Querido Samuel
Breve
mensaje para el actor Samuel L Jackson quien pidió apoyar a España en la final
porque, según él, la Argentina es el país más racista del mundo.
25/07/2026
Dear
Samuel:
No hace falta que te diga todo lo que te admiramos desde
siempre y cuánto hemos disfrutado de tus películas. Por eso nos resultó extraño
y duro que hayas dicho: “Argentina es el país más
racista del mundo”. No
te voy a engañar Samuel, tus palabras nos dolieron.
Argentina no es un país racista. Somos producto de la
mezcla de razas, sangres, religiones y nacionalidades. Seguramente, por eso
somos un poco caóticos, pero también muy creativos, divertidos y sobre todo
indestructibles.
Acá la esclavitud se abolió en 1813. Cincuenta y dos años
antes que allá, en tu país. Desde entonces nunca hubo que pelear por derechos
para igualar razas o credos. Peleamos por otros derechos, por otras cosas, no
te lo voy a negar. Y nos han pegado mucho. Muchísimo. Pero a todos por igual.
Blancos y negros, inmigrantes y criollos, occidentales y orientales, católicos,
judíos y árabes. Acá cuando la ligamos, la ligamos todos.
Creéme Samuel que si tu familia, en lugar de haberte
criado allá en Tennesse te hubieran criado acá en las pampas argentinas,
hubieses podido viajar en el mismo bondi que tomaba el jefe del Ku
Klux Klan , y mear con él en el mismo baño todos juntos.
Rosa Parks, la mujer de Alabama que en 1955 desafió al
sistema sentándose en la parte del bus reservada para los blancos, acá se
hubiese podido sentar donde quería desde el primer día y nadie le hubiese dicho
nada. Y si no había asiento libre seguramente cualquier caballero
argentino se lo hubiera cedido. Así fue siempre.
Acá no hubo que esperar hasta 1965 para que una ley permitiera
que los negros votasen un presidente. Acá votamos todos. Te reconozco que a
veces votamos como el orto, pero todos.
Eso sí, fuimos un poco perezosos con las mujeres a las
que recién se les otorgó el derecho en 1951. Grave. Feo, pero aceptame que allá
fue mucho peor: por ser negro no pudiste votar hasta 1965.
Allá un supremacista es un blanco grandote que te cuelga
de un árbol rodeado de antorchas. Acá los supremacistas son los que están en la
tribuna cantando “vos sos de la B”.
Te cuento una rareza de la Argentina: la mayoría de
nosotros tenemos un amigo al que le decimos “negro”. No solo
eso si no que, cuando se lo decimos, su rostro se ilumina.
Acá decir “¿qué haces negrito?” es
cariñoso y cotidiano, pero intuyo que allá en Tennesse, si digo “¿qué
hacés negrito?” lo más probable es que me rocíen con nafta y me tiren
un fósforo, aún con lo caro que se les puso el galón últimamente.
Para nosotros “negro” es simplemente un color, no le
damos más vueltas. “Que bien te queda el negro”, “el día se
puso negro”, “me las veo negras” son expresiones cotidianas por
las que en Tennesse me lincharían y probablemente vos estarías de acuerdo con
que así sea. Y no te culpo, allá es así. Acá no.
Nuestra mejor voz femenina fue la Negra Sosa y el mejor
cuentista de humor fue el Negro Fontanarrosa. Ni hablar de uno de los cómicos
más queridos de nuestro país: el Negro Olmedo. Te recomiendo sus películas,
especialmente las que hacía con el Gordo Porcel. Sí Samuel, le decíamos gordo a
Porcel y negro a Olmedo y acá nadie se ofendía. Mucho menos ellos mismos.
Acá Muhammad Alí no hubiese tenido que cambiarse el
nombre en rechazo al legado de la esclavitud. Le hubiésemos dicho el Negro Clay
y a otra cosa. Todos contentos.
Para que en la Argentina sea despectivo decirle “negro” a
alguien hay que llevar las cosas a otro nivel. Por ejemplo, negro de mierda,
negro cagador o negro hijo de puta. Pero si le decís negro a secas, así plain,
sin aditivos, eso viene seguido de un abrazo.
Te cuento algo que no me vas a creer. Mi abuelo, al que
le decíamos el Zeide, se llamaba Samuel, como vos. Fue un
inmigrante polaco y judío al que la Argentina recibió con los brazos abiertos,
como a todos los inmigrantes. Sin segregación, sin racismo.
Por supuesto, nunca faltó algún antisemita de los que
siempre hay en todo el mundo, ahora un poquito más. Pero desde que llegó al
país gozó de los mismos derechos que todos los demás. Laburó como un perro para
que sus hijos argentinos crecieran y prosperaran.
El del medio fue mi papá, un gran actor cómico que se
llamaba Tato y que con los años se transformó en un símbolo de los mejores
valores argentinos. Entre tantos premios y reconocimientos que recibió, ganó
mucho Martin Fierro que viene a ser como el Oscar de acá. Toda la familia ganó
varios Oscar argentinos. Yo lamento mucho que a vos allá en Hollywood
te hayan dado uno solo.
Y encima fue un Oscar a la trayectoria. No hace falta que
te explique lo que significa el premio a la trayectoria: se lo dan a los viejos
que laburaron mucho. Seamos sinceros, un Oscar de verdad, por un programa o una
película concreta, no ganaste ninguno. Una pena Sam.
Sin embargo, tus palabras, como las de otros que también
insultaron a nuestro país, han tenido algo positivo. Te cuento.
Acá hay una grieta desde hace mucho tiempo. Eso que a
ustedes les pasa ahora con Trump, a nosotros nos pasó muchas veces y en los
últimos 20 años nos pasó con los Kirchner. No quiero entrar en detalles, pero
creéme Samuel que acá la sociedad está dividida por esta gente. Él ya falleció
y ella está presa porque tuvo unos problemitas que no vienen al caso
comentarte.
Mirá como serán las cosas que esta ola de agravios contra
la Argentina logró lo que nadie imaginaba: estamos todos unidos en
defensa de la verdad y la dignidad nacional. La Argentina tendrá sus defectos,
pero no es el país más racista del mundo como dijiste vos. De hecho, creo que
es menos racista que cualquier país promedio y muchísimo menos que países
centrales que han sido colonialistas o directamente segregacionistas, como el
tuyo. Por suerte ya no lo es.
Más allá de las diferencias de todo tipo, los argentinos
estamos todos unidos detrás de algunas ideas, también de la Selección, de
Messi, del recuerdo de Maradona y del hecho de que, si alguien dice que somos
el país más racista del mundo, vamos a estar todos de acuerdo en que ese
tipo es un pelotudo, con todo respeto. Mirá lo que lograste Sam. Todo
un mérito. Ni el Papa Francisco, que era argentino y tanto lo intentó, pudo
lograr la unión nacional.
Por eso, yo que vos me pego una vuelta por acá para
comprobarlo personalmente. Te invitamos. Te va a gustar. La gente es amable, se
come rico, hay muy buen teatro y los paisajes naturales son de los más variados
y bellos de la Tierra.
Y si te gusta el fútbol, y veo que es así, te podemos
llevar a la cancha para que disfrutes de una de nuestras mayores pasiones, con
todos sus logros, incluyendo las 7 finales del mundo y los 3 mundiales
ganados.
A propósito, lamento mucho que Bélgica los haya eliminado
en octavos de final, con toda la que gastaron. Espero que no haya sido eso lo
que motivó tus expresiones contra nosotros.
No te la pierdas, champ. Vení que la vas a pasar
fenómeno.
Es más, seguro que alguien te va a proponer filmar una
película o una serie. Y si te ofrecen pagarte una parte en negro, no te
ofendas. Es para que te ahorres algo del impuesto a las ganancias. Es a
favor tuyo.
En fin, querido Samuel, tal vez si venís nos puedas
conocer un poco mejor.
Y si no, te lo explico del modo en que lo explicamos
nosotros acá: es Argentina, no lo entenderías negrito.
Fuente: https://www.clarin.com/opinion/querido-samuel_
Comentario:
Hay
textos que, sin proponérselo, logran una hazaña extraordinaria: convencer al
lector de que la ironía sigue siendo una de las formas más elegantes de
responder a la soberbia. Esta carta lo consigue al tomar una acusación
desmesurada y devolverla con humor, datos históricos y una buena dosis de
picardía argentina.
Resulta
curioso que algunos personajes públicos descubran de pronto el racismo
universal... siempre lejos de sus propias fronteras. Parecería que la memoria
histórica funciona con GPS: señala con precisión los errores ajenos mientras
pierde la señal cuando se acerca a los propios. Argentina, como cualquier
sociedad, tiene prejuicios, discriminación y mucho por mejorar. Negarlo sería
tan absurdo como afirmar que es "el país más racista del mundo".
Entre un extremo y el otro existe un territorio llamado realidad.
El
presente texto también recuerda una diferencia fundamental entre describir un
problema y convertirlo en una identidad nacional. Si un episodio desafortunado
alcanza para definir a todo un país, entonces pocas naciones podrían sobrevivir
al juicio de la historia. Habría que rebautizar medio planeta con el nombre de
sus peores errores.
La ironía final es quizá la
más reveladora: hicieron falta unas declaraciones injustas para unir a un país
que suele discutir por todo. Ni la política, ni el fútbol, ni los grandes
discursos habían logrado semejante milagro. Quién hubiera imaginado que el
camino hacia la unidad nacional pasaría por una frase tan exagerada. A veces,
los prejuicios terminan produciendo exactamente el efecto contrario al que
pretendían.
Clara Moras.
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