Sunday, October 4, 2026

La Argentina, una mamushka, por Graciela Guadalupe

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La Argentina, una mamushka

“Estamos en el siglo XX; perdón, en el XXI” (De Axel Kicillof)

·         4 de octubre de 2026

Graciela Guadalupe

Fue un pequeño desliz de Kicillof durante su más que claro lanzamiento para competir por la presidencia en 2027. Ocurrió recientemente en el acto que encabezó en Avellaneda. El discurso estaba escrito: un recurso más que necesario para un hombre de verba deslucida y furcio rampante. “Estamos en el Siglo XX”, dijo y se corrigió veloz. El nombre de su flamante sector político, agradecido. Difícil llamarse Movimiento Derecho al Futuro reculando en chancletas, dirían en el barrio.

Tampoco lo ayudó mucho plantear que “las nuevas canciones se componen de manera colectiva” -salvo que se estuviese refiriendo al concurso de Posptars-, superando errores, desterrando los odios y exhortando a no quedarse en el pasado, teniendo enfrente a parte del peronismo furioso por haberse lanzado solo, mientras desde la platea entonaban cánticos tan futuristas como la marcha peronista, “Milei, basura; vos sos la dictadura” y “patria sí, colonia no” (esto último, arengado por el propio Kicillof).

Hay que reconocerle dos momentos “épicos”, adjetivo a flor de lengua de muchos jóvenes de hoy que lo repiten como cacatúas. Fue cuando se le soltó la cadena al asegurar sin base científica alguna que “tanta privación, tanta desprotección” de parte del Gobierno está “haciendo crecer los suicidios en el país”, o cuando propuso así, de corridito y sin entrar en detalles, que “la Argentina tiene que tener un proyecto argentino, un proyecto pensado en la Argentina, un proyecto para los argentinos y un proyecto a favor de las argentinas y los argentinos” ¿Cuál proyecto? Chi lo sa, diría el amigo Pagni.

 “El paso del Presidente y del gobernador por Nueva York dejó un sabor a ‘frustración’ en Wall Street: no hubo observaciones realistas para encarar los desafíos pendientes”, más bien “cero transversalidad de miradas macroeconómicas pragmáticas entre los dos campamentos con más chances de gobernar la Argentina”, decía la colega Luciana Vázquez en una reciente nota titulada Del cine catástrofe de Kicillof al final feliz de Milei, a quien –cabe anotar- nunca se le soltó la cadena porque jamás se la pudieron poner. “Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, sube el riesgo país. Creo que saben a quién me refiero”, dijo el jefe del Estado, en estado furioso.

Muchas veces, la Argentina parece una mamushka desarmada: se la puede observar de menor a mayor, como creciendo, o al revés, en vías de desaparición. Nunca completa, con todas las muñecas en su interior.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-argentina-una-mamushka-nid04102026/

Comentario:

El artículo pinta a la Argentina como una “mamushka desarmada”: un país que nunca termina de cerrarse, siempre a medio camino entre el crecimiento y la desaparición, con piezas que no encajan del todo. El eje es el lanzamiento presidencial de Axel Kicillof, presentado como un momento que, más que proyectar futuro, reveló contradicciones. Se le critica su verba deslucida, su corrección en vivo (“Estamos en el Siglo XX… del Siglo XXI”) y un discurso lleno de lugares comunes, como ese “proyecto argentino para los argentinos” sin contenido concreto, o la afirmación sin respaldo de que el ajuste está aumentando los suicidios.

El texto también subraya la falta de sintonía entre Kicillof y Milei, incluso en su paso por Nueva York, donde Wall Street habría percibido frustración y poca coincidencia macroeconómica entre los dos campamentos con más chances de gobernar. Milei, furioso, dispara contra quienes “hablan por Nueva York” y elevan el riesgo país, en una dinámica de insultos que domina la escena.

La metáfora final resume el diagnóstico: una Argentina que puede leerse de menor a mayor o al revés, pero nunca completa, como una mamushka a la que siempre le faltan muñecas. Es una imagen de país inconcluso, donde los liderazgos prometen futuro pero reproducen viejos gestos, y la política se mueve más entre agravios y eslóganes que entre propuestas consistentes.


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