se despliegan sobre la silueta de Chile, representando la inmigración en el Ballet Municipal de Santiago. En México, se clavan banderitas celestes y blancas en nombre de Agustina Galizzi y Gerardo Wyss, que acaban de terminar una temporada muy alta en la compañía nacional. Y cruzando la frontera hacia el norte, donde los elencos de danza son un sustantivo incontable, los créditos se esparcen por Boston (Erica Cornejo), Chicago (Lucas Segovia) y San Francisco (Ana Sophia Scheller) hasta seguir la luz del gran faro y recalar en Nueva York, donde Herman Cornejo es figura principal del renombrado American Ballet Theatre (ABT). La dinámica es divertida, tiene algo de un viejo juego de mesa: el Buen Viaje. Entonces, si se tirara un dado imaginario para cruzar el Atlántico, sobre Londres habría que poner un pin con forma de corona en honor a Marianela Núñez, que se luce en el Royal Ballet, y una estrella en la capital francesa, donde brilla la ètoile de la Ópera de París Ludmila Pagliero. El mapa va quedando muy colorido, pero nadie irá a ninguna parte con esta idea: si tirásemos un puñado de chinches sobre Europa, donde sea que caigan habrá por lo menos un nombre que apuntar. Carolina Mancuso en Holanda, Daniel Proietto en Oslo, Lucio Vidal en Berlín, Constanza Perotta y Exequiel Barreras en Suiza; son una troupe en el Ballet de Hamburgo. ¿Por qué hay tantos buenos bailarines argentinos en el mundo?
Marianela Núñez junto a Carlos Acosta en Don Quijote, por The Royal Ballet
No sería justo hacerse esta pregunta sin reconocer que todos ellos -como antes lo hicieron Julio Bocca , Maximiliano Guerra , Paloma Herrera , Iñaki Urlezaga o Luis Ortigoza- salieron de un país que tuvo una importante tradición desde comienzos del siglo pasado, cuando tras la llegada de los Ballets Rusos de Diaghilev y con la recomendación del genial Valsalv Nijinsky se pensó en crear una compañía para el flamante Teatro Colón, que durante su primera década completa y luego con intermitencias estuvo dirigido por. rusos. El caso es que con aquellas visitas algunos soviéticos se quedaron en el país, tras ellos emigraron otros, para actuar y enseñar, fueron y volvieron de Europa, se nacionalizaron argentinos, formaron a maestros de maestros de maestros de los bailarines de hoy. Los mismos grandes intérpretes y coreógrafos que ellos admiraban entonces estaban acá. "Siendo un bailarín clásico que consagró toda su vida a este hermoso arte, me asombro por el elevado nivel profesional de los bailarines argentinos. El estilo de su danza, su expresividad emocional eran tan cercanos a mi propio sentir que me parecía que habíamos tenido una misma escuela", escribió Vladimir Vasiliev en el prólogo a la Historia General de la Danza en la Argentina (2008). Otra peculiaridad sorprendía a Vasiliev: las melodías del tango argentino como las baladas rusas estaban llenas de nostalgia, combustible infalible -a su juicio- del parecido entre ambas culturas.
"Pero no somos rusos ni franceses, no tenemos una identidad propia ni una escuela que nos caracterice. Cada uno de nosotros se tuvo que ir haciendo lugar y eso es lo que nos volvió realmente importantes; cada argentino con su nombre y con su estilo. No podés comparar a Ludmila con Marianela ni a Julio con Maxi. Somos únicos y nos tuvimos que inventar. Es cierto, tenemos un poco de los rusos, mucho de los cubanos, la técnica por un lado y el refinamiento por el otro, pero naturalmente no somos refinados ni franceses. No somos nada y de todo, lo mejor. Por eso, un argentino en el mundo siempre llama la atención por lo que individualmente es. Una marca interesante, ¿no?". Paloma Herrera hace su análisis mientras se reclina levemente sobre su escritorio en la oficina de dirección del Ballet Estable del Teatro Colón . Ocupa ese lado del mostrador ahora, a los 42 años, tras una trayectoria de dos décadas doradas en el ABT que la llevó a conquistar el mundo, de la Gran Manzana a Japón. Ella piensa que parte del trabajo que está haciendo podría repercutir en "que los bailarines ya no se quieran ir, si tienen todo lo necesario para quedarse". Su gestión, que está mostrando buenos frutos, promete también en este sentido: desde que asumió hace un año y medio, les dio oportunidades y visibilidad a jóvenes de un cuerpo de baile que, en este sentido, pueden cambiar la historia.
¿Por qué hubo fuga de talentos? ¿Hay una causa común en esta legión que hoy tiene entre 30 y 40 años y representa lo más alto de la danza internacional? Si soñaban en los 90 con ser bailarines del Colón, la crisis entonces ¿fue generacional?
Herman Cornejo. El puntano es la gran figura latina de Manhattan. Entusiasmado con estar más cerca de su país, quiere alternar su carrera en el American Ballet con temporadas en el Ballet del Teatro Colón Fuente: LA NACION - Crédito: María Nuñez
"Para mí hubo dos factores. Primero, siempre estuvo en el aire que en el teatro no había lugar para los jóvenes: entrar no era una opción. Y descartada esa posibilidad, era muy natural que pensáramos que para consagrarse había que irse a una compañía importante en el exterior porque conocíamos la historia de éxito de Julio, Maxi, Paloma. Sin embargo, tomando mi propia experiencia en el ABT, podría decir que en esto también hay mareas: antes de que yo llegara a Nueva York estaba la ola rusa, con Baryshnikov; en el 2000 era el momento de los hispanos: de 80 bailarines, sumábamos veinticinco [contando entre ellos a Bocca, Herrera, Ángel Corella, Carlos Acosta, José Carreño]; hoy soy el único latino", grafica Herman Cornejo, con 37 años, primera figura del dream team neoyorquino donde hasta hace poco formaba parte también Luciana París. Es en el comienzo de su carrera, de trascendencia internacional, donde el puntano encuentra la punta del ovillo del éxito. "Mi generación tuvo maestros muy buenos, que viajaron por el mundo y estuvieron abiertos al cambio, a mejorar la técnica clásica. Debo mi base a Wasil Tupin, que me impulsó a ser un kamikaze; durante más tiempo a Katy Gallo y a Raúl Candal; y ya en el Ballet Argentino de Julio Bocca, a la dirección de Lidia Segni". Herman también recuerda, cada vez que baila La Sylphide, al profesor Miranda, que con un palo entre los brazos y el abdomen, para sostener los codos, les enseñaba en las clases del Instituto Superior de Arte del Colón a mantener una posición erguida, muy Bournonville. Y al de Folclore, de quien aprendió la noción de ritmo.
Marianela Núñez dejó la Argentina en 1997. "Ya de chica sabía que quería hacer una carrera internacional". Primera bailarina en Londres, donde lleva 20 años, habla de la compañía como su "familia" y su "casa" es la Royal Opera House. Fuente: LA NACION - Crédito: Damien Frost
Algunos de esos nombres se repiten. Un año menor que Cornejo, Marianela Núñez despierta admiración y emociones en Inglaterra, con un público sin banderas que la sigue con fervor. No hay que tomarse ningún avión para comprobarlo; a los ojos de todos, la veneran en las redes sociales. Ella adhiere a la moción: "Hay maestros increíbles en la Argentina. Sara Rzeszotko, Katy Gallo, Raúl Candal y Graciela Sultanik me dieron esa base impresionante que aún hoy me ayuda". Los 20 años de gloria que cumplió en el Royal Ballet de Londres fueron todo lo que ella siempre deseó: "Una carrera construida con mucho cuidado artístico, aprendizaje diario en el estudio y en el escenario, respeto y gran cantidad de oportunidades". Esa fórmula hace que una de las mejores bailarinas clásicas del mundo siga creciendo notablemente temporada tras temporada y mantenga en alza la tan cotizada inspiración.
"¿Sabés qué pienso, además? -retoma Herman-. Cuando sos el único que se destaca en la clase, o en tu ciudad, te podés conformar más fácil con lo que estás haciendo, pero el hecho de que hayamos sido un grupo de chicos talentosos hizo que nos empujáramos unos a otros, no en una competencia, sino como en un juego de niños". Uno de esos "chicos talentosos" era Daniel Proietto.
Daniel Proietto. A los 37 años, es artista invitado de la Ópera de Oslo, ciudad donde reside, y es coreógrafo. Acaba de estrenar una obra para la compañía de Pina Bausch, el mes que viene bailará en Tokio y luego pasará una temporada en Amberes. "Me siento más del mundo que argentino o noruego" Fuente: LA NACION - Crédito: Alan Lucien Øyen
El teléfono le suena en un pequeño restaurante de Wuppertal, Alemania, frente al plato del almuerzo, con la electricidad aún recorriéndole el cuerpo después del estreno del fin de semana en la compañía de la legendaria Pina Bausch. Allí revistan bailarines contemporáneos extremadamente singulares, de entre 20 y 65 años, que tras la muerte de una de las mujeres más influyentes en la danza del siglo XX, hace una década, volvieron a encender la máquina de la creación. "Los wuppers no son lineales; son absurdos, trabajan con imágenes, es de la gente más creativa que conocí en mi vida", resume Proietto, que no solo se destaca como bailarín invitado en la ópera de Oslo, ciudad donde vive, sino que además es coreógrafo y hace tándem con Alan Lucien Oyen, con quien pronto concebirá un nuevo Hamlet. Pero antes bailará en el Festival de Tokio y viajará a Amberes, donde el belga Sidi Larbi Cherkaoui -figura clave de la danza contemporánea de este milenio- acaba de comisionarle su primer ballet completo para el Royal Ballet Flanders. También él recuerda a su camada del Instituto: "Éramos de todos los colores: anchos, gordos, flacos, petisos -se ríe, menudito, con una cabeza locamente genial desde el comienzo-. Me fui porque me eduqué en el Colón y yo era muy rebelde, no encontraba mi lugar allí. Necesitaba un ambiente creativo, que nuestra cultura no tenía. Me sentía desolado. Sabía que precisaba hacer otra cosa en la danza. Ahora pienso que tal vez llegue el momento de volver a vivir a mi país, por amor y para brindar lo que aprendí. Sería un sueño encontrar la manera, el momento justo, formar una escuela, enseñar. Tal vez podamos cambiar las cosas".
Fútbol, pasión y lágrimas
"Como en la cancha, nos unimos y no ganamos nada, pero cuando estamos separados y repartidos por el mundo todos somos números diez". No importa exactamente cuál de los bailarines consultados para esta nota dijo exactamente la frase porque palabras más, palabras menos, la mayoría de ellos ensayó una comparación deportiva en días mundialistas. Julio Bocca más de una vez imaginó en voz alta lo que sería una compañía formada por todos estos argentinos que hoy están en el mundo. Mario Galizzi, maestro fundamental para esta generación, se anima a dudar del éxito de una hipotética reunión: "Sí, brillan solos, pero juntos. ¿qué pasaría? Son bailarines que están para los roles principales, a la cabeza de los teatros más importantes y desde allí hacen la diferencia, porque son muy personales. Lucen como europeos, pero con una raíz latina de la que no se pueden liberar". Y con toda la autoridad que la da su experiencia también en la gestión, opina que ha sido una mala política no haber sostenido a esta lista de talentos como bailarines eméritos, al menos con una función al año para el Colón. "Incluso, se podría organizar una gira internacional con todos ellos", suelta la idea. que ahora queda flotando en el aire, esperando quién la cabecee para anotarse un gol. Un dato muy oportuno al respecto: julio es el momento ideal para reunir a las "all stars", porque durante las vacaciones en el hemisferio norte muchos de estos hijos pródigos de la danza regresan al país para reencontrarse con sus afectos.
Florencia Chinellato vive en Alemania desde que John Neumeier, renombrado coreógrafo y director del Ballet de Hamburgo, la eligió en una audición en Buenos Aires cuando tenía 14 años. Nació en Paraná y se formó en el Teatro Colón Fuente: LA NACION - Crédito: Kiran West
"El Colón es uno de los teatros más hermosos que hay en el mundo y es una pena tener que irse. Mi familia está allá, fue muy difícil dejarlo todo. Me gustaría que mi hijo de 7 años estuviera con sus tíos, con sus abuelos, con sus primos", reflexiona Florencia Chinellato, a 11.640 kilómetros en línea recta de su Paraná natal. Con 32 años, es solista del Ballet de Hamburgo que dirige John Neumeier, un enamorado de los argentinos que vino a cazar talentos en el cambio de milenio y se llevó una buena cosecha. De hecho, en todos los escalafones de su compañía, hasta en las oficinas, revistan cordobeses, santafesinos y porteños, de la primera bailarina Carolina Agüero a Matías Oberlin en las filas del cuerpo de baile. A propósito, los tres bailarán el próximo fin de semana en el espectáculo Evolution que reunirá varios créditos locales en el escenario del Teatro Coliseo. "Creo que las cosas están un poco mejor -sigue la entrerriana-, pero en el 2000, cuando yo me fui, si tenías una oportunidad afuera había que tomarla porque lamentablemente en el país no podías hacer una buena carrera en la danza. Ahora trato de estar actualizada, sigo lo que están haciendo por redes sociales y me pone contenta que salgan adelante".
Lucio Vidal hizo carrera, del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín al Staatsballett de Berlín. "Intento dar algo de mí a lo que estoy haciendo, ponerle color a las cosas" Fuente: LA NACION - Crédito: Steven Kohlstock
Dicen que en el escenario son más naturalmente expresivos, que a la efervescencia latina mezclada con la buena escuela no hay cómo frenarla. Puestos a definir el palo de la carta ganadora que lleva en la manga el bailarín argentino cuando sale al mundo, nadie ignora la tan reputada pasión local ("un fuego adentro", "nos entregamos todo, sin guardarnos nada"). A los ojos clarísimos de Lucio Vidal la definición de esta característica adquiere un matiz más poético: "Es como trabajar con los sentimientos en lugar de hacerlo con el cuerpo; en el escenario, no me planteo lo que voy a ejecutar, sino qué es lo que me está pasando. Esa pregunta por el movimiento interno hace mi danza más personal y así puedo ponerles color a las cosas", expresa una tarde de verano, en el camino del edificio de la ópera a su casa, en la capital alemana, celebrando que ya es tiempo de raves en las calles y vida al aire libre. Vidal creció en el Ballet del Teatro San Martín, y tras un paso por Brasil, llegó al Staatsballett de Berlín de la mano de su actual director, el genial coreógrafo español Nacho Duato. En ese ensamble todos aguardan pronto el desembarco de una nueva gestión encarnada en una personalidad fundamental de la cultura alemana y de este arte: Sasha Waltz. Un torbellino de expectativas y oportunidades rodea, por ende, a este bailarín sensible y contemporáneo, al que poco le atraen los príncipes del repertorio académico y, a cambio, es tierra fértil para los nuevos lenguajes.
Lucas Segovia: "Nadie se va por rebeldía", dice en Chicago. Fue parte del Ballet Argentino de Julio Bocca quien, confiesa, fue su ejemplo y maestro sobre el escenario. Actualmente invitado del Joffrey Ballet, se abrió a una carrera free lance donde pisa fuerte en el musical
En ese sentido, Lucas Segovia y Exequiel Barreras se le parecen bastante, aunque los tres se rían en distintos idiomas y sean, a la vez, más argentinos que Messi. El primero, radicado en Chicago hace ya una década, dejó la estabilidad del Joffrey Ballet para abrir su agenda de freelance a nuevos desafíos, metas que ya no aparecen para él en el repertorio clásico, sino más cerca de la teatralidad de la danza. "Hace poco en una gala me tocó hacer El lago de los cisnes y lo padecí enormemente; esos ballets son buenísimos, es con lo que uno crece, pero no son la razón por la que bailo", confiesa Segovia. Ahora, por caso, se hace fuerte en el terreno del musical; después de la experiencia en West Side Story y Un americano en París, vive temporalmente en un hotel en las afueras de la ciudad y hace ocho funciones semanales de Oklahoma!
Exequiel Barreras. Bailarín contemporáneo y coreógrafo, lleva ocho en Suiza. Dirige su propia compañía en Berna y trabaja para el ballet del teatro oficial de la ciudad. "Cada artista argentino que me cruzo por Europa está haciendo cosas con brillo, talento, generosidad. No nos da miedo nada" Fuente: LA NACION - Crédito: La Rotes Velo
Barreras está "más cordo-suizo que nunca". Bromea con tonada en la llamada por WhatsApp, que se extiende en su verborragia hasta que le avisan que es hora de cerrar el gimnasio. Cuenta, por ejemplo, que la noche anterior durmió en Zurich y que esta tarde ha ido a trabajar a Berna, como todos los días, por las ventajas que da estar a dos horas en tren de tantos sitios. "Vivo a 20 minutos de la ciudad, en una granja orgánica con 600 gallinas, burros, vacas. El rancho Barreras, le digo, y la gente se imagina una choza, pero es un lugar supermoderno, con paneles solares, sistema de agua propio e internet en todo el complejo". Desde que recaló en Suiza, en 2010, experimenta cómo "la estabilidad da posibilidades de programar cosas y a la vez tomar riesgos". Por eso, aunque su trabajo formal es el de asistente de dirección de la compañía de danza estatal, la Konzert Theater Bern, se enfoca especialmente en la Rotes Velo, su propia hazaña artística, que lleva siete años en la ruta con una propuesta cada vez más ligada a lo performático. En una obra de su troupe, por ejemplo, pueden confluir tres generaciones, profesionales y amateurs, y hablar distintos idiomas, todos en un mismo escenario. "El mapa de argentinos en el mundo es impresionante y en el ambiente de la danza contemporánea hay argentinos hasta en Vietnam -cuenta-. Irse, para mí, no es olvidarse ni despegarse; tampoco es no entender, como muchas veces nos dicen. Hay una palabra en alemán, heimat, que viene a ser como tu país del alma. Es tu lugar no-geográfico. El mío es Córdoba y Buenos Aires, es Hanoi y es Suiza. El regalo más grande que me dio esta profesión es perderme en otra cultura y volver, siempre volver, como dicen mis amigos, When winter comes. Así que ahora que es invierno, ¡espérenme con un asadito!".
El clic generacional
"Herman, Ludmila, Marianela, ese magnetismo se perdió. En las nuevas generaciones hay mucho circo; les importa más tener una medalla en el cuello, porque a los estudiantes se les mete en la cabeza que es más técnica que arte, y entonces ves a mucha gente dando vueltitas". La crítica la vierte Gerardo Wyss, de 32 años, que como buen profeta hizo fuera de su tierra una temporada estelar en México, ciudad que pronto dejará para regresar a su plaza estable en el Ballet del Teatro Colón. "Mi idea siempre fue irme para volver".
¿Es casualidad que toda esta oleada de notables tenga la misma edad? Si los veinte son la década clave para la irrupción de un bailarín en la escena, ¿por qué no se divisa esa camada de argentinos en las principales compañías del mundo?
Solamente los maestros pueden replantearse si el clic está en la forma de enseñar, que con ese perfil ruso-francés ha sido una fortaleza y ahora parece debilitada. Hace unos meses, por ejemplo, una de las docentes más renombradas, que va camino a jubilarse, no podía resolver con facilidad la recomendación de una maestra para una niña que quiere ser bailarina. "Tenemos que desarrollar la propia idiosincrasia también en esto. No somos muy unidos para enseñar en la Argentina", admite Galizzi, con un pie en la dirección del Ballet Nacional de México y otro ya de vuelta en el país.
Ludmila Pagliero es ètoile en la Opera de París, la legendaria compañía de ballet donde nunca antes una latinoamericana había alcanzado el escalafón de "bailarina estrella" Fuente: AFP
"Dejame pensar -se detiene Pagliero, la estrella de París-. Si yo me fui a los quince cuando llegaba el año 2000, la generación que sigue es la que ha vivido una gran crisis y quizá sea influencia de eso. Con tantos problemas, imaginarse haciendo una carrera afuera no suena muy verosímil", arriesga. Y enseguida agrega: "Pero conozco bailarines más jóvenes que yo que han decidido quedarse con la esperanza de que las cosas cambien, por el teatro, por lo lindo que es, por lo que significa estar en el Colón y me parece muy valioso porque esa es la decisión de quedarse para mejorar". Esa lista de gente es larga y tiene también sus excepciones.
Emmanuel Vázquez. Excepción a la regla, es uno de los pocos argentinos de veintipico con rango de primer bailarín en una compañía extranjera. Este año lo promovieron en el Ballet del Teatro Municipal de Santiago, en Chile Fuente: LA NACION - Crédito: Gentileza El Mercurio
Hace dos meses, del otro lado de los Andes, promovieron a Emmanuel Vázquez, de 26 años, a primer bailarín en el Teatro Municipal de Santiago. "Tuve la mala suerte de que terminé la carrera en el Instituto Superior de Arte cuando el Colón estaba cerrado por obras. Era un momento muy malo, se bailaba poco y nada, los problemas sindicales eran muchos. No quería estancarme". Aunque de chico su sueño era ser un "bailarín de la casa", superó el shock de dejar su tierra con la adolescencia latiéndole en el cuerpo y la madurez pendiente.
"Son otros tiempos, la forma de convertirse en una estrella ya no es la misma: uno podría hacerlo solo. Antes había que ir a ver a esa bailarina imperdible que hoy está en mil videos, los estudios estaban llenísimos y había una concentración muy especial, pero ahora con los smartphones muchos se quedan sentados a un lado, pendientes de si su foto fue likeada, en vez de mirar lo que ocurre delante suyo. Creo que ya va a pasar, que como todo lo que trae la tecnología es muy nuevo y que volveremos a las cosas en vivo: tocar el libro, pasar las hojas", reflexiona Cornejo, que lejos del estereotipo del bailarín analógico es muy techie. Tanto, que a su equipo incorporó un drone para grabarse mientras baila.
"Internet es parte de una época muy dura para el arte, una etapa de caos, donde el valor de la educación cambió. Cuando llegué a Noruega con 20 años, a comienzos del 2000, ya no se valoraba lo que traía de formación académica, y cada vez más es así. Soy un gran nostálgico, me encantaría vivir en los 50, con otros modales y menos culos por televisión -observa Proietto-. Pero estamos aquí, en la era de Donald Trump, la gente es agresiva y el mundo ha cambiado las reglas. Tenemos que lidiar con esto, con una gran garantía: el talento nunca va a dejar de existir."
Para agendar
*Gala con varios talentos. La Primera Bailarina Carolina Agüero y los solistas Florencia Chinellato y Matias Oberlin, todos argentinos en el Ballet de Hamburgo, coincidirán el 28 y 29 de este mes en el espectáculo Evolution en el Teatro Coliseo. Allí también bailará Lucas Segovia del Joffrey Balltet de los Estados Unidos, las bailarinas del Teatro Colón Karina Olmedo y Paula Cassano; Julieta Paul del Teatro Argentino de La Plata, Carolina Basualdo del Ballet del Sur de Bahía Blanca y la compañía de Oscar Araiz. Mario Galizzi es el coordinador artístico del espectáculo.
*Marianela Nuñez en la Argentina. La figura del Royal Ballet de Londres tiene una agenda cargada de actividades en el país. El 5 y 8 de agosto, en el Teatro Colón, bailará el rol protagónico en La viuda alegre, junto a Alejandro Parente, su pareja en la vida real, en el que será su retiro del escenario como primer bailarín del Ballet Estable. Por quinto año consecutivo realizará, además, la gala solidaria a beneficio de hogares en San Martín, el 11 y 12 de agosto, en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester. Del 17 al 31, su gira nacional abarcará Corrientes, Salta, Rosario y Mar del Plata, y bailará también en el Sodre de Montevideo.
*Workshops de danza contemporánea. Hasta el 28 de julio, Exequiel Barreras dicta en Espacio Ramona, de Córdoba, el seminario de intercambio, formación y creación Somos puentes. El 8 de agosto dará en Buenos Aires una clase magistral de danza contemporánea con técnicas de improvisación, The impossible task (inscripciones en Casa Babá). También el 9 de agosto habrá un workshop en el Muuk de Bernal.
Fuente:www.lanacion.com.ar
DANZA
Danza de exportación: una generación con el mundo a sus pies
Constanza Bertolini
22 de Julio de 2018
Hay un planisferio con división política, una caja de chinches y una lista que se sabe, indefectiblemente, incompleta: Bailarines argentinos en el mundo, se titula. Empezando por los países vecinos, en plena tarea de graficar la tendencia, se pinchan ocho marcadores bien juntitos para que quepan en la forma breve de Uruguay, uno por cada artista que ha cruzado a la vecina orilla para sumarse al Ballet Nacional del Sodre, y otras tantas se despliegan sobre la silueta de Chile, representando la inmigración en el Ballet Municipal de Santiago. En México, se clavan banderitas celestes y blancas en nombre de Agustina Galizzi y Gerardo Wyss, que acaban de terminar una temporada muy alta en la compañía nacional. Y cruzando la frontera hacia el norte, donde los elencos de danza son un sustantivo incontable, los créditos se esparcen por Boston (Erica Cornejo), Chicago (Lucas Segovia) y San Francisco (Ana Sophia Scheller) hasta seguir la luz del gran faro y recalar en Nueva York, donde Herman Cornejo es figura principal del renombrado American Ballet Theatre (ABT). La dinámica es divertida, tiene algo de un viejo juego de mesa: el Buen Viaje. Entonces, si se tirara un dado imaginario para cruzar el Atlántico, sobre Londres habría que poner un pin con forma de corona en honor a Marianela Núñez, que se luce en el Royal Ballet, y una estrella en la capital francesa, donde brilla la ètoile de la Ópera de París Ludmila Pagliero. El mapa va quedando muy colorido, pero nadie irá a ninguna parte con esta idea: si tirásemos un puñado de chinches sobre Europa, donde sea que caigan habrá por lo menos un nombre que apuntar. Carolina Mancuso en Holanda, Daniel Proietto en Oslo, Lucio Vidal en Berlín, Constanza Perotta y Exequiel Barreras en Suiza; son una troupe en el Ballet de Hamburgo. ¿Por qué hay tantos buenos bailarines argentinos en el mundo?
Marianela Núñez junto a Carlos Acosta en Don Quijote, por The Royal Ballet
No sería justo hacerse esta pregunta sin reconocer que todos ellos -como antes lo hicieron Julio Bocca , Maximiliano Guerra , Paloma Herrera , Iñaki Urlezaga o Luis Ortigoza- salieron de un país que tuvo una importante tradición desde comienzos del siglo pasado, cuando tras la llegada de los Ballets Rusos de Diaghilev y con la recomendación del genial Valsalv Nijinsky se pensó en crear una compañía para el flamante Teatro Colón, que durante su primera década completa y luego con intermitencias estuvo dirigido por. rusos. El caso es que con aquellas visitas algunos soviéticos se quedaron en el país, tras ellos emigraron otros, para actuar y enseñar, fueron y volvieron de Europa, se nacionalizaron argentinos, formaron a maestros de maestros de maestros de los bailarines de hoy. Los mismos grandes intérpretes y coreógrafos que ellos admiraban entonces estaban acá. "Siendo un bailarín clásico que consagró toda su vida a este hermoso arte, me asombro por el elevado nivel profesional de los bailarines argentinos. El estilo de su danza, su expresividad emocional eran tan cercanos a mi propio sentir que me parecía que habíamos tenido una misma escuela", escribió Vladimir Vasiliev en el prólogo a la Historia General de la Danza en la Argentina (2008). Otra peculiaridad sorprendía a Vasiliev: las melodías del tango argentino como las baladas rusas estaban llenas de nostalgia, combustible infalible -a su juicio- del parecido entre ambas culturas.
"Pero no somos rusos ni franceses, no tenemos una identidad propia ni una escuela que nos caracterice. Cada uno de nosotros se tuvo que ir haciendo lugar y eso es lo que nos volvió realmente importantes; cada argentino con su nombre y con su estilo. No podés comparar a Ludmila con Marianela ni a Julio con Maxi. Somos únicos y nos tuvimos que inventar. Es cierto, tenemos un poco de los rusos, mucho de los cubanos, la técnica por un lado y el refinamiento por el otro, pero naturalmente no somos refinados ni franceses. No somos nada y de todo, lo mejor. Por eso, un argentino en el mundo siempre llama la atención por lo que individualmente es. Una marca interesante, ¿no?". Paloma Herrera hace su análisis mientras se reclina levemente sobre su escritorio en la oficina de dirección del Ballet Estable del Teatro Colón . Ocupa ese lado del mostrador ahora, a los 42 años, tras una trayectoria de dos décadas doradas en el ABT que la llevó a conquistar el mundo, de la Gran Manzana a Japón. Ella piensa que parte del trabajo que está haciendo podría repercutir en "que los bailarines ya no se quieran ir, si tienen todo lo necesario para quedarse". Su gestión, que está mostrando buenos frutos, promete también en este sentido: desde que asumió hace un año y medio, les dio oportunidades y visibilidad a jóvenes de un cuerpo de baile que, en este sentido, pueden cambiar la historia.
¿Por qué hubo fuga de talentos? ¿Hay una causa común en esta legión que hoy tiene entre 30 y 40 años y representa lo más alto de la danza internacional? Si soñaban en los 90 con ser bailarines del Colón, la crisis entonces ¿fue generacional?
Herman Cornejo. El puntano es la gran figura latina de Manhattan. Entusiasmado con estar más cerca de su país, quiere alternar su carrera en el American Ballet con temporadas en el Ballet del Teatro Colón Fuente: LA NACION - Crédito: María Nuñez
"Para mí hubo dos factores. Primero, siempre estuvo en el aire que en el teatro no había lugar para los jóvenes: entrar no era una opción. Y descartada esa posibilidad, era muy natural que pensáramos que para consagrarse había que irse a una compañía importante en el exterior porque conocíamos la historia de éxito de Julio, Maxi, Paloma. Sin embargo, tomando mi propia experiencia en el ABT, podría decir que en esto también hay mareas: antes de que yo llegara a Nueva York estaba la ola rusa, con Baryshnikov; en el 2000 era el momento de los hispanos: de 80 bailarines, sumábamos veinticinco [contando entre ellos a Bocca, Herrera, Ángel Corella, Carlos Acosta, José Carreño]; hoy soy el único latino", grafica Herman Cornejo, con 37 años, primera figura del dream team neoyorquino donde hasta hace poco formaba parte también Luciana París. Es en el comienzo de su carrera, de trascendencia internacional, donde el puntano encuentra la punta del ovillo del éxito. "Mi generación tuvo maestros muy buenos, que viajaron por el mundo y estuvieron abiertos al cambio, a mejorar la técnica clásica. Debo mi base a Wasil Tupin, que me impulsó a ser un kamikaze; durante más tiempo a Katy Gallo y a Raúl Candal; y ya en el Ballet Argentino de Julio Bocca, a la dirección de Lidia Segni". Herman también recuerda, cada vez que baila La Sylphide, al profesor Miranda, que con un palo entre los brazos y el abdomen, para sostener los codos, les enseñaba en las clases del Instituto Superior de Arte del Colón a mantener una posición erguida, muy Bournonville. Y al de Folclore, de quien aprendió la noción de ritmo.
Marianela Núñez dejó la Argentina en 1997. "Ya de chica sabía que quería hacer una carrera internacional". Primera bailarina en Londres, donde lleva 20 años, habla de la compañía como su "familia" y su "casa" es la Royal Opera House. Fuente: LA NACION - Crédito: Damien Frost
Algunos de esos nombres se repiten. Un año menor que Cornejo, Marianela Núñez despierta admiración y emociones en Inglaterra, con un público sin banderas que la sigue con fervor. No hay que tomarse ningún avión para comprobarlo; a los ojos de todos, la veneran en las redes sociales. Ella adhiere a la moción: "Hay maestros increíbles en la Argentina. Sara Rzeszotko, Katy Gallo, Raúl Candal y Graciela Sultanik me dieron esa base impresionante que aún hoy me ayuda". Los 20 años de gloria que cumplió en el Royal Ballet de Londres fueron todo lo que ella siempre deseó: "Una carrera construida con mucho cuidado artístico, aprendizaje diario en el estudio y en el escenario, respeto y gran cantidad de oportunidades". Esa fórmula hace que una de las mejores bailarinas clásicas del mundo siga creciendo notablemente temporada tras temporada y mantenga en alza la tan cotizada inspiración.
"¿Sabés qué pienso, además? -retoma Herman-. Cuando sos el único que se destaca en la clase, o en tu ciudad, te podés conformar más fácil con lo que estás haciendo, pero el hecho de que hayamos sido un grupo de chicos talentosos hizo que nos empujáramos unos a otros, no en una competencia, sino como en un juego de niños". Uno de esos "chicos talentosos" era Daniel Proietto.
Daniel Proietto. A los 37 años, es artista invitado de la Ópera de Oslo, ciudad donde reside, y es coreógrafo. Acaba de estrenar una obra para la compañía de Pina Bausch, el mes que viene bailará en Tokio y luego pasará una temporada en Amberes. "Me siento más del mundo que argentino o noruego" Fuente: LA NACION - Crédito: Alan Lucien Øyen
El teléfono le suena en un pequeño restaurante de Wuppertal, Alemania, frente al plato del almuerzo, con la electricidad aún recorriéndole el cuerpo después del estreno del fin de semana en la compañía de la legendaria Pina Bausch. Allí revistan bailarines contemporáneos extremadamente singulares, de entre 20 y 65 años, que tras la muerte de una de las mujeres más influyentes en la danza del siglo XX, hace una década, volvieron a encender la máquina de la creación. "Los wuppers no son lineales; son absurdos, trabajan con imágenes, es de la gente más creativa que conocí en mi vida", resume Proietto, que no solo se destaca como bailarín invitado en la ópera de Oslo, ciudad donde vive, sino que además es coreógrafo y hace tándem con Alan Lucien Oyen, con quien pronto concebirá un nuevo Hamlet. Pero antes bailará en el Festival de Tokio y viajará a Amberes, donde el belga Sidi Larbi Cherkaoui -figura clave de la danza contemporánea de este milenio- acaba de comisionarle su primer ballet completo para el Royal Ballet Flanders. También él recuerda a su camada del Instituto: "Éramos de todos los colores: anchos, gordos, flacos, petisos -se ríe, menudito, con una cabeza locamente genial desde el comienzo-. Me fui porque me eduqué en el Colón y yo era muy rebelde, no encontraba mi lugar allí. Necesitaba un ambiente creativo, que nuestra cultura no tenía. Me sentía desolado. Sabía que precisaba hacer otra cosa en la danza. Ahora pienso que tal vez llegue el momento de volver a vivir a mi país, por amor y para brindar lo que aprendí. Sería un sueño encontrar la manera, el momento justo, formar una escuela, enseñar. Tal vez podamos cambiar las cosas".
Fútbol, pasión y lágrimas
"Como en la cancha, nos unimos y no ganamos nada, pero cuando estamos separados y repartidos por el mundo todos somos números diez". No importa exactamente cuál de los bailarines consultados para esta nota dijo exactamente la frase porque palabras más, palabras menos, la mayoría de ellos ensayó una comparación deportiva en días mundialistas. Julio Bocca más de una vez imaginó en voz alta lo que sería una compañía formada por todos estos argentinos que hoy están en el mundo. Mario Galizzi, maestro fundamental para esta generación, se anima a dudar del éxito de una hipotética reunión: "Sí, brillan solos, pero juntos. ¿qué pasaría? Son bailarines que están para los roles principales, a la cabeza de los teatros más importantes y desde allí hacen la diferencia, porque son muy personales. Lucen como europeos, pero con una raíz latina de la que no se pueden liberar". Y con toda la autoridad que la da su experiencia también en la gestión, opina que ha sido una mala política no haber sostenido a esta lista de talentos como bailarines eméritos, al menos con una función al año para el Colón. "Incluso, se podría organizar una gira internacional con todos ellos", suelta la idea. que ahora queda flotando en el aire, esperando quién la cabecee para anotarse un gol. Un dato muy oportuno al respecto: julio es el momento ideal para reunir a las "all stars", porque durante las vacaciones en el hemisferio norte muchos de estos hijos pródigos de la danza regresan al país para reencontrarse con sus afectos.
Florencia Chinellato vive en Alemania desde que John Neumeier, renombrado coreógrafo y director del Ballet de Hamburgo, la eligió en una audición en Buenos Aires cuando tenía 14 años. Nació en Paraná y se formó en el Teatro Colón Fuente: LA NACION - Crédito: Kiran West
"El Colón es uno de los teatros más hermosos que hay en el mundo y es una pena tener que irse. Mi familia está allá, fue muy difícil dejarlo todo. Me gustaría que mi hijo de 7 años estuviera con sus tíos, con sus abuelos, con sus primos", reflexiona Florencia Chinellato, a 11.640 kilómetros en línea recta de su Paraná natal. Con 32 años, es solista del Ballet de Hamburgo que dirige John Neumeier, un enamorado de los argentinos que vino a cazar talentos en el cambio de milenio y se llevó una buena cosecha. De hecho, en todos los escalafones de su compañía, hasta en las oficinas, revistan cordobeses, santafesinos y porteños, de la primera bailarina Carolina Agüero a Matías Oberlin en las filas del cuerpo de baile. A propósito, los tres bailarán el próximo fin de semana en el espectáculo Evolution que reunirá varios créditos locales en el escenario del Teatro Coliseo. "Creo que las cosas están un poco mejor -sigue la entrerriana-, pero en el 2000, cuando yo me fui, si tenías una oportunidad afuera había que tomarla porque lamentablemente en el país no podías hacer una buena carrera en la danza. Ahora trato de estar actualizada, sigo lo que están haciendo por redes sociales y me pone contenta que salgan adelante".
Lucio Vidal hizo carrera, del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín al Staatsballett de Berlín. "Intento dar algo de mí a lo que estoy haciendo, ponerle color a las cosas" Fuente: LA NACION - Crédito: Steven Kohlstock
Dicen que en el escenario son más naturalmente expresivos, que a la efervescencia latina mezclada con la buena escuela no hay cómo frenarla. Puestos a definir el palo de la carta ganadora que lleva en la manga el bailarín argentino cuando sale al mundo, nadie ignora la tan reputada pasión local ("un fuego adentro", "nos entregamos todo, sin guardarnos nada"). A los ojos clarísimos de Lucio Vidal la definición de esta característica adquiere un matiz más poético: "Es como trabajar con los sentimientos en lugar de hacerlo con el cuerpo; en el escenario, no me planteo lo que voy a ejecutar, sino qué es lo que me está pasando. Esa pregunta por el movimiento interno hace mi danza más personal y así puedo ponerles color a las cosas", expresa una tarde de verano, en el camino del edificio de la ópera a su casa, en la capital alemana, celebrando que ya es tiempo de raves en las calles y vida al aire libre. Vidal creció en el Ballet del Teatro San Martín, y tras un paso por Brasil, llegó al Staatsballett de Berlín de la mano de su actual director, el genial coreógrafo español Nacho Duato. En ese ensamble todos aguardan pronto el desembarco de una nueva gestión encarnada en una personalidad fundamental de la cultura alemana y de este arte: Sasha Waltz. Un torbellino de expectativas y oportunidades rodea, por ende, a este bailarín sensible y contemporáneo, al que poco le atraen los príncipes del repertorio académico y, a cambio, es tierra fértil para los nuevos lenguajes.
Lucas Segovia: "Nadie se va por rebeldía", dice en Chicago. Fue parte del Ballet Argentino de Julio Bocca quien, confiesa, fue su ejemplo y maestro sobre el escenario. Actualmente invitado del Joffrey Ballet, se abrió a una carrera free lance donde pisa fuerte en el musical
En ese sentido, Lucas Segovia y Exequiel Barreras se le parecen bastante, aunque los tres se rían en distintos idiomas y sean, a la vez, más argentinos que Messi. El primero, radicado en Chicago hace ya una década, dejó la estabilidad del Joffrey Ballet para abrir su agenda de freelance a nuevos desafíos, metas que ya no aparecen para él en el repertorio clásico, sino más cerca de la teatralidad de la danza. "Hace poco en una gala me tocó hacer El lago de los cisnes y lo padecí enormemente; esos ballets son buenísimos, es con lo que uno crece, pero no son la razón por la que bailo", confiesa Segovia. Ahora, por caso, se hace fuerte en el terreno del musical; después de la experiencia en West Side Story y Un americano en París, vive temporalmente en un hotel en las afueras de la ciudad y hace ocho funciones semanales de Oklahoma!
Exequiel Barreras. Bailarín contemporáneo y coreógrafo, lleva ocho en Suiza. Dirige su propia compañía en Berna y trabaja para el ballet del teatro oficial de la ciudad. "Cada artista argentino que me cruzo por Europa está haciendo cosas con brillo, talento, generosidad. No nos da miedo nada" Fuente: LA NACION - Crédito: La Rotes Velo
Barreras está "más cordo-suizo que nunca". Bromea con tonada en la llamada por WhatsApp, que se extiende en su verborragia hasta que le avisan que es hora de cerrar el gimnasio. Cuenta, por ejemplo, que la noche anterior durmió en Zurich y que esta tarde ha ido a trabajar a Berna, como todos los días, por las ventajas que da estar a dos horas en tren de tantos sitios. "Vivo a 20 minutos de la ciudad, en una granja orgánica con 600 gallinas, burros, vacas. El rancho Barreras, le digo, y la gente se imagina una choza, pero es un lugar supermoderno, con paneles solares, sistema de agua propio e internet en todo el complejo". Desde que recaló en Suiza, en 2010, experimenta cómo "la estabilidad da posibilidades de programar cosas y a la vez tomar riesgos". Por eso, aunque su trabajo formal es el de asistente de dirección de la compañía de danza estatal, la Konzert Theater Bern, se enfoca especialmente en la Rotes Velo, su propia hazaña artística, que lleva siete años en la ruta con una propuesta cada vez más ligada a lo performático. En una obra de su troupe, por ejemplo, pueden confluir tres generaciones, profesionales y amateurs, y hablar distintos idiomas, todos en un mismo escenario. "El mapa de argentinos en el mundo es impresionante y en el ambiente de la danza contemporánea hay argentinos hasta en Vietnam -cuenta-. Irse, para mí, no es olvidarse ni despegarse; tampoco es no entender, como muchas veces nos dicen. Hay una palabra en alemán, heimat, que viene a ser como tu país del alma. Es tu lugar no-geográfico. El mío es Córdoba y Buenos Aires, es Hanoi y es Suiza. El regalo más grande que me dio esta profesión es perderme en otra cultura y volver, siempre volver, como dicen mis amigos, When winter comes. Así que ahora que es invierno, ¡espérenme con un asadito!".
El clic generacional
"Herman, Ludmila, Marianela, ese magnetismo se perdió. En las nuevas generaciones hay mucho circo; les importa más tener una medalla en el cuello, porque a los estudiantes se les mete en la cabeza que es más técnica que arte, y entonces ves a mucha gente dando vueltitas". La crítica la vierte Gerardo Wyss, de 32 años, que como buen profeta hizo fuera de su tierra una temporada estelar en México, ciudad que pronto dejará para regresar a su plaza estable en el Ballet del Teatro Colón. "Mi idea siempre fue irme para volver".
¿Es casualidad que toda esta oleada de notables tenga la misma edad? Si los veinte son la década clave para la irrupción de un bailarín en la escena, ¿por qué no se divisa esa camada de argentinos en las principales compañías del mundo?
Solamente los maestros pueden replantearse si el clic está en la forma de enseñar, que con ese perfil ruso-francés ha sido una fortaleza y ahora parece debilitada. Hace unos meses, por ejemplo, una de las docentes más renombradas, que va camino a jubilarse, no podía resolver con facilidad la recomendación de una maestra para una niña que quiere ser bailarina. "Tenemos que desarrollar la propia idiosincrasia también en esto. No somos muy unidos para enseñar en la Argentina", admite Galizzi, con un pie en la dirección del Ballet Nacional de México y otro ya de vuelta en el país.
Ludmila Pagliero es ètoile en la Opera de París, la legendaria compañía de ballet donde nunca antes una latinoamericana había alcanzado el escalafón de "bailarina estrella" Fuente: AFP
"Dejame pensar -se detiene Pagliero, la estrella de París-. Si yo me fui a los quince cuando llegaba el año 2000, la generación que sigue es la que ha vivido una gran crisis y quizá sea influencia de eso. Con tantos problemas, imaginarse haciendo una carrera afuera no suena muy verosímil", arriesga. Y enseguida agrega: "Pero conozco bailarines más jóvenes que yo que han decidido quedarse con la esperanza de que las cosas cambien, por el teatro, por lo lindo que es, por lo que significa estar en el Colón y me parece muy valioso porque esa es la decisión de quedarse para mejorar". Esa lista de gente es larga y tiene también sus excepciones.
Emmanuel Vázquez. Excepción a la regla, es uno de los pocos argentinos de veintipico con rango de primer bailarín en una compañía extranjera. Este año lo promovieron en el Ballet del Teatro Municipal de Santiago, en Chile Fuente: LA NACION - Crédito: Gentileza El Mercurio
Hace dos meses, del otro lado de los Andes, promovieron a Emmanuel Vázquez, de 26 años, a primer bailarín en el Teatro Municipal de Santiago. "Tuve la mala suerte de que terminé la carrera en el Instituto Superior de Arte cuando el Colón estaba cerrado por obras. Era un momento muy malo, se bailaba poco y nada, los problemas sindicales eran muchos. No quería estancarme". Aunque de chico su sueño era ser un "bailarín de la casa", superó el shock de dejar su tierra con la adolescencia latiéndole en el cuerpo y la madurez pendiente.
"Son otros tiempos, la forma de convertirse en una estrella ya no es la misma: uno podría hacerlo solo. Antes había que ir a ver a esa bailarina imperdible que hoy está en mil videos, los estudios estaban llenísimos y había una concentración muy especial, pero ahora con los smartphones muchos se quedan sentados a un lado, pendientes de si su foto fue likeada, en vez de mirar lo que ocurre delante suyo. Creo que ya va a pasar, que como todo lo que trae la tecnología es muy nuevo y que volveremos a las cosas en vivo: tocar el libro, pasar las hojas", reflexiona Cornejo, que lejos del estereotipo del bailarín analógico es muy techie. Tanto, que a su equipo incorporó un drone para grabarse mientras baila.
"Internet es parte de una época muy dura para el arte, una etapa de caos, donde el valor de la educación cambió. Cuando llegué a Noruega con 20 años, a comienzos del 2000, ya no se valoraba lo que traía de formación académica, y cada vez más es así. Soy un gran nostálgico, me encantaría vivir en los 50, con otros modales y menos culos por televisión -observa Proietto-. Pero estamos aquí, en la era de Donald Trump, la gente es agresiva y el mundo ha cambiado las reglas. Tenemos que lidiar con esto, con una gran garantía: el talento nunca va a dejar de existir."
Para agendar
*Gala con varios talentos. La Primera Bailarina Carolina Agüero y los solistas Florencia Chinellato y Matias Oberlin, todos argentinos en el Ballet de Hamburgo, coincidirán el 28 y 29 de este mes en el espectáculo Evolution en el Teatro Coliseo. Allí también bailará Lucas Segovia del Joffrey Balltet de los Estados Unidos, las bailarinas del Teatro Colón Karina Olmedo y Paula Cassano; Julieta Paul del Teatro Argentino de La Plata, Carolina Basualdo del Ballet del Sur de Bahía Blanca y la compañía de Oscar Araiz. Mario Galizzi es el coordinador artístico del espectáculo.
*Marianela Nuñez en la Argentina. La figura del Royal Ballet de Londres tiene una agenda cargada de actividades en el país. El 5 y 8 de agosto, en el Teatro Colón, bailará el rol protagónico en La viuda alegre, junto a Alejandro Parente, su pareja en la vida real, en el que será su retiro del escenario como primer bailarín del Ballet Estable. Por quinto año consecutivo realizará, además, la gala solidaria a beneficio de hogares en San Martín, el 11 y 12 de agosto, en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester. Del 17 al 31, su gira nacional abarcará Corrientes, Salta, Rosario y Mar del Plata, y bailará también en el Sodre de Montevideo.
*Workshops de danza contemporánea. Hasta el 28 de julio, Exequiel Barreras dicta en Espacio Ramona, de Córdoba, el seminario de intercambio, formación y creación Somos puentes. El 8 de agosto dará en Buenos Aires una clase magistral de danza contemporánea con técnicas de improvisación, The impossible task (inscripciones en Casa Babá). También el 9 de agosto habrá un workshop en el Muuk de Bernal.
Fuente:www.lanacion.com.ar
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