Sunday, October 16, 2022

¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!

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                                     ¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!
Queridas madres: 

 En este día especial quiero enviarles un cálido saludo, agradeciéndoles por la valiosa tarea de ser madre, por la generosidad con que dedican su vida a proteger y preservar la familia. Una sociedad que menosprecia a la familia y que acalla a las madres es una sociedad deshumanizada. En estos momentos en que se impulsa la “des-familiarización”, las madres son el antídoto necesario para resguardar ese capital social. Todos nosotros le debemos la vida a nuestras madres, le debemos su protección afectuosa, su educación en el amor, el habernos acompañado en el sendero de la bondad y brindado la fuerza moral que valida nuestras decisiones de todos los días. Estamos transitando la primavera, el sol acaricia la tierra, las flores abren sus pétalos a la nueva luz, las hojas verdes comienzan a vestir los árboles, las abejas van en búsqueda del néctar y polinizan la pradera. Podemos disfrutar de todas estas cosas que el Señor nos regala, pero lo más importante no son las “cosas que tenemos en la vida” sino “a quienes tenemos o hemos tenido en la vida”. 

Nuestras madres son ese “quien”, esa primavera eterna que siempre nos acompaña, y aunque ya no estén presentes físicamente, permanecen con nosotros en el alma… Así como la primavera nos despierta el sentimiento de gratitud por la vida y nos invita a cultivar nuevas flores, cuidemos con ternura esa maravillosa flor llamada madre. Por eso, en este día, considero importante saludarlas, porque el don y tarea de la crianza de los hijos trasciende sus propias vidas. Merecidas son las demostraciones de afecto de los hijos y nietos que hoy tienen el privilegio de poder abrazarlas. Y para quienes ya no tenemos esa posibilidad, cerramos los ojos y con una sonrisa agradecida por haberle dicho sí a la vida, sí a nuestra vida, las abrazamos con el alma. Les deseo que este domingo sea un momento de unión familiar, celebración y agradecimiento. ¡Feliz día madres! ¡Feliz día mamá! 

 Dr. Miguel Ángel Schiavone 

Rector 

Pontificia Universidad Católica Argentina

Friday, October 7, 2022

Sin venganzas ni revanchismos

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                            Sin venganzas ni revanchismos 

 Es hora de respetar los derechos humanos de todos por igual, sin reversiones históricas que responden a intereses sectoriales 

 7 de Octubre de 2022 

 Hacer alarde de ideología fundamentalista es muchas veces vaciarse de sentido y contenido. Repetir un mantra es una de las tantas maneras en las que se pueden cerrar los oídos, alimentando una peligrosa falta de racionalidad. Cuando este proceder se vuelve colectivo, se refuerzan los errores de concepto, se retroalimentan los propios registros y hasta se puede terminar incluso distorsionando peligrosamente la percepción. Esto ocurre cuando una sociedad como la nuestra presenta un discurso tan ambivalente y desenfocado como el referido a los derechos humanos. ¿Pueden Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto o el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, ser quienes mejor expongan el tema? Se trata de cuestiones doctrinarias y legales, acordadas sesudamente por juristas y expertos del mundo que, aun así, muchos intérpretes locales pretenden ligar forzadamente a su propia conveniencia política, cuando no económica, mucho más que a una posición de principios digna de respeto en un ámbito de debate democrático. Para colmo, un relato construido para sustituir la verdadera historia busca imponerse dogmáticamente desde distintos frentes y llega a las jóvenes generaciones cargado de imprecisiones, instalando supuestas verdades, adoctrinando en el fraude y ahondando las diferencias y los dolores de unos y otros. ¿En qué momento podremos cambiar este fatal derrotero? ¿Qué debería ocurrir para que liberemos tanta energía estancada en el pasado y adricemos las velas sin más demoras con proa a construir el futuro que imperiosamente nos interpela? Somos protagonistas y testigos de un mundo y un país en crisis. 

De violencias, pandemias, economías en derrumbe, vidas amenazadas o perdidas. Los derechos humanos deben asistirnos a todos, sin acepción de personas, amparados en la Constitución, los tratados internacionales y el Estado de Derecho que garantizan su vigencia. Más de uno se envalentona criticando a tal o cual autoritario régimen que silencia, tortura o mata a opositores por razones políticas. ¿Y por casa? ¿Será que pocos recuerdan que en nuestro país encarcelamos a más de 2500 uniformados y civiles? Algunos son culpables de los delitos por los que se los acusa, pero ese no es el único fundamento de su castigo. Muchos aguardan aún su condena con más de 18 años de encierro, algunos sin siquiera proceso. Otros tantos fueron sentenciados en juicios amañados, con causas fragmentadas y multiplicadas arbitrariamente, y lo siguen siendo hasta hoy, por hechos ocurridos hace ya medio siglo. Unos 700 han muerto estando privados de su libertad, con servicios penitenciarios sin preparación para atender sanitariamente como corresponde a quienes tienen 77 años de edad promedio, pero con detenidos que llegan a los 98. Para quienes predican tan distorsionadamente la doctrina de los derechos humanos, la realidad y las leyes no cuentan. Solo valen el relato y la venganza. 

Tampoco cuentan los plazos razonables, las normas que autorizan el arresto domiciliario por edad avanzada o el estado de salud. Las aberraciones que pudieron haber cometido no justifican su situación: se invocan los derechos humanos para violarlos. Un profundo contrasentido. La v de venganza no puede reemplazar a la v de verdad. El nuevo siglo ha arrastrado los lastres de una vieja historia que nos divide. Las guerras más cruentas se libran en el corazón de cada hombre. Haber estado dispuesto a dejar la propia vida y a matar por un ideal parece ser razón suficiente para ganarse lugar en un monumento, cobrar suculentas indemnizaciones o alcanzar un cargo. Una Justicia amordazada o de un solo ojo no es Justicia. Los jueces deben hacer efectivas las garantías del debido proceso penal absteniéndose de condenar si hay duda razonable, respetando los principios in dubio pro reo y de igualdad ante la ley. Quienes merecen castigo deben recibirlo, sin demoras ni excusas. Quienes purgan condenas deben hacerlo al amparo de la ley, con la atención sanitaria provista en tiempo y forma, con arrestos domiciliarios cuando por su edad así corresponda y preservando, ante todo, su dignidad como personas y el principio de igualdad ante la ley. Es tiempo de consensos y de pacificación. La gravedad de la hora demanda gestos de grandeza por parte de todos. No permitamos que nos sigan dividiendo en función de batallas estrictamente personales. Redireccionemos esos esfuerzos destinados a enfrentarnos y avancemos en la construcción de una nación que nos hermane y nos asegure un futuro de paz, orden y desarrollo.

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/editoriales/sin-venganzas-ni-revanchismos-nid07102022/

Cómo aprovechar el Mundial en las aulas, por Victoria Zorraquín

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        Cómo aprovechar el Mundial en las aulas


 7 de Octubre de 2022 


 Victoria Zorraquín
SHUTTERSTOCK - Shutterstock 


 ¿Ver o no ver los partidos del Mundial en la escuela? En las últimas semanas se han multiplicado los comentarios acerca de si esto es propicio o no. En un país en donde nos está costando, y mucho, que los alumnos quieran ir a la escuela; en un país donde más de la mitad de los que van la abandonan; donde de cada 100 chicos que ingresan en primer grado solo 16 egresan del secundario sin repetir curso y con saberes por encima del mínimo; en un país que se encuentra (entre 123 países de los cinco continentes) en el tercio de peores resultados en comprensión lectora para los estudiantes de sexto grado de primaria… en ese país, el nuestro, la Argentina, que la problemática sea ver o no ver los partidos del Mundial de fútbol de Qatar en las aulas no debería ser la cuestión central, y mucho menos el camino hacia alguna solución o mejora de nuestro sistema educativo. Para los argentinos, futboleros y mundialistas por excelencia, el Mundial es una oportunidad increíble para conseguir más y mejores aprendizajes en todos los niveles de la escuela. Nos hemos cansado de escuchar “los chicos y chicas no se motivan con nada”, y resulta que te viene servida en bandeja la temática más motivadora que puede existir y nuestra discusión pasa por “si vemos o no vemos los partidos y en qué horario”. A mí me gusta mucho el desafío en el que nos pone Pepe Menéndez -uno de los grandes responsables de la primavera pedagógica que está ocurriendo en Barcelona, España-, cuando se pregunta y nos pregunta ¿es capaz la escuela de entender que el conocimiento no está para guardarlo en el congelador de la memoria? ¿es posible conectarlo con el proyecto de vida de los alumnos? 


 Eso es el Mundial de fútbol para los argentinos (y me atrevo a decir, para todos los países de nuestra región), es la oportunidad para conectar los aprendizajes, y la recuperación de aprendizajes con algo que impacta directamente en el proyecto de vida de nuestros alumnos. Sólo con esa temática y haciendo volar la creatividad, se puede llegar a cada una de las habilidades y contenidos relevantes que la escuela propone y que nuestros alumnos necesitan. Entre el 20 de noviembre y el 18 de diciembre, mientras se juega el Mundial, miles de alumnos estarán necesitando recuperar aprendizajes (que vienen rezagados desde la pandemia) y que no han podido completar durante este año. ¿Qué hacer? Cómo conectar el mundial con los aprendizajes El desafío será vincular cada área. y todas las áreas interconectadas, con el Mundial. Se puede trabajar con los países, las tradiciones y costumbres, su historia y geografía. Se puede ahondar en geopolítica y geoeconomía. Desde otros lugares se puede tocar el liderazgo de los entrenadores y su formación. Se puede llegar a las reglas que nos unen como ciudadanos (en un momento en el que las tomas de los colegios, por ejemplo, desafían esas reglas) a través de entender la evolución de las reglas en el fútbol, conocer y comprender a los referís y debatir acerca del VAR. Por otro lado, detrás de cada una de las figuras hay historias, muchas veces conmovedoras, de superación y convicción, algo que para tantos alumnos argentinos es clave conocer para sus propios proyectos de vida. También se puede ahondar en el estilo de juego de cada equipo y comprender los patrones de ese estilo. 


 La enseñanza y el aprendizaje de la matemática, algo que es urgente renovar en la Argentina, se puede impulsar de un modo fascinante a través del Mundial. Conceptos claves, a los que muchas veces no se llega -en el programa-, se pueden trabajar magníficamente, por ejemplo: probabilidad y estadística; frecuencia absoluta, relativa y porcentual; lectura de gráficos estadísticos; variabilidad (y puedo seguir hasta el infinito). Pero, también, se pueden diseñar actividades y dinámicas de aprendizaje para todas las áreas: prácticas del lenguaje, ciencias sociales y naturales, arte, tecnología, educación física, idiomas. Todo se puede abordar en la escuela, con los alumnos, en torno al acontecimiento mundialista. Pero, sobre todo, se pueden trabajar proyectos con varias áreas y espacios conectados, algo que nuestra escuela necesita con urgencia. No podemos seguir teniendo ´materias sueltas´, necesitamos que estén vinculadas unas y otras a proyectos relevantes para los alumnos. En el Mundial, encontramos la oportunidad perfecta para conseguir ese objetivo. 

 Profesora, investigadora y escritora especializada en Educación

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/opinion/como-aprovechar-el-mundial-en-las-aulas-nid07102022/

Wednesday, September 21, 2022

21 de Septiembre:¡FELIZ DÍA DE LA PRIMAVERA!¡FELIZ DÍA DEL ESTUDIANTE!

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          21 de Septiembre:¡FELIZ DÍA DE LA PRIMAVERA!¡FELIZ DÍA DEL ESTUDIANTE!
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Saturday, September 17, 2022

17 de Septiembre: DÍA DEL PROFESOR

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Wednesday, September 7, 2022

Hay otra Argentina, lejos de Uruguay y Juncal

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 Hay otra Argentina, lejos de Uruguay y Juncal 

 La historia de Nicolás Monzón es un ejemplo de ese país luminoso que, en medio de la intolerancia y la agresividad ejercidas desde el poder, justifica la esperanza

 7 de Septiembre de 2022

 Luciano Román
Otra visión de la educación  Alfredo Sábat

 La Argentina, por momentos, parece asfixiante. La vorágine de los últimos días ha reforzado el desasosiego ciudadano. Un cóctel de violencia real y simbólica, combinada con intolerancia y agresividad ejercidas desde el poder, consolidó una atmósfera sombría en la que no parece haber tregua ni respiro. Tal vez resulte indispensable, entonces, recordar que también hay un país que justifica la esperanza. Quizá no sea el que defina los rasgos salientes de esta época, pero existe y tiene nombres y apellidos. Ante el riesgo de quedar intoxicados por la beligerancia de las redes sociales y los discursos inflamados de la política, hay un ejercicio que puede ser alentador: pongamos en el buscador de Google “Nicolás Monzón”. Aparecerá una historia de la Argentina luminosa. 

Nacido en una zona vulnerable del conurbano, Nicolás es hijo de un albañil que no pudo terminar la primaria y que, durante los años más duros de la crisis, tuvo que salir a cartonear. Su madre tenía un puesto en una feria de trueque. Él estudia tres carreras universitarias; ganó una exigente beca de la UADE y ahora figura en la elite de “los diez mejores estudiantes del mundo”. Es el primer argentino que llega a esa instancia en un premio internacional (el Chegg.org Global Student Prize 2022 lanzado por la Fundación Varkey) del que participan casi 7000 postulantes de 150 países.
Nicolas Monzón, el único argentino entre los mejores 10 estudiantes del mundo, candidato a ganar el Global Student Prize. Fabian Marelli 

 La de Nicolás es una historia de superación a través del esfuerzo personal. Es una historia que refuta las ideas dominantes, en las que el mérito es estigmatizado, la exigencia se ve como una barrera (no como un estímulo) y la excelencia se asocia con elitismo. Es una historia que demuestra que, a pesar de todo, en la Argentina se puede progresar con las viejas herramientas del estudio, el sacrificio, la tenacidad y la confianza. Es, por si fuera poco, una historia de integración social, en la que el talento individual permite sortear los tabiques de una sociedad cada vez más fragmentada. Nicolás estudia en dos de las mejores universidades del país, una pública, la UBA, y otra privada, la UADE. Hizo el secundario en una escuela barrial de Quilmes. Hace unos años, fue esa misma escuela la que lo llevó, en una excursión, a conocer la UADE. ¿Hoy todavía llevan a los estudiantes de las escuelas públicas de Quilmes a conocer esos circuitos universitarios? ¿O la docencia militante ha clausurado, entre otras, esas ventanas para asomarse al mundo? 

Tal vez sean preguntas pertinentes ante la expansión del adoctrinamiento. Para estudiar Ingeniería Informática en la UADE (a la vez que cursa las carreras de Matemática y de Física en la UBA), Nicolás tuvo que postularse a una beca bajo un régimen muy estricto: para obtenerla, se debe aprobar el examen de ingreso en el primer intento y mantener un promedio superior a 8, entre otros requisitos. Es un sistema que también contrasta con la demagogia que está colonizando todo el universo educativo: la consigna de los ministerios provinciales de Educación es, por el contrario, bajar la vara de la exigencia, flexibilizar las condiciones para pasar de año y prohibir –en forma más o menos explícita– la repitencia y los aplazos. Todo supone una profunda subestimación de los sectores más vulnerables de la población, a los que se condena a una educación de baja intensidad. En nombre de un supuesto progresismo, se cree que los hijos de las familias pobres no pueden responder a estándares altos de exigencia escolar. A partir de ese prejuicio, cada vez se les pide menor esfuerzo, en lugar de incentivarlos para progresar. Darles herramientas para que se ganen las cosas es algo que contradice los manuales básicos del populismo educativo, que cuestiona la noción del logro para entronizar la de la dádiva: las cosas no se ganan, se reciben.

 Y los que las otorgan son “el Estado”, “la organización”, “el puntero”, “el poder”. El individuo se desdibuja en una concepción colectivista que iguala hacia abajo. Es, incluso, hasta una mala lectura de los manuales de la izquierda: Marx no recomendaba prescindir del conocimiento, sino que lo exigía como requisito para el cambio revolucionario. Nicolás Monzón tiene, evidentemente, condiciones y talento singulares. Pero no es un extraterrestre. Es hijo de una cultura que, aun estigmatizada y desalentada desde el poder, sobrevive en la Argentina. En entrevistas que ha dado en los últimos días, contó una historia conmovedora: en ese hogar que conocía las penurias, su abuela advirtió que le gustaban los números. Y cuando tenía 9 años le regaló un libro de matemática que terminó despertando su pasión por las ecuaciones y los cálculos. También en contra de los ideologismos dominantes, vale la pena prestar una especial atención a esa anécdota familiar: en muchos hogares de sectores vulnerables, los libros son sinónimo de esperanza y la educación se ve como el camino hacia un mejor futuro. Aun sin querer, en ese manual “para más grandes” había una intención de poner la vara alta, de alentar el esfuerzo y de proponer, incluso, una meta más ambiciosa. La demagogia educativa combate, con arrogancia militante e ideologismo pedagógico, la cultura de esa abuela: exigir más, “puede ser frustrante y desalentador”. La consigna, entonces, es exactamente la contraria. 

 Que exista una historia como la de Nicolás habla de la fortaleza de determinados valores y rasgos culturales, capaces de sobrevivir y de desarrollarse aun en los entornos más adversos. Es cierto que es un caso “fuera de serie”, pero no es el único. En muchas escuelas, como también en clubes donde se practican deportes amateurs, en centros de expresión artística, en academias de baile, en empresas innovadoras, en ecosistemas productivos, en industrias como las del agro y el turismo, y en todo lo que se vincula con la economía del conocimiento, la excelencia no es un disvalor; tampoco la exigencia. El mérito se reconoce, no se combate; el esfuerzo se promueve, no se desalienta. Y hay una inmensa cantidad de “Nicolases” que se sacrifican, día a día, para progresar y mejorar en lo suyo. El discurso dominante tal vez mire la historia de Nicolás con cierta indiferencia. Cualquiera que se destaque por sus propios méritos parece incomodar de alguna manera al poder, como si desafiara con su solo testimonio los dogmas y prejuicios ideológicos enquistados en el oficialismo. 

No vamos a ver (como sería deseable) una gigantografía de su foto frente a la municipalidad de Quilmes, donde debería ser celebrado como un verdadero orgullo. La TV Pública tampoco hará un documental sobre su vida. Y sería una verdadera sorpresa que el Presidente lo visitara en un aula y lo abrazara como abrazó a Milagro Sala. Es reconfortante, sin embargo, comprobar que esa Argentina a la que el poder no abraza no solo sobrevive, sino que brilla en lo más alto. No tendrá el reconocimiento ni el aliento que merece, pero para muchos es un ejemplo inspirador. En días en los que un joven desquiciado empuña un arma contra la vicepresidenta, un senador de la Nación amenaza con quebrar la paz social y el oficialismo exacerba antagonismos mientras confunde, con liviandad y sin inocencia, la discrepancia con “el odio”, la historia de Nicolás Monzón, conocida en la misma semana en la que todo el foco estuvo puesto en “la locura” de Uruguay y Juncal, tal vez nos permita mirar el futuro con mayor esperanza. Detrás del enrarecido clima político e institucional, hay una Argentina que mira hacia adelante. ¿Sabremos valorarla y estimularla? 

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/opinion/hay-otra-argentina-lejos-de-uruguay-y-juncal-nid07092022/

Sunday, September 4, 2022

No salimos mejores, por Graciela Guadalupe

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                     No salimos mejores 

 “De esta pandemia tenemos que salir mejores”. (De Alberto Fernández, el 1º de Mayo de 2021.) 

 4 de Septiembre de 2022 

 Graciela Guadalupe 

 No “estamos mal, pero vamos bien”, como decía Carlos Menem en los 90, ni salimos mejores de la pandemia, como auguraba Alberto Fernández en 2021, aunque no era el único. Tampoco le estamos dando a la democracia el enorme valor que le asignamos cuando Raúl Alfonsín la trajo de vuelta. Menos, cuando tras un horroroso intento de magnicidio se sale a pedir calma echando culpas al viento o tratando de capitalizar desde muchos sectores cada centímetro del inestable oscilar del péndulo político. Nadie se vuelve bueno por decreto, ni por un feriado. Una orden no implanta sentimientos. Y para afianzar un sentimiento se necesitan dos cuestiones básicas: convicción y ejemplos. En esa sucesión o al revés: un buen ejemplo puede llegar a convencer. Durante el transcurso de la propia pandemia, en la que se perdieron decenas de miles de vidas sin que hoy siquiera se las recuerde en actos públicos de pelambres diversas, los que criticaban algunas medidas eran tildados de “idiotas”, el que salía a correr era un “gorila” y la anciana solitaria e inofensiva que sacaba su silla a la plaza para tomar aire en medio de la nada era una “delincuente” a la que había que meter presa. 

 Por exceso de una autoridad pésimamente ejercida se le negó a un padre ir a despedir a su hija moribunda y a otro se lo obligó a cargar la suya en brazos para cruzar una frontera cerrada por algún insensato mientras los que daban órdenes se ocupaban de incumplirlas. En la última cadena nacional, el Presidente decretó un feriado Nos hicimos resilientes a la fuerza y no solo frente al virus. A poco de abrir la puerta para salir del encierro, muchos se abusaron de aquel temor humanamente lógico. El pensamiento totalitario germina mejor en las sociedades con miedo. Como en una lucha de barro, todo empezó a caer más bajo, producto de una pulsión inversamente proporcional a la inmensa necesidad de salir a flote. Al mismo lodo se arrojó a la Corte y a los fallos de tribunales inferiores. Y a un pedido de condena se lo quiere hacer ver como el final de una historia cantada cuando todavía falta escuchar muchas voces de un coro claramente polifónico. 

 Tras el deleznable ataque contra la vicepresidenta vuelven a escucharse airados reclamos de prudencia mientras los contrincantes –acaso sin memoria– se siguen chuceando trepados al viejo ring, forzando a reconocer como pensamiento a un único pensamiento, convocando a los fantasmas del pasado o inventando nuevos y repartiendo fichas en el viejo juego del sálvese quien pueda. No salimos mejores, apenas si asomamos la cabeza.

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/opinion/no-salimos-mejores-nid04092022/

GRACIAS, MESSI, EL ÚNICO

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