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OPINIÓN
Vargas Llosa no entiende la Argentina
Carlos M. Reymundo Roberts
28 de abril de 2018
Sobre mi escritorio de trabajo tengo una foto con Mario Vargas Llosa, tomada años atrás en el departamento de un amigo en común en Madrid. Sospecho que él no tiene una foto conmigo, pero igual lo quiero y admiro. Especialmente después de haberle escuchado decir anteanoche, en la megacomida por los 30 años de la Fundación Libertad, que a comienzos del siglo pasado la Argentina fue un país desarrollado, pujante, culto, el primero en el mundo en desterrar el analfabetismo. Ahora que somos lo que somos, cuánto enseña recordar lo que fuimos.
A él le cuesta entender esta declinación, que suele vincular, no sé por qué, con la irrupción de cierto movimiento creado por cierto general. En 2011 vino a inaugurar la Feria del Libro y los piqueteros intelectuales del kirchnerismo hicieron lo imposible por intentar callarlo. Horacio González, líder de esa movida, lo tildó de autoritario, lo cual no hizo enojar a Mario, sino reír. El laureado escritor (por las dudas: hablo de Vargas Llosa, no de González) se habrá enterado de que anteayer un grupo de estudiantes impidió, a los gritos, que se hiciera el acto de apertura de la Feria. Me dicen que a esos chicos ya les dieron un carnet de afiliación a Unidad Ciudadana, el simpático nombre del kirchnerismo residual.
A Mario lo recibimos con inflación, tarifazo y trepada del dólar. Tengo dos cosas para contarle a nuestro querido amigo. La primera es que durante la comida de anteanoche me acerqué al ministro Dujovne para llevarle mis inquietudes sobre el panorama económico, y me contestó: "Tranqui, tranqui. En mayo empezará a bajar la inflación, las tarifas ya llegaron al nivel que buscábamos y lo del dólar está ligado al vencimiento de las Lebac y al reacomodamiento que está teniendo en todo el mundo. Tranqui, las cosas van bien". ¿Entiende, querido Mario? Está todo bien, como también dijeron ahí los presidentes Macri y Piñera. ¡No les crea a los periodistas!
Lo segundo que tengo para decirle es que no se debe mirar nuestra realidad en forma aislada, sino en un contexto más grande. Estamos mal, pero podríamos estar peor. Cuando mi mujer se queja del aumento permanente de los precios, saco del bolsillo una foto de Scioli, pongo vos melodramática y le pregunto: "Decime, ¿esto es lo que preferirías, eh?". Acepto que es un golpe bajo, pero consigo calmarla. Otra cosa: al lado de Venezuela, lo nuestro es un paraíso. No lo digo yo, sino los miles y miles de venezolanos que están llegando al país. ¡Huyen del hambre, don Mario! Huyen de privaciones de todo tipo, de persecuciones, de falta de libertades, de un régimen dictatorial. Y de Maduro, que viene a ser un Aníbal Fernández del subdesarrollo. Otra. Estamos mal, pero no mueren fiscales en circunstancias extrañas. Estamos mal, hasta que escuchamos a María Eugenia. Estamos complicados, pero todavía no empezó el segundo semestre. Estamos jodidos, pero ojo: Messi va a llegar bien descansadito al Mundial.
De paso, me gustaría preguntarle al gran escritor (aclaración: hablo de Vargas Llosa, no de Aníbal) si su último libro, La llamada de la tribu, refiere a la reivindicación mapuche en el sur del país, a los jueces del fuero Federal de Comodoro Py o al reordenamiento del peronismo, que acaba de emprender Barrionuevo. Mi pregunta no es antojadiza. Sabemos la admiración que siente por la Argentina, y lo proféticas que han resultado varias de sus obras: Travesuras de la niña mala adelantó la saga ya sabemos de quién; La casa verde, el conteo de dólares en La Rosadita; La guerra del fin del mundo, los interminables conflictos gremiales en Santa Cruz; La fiesta del Chivo, los años en que Agustín Rossi, al frente de la bancada kirchnerista, premiaba y era premiado por la sumisión del bloque; El héroe discreto, la trayectoria de Boudou, y El Paraíso en la otra esquina, las promesas de Cambiemos.
Don Mario, no quisiera que usted se lleve una impresión equivocada del país. La estudiantina en la Feria del Libro nos habla de una juventud inquieta, fervorosa, emprendedora. Si las tarifas suben, ya lo dijo el Presidente, es para que el consumo de la energía baje. La inflación es estacional, lo cual no quiere decir que se estaciona, sino que está un poco atada a los rigores del calor en verano y del frío en invierno. La ola de inseguridad existe, aunque quizá nos estemos dejando llevar por una sensación. Y la famosa grieta ya va a pasar, como un día pasaron las diferencias entre Macri y Lilita, entre Bergoglio y Cristina, entre Pico Mónaco y Pampita y, esta misma semana, entre las dos Coreas. ¡Todos seremos Corea del Centro!
Por cierto, amigo Mario, gracias por esta nueva visita. Gracias por lo que nos dijo y por intentar entendernos. Qué merecidos aplausos le tributaron las 1200 personas que anteanoche llenaron el salón. ¿Vio qué cariñoso es el "círculo rojo"?
Como habrá podido comprobar, estamos en movimiento. Hemos dejado atrás el populismo (o eso queremos creer). Cristóbal López y Fabián de Sousa volverán a la cárcel. El PBI crece. Vamos hacia la ansiada "pobreza cero", con pasos cortos, despacito. Cero apuro.
Un último pedido, si es tan amable. ¿Podría volver a hablarnos de la Argentina de hace 100 años?
Fuente:www.lanacion.com.ar
Saturday, April 28, 2018
Friday, April 27, 2018
OPINIÓN | EDITORIAL-Desocupación e inmigración
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OPINIÓN | EDITORIAL
Desocupación e inmigración
La facilidad con que los ciudadanos de Venezuela consiguen trabajo en nuestro país abre un interrogante sobre las cifras de desempleo
27 de abril de 2018
Cuando un país entra en crisis económica y social, como lo vivimos en 2001, se tergiversan todas las variables económicas, y la relación entre producción y nivel de empleo llega a su punto más crítico.
Cuando hablamos de desocupación normalmente pensamos en un país que no está en condiciones de dar trabajo a sus habitantes, porque no existe trabajo disponible para ellos. La desocupación es así entendida como la contrapartida de la falta de oferta de trabajo. Y el "paro", como le sucedía a España hace algunos años, era la consecuencia de esa falta de disponibilidad de trabajo.
Sin embargo, conviene observar qué sucede en la Argentina con el constante y creciente ingreso de inmigrantes venezolanos que huyen del tétrico panorama que ofrece su país en todos los planos.
En lo que va del año, ingresan inmigrantes venezolanos a razón de 363 por día, lo que arroja unos 10.000 mensuales. El año pasado se radicaron 61.342 paraguayos, 48.165 bolivianos y 37.167 venezolanos. El director de Migraciones afirmó a LA NACION que en los dos últimos años se habían radicado 428.000 personas en la Argentina. Estos son solo los inmigrantes legales, con radicación.
En el caso de Venezuela, su país los expulsa. La falta de libertades, la persecución política, la inseguridad, el hambre y la escasez de medicamentos son algunas de las causas. Pero la amplia mayoría de los ingresados en la Argentina consiguen trabajo, y una recorrida por Buenos Aires, con un mínimo de oído para las tonadas, demuestra que, en efecto, hay una gran cantidad de empleos en los que trabajan personas de dicha nacionalidad.
De ningún modo nos mueven inquietudes xenófobas o contrarias a la inmigración. Muy lejos de ello, nuestro país creció con la inmigración. Nuestra Constitución de 1853/60 plasmó esa idea, que en pocas décadas facilitó, antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial, el arribo de más de cuatro millones de inmigrantes europeos: italianos, en primer lugar; españoles, en segundo término, y más lejos, aunque en importantes contingentes, rusos y franceses. Más adelante, la mayor afluencia provino de los países latinoamericanos y, en especial, de los limítrofes.
La Argentina es suficientemente amplia para albergar a muchos que tengan buena voluntad y deseos de trabajar. Por cierto, no todos los trabajos son de primer nivel, ni mucho menos, y la mayoría de los inmigrantes trabajan en empleos argentinos por debajo de su formación y preparación, aunque es alta la cantidad, entre los oriundos de Venezuela, de técnicos y profesionales de diversas disciplinas, incluidos ingenieros en petróleo. Pero todos trabajan y tienen la convicción de que el país les permitirá progresar.
La pregunta es qué ocurre con los argentinos. ¿Cómo se miden las estadísticas de desocupación, si tantos inmigrantes consiguen trabajo? La conclusión ante esta realidad inmigratoria es que trabajo hay y lo ocupan los extranjeros, pero no los argentinos, lo cual sorprende. Desde ya, una explicación puede darla el hecho de que muchos extranjeros se ven forzados a trabajar en negro, circunstancia que puede representar una ventaja para sus empleadores. Esta situación muestra la realidad de un país con impuestos al trabajo excesivamente elevados, que muchas veces asfixian a la actividad privada y plantea, una vez más, la necesidad de un mayor esfuerzo oficial para aligerar las cargas y los aportes patronales.
Pero también cabe plantearse si será que las estadísticas de desocupación se hacen sobre la base de los Planes Trabajar, y hay argentinos que se resisten a abandonar el confort del subsidio mensual estatal para pasar a desempeñarse en la actividad privada, siempre más exigente. ¿O la razón será otra?
Algo no está claro, y las autoridades deberían explicarlo. No debería preocuparnos la inmigración extranjera. Después de todo, el propio Preámbulo de nuestra Constitución garantiza los beneficios de la libertad, entre los que se encuentra el derecho a trabajar, para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. Pero sí tendría que inquietarnos la realidad laboral argentina.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL
Desocupación e inmigración
La facilidad con que los ciudadanos de Venezuela consiguen trabajo en nuestro país abre un interrogante sobre las cifras de desempleo
27 de abril de 2018
Cuando un país entra en crisis económica y social, como lo vivimos en 2001, se tergiversan todas las variables económicas, y la relación entre producción y nivel de empleo llega a su punto más crítico.
Cuando hablamos de desocupación normalmente pensamos en un país que no está en condiciones de dar trabajo a sus habitantes, porque no existe trabajo disponible para ellos. La desocupación es así entendida como la contrapartida de la falta de oferta de trabajo. Y el "paro", como le sucedía a España hace algunos años, era la consecuencia de esa falta de disponibilidad de trabajo.
Sin embargo, conviene observar qué sucede en la Argentina con el constante y creciente ingreso de inmigrantes venezolanos que huyen del tétrico panorama que ofrece su país en todos los planos.
En lo que va del año, ingresan inmigrantes venezolanos a razón de 363 por día, lo que arroja unos 10.000 mensuales. El año pasado se radicaron 61.342 paraguayos, 48.165 bolivianos y 37.167 venezolanos. El director de Migraciones afirmó a LA NACION que en los dos últimos años se habían radicado 428.000 personas en la Argentina. Estos son solo los inmigrantes legales, con radicación.
En el caso de Venezuela, su país los expulsa. La falta de libertades, la persecución política, la inseguridad, el hambre y la escasez de medicamentos son algunas de las causas. Pero la amplia mayoría de los ingresados en la Argentina consiguen trabajo, y una recorrida por Buenos Aires, con un mínimo de oído para las tonadas, demuestra que, en efecto, hay una gran cantidad de empleos en los que trabajan personas de dicha nacionalidad.
De ningún modo nos mueven inquietudes xenófobas o contrarias a la inmigración. Muy lejos de ello, nuestro país creció con la inmigración. Nuestra Constitución de 1853/60 plasmó esa idea, que en pocas décadas facilitó, antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial, el arribo de más de cuatro millones de inmigrantes europeos: italianos, en primer lugar; españoles, en segundo término, y más lejos, aunque en importantes contingentes, rusos y franceses. Más adelante, la mayor afluencia provino de los países latinoamericanos y, en especial, de los limítrofes.
La Argentina es suficientemente amplia para albergar a muchos que tengan buena voluntad y deseos de trabajar. Por cierto, no todos los trabajos son de primer nivel, ni mucho menos, y la mayoría de los inmigrantes trabajan en empleos argentinos por debajo de su formación y preparación, aunque es alta la cantidad, entre los oriundos de Venezuela, de técnicos y profesionales de diversas disciplinas, incluidos ingenieros en petróleo. Pero todos trabajan y tienen la convicción de que el país les permitirá progresar.
La pregunta es qué ocurre con los argentinos. ¿Cómo se miden las estadísticas de desocupación, si tantos inmigrantes consiguen trabajo? La conclusión ante esta realidad inmigratoria es que trabajo hay y lo ocupan los extranjeros, pero no los argentinos, lo cual sorprende. Desde ya, una explicación puede darla el hecho de que muchos extranjeros se ven forzados a trabajar en negro, circunstancia que puede representar una ventaja para sus empleadores. Esta situación muestra la realidad de un país con impuestos al trabajo excesivamente elevados, que muchas veces asfixian a la actividad privada y plantea, una vez más, la necesidad de un mayor esfuerzo oficial para aligerar las cargas y los aportes patronales.
Pero también cabe plantearse si será que las estadísticas de desocupación se hacen sobre la base de los Planes Trabajar, y hay argentinos que se resisten a abandonar el confort del subsidio mensual estatal para pasar a desempeñarse en la actividad privada, siempre más exigente. ¿O la razón será otra?
Algo no está claro, y las autoridades deberían explicarlo. No debería preocuparnos la inmigración extranjera. Después de todo, el propio Preámbulo de nuestra Constitución garantiza los beneficios de la libertad, entre los que se encuentra el derecho a trabajar, para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. Pero sí tendría que inquietarnos la realidad laboral argentina.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL-El cuidado de la primera infancia
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OPINIÓN | EDITORIAL
El cuidado de la primera infancia
27 de abril de 2018
La atención de los niños durante el tiempo que corre entre los 45 días y los cuatro años es una cuestión de la que se ocupan establecimientos oficiales y privados, con distinto formato institucional y definiendo su función con tres términos: cuidado, enseñanza y crianza (CEC) de la primera infancia. Algunos establecimientos se concentran solo en el cuidado; otros cuidan y enseñan, por ejemplo, a jugar; finalmente, están los que promueven la crianza, el cuidado higiénico y el sueño.
No hay dudas de que los padres necesitan contar con información amplia para elegir con acierto el establecimiento donde inscribir a sus hijos. Ese conocimiento suele ser con frecuencia precario o no actualizado, por lo que es menester insistir en que la decisión de inscribir al niño merece no solo datos suficientes sobre las actividades que se realizan, sino también clara información acerca del enfoque pedagógico.
En el plano nacional, solo se ha realizado una encuesta acerca del CEC de los chicos en este tipo de institutos para la primera edad. La información que proveen las encuestas acerca de condiciones de vida en la niñez y adolescencia no establece diferencias acerca del material recogido de acuerdo con los formatos institucionales, lo que impide su estimación concreta. Es oportuno señalar que, para los establecimientos que no pertenecen al sistema educativo nacional, existe un Registro Nacional de Espacios para la Primera Infancia (Renep), a cargo de la Secretaría de la Niñez, la Adolescencia y la Familia, si bien su información no es pública.
Una cuestión que se observa y preocupa es que la diversidad de formatos institucionales existentes para la atención de los más pequeños acentúa las diferencias de carácter socioeconómicas existentes. Así, un dato de importancia por considerar es que la inscripción de chicos de mejor nivel económico duplicaba la de niños pertenecientes a familias de recursos más bajos (52% y 21%, respectivamente). Se observa, en consecuencia, que las familias de mayores recursos encuentran ofertas que pueden suplir la carencia de establecimientos oficiales, en tanto que a quienes disponen de menores medios esto se les hace difícil o imposible.
Las disparidades se observan en todas las jurisdicciones del país. Así, por ejemplo, la concurrencia de los niños a los institutos de la primera infancia es del 61,7% en CABA y del 15,5% en el noroeste del país. Escasea la información referente a la cobertura, distribución y multiplicidad de formatos institucionales, datos necesarios a fin de elaborar mejores políticas para la primera infancia. En relación con esta demanda, se observa la existencia de dos cuestiones de importancia. Una es la necesidad de garantizar a todos los niños su lugar en los establecimientos de CEC; la otra, expandir la cobertura de ese nivel y mejorar la calidad de la oferta educativa, procurando que el contenido de los programas garantice la igualdad de los beneficios desde el comienzo de la vida. Esto supone fortalecer las ofertas de formatos institucionales en lugares accesibles a los chicos más vulnerables.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL
El cuidado de la primera infancia
27 de abril de 2018
La atención de los niños durante el tiempo que corre entre los 45 días y los cuatro años es una cuestión de la que se ocupan establecimientos oficiales y privados, con distinto formato institucional y definiendo su función con tres términos: cuidado, enseñanza y crianza (CEC) de la primera infancia. Algunos establecimientos se concentran solo en el cuidado; otros cuidan y enseñan, por ejemplo, a jugar; finalmente, están los que promueven la crianza, el cuidado higiénico y el sueño.
No hay dudas de que los padres necesitan contar con información amplia para elegir con acierto el establecimiento donde inscribir a sus hijos. Ese conocimiento suele ser con frecuencia precario o no actualizado, por lo que es menester insistir en que la decisión de inscribir al niño merece no solo datos suficientes sobre las actividades que se realizan, sino también clara información acerca del enfoque pedagógico.
En el plano nacional, solo se ha realizado una encuesta acerca del CEC de los chicos en este tipo de institutos para la primera edad. La información que proveen las encuestas acerca de condiciones de vida en la niñez y adolescencia no establece diferencias acerca del material recogido de acuerdo con los formatos institucionales, lo que impide su estimación concreta. Es oportuno señalar que, para los establecimientos que no pertenecen al sistema educativo nacional, existe un Registro Nacional de Espacios para la Primera Infancia (Renep), a cargo de la Secretaría de la Niñez, la Adolescencia y la Familia, si bien su información no es pública.
Una cuestión que se observa y preocupa es que la diversidad de formatos institucionales existentes para la atención de los más pequeños acentúa las diferencias de carácter socioeconómicas existentes. Así, un dato de importancia por considerar es que la inscripción de chicos de mejor nivel económico duplicaba la de niños pertenecientes a familias de recursos más bajos (52% y 21%, respectivamente). Se observa, en consecuencia, que las familias de mayores recursos encuentran ofertas que pueden suplir la carencia de establecimientos oficiales, en tanto que a quienes disponen de menores medios esto se les hace difícil o imposible.
Las disparidades se observan en todas las jurisdicciones del país. Así, por ejemplo, la concurrencia de los niños a los institutos de la primera infancia es del 61,7% en CABA y del 15,5% en el noroeste del país. Escasea la información referente a la cobertura, distribución y multiplicidad de formatos institucionales, datos necesarios a fin de elaborar mejores políticas para la primera infancia. En relación con esta demanda, se observa la existencia de dos cuestiones de importancia. Una es la necesidad de garantizar a todos los niños su lugar en los establecimientos de CEC; la otra, expandir la cobertura de ese nivel y mejorar la calidad de la oferta educativa, procurando que el contenido de los programas garantice la igualdad de los beneficios desde el comienzo de la vida. Esto supone fortalecer las ofertas de formatos institucionales en lugares accesibles a los chicos más vulnerables.
Fuente:www.lanacion.com.ar
Retraining and reskilling to ease the strain of automation
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Retraining and reskilling to ease the strain of automation
Economist Michael Spence talks about the role the public and private sectors need to play in helping people prepare for changes in the workforce.
Automation will continue to have an impact on jobs across all industries, and the best way for companies, governments, and individuals to address the challenge, says economist Michael Spence, is for them to work together. In this interview, Spence explains that to reduce the fear and anxiety associated with the specter of jobs going away, concrete steps must be taken to retrain, reskill, and empower employees for the future.
Interview transcript
The Industrial Revolution created a lot of middle-class jobs—with a big lag, a lot of pain and suffering, and a lot of urbanization to go along with it. The transition to the service economy left behind many people, who still feel stranded, because they thought of themselves as contributing productively in the manufacturing sector. But the manufacturing sector, at least in employment terms, has shrunk, probably mostly in the early mid-postwar period, due to globalization and, more recently, due to automation and the power of digital technology. So, is this one different? I think this one looks like it is going to impact jobs everywhere, right across the spectrum. Not just middle-class jobs but also high-paying jobs will be augmented or somehow affected.
Individuals have to take some initiative. They need to have the resources to do it. One of the strongest arguments for redistributing income, in some form or another, may be through high-quality services that people need, which are usually labeled as healthcare and education. But it may be retraining and other things. There are countries moving down this road—some of the Nordic countries, for example.
Government has a role in multiple dimensions. One of them is we can’t assume that everybody sitting out there—wondering and anxious about their future and what jobs are going to exist—is going to know the answers to all these questions. They have to make investments in partnership with somebody—the government, for example. So there’s an important role for the public sector and think tanks to try to communicate to people how this evolution is going, even if the forecast isn’t perfect, so they can make informed investment decisions.
The other piece that I don’t think gets talked about enough is that the business side of this is really important. You can’t do this effectively—this is my judgment—if business thinks labor is just another input where the goal is to minimize costs, and you get rid of it when you can. That’s not the way it works in the societies and the economies that seem to be succeeding most with this.
I think you need everybody on deck, and you need a set of values underpinning it that say, “On a very short list of the most important things around here, it’s people and them succeeding in large numbers—that is, the vast majority.” And we all have some role to play.
There’s an interesting article, for example, in the New York Times. A guy was wondering whether the majority of Swedish citizens are scared about AI [artificial intelligence]. The message that came back is, “Maybe they’re a little scared, but they’re a lot less scared than a lot of other folks seem to be in other countries.” The reason for that seems to be that the majority of people think that their employer, in collaboration with the government, will find a way to help people get through these transitions, and maintain their employment or support them during the retraining period. If you have that in the background, then you can get the job done, and you reduce anxiety on the way through.
About the author(s)
Michael Spence is a William R. Berkley professor of economics and business at the New York University Leonard N. Stern School of Business. Rik Kirkland, a partner in McKinsey’s New York office, conducted this interview.
Source:https://www.mckinsey.com/global-themes/future-of-organizations-and-work/retraining-and-reskilling-to-ease-the-strain-of-automation?
Retraining and reskilling to ease the strain of automation
Economist Michael Spence talks about the role the public and private sectors need to play in helping people prepare for changes in the workforce.
Automation will continue to have an impact on jobs across all industries, and the best way for companies, governments, and individuals to address the challenge, says economist Michael Spence, is for them to work together. In this interview, Spence explains that to reduce the fear and anxiety associated with the specter of jobs going away, concrete steps must be taken to retrain, reskill, and empower employees for the future.
Interview transcript
The Industrial Revolution created a lot of middle-class jobs—with a big lag, a lot of pain and suffering, and a lot of urbanization to go along with it. The transition to the service economy left behind many people, who still feel stranded, because they thought of themselves as contributing productively in the manufacturing sector. But the manufacturing sector, at least in employment terms, has shrunk, probably mostly in the early mid-postwar period, due to globalization and, more recently, due to automation and the power of digital technology. So, is this one different? I think this one looks like it is going to impact jobs everywhere, right across the spectrum. Not just middle-class jobs but also high-paying jobs will be augmented or somehow affected.
Individuals have to take some initiative. They need to have the resources to do it. One of the strongest arguments for redistributing income, in some form or another, may be through high-quality services that people need, which are usually labeled as healthcare and education. But it may be retraining and other things. There are countries moving down this road—some of the Nordic countries, for example.
Government has a role in multiple dimensions. One of them is we can’t assume that everybody sitting out there—wondering and anxious about their future and what jobs are going to exist—is going to know the answers to all these questions. They have to make investments in partnership with somebody—the government, for example. So there’s an important role for the public sector and think tanks to try to communicate to people how this evolution is going, even if the forecast isn’t perfect, so they can make informed investment decisions.
The other piece that I don’t think gets talked about enough is that the business side of this is really important. You can’t do this effectively—this is my judgment—if business thinks labor is just another input where the goal is to minimize costs, and you get rid of it when you can. That’s not the way it works in the societies and the economies that seem to be succeeding most with this.
I think you need everybody on deck, and you need a set of values underpinning it that say, “On a very short list of the most important things around here, it’s people and them succeeding in large numbers—that is, the vast majority.” And we all have some role to play.
There’s an interesting article, for example, in the New York Times. A guy was wondering whether the majority of Swedish citizens are scared about AI [artificial intelligence]. The message that came back is, “Maybe they’re a little scared, but they’re a lot less scared than a lot of other folks seem to be in other countries.” The reason for that seems to be that the majority of people think that their employer, in collaboration with the government, will find a way to help people get through these transitions, and maintain their employment or support them during the retraining period. If you have that in the background, then you can get the job done, and you reduce anxiety on the way through.
About the author(s)
Michael Spence is a William R. Berkley professor of economics and business at the New York University Leonard N. Stern School of Business. Rik Kirkland, a partner in McKinsey’s New York office, conducted this interview.
Source:https://www.mckinsey.com/global-themes/future-of-organizations-and-work/retraining-and-reskilling-to-ease-the-strain-of-automation?
EL MUNDO | CUMBRE DE LAS DOS COREAS-Histórica cumbre entre las Coreas: negocian la paz luego de 65 años, por Adrián Foncillas
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EL MUNDO | CUMBRE DE LAS DOS COREAS
Histórica cumbre entre las Coreas: negocian la paz luego de 65 años
Kim Jong-un se convirtió en el primer dictador norcoreano en pisar suelo del país vecino; el saludo con el presidente Moon Jae-in marcó el inicio de una esperada reunión en la que buscarán sellar un acuerdo definitivo Fuente: Reuters
Adrián Foncillas
26 de abril de 2018
SEÚL.- La Casa de la Paz de Panmunjom vive otro día histórico, aunque la cumbre intercoreana , que empezó hoy, no dé más frutos que la foto. El dictador norcoreano, Kim Jong-un , se convirtió en el primer representante de su dinastía en cruzar el paralelo 38 desde el final de la guerra, en 1953, y estrechó la mano del presidente surcoreano , Moon Jae-in . Confluyeron el nieto del fundador de Corea del Norte con el hijo de un refugiado que huyó al sur, un fósil de la Guerra Fría con un pilar del capitalismo. Y de ese choque se espera que germinen acuerdos tangibles.
"Estoy feliz de conocerlo", le dijo Moon a Kim, según reportaron medios locales. Tras reiterados apretones de mano entre ambos, dos chicos le entregaron un ramo de flores amarillas al dictador norcoreano. Luego, los dirigentes caminaron por la alfombra roja dispuesta por el gobierno surcoreano, secundados por decenas de músicos. Los dos líderes se mostraron distendidos en el saludo y en los minutos en los que estuvieron juntos ante las cámaras.
Esta es la tercera cumbre en la Historia y la primera desde 2007. El cuadro se agravó desde entonces y a fines de año se debatía si Corea del Norte bombardearía la base norteamericana de Guam primero o si Washington se adelantaría con un ataque quirúrgico a Pyongyang. La mención del diálogo de Kim Jong-un en su discurso de Año Nuevo cambió un escenario de guerra termonuclear inminente por la posible firma del anhelado tratado de paz.
La prudencia y la hemeroteca aconsejan embridar el optimismo. Ambos países acumulan demasiados pleitos para que puedan ser resueltos en las pocas horas que permanecerán reunidos en la orilla meridional de la frontera.
Kim Jong-un acude secundado de su hermana Kim Yo-jong y siete adláteres más. Entre ellos, figuran Kim Yong-chol, jefe del espionaje nacional y cerebro de varios ataques al sur, y Choe Hwi, sancionado por la ONU, como evidencia de que negociar con Pyongyang exige mucha templanza. Y también de un chef para que cocine sus afamados fideos fríos, como evidencia de que nada quedará al azar.
Sobre la mesa están los espinosos asuntos del tratado de paz y la desnuclearización. La península coreana se rige aún por el armisticio (apenas un alto el fuego) de 1953 y desde entonces se han encadenado las amenazas bélicas, los ataques e incluso los intentos norcoreanos de liquidar al presidente sureño.
El tratado de paz cerraría un capítulo que empezó a escribirse en la Guerra Fría, pero el entusiasmo desde que Moon lo mencionara se ha aguado a medida que emergían las trabas formales. Asegura la doctrina que debería ser secundado por los que firmaron aquel armisticio (China y Estados Unidos, además de Corea del Norte) y no por Seúl. Un avance menos ambicioso y que evitaría el aroma de fracaso es un cese de hostilidades con límites más estrictos a acciones militares.
Histórico saludo entre presidentes de las dos Coreas (Video disponible en artículo fuente)
Las dudas sobre la desnuclearización son de fondo. Pyongyang ha colocado su arsenal atómico en la mesa de negociaciones cumpliendo las exigencias de Seúl y Washington, pero divergen las interpretaciones.
La primera la ofrece por fases mientras los primeros la pretenden completa, verificable e irreversible. La sinceridad norcoreana divide a los expertos más reputados, que ayer compartieron una charla en Seúl. Para Kim Tae-hwan, profesor de la Academia Nacional de Diplomacia de Corea, Kim Jong-un ejecuta el definitivo paso "de un país nuclear a un país normal".
En la línea escéptica se incluye Andrei Lankov, profesor de la Universidad de Kookmin: "No creo que su desnuclearización sea posible porque va en contra de sus intereses a largo plazo", ha rebatido.
Los detalles de la cumbre entre Kim Jong-un y Moon Jae-in (Video disponible en artículo fuente)
Salida airosa
Los líderes norcoreanos saben que solo el as nuclear impidió en las dos últimas décadas que siguieran los destinos trágicos de dictadores como el libio Muammar Khadafy o el iraquí Saddam Hussein, y los recientes bombardeos a Siria les habrán refrescado la memoria. Un compromiso inicial de reducir el arsenal nuclear sería una salida airosa para todos.
Influye también la desconfianza mutua. Pyongyang recela de la solidez de las promesas de un presidente tan volátil como Donald Trump, y Occidente obtuvo la última certeza de las trampas de Corea del Norte cuando esta semana anunciaba con fanfarria el cierre de su base nuclear. Los expertos sostienen que estaba ya inservible y al borde del colapso después de seis ensayos.
Entre tantas dudas emerge una certeza: Seúl no incidirá en el calamitoso cuadro de derechos humanos en Corea del Norte para no arruinar el clima.
Trump ajusta su reunión con Kim
Donald Trump mencionó ayer que ya se manejan "tres o cuatro" fechas y "cinco sedes" posibles para el esperado encuentro con el líder norcoreano, Kim Jong-un. "Tenemos que adoptar una decisión. Hay tres o cuatro fechas, y eso incluye cinco sedes posibles. Ahora tenemos que ajustar eso", dijo el presidente a Fox News. "Cuando llegué a la Casa Blanca algunos pensaron que iríamos a una guerra nuclear. Ahora están diciendo que parece que el asunto está siento tratado", añadió.
Fuente:www.lanacion.com.ar
EL MUNDO | CUMBRE DE LAS DOS COREAS
Histórica cumbre entre las Coreas: negocian la paz luego de 65 años
Kim Jong-un se convirtió en el primer dictador norcoreano en pisar suelo del país vecino; el saludo con el presidente Moon Jae-in marcó el inicio de una esperada reunión en la que buscarán sellar un acuerdo definitivo Fuente: Reuters
Adrián Foncillas
26 de abril de 2018
SEÚL.- La Casa de la Paz de Panmunjom vive otro día histórico, aunque la cumbre intercoreana , que empezó hoy, no dé más frutos que la foto. El dictador norcoreano, Kim Jong-un , se convirtió en el primer representante de su dinastía en cruzar el paralelo 38 desde el final de la guerra, en 1953, y estrechó la mano del presidente surcoreano , Moon Jae-in . Confluyeron el nieto del fundador de Corea del Norte con el hijo de un refugiado que huyó al sur, un fósil de la Guerra Fría con un pilar del capitalismo. Y de ese choque se espera que germinen acuerdos tangibles.
"Estoy feliz de conocerlo", le dijo Moon a Kim, según reportaron medios locales. Tras reiterados apretones de mano entre ambos, dos chicos le entregaron un ramo de flores amarillas al dictador norcoreano. Luego, los dirigentes caminaron por la alfombra roja dispuesta por el gobierno surcoreano, secundados por decenas de músicos. Los dos líderes se mostraron distendidos en el saludo y en los minutos en los que estuvieron juntos ante las cámaras.
Esta es la tercera cumbre en la Historia y la primera desde 2007. El cuadro se agravó desde entonces y a fines de año se debatía si Corea del Norte bombardearía la base norteamericana de Guam primero o si Washington se adelantaría con un ataque quirúrgico a Pyongyang. La mención del diálogo de Kim Jong-un en su discurso de Año Nuevo cambió un escenario de guerra termonuclear inminente por la posible firma del anhelado tratado de paz.
La prudencia y la hemeroteca aconsejan embridar el optimismo. Ambos países acumulan demasiados pleitos para que puedan ser resueltos en las pocas horas que permanecerán reunidos en la orilla meridional de la frontera.
Kim Jong-un acude secundado de su hermana Kim Yo-jong y siete adláteres más. Entre ellos, figuran Kim Yong-chol, jefe del espionaje nacional y cerebro de varios ataques al sur, y Choe Hwi, sancionado por la ONU, como evidencia de que negociar con Pyongyang exige mucha templanza. Y también de un chef para que cocine sus afamados fideos fríos, como evidencia de que nada quedará al azar.
Sobre la mesa están los espinosos asuntos del tratado de paz y la desnuclearización. La península coreana se rige aún por el armisticio (apenas un alto el fuego) de 1953 y desde entonces se han encadenado las amenazas bélicas, los ataques e incluso los intentos norcoreanos de liquidar al presidente sureño.
El tratado de paz cerraría un capítulo que empezó a escribirse en la Guerra Fría, pero el entusiasmo desde que Moon lo mencionara se ha aguado a medida que emergían las trabas formales. Asegura la doctrina que debería ser secundado por los que firmaron aquel armisticio (China y Estados Unidos, además de Corea del Norte) y no por Seúl. Un avance menos ambicioso y que evitaría el aroma de fracaso es un cese de hostilidades con límites más estrictos a acciones militares.
Histórico saludo entre presidentes de las dos Coreas (Video disponible en artículo fuente)
Las dudas sobre la desnuclearización son de fondo. Pyongyang ha colocado su arsenal atómico en la mesa de negociaciones cumpliendo las exigencias de Seúl y Washington, pero divergen las interpretaciones.
La primera la ofrece por fases mientras los primeros la pretenden completa, verificable e irreversible. La sinceridad norcoreana divide a los expertos más reputados, que ayer compartieron una charla en Seúl. Para Kim Tae-hwan, profesor de la Academia Nacional de Diplomacia de Corea, Kim Jong-un ejecuta el definitivo paso "de un país nuclear a un país normal".
En la línea escéptica se incluye Andrei Lankov, profesor de la Universidad de Kookmin: "No creo que su desnuclearización sea posible porque va en contra de sus intereses a largo plazo", ha rebatido.
Los detalles de la cumbre entre Kim Jong-un y Moon Jae-in (Video disponible en artículo fuente)
Salida airosa
Los líderes norcoreanos saben que solo el as nuclear impidió en las dos últimas décadas que siguieran los destinos trágicos de dictadores como el libio Muammar Khadafy o el iraquí Saddam Hussein, y los recientes bombardeos a Siria les habrán refrescado la memoria. Un compromiso inicial de reducir el arsenal nuclear sería una salida airosa para todos.
Influye también la desconfianza mutua. Pyongyang recela de la solidez de las promesas de un presidente tan volátil como Donald Trump, y Occidente obtuvo la última certeza de las trampas de Corea del Norte cuando esta semana anunciaba con fanfarria el cierre de su base nuclear. Los expertos sostienen que estaba ya inservible y al borde del colapso después de seis ensayos.
Entre tantas dudas emerge una certeza: Seúl no incidirá en el calamitoso cuadro de derechos humanos en Corea del Norte para no arruinar el clima.
Trump ajusta su reunión con Kim
Donald Trump mencionó ayer que ya se manejan "tres o cuatro" fechas y "cinco sedes" posibles para el esperado encuentro con el líder norcoreano, Kim Jong-un. "Tenemos que adoptar una decisión. Hay tres o cuatro fechas, y eso incluye cinco sedes posibles. Ahora tenemos que ajustar eso", dijo el presidente a Fox News. "Cuando llegué a la Casa Blanca algunos pensaron que iríamos a una guerra nuclear. Ahora están diciendo que parece que el asunto está siento tratado", añadió.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN-El riesgo de que el éxito se transforme en una trampa, por Sergio Berensztein
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OPINIÓN
El riesgo de que el éxito se transforme en una trampa
Sergio Berensztein
Para bajar la pobreza y la inflación e insertar al país en el mundo, Macri no puede seguir haciendo lo mismo que hasta ahora
Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
27 de abril de 2018
El Gobierno sigue aferrado a su método. Las dificultades para controlar la inflación, el escaso éxito para atraer inversiones, los más de 4000 millones de dólares vendidos por el Banco Central desde el 28 de diciembre, los módicos avances en materia institucional... Nada parece constituir evidencia suficiente para estimular una revisión de los qué y los cómo que caracterizan y estructuran la gestión de Cambiemos. Tampoco conmueve la caída en la imagen del Presidente, que vuelve a los umbrales anteriores al proceso electoral del año pasado. Mucho menos, el prematuro paso al costado que dio Emilio Monzó, cansado de comprobar que su contribución a la gobernabilidad desde la Cámara de Diputados no era valorada en la Casa Rosada. Algunos dirán que se trata de un plan de operaciones respaldado por el Presidente, que tiene la paciencia y la convicción para continuar a pesar de los cantos de sirena. Otros argumentarán, por el contrario, que es un caso de "empecinamiento terapéutico": a pesar de la falta de resultados, continuará desarrollándose sin retoques.
Mauricio Macri y su núcleo de mayor confianza consideran que llegó la hora de invertir el capital político acumulado en estos treinta meses de gestión, en especial en los comicios de octubre pasado. La batalla por las tarifas ofrece una oportunidad para mostrar convicción en términos de reducción del déficit fiscal y normalización del cuadro tarifario para que los precios orienten el comportamiento de los consumidores. Casi un sacrilegio para un país que abrazó los espejismos del populismo durante tanto tiempo. De este modo, el Gobierno pretende hacer de la necesidad una virtud: enviar un mensaje contundente respecto de su compromiso con los objetivos primordiales de una política que se ve a sí misma como opuesta a los modos de gobernar y a muchos comportamientos ciudadanos previamente dominantes.
Macri y los ideólogos de Cambiemos se sienten la expresión de un cambio cultural de dimensiones copernicanas, el cual pretenden profundizar y reproducir para impulsar una regeneración de valores y prácticas que ayuden a torcer la decadencia que la Argentina experimenta desde hace décadas. Andrés Malamud se refirió a esta cuestión en un reportaje que Astrid Pikielny le realizó para este diario el domingo pasado. Esa confianza en que existe una fuerza a menudo poco aprehensible para el atribulado "círculo rojo" que impulsa al oficialismo a tomar decisiones que, ex ante, parecen por lo menos arriesgadas constituye un intangible muy importante para el equipo gobernante. Legitima posiciones controversiales: quienes las sustentan ya superaron en el pasado circunstancias similares, desafiando el "sentido común" y sorprendiendo a propios y extraños, hasta a los más incrédulos. Ocurrió con el metrobús de la avenida 9 de Julio. Y, sobre todo, con la construcción electoral minimalista que llevó a Macri a la presidencia en 2015. Si esos preceptos funcionaron tan bien hasta ahora, si desde 2005 han cosechado solo victorias... ¿para qué modificarlos?
Ese hiato entre un gobierno que se percibe como el más genuinamente promercado de la historia contemporánea argentina y el "mundo de los negocios", cuyos intereses, según las hipótesis de no pocos críticos y opositores, ese mismo gobierno pretende defender, es otra de las singularidades de esta meseta trabada y resbalosa en la que se encuentran Macri y Cambiemos. No es fácil entender los problemas de comunicación que existen entre ambas partes. En rigor de verdad, al menos buena parte del mercado, tanto actores domésticos como globales, no "compra" el diagnóstico ni los instrumentos que guían la política económica. El gradualismo como religión oficial tiene la inconsistencia de haber transformado un cómo en un qué: al margen del ritmo (terapias progresivas o cirugía mayor), tanto o más importante es definir la agenda (focos, alcance, costos y beneficios, sustentabilidad). En ese punto se acumulan interrogantes que el tiempo agranda, dados los escasos resultados obtenidos, particularmente en el control de la inflación. Por eso, a pesar de la solidez evidenciada por el oficialismo en materia política y del todavía despejado horizonte electoral, esa desconfianza explica la falta de inversiones productivas y las abundantes (aunque volátiles) apuestas especulativas que contribuyeron, al menos hasta ahora, a financiar la transición.
Otro motivo que explica ese divorcio entre el Gobierno y el "círculo rojo" es que las pretensiones regeneracionistas que impulsa el primero en términos de valores y comportamientos afectan los intereses de algunos integrantes de dicho espacio. Lejos de ser "un gobierno de ricos y para ricos", se trataría, por el contrario, de una amenaza para los privilegios de los núcleos de poder. Así pueden considerarse, por ejemplo, la apertura comercial, la negociación con los laboratorios medicinales o la propia cuestión tarifaria. El oficialismo se siente cómodo en su papel de Robin Hood que defiende el interés de consumidores, jubilados y ciudadanos del interior que siempre pagaron más por los servicios públicos. Se enorgullece de su política social y de los subsidios focalizados en los sectores más vulnerables. Espera ansioso el momento de avanzar con la titularización de las viviendas populares, tal vez la iniciativa más revolucionaria planteada por mucho tiempo en la Argentina. Por eso no tiene prisa por reducir la presión tributaria: la considera un mecanismo ideal para disminuir, aunque sea parcialmente, la desigualdad todavía reinante. Gastan mucho, pero creen gastar bien. O, por lo menos, mejor que antes.
El Gobierno no se cuestiona si debe revisar sus hipótesis fundamentales. "Si la realidad contradice mi modelo, entonces la realidad no me sirve", me dijo alguna vez un funcionario de este gobierno, por entonces académico. Si los resultados no son los esperados, tal vez no sea cuestión de personas, egos, tiempos, caprichos o incapacidad para trabajar en equipo. Analizando las experiencias de Vicente Fox en México y del primer Piñera en Chile, gobernar despreciando la política y extrapolando hábitos del sector privado no suele generar finales felices. Más aún, si el terreno cambia, los logros del pasado y las personas y los métodos que explican buenos resultados de ninguna manera pueden servir para enfrentar con éxito los desafíos del presente.
Macri ganó todo hasta ahora: como empresario, como dirigente del fútbol y como líder político. "Equipo que gana no se toca", suele afirmarse en el deporte. Pero atención: la evidencia empírica demuestra que los técnicos que ascienden a primera no logran salir campeones en la máxima categoría. Para alcanzar los objetivos que se ha propuesto -pobreza cero, derrotar la inflación, insertar exitosamente a la Argentina en el mundo, mejorar la competitividad-, Macri no puede seguir haciendo lo mismo. El país necesita los mejores resultados posibles. De nada le sirve navegar por la mitad de la tabla o, peor aún, evitar pelear el descenso.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN
El riesgo de que el éxito se transforme en una trampa
Sergio Berensztein
Para bajar la pobreza y la inflación e insertar al país en el mundo, Macri no puede seguir haciendo lo mismo que hasta ahora
Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
27 de abril de 2018
El Gobierno sigue aferrado a su método. Las dificultades para controlar la inflación, el escaso éxito para atraer inversiones, los más de 4000 millones de dólares vendidos por el Banco Central desde el 28 de diciembre, los módicos avances en materia institucional... Nada parece constituir evidencia suficiente para estimular una revisión de los qué y los cómo que caracterizan y estructuran la gestión de Cambiemos. Tampoco conmueve la caída en la imagen del Presidente, que vuelve a los umbrales anteriores al proceso electoral del año pasado. Mucho menos, el prematuro paso al costado que dio Emilio Monzó, cansado de comprobar que su contribución a la gobernabilidad desde la Cámara de Diputados no era valorada en la Casa Rosada. Algunos dirán que se trata de un plan de operaciones respaldado por el Presidente, que tiene la paciencia y la convicción para continuar a pesar de los cantos de sirena. Otros argumentarán, por el contrario, que es un caso de "empecinamiento terapéutico": a pesar de la falta de resultados, continuará desarrollándose sin retoques.
Mauricio Macri y su núcleo de mayor confianza consideran que llegó la hora de invertir el capital político acumulado en estos treinta meses de gestión, en especial en los comicios de octubre pasado. La batalla por las tarifas ofrece una oportunidad para mostrar convicción en términos de reducción del déficit fiscal y normalización del cuadro tarifario para que los precios orienten el comportamiento de los consumidores. Casi un sacrilegio para un país que abrazó los espejismos del populismo durante tanto tiempo. De este modo, el Gobierno pretende hacer de la necesidad una virtud: enviar un mensaje contundente respecto de su compromiso con los objetivos primordiales de una política que se ve a sí misma como opuesta a los modos de gobernar y a muchos comportamientos ciudadanos previamente dominantes.
Macri y los ideólogos de Cambiemos se sienten la expresión de un cambio cultural de dimensiones copernicanas, el cual pretenden profundizar y reproducir para impulsar una regeneración de valores y prácticas que ayuden a torcer la decadencia que la Argentina experimenta desde hace décadas. Andrés Malamud se refirió a esta cuestión en un reportaje que Astrid Pikielny le realizó para este diario el domingo pasado. Esa confianza en que existe una fuerza a menudo poco aprehensible para el atribulado "círculo rojo" que impulsa al oficialismo a tomar decisiones que, ex ante, parecen por lo menos arriesgadas constituye un intangible muy importante para el equipo gobernante. Legitima posiciones controversiales: quienes las sustentan ya superaron en el pasado circunstancias similares, desafiando el "sentido común" y sorprendiendo a propios y extraños, hasta a los más incrédulos. Ocurrió con el metrobús de la avenida 9 de Julio. Y, sobre todo, con la construcción electoral minimalista que llevó a Macri a la presidencia en 2015. Si esos preceptos funcionaron tan bien hasta ahora, si desde 2005 han cosechado solo victorias... ¿para qué modificarlos?
Ese hiato entre un gobierno que se percibe como el más genuinamente promercado de la historia contemporánea argentina y el "mundo de los negocios", cuyos intereses, según las hipótesis de no pocos críticos y opositores, ese mismo gobierno pretende defender, es otra de las singularidades de esta meseta trabada y resbalosa en la que se encuentran Macri y Cambiemos. No es fácil entender los problemas de comunicación que existen entre ambas partes. En rigor de verdad, al menos buena parte del mercado, tanto actores domésticos como globales, no "compra" el diagnóstico ni los instrumentos que guían la política económica. El gradualismo como religión oficial tiene la inconsistencia de haber transformado un cómo en un qué: al margen del ritmo (terapias progresivas o cirugía mayor), tanto o más importante es definir la agenda (focos, alcance, costos y beneficios, sustentabilidad). En ese punto se acumulan interrogantes que el tiempo agranda, dados los escasos resultados obtenidos, particularmente en el control de la inflación. Por eso, a pesar de la solidez evidenciada por el oficialismo en materia política y del todavía despejado horizonte electoral, esa desconfianza explica la falta de inversiones productivas y las abundantes (aunque volátiles) apuestas especulativas que contribuyeron, al menos hasta ahora, a financiar la transición.
Otro motivo que explica ese divorcio entre el Gobierno y el "círculo rojo" es que las pretensiones regeneracionistas que impulsa el primero en términos de valores y comportamientos afectan los intereses de algunos integrantes de dicho espacio. Lejos de ser "un gobierno de ricos y para ricos", se trataría, por el contrario, de una amenaza para los privilegios de los núcleos de poder. Así pueden considerarse, por ejemplo, la apertura comercial, la negociación con los laboratorios medicinales o la propia cuestión tarifaria. El oficialismo se siente cómodo en su papel de Robin Hood que defiende el interés de consumidores, jubilados y ciudadanos del interior que siempre pagaron más por los servicios públicos. Se enorgullece de su política social y de los subsidios focalizados en los sectores más vulnerables. Espera ansioso el momento de avanzar con la titularización de las viviendas populares, tal vez la iniciativa más revolucionaria planteada por mucho tiempo en la Argentina. Por eso no tiene prisa por reducir la presión tributaria: la considera un mecanismo ideal para disminuir, aunque sea parcialmente, la desigualdad todavía reinante. Gastan mucho, pero creen gastar bien. O, por lo menos, mejor que antes.
El Gobierno no se cuestiona si debe revisar sus hipótesis fundamentales. "Si la realidad contradice mi modelo, entonces la realidad no me sirve", me dijo alguna vez un funcionario de este gobierno, por entonces académico. Si los resultados no son los esperados, tal vez no sea cuestión de personas, egos, tiempos, caprichos o incapacidad para trabajar en equipo. Analizando las experiencias de Vicente Fox en México y del primer Piñera en Chile, gobernar despreciando la política y extrapolando hábitos del sector privado no suele generar finales felices. Más aún, si el terreno cambia, los logros del pasado y las personas y los métodos que explican buenos resultados de ninguna manera pueden servir para enfrentar con éxito los desafíos del presente.
Macri ganó todo hasta ahora: como empresario, como dirigente del fútbol y como líder político. "Equipo que gana no se toca", suele afirmarse en el deporte. Pero atención: la evidencia empírica demuestra que los técnicos que ascienden a primera no logran salir campeones en la máxima categoría. Para alcanzar los objetivos que se ha propuesto -pobreza cero, derrotar la inflación, insertar exitosamente a la Argentina en el mundo, mejorar la competitividad-, Macri no puede seguir haciendo lo mismo. El país necesita los mejores resultados posibles. De nada le sirve navegar por la mitad de la tabla o, peor aún, evitar pelear el descenso.
Fuente:www.lanacion.com.ar
ECONOMÍA-Educando al CEO: cinco consejos para formar un líder (sin caer en el coaching), por Andrés Hatum
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ECONOMÍA
Educando al CEO: cinco consejos para formar un líder (sin caer en el coaching)
Crédito: Shutterstock
Acceder a la cima de una empresa exige una preparación específica que va más allá del conocimiento del negocio o la industria
Andrés Hatum
25 de abril de 2018
José logró su objetivo. Era el nuevo CEO de la empresa. Con 50 años de edad y 25 recorridos en el sector, considera que obtuvo la experiencia necesaria para ser exitoso. Un año después de ser promovido, convocan a un consultor para hacer un análisis del primer año de José en la nueva función. Nadie en la empresa estaba feliz. Los colaboradores más cercanos del CEO se quejaban de su estilo de gestión. Los empleados más antiguos hacían hincapié en el clima "enrarecido". El mismo José no estaba ni contento ni conforme. Se sentía en una jaula de oro donde era difícil movilizar una empresa pesada y conservadora.
Al preguntarle a José cómo se había preparado para acceder a la nueva posición, admite: "No hice nada. Entendí que mi experiencia de tantos años en la industria y en la empresa alcanzaban".
La noticia más dura es que con la experiencia previa no alcanza. La máxima posición de liderazgo en una empresa exige preparación previa y desarrollo durante la función. ¿Qué se puede hacer? A continuación, algunos métodos convencionales y otros no tanto.
1 No leer estupideces. Cómo convertirse en CEO en poco tiempo o Los primeros 100 días del gerente son libros usados por los nuevos CEO o gerentes que solo tienen de interesante el título. El contenido suele ser basura académica que no va a ayudar a aprender a liderar. La criticidad de los primeros meses es cierta. Es entonces cuando la gente va a estar mirando y calibrando comportamientos y decisiones del nuevo CEO. La mejor opción es ir por libros sobre estilos de liderazgo, gestión y equipos directivos, que son temas a los que tendrán que hacer frente.
2 Escapar de las modas: el coaching está muy de moda. Y los hay de diferentes tipos y para todos los gustos. El coaching intenta ser un proceso sistemático para facilitar aprendizajes y promover cambios. Existen, entre otros, el coaching personal, que trabaja sobre habilidades para la vida diaria; el organizacional, para desarrollar ejecutivos y organizaciones; el sistémico, que considera a la persona parte de un sistema; el PNL (programación neurolingüística), que analiza cómo la persona interpreta la realidad, y el cognitivo, que entrena funciones cognitivas.
Un párrafo aparte merece el coaching ontológico, que se basa en la optimización del lenguaje y las emociones. En muchos casos, los coachs ontológicos hacen tantas preguntas que el ejecutivo queda más perplejo y confundido que al inicio del proceso. Nada de esto le sirve a un CEO novato o experimentado. Ni él ni ella tienen tiempo para técnicas metafísicas de comportamiento.
El mejor coach que puede tener un CEO recién nombrado o con experiencia es un ejecutivo experto que haya sido director o presidente de una empresa y que haya pasado por los mismos problemas de la persona a la que tiene que coachear.
Hoy, muchos sin verdadera experiencia en trabajo organizacional o directivo estudian para coach y se creen psicólogos organizacionales. No lo son y no lo serán. Como asegura el dicho popular, "no les da el Pinet".
3 Desarrollar una oratoria flexible: muchos CEO o nuevos CEO se ven frente a la necesidad de comenzar a comunicar casi de forma permanente a diferentes niveles de la organización. Es clave poder expresarse bien y contar una buena historia de la situación que se pretenda explicar.
Las técnicas de oratoria tradicionales no sirven. El storytelling, sin embargo, permite un mejor uso del lenguaje y la comunicación. Aprender a ser vulnerable no lo enseña la oratoria tradicional, que suele tener estructuras muy rígidas.
Las situaciones imprevisibles que se dan en las empresas, por otra parte, también pueden practicarse con técnicas de improvisación que no solo colaboran con la espontaneidad, sino también con mejorar el lenguaje corporal.
4 Realizar una evaluación 360°: la evaluación 360° funciona como el espejo de Blancanieves, pero al revés. En vez de decir lo hermosa que es una persona le escupe la realidad con baldes de agua hirviendo. Una evaluación 360° es aquella que realizan colaboradores, colegas y superiores sobre alguien. También incluye una autoevaluación.
Este tipo de evaluación permite entender cómo la organización ve a un ejecutivo y poder comenzar a cambiar los comportamientos o actitudes por los que somos más criticados. ¿Cuándo hacerlo? Luego de un año de estar en funciones como CEO para lograr ratificar o rectificar comportamientos que no funcionan para el equipo directivo y la organización.
5 Contar con un equipo de estrellas: Stan O'Neal, ex-CEO de Merrill, nunca fue popular. Se ganó varios enemigos con sus tácticas poco transparentes. O'Neal era temerario y autoritario. Luego de ser nombrado CEO en 2002, sistemáticamente eliminó a aquellos ejecutivos que tuvieran suficiente experiencia como para hacerle sombra. Una actitud imbécil que pagó cara al llevar a la empresa a su peor momento económico.
Ser un buen CEO es posible. Se necesita claridad en la agenda de su propio desarrollo y no caer en la megalomanía creyéndose un ser superior. Si hay algo que sobran en las empresas son los jefes narcisistas e idiotas, y son estos, justamente, los primeros que pasan de estrellas a estrellados.
El autor es PhD y profesor de la Escuela de Negocios de la UTDT
Fuente:www.lanacion.com.ar
ECONOMÍA
Educando al CEO: cinco consejos para formar un líder (sin caer en el coaching)
Crédito: Shutterstock
Acceder a la cima de una empresa exige una preparación específica que va más allá del conocimiento del negocio o la industria
Andrés Hatum
25 de abril de 2018
José logró su objetivo. Era el nuevo CEO de la empresa. Con 50 años de edad y 25 recorridos en el sector, considera que obtuvo la experiencia necesaria para ser exitoso. Un año después de ser promovido, convocan a un consultor para hacer un análisis del primer año de José en la nueva función. Nadie en la empresa estaba feliz. Los colaboradores más cercanos del CEO se quejaban de su estilo de gestión. Los empleados más antiguos hacían hincapié en el clima "enrarecido". El mismo José no estaba ni contento ni conforme. Se sentía en una jaula de oro donde era difícil movilizar una empresa pesada y conservadora.
Al preguntarle a José cómo se había preparado para acceder a la nueva posición, admite: "No hice nada. Entendí que mi experiencia de tantos años en la industria y en la empresa alcanzaban".
La noticia más dura es que con la experiencia previa no alcanza. La máxima posición de liderazgo en una empresa exige preparación previa y desarrollo durante la función. ¿Qué se puede hacer? A continuación, algunos métodos convencionales y otros no tanto.
1 No leer estupideces. Cómo convertirse en CEO en poco tiempo o Los primeros 100 días del gerente son libros usados por los nuevos CEO o gerentes que solo tienen de interesante el título. El contenido suele ser basura académica que no va a ayudar a aprender a liderar. La criticidad de los primeros meses es cierta. Es entonces cuando la gente va a estar mirando y calibrando comportamientos y decisiones del nuevo CEO. La mejor opción es ir por libros sobre estilos de liderazgo, gestión y equipos directivos, que son temas a los que tendrán que hacer frente.
2 Escapar de las modas: el coaching está muy de moda. Y los hay de diferentes tipos y para todos los gustos. El coaching intenta ser un proceso sistemático para facilitar aprendizajes y promover cambios. Existen, entre otros, el coaching personal, que trabaja sobre habilidades para la vida diaria; el organizacional, para desarrollar ejecutivos y organizaciones; el sistémico, que considera a la persona parte de un sistema; el PNL (programación neurolingüística), que analiza cómo la persona interpreta la realidad, y el cognitivo, que entrena funciones cognitivas.
Un párrafo aparte merece el coaching ontológico, que se basa en la optimización del lenguaje y las emociones. En muchos casos, los coachs ontológicos hacen tantas preguntas que el ejecutivo queda más perplejo y confundido que al inicio del proceso. Nada de esto le sirve a un CEO novato o experimentado. Ni él ni ella tienen tiempo para técnicas metafísicas de comportamiento.
El mejor coach que puede tener un CEO recién nombrado o con experiencia es un ejecutivo experto que haya sido director o presidente de una empresa y que haya pasado por los mismos problemas de la persona a la que tiene que coachear.
Hoy, muchos sin verdadera experiencia en trabajo organizacional o directivo estudian para coach y se creen psicólogos organizacionales. No lo son y no lo serán. Como asegura el dicho popular, "no les da el Pinet".
3 Desarrollar una oratoria flexible: muchos CEO o nuevos CEO se ven frente a la necesidad de comenzar a comunicar casi de forma permanente a diferentes niveles de la organización. Es clave poder expresarse bien y contar una buena historia de la situación que se pretenda explicar.
Las técnicas de oratoria tradicionales no sirven. El storytelling, sin embargo, permite un mejor uso del lenguaje y la comunicación. Aprender a ser vulnerable no lo enseña la oratoria tradicional, que suele tener estructuras muy rígidas.
Las situaciones imprevisibles que se dan en las empresas, por otra parte, también pueden practicarse con técnicas de improvisación que no solo colaboran con la espontaneidad, sino también con mejorar el lenguaje corporal.
4 Realizar una evaluación 360°: la evaluación 360° funciona como el espejo de Blancanieves, pero al revés. En vez de decir lo hermosa que es una persona le escupe la realidad con baldes de agua hirviendo. Una evaluación 360° es aquella que realizan colaboradores, colegas y superiores sobre alguien. También incluye una autoevaluación.
Este tipo de evaluación permite entender cómo la organización ve a un ejecutivo y poder comenzar a cambiar los comportamientos o actitudes por los que somos más criticados. ¿Cuándo hacerlo? Luego de un año de estar en funciones como CEO para lograr ratificar o rectificar comportamientos que no funcionan para el equipo directivo y la organización.
5 Contar con un equipo de estrellas: Stan O'Neal, ex-CEO de Merrill, nunca fue popular. Se ganó varios enemigos con sus tácticas poco transparentes. O'Neal era temerario y autoritario. Luego de ser nombrado CEO en 2002, sistemáticamente eliminó a aquellos ejecutivos que tuvieran suficiente experiencia como para hacerle sombra. Una actitud imbécil que pagó cara al llevar a la empresa a su peor momento económico.
Ser un buen CEO es posible. Se necesita claridad en la agenda de su propio desarrollo y no caer en la megalomanía creyéndose un ser superior. Si hay algo que sobran en las empresas son los jefes narcisistas e idiotas, y son estos, justamente, los primeros que pasan de estrellas a estrellados.
El autor es PhD y profesor de la Escuela de Negocios de la UTDT
Fuente:www.lanacion.com.ar
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