Friday, August 21, 2026

El hallazgo que podría dar pistas sobre la longevidad, por Alejandro Horvat

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El hallazgo que podría dar pistas sobre la longevidad

Un estudio realizado en Japón identificó una población poco habitual de linfocitos que aumenta a edades extremas y podría favorecer la vigilancia frente a infecciones y células tumorales

·         21 de agosto de 2026

 Por Alejandro Horvat

 Para una persona, llegar a los 100 años ya es excepcional; superar los 110 es un hito al alcance de muy pocos. A quienes alcanzan esa edad se los conoce como supercentenarios y se han convertido en una población de especial interés para los científicos que intentan comprender por qué algunas personas no solo viven mucho más que el promedio, sino que además consiguen retrasar enfermedades asociadas al envejecimiento.

Un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Osaka, en Japón, aporta una pista que apunta hacia el sistema inmunológico. El trabajo, publicado en Cell Reports, encontró que con la edad aumenta una población poco habitual de células de defensa llamadas linfocitos T CD4+ citotóxicos (CD4 CTL) y que ese incremento se vuelve especialmente marcado alrededor de los 100 años.

La investigación sugiere que el envejecimiento de las defensas no sería únicamente un proceso de deterioro. En algunas personas extremadamente longevas, el sistema inmunológico parecería conservar la capacidad de reorganizarse frente a amenazas persistentes. Sin embargo, los autores advierten que no demostraron que estas células sean responsables de vivir más ni que protejan, por ejemplo, del cáncer.

Unas células poco habituales

Los linfocitos T CD4 suelen ayudar a coordinar la respuesta inmunológica. Los CD4 CTL son diferentes: poseen además capacidad citotóxica, es decir, pueden atacar determinadas células. Normalmente son poco frecuentes, pero se los ha observado en respuestas frente a infecciones virales y existen investigaciones que muestran su capacidad para eliminar células tumorales y senescentes, aquellas que se acumulan con el envejecimiento.

Los científicos analizaron muestras de sangre de 28 personas: ocho de entre 70 y 99 años, diez centenarios –de 100 a 109– y diez supercentenarios, de 110 años o más. Los CD4 CTL representaban una mediana del 4% en el primer grupo, aumentaban al 9,6% entre los centenarios y llegaban al 17,6% entre los supercentenarios. El resultado fue luego contrastado con bases públicas que reunían más de cinco millones de células.

Además, determinados grupos de estas células se habían multiplicado de manera extraordinaria, un fenómeno conocido como expansión clonal, que puede ocurrir cuando una célula inmunológica reconoce una amenaza y genera copias para responder contra ella.

Al comparar los receptores de esas células con grandes bases de datos, los investigadores encontraron coincidencias con secuencias observadas en pacientes con cáncer de pulmón, mama e hígado, aunque los centenarios y supercentenarios estudiados no tenían antecedentes conocidos de esos tumores.

Una hipótesis es que estas células participen de una suerte de vigilancia inmunológica, reaccionando frente a células anormales antes de que exista una enfermedad detectable. También podrían responder a virus latentes o células senescentes. Pero los autores aclaran que las coincidencias encontradas no prueban que estuvieran efectivamente reconociendo células cancerosas.

“Inmunopotencia”

Para el neurólogo Conrado Estol, allí radica uno de los aspectos más interesantes del trabajo. “Los supercentenarios no parecen tener simplemente un sistema inmune ‘más joven’, sino un sistema capaz de seleccionar y expandir linfocitos T CD4+ citotóxicos especializados en detectar y eliminar amenazas como infecciones y posibles células tumorales”, explica.

 “No podemos decir que estas células sean la causa de que estas personas vivan 110 años”, advierte. Pero considera que el hallazgo plantea la posibilidad de que la longevidad extrema dependa, en parte, de conservar durante décadas mecanismos particularmente eficientes de vigilancia y reparación.

Estol utiliza un término para sintetizarlo: “inmunopotencia”, en contraposición a pensar el envejecimiento únicamente como pérdida de capacidad inmunológica. Y plantea que podría existir una arquitectura genética que favorezca esa longevidad, en la que participen genes como APOE2, FOXO3 y CETP, aunque esa conexión no fue demostrada por el estudio.

El neurólogo traza un paralelismo con los elefantes, que poseen múltiples copias de TP53, un gen clave para controlar el daño celular. Aunque se trata de mecanismos diferentes, apunta, aparece una idea común: “Vivir mucho no sería solamente envejecer más lentamente, sino ser extraordinariamente bueno detectando y eliminando el daño antes de que se convierta en enfermedad”.

El papel de la alimentación

El hallazgo abre otra pregunta: ¿es posible favorecer mediante los hábitos un mejor funcionamiento del sistema inmune? El estudio describe características propias de los centenarios analizados y no demuestra que la expansión de estos linfocitos pueda conseguirse mediante alimentación, ejercicio u otras conductas.

Eso no significa que los hábitos sean irrelevantes. “La alimentación, el sistema inmunológico y el envejecimiento están totalmente relacionados”, señala Cecilia Ponce, especialista en nutrigenética y autora de La edad que elegimos. Con los años aparece la inmunosenescencia –la pérdida progresiva de capacidad para responder frente a infecciones– y aumenta la inflamación crónica de bajo grado asociada al envejecimiento, conocida como inflammaging.

Según Ponce, la alimentación puede influir sobre esos procesos. Una dieta con pescado y fuentes de omega 3, frutas, verduras y alimentos mínimamente procesados puede favorecer mecanismos relacionados con la regulación de la inflamación. Otra vía pasa por el microbioma intestinal.

“Cuando consumimos fibras alimentarias, polifenoles y otros componentes bioactivos, van a aumentar aquellas bacterias que tienen la capacidad de generar ácidos grasos de cadena corta, como butirato, propionato y acetato”, explica. Estos compuestos intervienen en procesos relacionados con la permeabilidad intestinal, la inflamación y la inmunidad. “La alimentación va a tener un diálogo directo con el microbioma intestinal, que está sumamente relacionado con la inmunidad”, agrega.

La distinción es central. Una alimentación saludable puede contribuir al funcionamiento inmunológico, pero no existe evidencia de que permita reproducir el particular perfil de células T encontrado en quienes llegan a edades extremas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/que-tienen-de-distinto-las-defensas-de-quienes-llegan-a-los-110-anos-el-hallazgo-que-podria-dar-nid21082026/ (Editado)


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