Tecnología, sí; celulares, no: así funciona el colegio bonaerense que fue
reconocido entre los 10 más innovadores del mundo
La institución, finalista de los World’s Best School Prizes, desarrolla
un sistema que combina seguimiento personalizado, restricciones al uso de
smartphones y propuestas que cambian según los intereses de los estudiantes
4 de Julio de 2026
Cuatro alumnos
de segundo año hacen un último repaso antes de salir al aire.
Uno controla el sonido, otro revisa la grilla y un tercero sigue la transmisión
desde una pantalla ubicada frente a la mesa. El profesor observa desde un
costado e interviene apenas para una corrección. Alrededor hay caños,
ventanillas y asientos laterales: el estudio funciona dentro de
un antiguo vagón de subte.La escena ocurre en Northfield School Campus Puertos, en Escobar. Allí, el
streaming forma parte de uno de los espacios electivos
de secundaria. Mientras algunos estudiantes eligieron teatro,
música, coreografía o escenografía, un grupo decidió que quería aprender cómo
se construye un programa. Hoy producen, conducen, preparan entrevistas y operan
las cámaras y el sonido.Hace tres meses que vienen preparándose para este
momento. Primero grabaron programas y los revisaron para detectar errores;
después modificaron la disposición de las cámaras y ajustaron el formato del
estudio. “Entrenar, errar. Que no se frustren. Para mí eso es importante”,
resume su docente.La recorrida de LA NACION comienza
allí, en el estudio, pocos días después de que la institución quedara seleccionada entre las diez mejores del mundo en la categoría Innovación, por un modelo
educativo basado en investigación, análisis de datos y toma de decisiones
sustentadas en evidencia. A medida que avanza el recorrido, el reconocimiento
internacional empieza a explicarse a través de escenas
cotidianas.
El campus reúne
a unos 1260 estudiantes, desde niños de un año en el nivel
inicial hasta los últimos años de secundaria. La recorrida comienza por
primaria. Los chicos están en recreo y eso permite entrar a las aulas sin
interrumpir las clases. No hay filas de pupitres
mirando al pizarrón. Las mesas cambian de disposición según la
actividad, se agrupan para el trabajo colaborativo y dejan espacios libres para
circular. En las paredes predominan producciones
realizadas por los propios alumnos.“Siempre nos preocupamos porque
el espacio también eduque”, dice Carla Curto, integrante del equipo directivo.
La escuela funciona con jornada extendida, de 8 a 16.30, y la intención es que
el aprendizaje no quede limitado a las cuatro paredes del
aula.Esa idea también atraviesa la organización docente. Cada grado
tiene tres secciones y las maestras planifican en conjunto. Los alumnos tienen
clases en castellano y en inglés, por lo que ambos equipos trabajan
articuladamente. “El niño es uno solo. Los adultos tenemos que
articular nuestro diálogo”, resume.
Aprendizaje
Basado en Proyectos
Mientras tanto,
varias familias recorren una muestra de maquetas realizadas por alumnos de
tercer grado durante un proyecto de inglés. Representan distintos ambientes,
como el desierto de Atacama o el Sahara, y forman parte de una propuesta
de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Pero las
producciones muestran otra característica del trabajo cotidiano: los grupos no
están integrados por una sola división, sino por estudiantes de las
tres secciones. “No eligen por el amigo, sino por aquello sobre lo
que quieren seguir aprendiendo”, explica una docente.La posibilidad de elegir
aparece desde los primeros años y se amplía a medida que avanza la escolaridad.
“En la escuela decimos que enseñamos a elegir. Esa
capacidad se construye a lo largo de la trayectoria
escolar. Si los chicos llegan a los 17 años sin haber tenido
oportunidades para probar, equivocarse o experimentar, resulta mucho más difícil que puedan tomar una decisión sobre
qué quieren hacer cuando terminen el colegio”, sostiene Curto.
El Mundial
y la Matemática
Los pasillos
tampoco funcionan únicamente como lugares de paso. Las paredes y las columnas
exhiben proyectos realizados por los alumnos. Uno de esos
espacios está dedicado al Mundial. Los resultados de los partidos
sirven para trabajar Matemática: tablas de posiciones, fracciones,
figuras geométricas y resolución de problemas. Son los propios estudiantes
quienes muestran el álbum que prepararon para seguir el torneo y explican cómo
esos datos se convierten en actividades de clase.La misma dinámica aparece en
el nivel inicial. Los ambientes cambian según las propuestas y
los chicos se mueven entre distintos espacios de juego y aprendizaje.
Uno de ellos está ambientado con las cuatro estaciones del año y otro funciona
como ágora para los encuentros grupales. Muy cerca, un amplio espacio
abierto ocupa el lugar donde antes había un aula. Surgió a
partir de un proyecto en el que los alumnos de las tres salas de cinco años se
mezclaban para realizar distintas actividades distribuidas en el pasillo. La
experiencia creció tanto que la escuela decidió derribar una pared para
transformarlo en un nuevo lugar de encuentro.
El cambio de
clima se percibe al llegar a secundaria. Durante el recreo, los alumnos ocupan
los pasillos, conversan en grupos y entran y salen de las aulas. Junto a una de
las paredes, una hilera de lockers guarda mochilas,
computadoras y también celulares.
Innovación,
sí; celulares, no
Desde este
año, la escuela ha restringido su uso durante la jornada.
Solo pueden utilizarse cuando forman parte de una actividad planificada por un
docente y, en esos casos, los estudiantes llevan
una identificación que indica que están registrando evidencias para un proyecto.
Además, comenzaron una prueba piloto con sobres
Faraday, donde los teléfonos permanecen guardados y sin señal hasta
el final del día.La decisión surgió después de una serie de
investigaciones y encuestas realizadas por la propia red
educativa. “Buscamos entender qué nos dicen los datos
para tomar mejores decisiones”, explica Curto. Entre los resultados
aparecieron altos niveles de ansiedad, muchas horas frente
a las pantallas, preocupación por los mensajes que los padres
enviaban durante la jornada escolar y una menor interacción entre los alumnos
durante los recreos.El cambio también alcanzó a los adultos. Los preceptores
dejaron de comunicarse por grupos de WhatsApp y comenzaron
a utilizar handies para coordinarse dentro del colegio. Uno de ellos
muestra el equipo que lleva sujeto al cinturón mientras continúa el recorrido.
“La comunicación interna era siempre por WhatsApp. Esto cambió muchísimo”,
cuenta.
Para Curto, la
decisión también implicó revisar los hábitos de los docentes. “El problema
también lo teníamos nosotros. Vivíamos con el celular en la
mano”, reconoce.La escena se refleja en los recreos. Los grupos
conversan, caminan por el campus o permanecen reunidos en distintos espacios
comunes, sin teléfonos de por medio. A pocos metros, el antiguo vagón de subte
vuelve a llenarse de movimiento. Los alumnos terminan de preparar el programa
que en pocos minutos saldrá en vivo.
El proyecto
nació a comienzos del ciclo lectivo y, después de varios meses de ensayos y
pruebas, hoy transmite en directo desde un estudio montado en el interior de la
antigua formación. “Siempre me gustó mirar streamers y me copaba la idea”,
cuenta uno de los estudiantes, que explica que el programa surgió como parte de
los espacios electivos de secundaria.En otra aula, una tutora mantiene una entrevista individual con una alumna como parte del
seguimiento de las trayectorias escolares. Más adelante, otro grupo
organiza la feria multitemática, donde presentará los proyectos desarrollados
durante el primer cuatrimestre, entre ellos un emprendimiento cuyos
productos se venderán para financiar el viaje solidario
de sexto año.La tecnología también forma parte de las clases, aunque
bajo un criterio diferente al del uso social de los dispositivos. Este año la
red comenzó a incorporar inteligencia artificial a
partir de un marco pedagógico y ético propio. “No queremos delegar las
capacidades cognitivas en la inteligencia artificial”, explica la
coordinadora del área de Tecnología.
La propuesta
busca que el primer esfuerzo sea siempre del
estudiante y que estas herramientas se utilicen para ampliar,
revisar o contrastar el trabajo realizado, una decisión que también modificó la
forma de evaluar.El edificio principal del colegio se conecta a través de un
camino con la huerta, el mariposario y el aula forestal,
espacios donde también se desarrollan proyectos de los distintos niveles y que
amplían el aprendizaje más allá del aula.
“Nos
preguntamos qué podemos hacer diferente”
Para Darío Álvarez Klar, fundador de la Red Educativa
Itínere y director ejecutivo de HUB Educación e Innovación, los espacios
flexibles, los trayectos electivos, las restricciones al uso del celular y el
seguimiento de los estudiantes mediante datos responden a una misma
concepción pedagógica.La historia comenzó en 2009 con la apertura de
Northfield School en Escobar. Aquel primer colegio, que tenía 120 alumnos, dio
origen a una red integrada hoy por diez instituciones de la Argentina
y Uruguay, con más de 7000 estudiantes. “El gran desafío era sostener la identidad del proyecto a medida que crecíamos.
Eso solo se logra con equipos de trabajo, políticas compartidas y una cultura
de innovación”, afirma.Para Álvarez Klar, innovar no implica incorporar
tecnología por sí sola ni replicar experiencias de otros
países, sino revisar permanentemente las prácticas. “Viajamos,
visitamos escuelas, recibimos colegas y aprendemos de otras experiencias. Pero
no se trata de copiar, sino de preguntarnos qué podemos hacer diferente con
nuestra realidad”.
“Los datos
nos ayudan a decidir”
En ese proceso,
la medición ocupa un lugar central. Hace más de dos años la red creó un
departamento de Data Analytics que procesa
información académica, pedagógica, administrativa y de bienestar para
transformarla en decisiones concretas. “Muchas veces se piensa que cuando una escuela habla de datos se deshumaniza.
Para nosotros ocurre exactamente al revés. Los datos nos ayudan a llegar
antes y a tomar mejores decisiones”.Ese trabajo fue el que la
institución presentó este año ante T4 Education, la organización que impulsa
los premios World’s Best School. La postulación
llegó después de años de participación en redes
internacionales de educación. Entre escuelas de 90 países, Northfield School
Campus Puertos fue elegida como una de las diez finalistas de la categoría
Innovación.“Fue una enorme alegría, pero el reconocimiento es para toda
la red. Lo presentamos desde este colegio porque acá nació el
proyecto, aunque hoy es una forma de trabajo compartida por todas las
escuelas”, sostiene.
Los datos que
acompañaron la presentación muestran parte de ese seguimiento. Durante 2025
fueron evaluados 2449 estudiantes de la Red Educativa Itínere. Según la
institución, el 72% de los alumnos de primer grado alcanzó
altos niveles de fluidez lectora y más del 70% de los estudiantes, desde
segundo grado hasta secundaria, obtuvo niveles suficientes u óptimos en
comprensión lectora.
El mismo
relevamiento detectó que el 26% presentaba indicadores de uso problemático del
teléfono celular, un diagnóstico que derivó en las medidas implementadas este
año dentro de las escuelas.El seguimiento continúa incluso después del egreso.
De acuerdo con los datos de la red, el 95% de los estudiantes sigue
estudios universitarios, el 78% completa el primer año sin interrupciones
y el 65% adquiere experiencia laboral antes de graduarse mediante programas de
pasantías.La medición también alcanza a los equipos docentes. Este año, las
diez escuelas de la red obtuvieron la certificación Best School to Work, otorgada por T4 Education tras
evaluar el clima laboral y la cultura organizacional mediante encuestas al
personal. “Un docente que no está bien transmite eso a sus alumnos. Cuidar el bienestar de los equipos también es mejorar la educación”,
afirma Álvarez Klar.
Para el fundador
de la red, la nominación internacional es una consecuencia y no un objetivo. “Nosotros no hicimos todo esto pensando en un premio. Lo
hacemos porque creemos en una educación que mejore las
prácticas y prepare a los chicos para un mundo que todavía no sabemos cómo va a
ser. La escuela tradicional respondió muy bien a las necesidades de
otra época, pero hoy el contexto cambió y
también tienen que cambiar las formas de enseñar”.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/asi-funciona-el-colegio-bonaerense-que-quedo-entre-los-10-mas-innovadores-del-mundo-nid04072026/
Comentario:
El reconocimiento de Northfield School entre los diez
colegios más innovadores del mundo nos deja una lección fundamental: la
verdadera vanguardia educativa no consiste en digitalizar las aulas a ciegas,
sino en diseñar experiencias con un propósito claro. Su premisa central
es tan disruptiva como lógica: Tecnología sí; celulares no.
A través de esta mirada, el artículo derriba el mito de
que la innovación exige pantallas encendidas de forma permanente. Al contrario,
limitar el uso social del smartphone busca devolverle a los adolescentes algo
que la hiperconectividad les estaba quitando: la interacción humana real, la
concentración y la socialización cara a cara durante los recreos.
Los Pilares del Cambio
Este exitoso modelo se sostiene sobre tres ejes
dinámicos:
- El espacio como educador: Aulas
flexibles sin pupitres fijos y un antiguo vagón de subte transformado en
un estudio de streaming real.
- Aprender a elegir: Propuestas
basadas en proyectos (ABP) que fomentan la autonomía, la colaboración
interdisciplinaria y la sana tolerancia a la frustración.
- Datos con rostro humano: El uso de la
analítica de datos (Data Analytics) para anticiparse a las
necesidades pedagógicas y emocionales tanto de alumnos como de docentes.
"La escuela tradicional respondió muy bien a las
necesidades de otra época, pero hoy el contexto cambió y también deben cambiar
las formas de enseñar."
En definitiva, innovar no es copiar recetas extranjeras,
sino diagnosticar la propia realidad con evidencia. Northfield demuestra que el
futuro educativo radica en humanizar la tecnología, garantizando que el
esfuerzo cognitivo principal sea siempre del estudiante y no de un algoritmo.
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