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OPINIÓN
Los héroes negados que la escuela no quiere recordar
Jorge Fernández Díaz
29 de abril de 2018
Cuando el teniente trepó hasta la cima y se llevó los prismáticos de campaña a los ojos, vio el escalofriante espectáculo que se abría paso en la bruma: fragatas, destructores, helicópteros y lanchones iniciaban el masivo desembarco. Era el Día D en el estrecho San Carlos, y la treta del teniente primero Esteban había sido un éxito: una vez tomado el pueblo y requisadas prolijamente las viviendas en busca de radios, armas y vehículos, había permitido que los isleños continuaran con su rutina y había escondido a su tropa. De lejos y con aquellas apacibles chimeneas humeantes, parecía un acceso despejado; si los ingleses no hubieran caído en la trampa su estrategia hubiese sido distinta: los comandos habrían llegado por la noche y habrían asesinado a los soldados argentinos.
En ese momento, Esteban hizo un cálculo correcto: había en aquellas costas cinco mil hombres, y él disponía de solo cuarenta efectivos. Nadie le hubiera reprochado seguir la lógica, que consistía en dar por radio la "alerta temprana" a sus superiores, y luego rendirse con honor. Pero aquel muchacho de 28 años que estaba a cargo de la Compañía C hizo lo inesperado: avisó y presentó batalla. Su proeza está en los libros de la historia militar de la Argentina y de Inglaterra; nadie conocía muy bien, sin embargo, lo que pensaba íntimamente durante esa guerra maldita. Carlos Esteban se había recibido en Córdoba de licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Sabía a esas alturas que Galtieri no sabía, y que esa conflagración era un enorme error estratégico. Estaban destinados a perder, pero no podía contárselo a nadie. Tal vez no le hubiera desagradado a Borges relatar la parábola de un valiente que aun reconociendo la futilidad trágica de su sacrificio, carga todo el tiempo con su secreto escepticismo y realiza a su vez una hazaña heroica.
Esteban, sus oficiales y aquella antología de conscriptos de la clase 62 que habían sido entrenados hasta la fatiga formaron parte del discretísimo operativo de reconquista de las islas Malvinas, y más tarde rodearon Darwin y redujeron a una población dócil que los esperaba con banderas blancas. El jefe de esa localidad se llamaba Hardcastle, y mientras tomaban el té en su casa, Esteban advirtió con un estremecimiento que su propia mujer posaba en un retrato con la hija del flemático anfitrión: habían estudiado juntas en un colegio bilingüe de La Cumbre. Se le antojó que esa asombrosa casualidad podía ser una señal del destino. A veces se alejaba del campamento para llorar, extrañaba mucho a su esposa y a su pequeño hijo; creía que nunca iba a volver a verlos. Después se recuperaba y echaba una arenga a sus bravos, a quienes todos cuidaban con esmero y con quienes compartían penurias sin distingos. Esa actitud fue tan ejemplar que años más tarde el Pentágono envió una psiquiatra para determinar por qué entre ese puñado de reclutas no se habían producido ulteriores suicidios ni secuelas graves, ni denuncias ni maltratos, y en qué había consistido la fórmula mágica de sus líderes.
El 1° de mayo la Inteligencia les anticipó que sufrirían un ataque de aviación, y se refugiaron en los acantilados; hubo ocho horas de bombardeo y de guerra aérea con varios muertos, pero ellos salieron ilesos. Les dieron una nueva misión: marchar a la zona norte y controlar el estrecho por el que podía colarse la segunda flota más poderosa de Occidente. Es precisamente allí donde sucede el legendario combate de San Carlos, que comienza cuando Esteban baja la colina, se comunica con la comandancia y prepara a los gritos el repliegue. El primer Sea King surge entonces de la nada, y Esteban ordena cuerpo a tierra y silencio absoluto. A los cien metros, da orden de abrir fuego: los fusiles tronaron, las balas sacaron chispas del fuselaje y el helicóptero se bamboleó, empezó a largar humo y aterrizó de manera brusca. Sin pérdida de tiempo, el teniente dispuso un cambio de posición. Justo en ese momento un Gazelle con un sistema de cohetes se les vino encima. Lo atendieron con la misma fusilería. El aparato se sacudió en el aire, la cabina estalló en mil pedazos y el piloto, mal herido, intentó escapar hacia la desembocadura; su máquina cayó en el río y comenzó a hundirse.
Los británicos, desde la cabecera, empezaron a dispararles con morteros. Ellos cruzaron otra cuchilla y un Gazelle idéntico quiso cortarles el paso: "Repetimos la concentración de fuego y se desplomó totalmente en llamas -recuerda Esteban-. No hubo chance de que se salvara nadie de la tripulación". En esa mañana de sangre, el efecto sorpresa y la adrenalina jugaban a favor de los perdedores. Que siguieron moviéndose, ahora para ganar altura. El tercer Gazelle se presentó en sociedad apretando los gatillos, pero dibujaba un blanco perfecto: cientos de proyectiles le dieron una dura bienvenida y lo sacaron de circulación. Fue en ese instante en que se abrió una extraña tregua. Cuatro helicópteros que costaban veinte millones de dólares habían sido derribados en veinte minutos. Los ingleses, sorprendidos, hacían el control de daños y evaluaban la insólita situación, y la Fuerza Aérea argentina preparaba un ataque para impedir la avanzada. Esteban sabía que la infantería inglesa los buscaría por cielo y tierra para eliminarlos. Era hora de partir.
Lo que sigue es una ardua aventura que Hollywood no hubiera desaprovechado: los cuarenta y dos, considerados ya "desaparecidos en acción", caminaron tres días y tres noches por la turba y el frío. En el libro Bravo 25 se revelan sus peripecias: encontraron una casa vacía con algunos pocos alimentos donde a veces sonaba el teléfono en vano, pernoctaron al abrigo de las ventiscas y fueron acechados -mientras aguardaban escondidos y con aliento cortado- por un helicóptero que dio varias vueltas a su alrededor sin decidirse a destruirla o a marcharse. Anduvieron bajo el sol pálido hasta el agotamiento, dieron con un caserío kelper, lo coparon a punta de pistola y enviaron dos estafetas en Land Rover a dar la buena nueva al Ejército. Tras incontables peligros, los rescataron, y en Puerto Argentino fueron recibidos con algarabía. Mohamed Alí Seineldín estaba particularmente exaltado. Esteban le relataba el despliegue impresionante que había visto en el estrecho, pero el teniente coronel parecía sordo a los datos; confiaba en la Virgen: cuando lleguen los piratas -decía- ella producirá una tormenta y los hundirá. Esteban seguía guardándose su amargo y exacto diagnóstico; a las pocas horas solicitó permiso para regresar a Darwin y participar de la defensa final. Allí su jefe acordó la rendición tras una intensa y desigual refriega. Esteban y sus oficiales eran tratados con deferencia y admiración por el enemigo, aunque nunca quisieron privilegios: compartieron con los soldados rasos sus mismas incomodidades. Al regresar a la patria, toda la "compañía de oro" fue condecorada, y el áspero informe Rattenbach la dejó a salvo de cuestionamientos. Esteban está retirado y es hoy director del Departamento UADE Business School: en su posgrado enseña escenarios estratégicos, planeamiento, negociación política y derecho diplomático. Pocos saben quién es ese profesor afable. Mayo contiene las efemérides de lo que estrategas militares denominan el "combate de San Lorenzo del siglo XX". Escasas o quizá ninguna escuela dará cuenta, sin embargo, de esta historia callada por nuestra estupidez y nuestra mala conciencia. Esta derrota verdaderamente sublime.
Fuente:www.lanacion.com.ar
Sunday, April 29, 2018
OPINIÓN | EDITORIAL-Capacidades diferentes: aborto y humanidad común
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OPINIÓN | EDITORIAL
Capacidades diferentes: aborto y humanidad común
Abogar por leyes que promuevan la igualdad de derechos y promover que se elimine a seres humanos antes de nacer encierra una peligrosa incongruencia
29 de abril de 2018
Los espartanos eran formados y preparados físicamente desde niños en el arte de la guerra por aquel Estado griego. La leyenda refiere que aquellos recién nacidos con malformaciones eran arrojados desde lo alto del monte Taigeto, al sur del Peloponeso. Las doctrinas eugenésicas tendían a lograr un "mejoramiento" de la condición humana mediante la eliminación de aquellas personas que nacían con diferentes capacidades físicas o intelectuales.El nazismo llevó esta aborrecible doctrina a su máxima expresión, ejecutando masivamente a millones de seres humanos, en pro de la declarada pureza de la raza aria.
El mundo civilizado condenó y condena duramente estas y otras expresiones racistas contrarias a la naturaleza del ser humano. El mundo entero se escandalizó ante tamaña barbarie, y se puso el acento sobre personalidades del arte, de la ciencia y la cultura que deslumbraron al universo, más allá de sus necesidades especiales personales.
Entre los proyectos de legalización del aborto en trámite hay al menos cinco que incluyen, entre las causales de interrupción del embarazo sin plazo, las "malformaciones fetales graves" y otros que proponen el aborto libre, los cuales, aun sin especificar la causal, obviamente incluyen la posibilidad de impedir el nacimiento de quienes presenten alguna discapacidad, acrecentando en este caso las disposiciones del artículo 86 del actual Código Penal.
Los exámenes genéticos previos, actualmente realizables tomando una simple muestra de sangre de la madre, permiten detectar si existe alguna dificultad genética o de otro tipo en la persona por nacer. En España, por ejemplo, el 90% de los concebidos que padecen síndrome de Down son eliminados a través del aborto. Los médicos aconsejan la práctica, pues temen ser demandados luego por mala praxis si no lo hacen.
En definitiva, corresponde llamar las cosas por su nombre sin disfraces: estamos ante proyectos de ley que proponen la eliminación sistemática de las personas con discapacidad, sea por la causal específica o sea por el aborto libre y sin causa. ¿Cuál es el fundamento de esta eliminación? ¿Que no van a ser "normales"? ¿Qué es lo que mide la humanidad (o la normalidad) de los mortales? ¿Solo la eficiencia, el intelecto, el éxito?
La persona con capacidades diferentes tiene valores que nos enriquecen a todos como personas y tienen muchísimo para dar. Hacen un gran aporte a una sociedad tan materialista y egoísta que olvida frecuentemente la dimensión del amor: la capacidad de amar y la necesidad de ser amados. No se puede valorar al ser humano únicamente por lo que rinde económicamente, entronizando una contracultura del descarte y la exclusión existencial. Estos intentos de darwinismo legislativo nos interpelan en nuestra propia humanidad y nos hacen cuestionar la esencia de lo que define al ser humano.
Ahora bien, desde estas columnas de opinión luchamos y pregonamos incansablemente contra toda forma de discriminación entre las personas, pugnando por eliminar las barreras físicas, educacionales, culturales, laborales y cualesquiera otras que impliquen diferenciaciones por su aspecto o condición física o intelectual. Nuestra legislación es muy rica en normas tuitivas y protectoras de la discapacidad, afortunadamente muy avanzadas, por cierto, y si bien no todas se cumplen como correspondería, la tendencia a evitar toda forma de discriminación se va haciendo carne en nuestra cultura y nos alinea con las convenciones internacionales suscriptas por nuestro país en la materia.
Lo dicho refleja la enorme incongruencia entre matar a las personas con capacidades diferentes indefensas en el vientre materno, aprobando leyes que autorizan dicho homicidio, y a la vez promover la lucha por la igualdad de derechos de las personas con tal condición, reclamando su justa integración en nuestra sociedad y reconociendo que con ellas nos une la humanidad común de nuestra única naturaleza compartida.
La peor de las discriminaciones es indudablemente la que mata al diferente antes de nacer, la que le impide seguir viviendo. ¿Qué clase de civilización nos espera si retrocedemos a aquellas prácticas execrables del pasado que aún hoy criticamos, pero que parecemos no superar debidamente? ¿A tal extremo hemos llegado que la ideología nos ha cegado el intelecto y la sensibilidad?
Ponderamos la inclusión y la celebramos: jóvenes con síndrome de Down que se reciben de bachilleres, que practican deportes, que son artistas, músicos, cineastas, que tienen éxito en emprendimientos laborales que demuestran, con emocionante contundencia, lo inhumano de proponer leyes que decidan eliminarlos en el vientre materno. Cabe esperar que los argentinos seamos mínimamente coherentes con nosotros mismos.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL
Capacidades diferentes: aborto y humanidad común
Abogar por leyes que promuevan la igualdad de derechos y promover que se elimine a seres humanos antes de nacer encierra una peligrosa incongruencia
29 de abril de 2018
Los espartanos eran formados y preparados físicamente desde niños en el arte de la guerra por aquel Estado griego. La leyenda refiere que aquellos recién nacidos con malformaciones eran arrojados desde lo alto del monte Taigeto, al sur del Peloponeso. Las doctrinas eugenésicas tendían a lograr un "mejoramiento" de la condición humana mediante la eliminación de aquellas personas que nacían con diferentes capacidades físicas o intelectuales.El nazismo llevó esta aborrecible doctrina a su máxima expresión, ejecutando masivamente a millones de seres humanos, en pro de la declarada pureza de la raza aria.
El mundo civilizado condenó y condena duramente estas y otras expresiones racistas contrarias a la naturaleza del ser humano. El mundo entero se escandalizó ante tamaña barbarie, y se puso el acento sobre personalidades del arte, de la ciencia y la cultura que deslumbraron al universo, más allá de sus necesidades especiales personales.
Entre los proyectos de legalización del aborto en trámite hay al menos cinco que incluyen, entre las causales de interrupción del embarazo sin plazo, las "malformaciones fetales graves" y otros que proponen el aborto libre, los cuales, aun sin especificar la causal, obviamente incluyen la posibilidad de impedir el nacimiento de quienes presenten alguna discapacidad, acrecentando en este caso las disposiciones del artículo 86 del actual Código Penal.
Los exámenes genéticos previos, actualmente realizables tomando una simple muestra de sangre de la madre, permiten detectar si existe alguna dificultad genética o de otro tipo en la persona por nacer. En España, por ejemplo, el 90% de los concebidos que padecen síndrome de Down son eliminados a través del aborto. Los médicos aconsejan la práctica, pues temen ser demandados luego por mala praxis si no lo hacen.
En definitiva, corresponde llamar las cosas por su nombre sin disfraces: estamos ante proyectos de ley que proponen la eliminación sistemática de las personas con discapacidad, sea por la causal específica o sea por el aborto libre y sin causa. ¿Cuál es el fundamento de esta eliminación? ¿Que no van a ser "normales"? ¿Qué es lo que mide la humanidad (o la normalidad) de los mortales? ¿Solo la eficiencia, el intelecto, el éxito?
La persona con capacidades diferentes tiene valores que nos enriquecen a todos como personas y tienen muchísimo para dar. Hacen un gran aporte a una sociedad tan materialista y egoísta que olvida frecuentemente la dimensión del amor: la capacidad de amar y la necesidad de ser amados. No se puede valorar al ser humano únicamente por lo que rinde económicamente, entronizando una contracultura del descarte y la exclusión existencial. Estos intentos de darwinismo legislativo nos interpelan en nuestra propia humanidad y nos hacen cuestionar la esencia de lo que define al ser humano.
Ahora bien, desde estas columnas de opinión luchamos y pregonamos incansablemente contra toda forma de discriminación entre las personas, pugnando por eliminar las barreras físicas, educacionales, culturales, laborales y cualesquiera otras que impliquen diferenciaciones por su aspecto o condición física o intelectual. Nuestra legislación es muy rica en normas tuitivas y protectoras de la discapacidad, afortunadamente muy avanzadas, por cierto, y si bien no todas se cumplen como correspondería, la tendencia a evitar toda forma de discriminación se va haciendo carne en nuestra cultura y nos alinea con las convenciones internacionales suscriptas por nuestro país en la materia.
Lo dicho refleja la enorme incongruencia entre matar a las personas con capacidades diferentes indefensas en el vientre materno, aprobando leyes que autorizan dicho homicidio, y a la vez promover la lucha por la igualdad de derechos de las personas con tal condición, reclamando su justa integración en nuestra sociedad y reconociendo que con ellas nos une la humanidad común de nuestra única naturaleza compartida.
La peor de las discriminaciones es indudablemente la que mata al diferente antes de nacer, la que le impide seguir viviendo. ¿Qué clase de civilización nos espera si retrocedemos a aquellas prácticas execrables del pasado que aún hoy criticamos, pero que parecemos no superar debidamente? ¿A tal extremo hemos llegado que la ideología nos ha cegado el intelecto y la sensibilidad?
Ponderamos la inclusión y la celebramos: jóvenes con síndrome de Down que se reciben de bachilleres, que practican deportes, que son artistas, músicos, cineastas, que tienen éxito en emprendimientos laborales que demuestran, con emocionante contundencia, lo inhumano de proponer leyes que decidan eliminarlos en el vientre materno. Cabe esperar que los argentinos seamos mínimamente coherentes con nosotros mismos.
Fuente:www.lanacion.com.ar
SOCIEDAD-La estirpe de un periodista, la libertad de un soñador, por Carlos M. Reymundo Roberts
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SOCIEDAD
La estirpe de un periodista, la libertad de un soñador
Carlos M. Reymundo Roberts
29 de abril de 2018
Cuatro periodistas marcaron mi carrera. Claudio Escribano, Alberto Laya y Germán Sopeña fueron maestros, ejemplo, guías. Al cuarto no lo conocí: Ignacio Ezcurra. Yo tenía 12 años cuando murió en Vietnam, y me acuerdo del estrépito y la conmoción que la noticia causó en mis padres, viejos lectores de LA NACION.
Volví a cruzarme con su historia, fugazmente, mientras estudiaba periodismo. "Este pibe era muy, muy bueno. Busquen lo que escribió y no dejen de leerlo", recomendó un profesor.
Más tarde, ya incorporado al diario, vi en el corazón de la Redacción su célebre foto con el casco, tomada en Vietnam. Podía ser interpretada como lo que era, un homenaje, un tributo, y también como la presencia de un centinela, un protector de lo mejor de esta profesión: la búsqueda de la verdad llevada, si hace falta, hasta el extremo del heroísmo.
Por los años 80, una madrugada fui al archivo del diario, en el edificio sobre la calle Bouchard, y leí varias de sus notas. Ahí empezó el idilio, el deslumbramiento. Comprobé que realmente se trataba de un grande, de alguien distinto y, me animaría a decir, único. Sabemos que la muerte tantas veces mejora a las personas. Una muerte así, a los 28 años, en un frente de guerra, podía haber contribuido a agigantar su imagen. En realidad había pasado lo contrario. La tragedia había frustrado una trayectoria destinada a alcanzar cumbres insospechadas. Ignacio estaba señalado para hacer historia no por morir bajo los tiros en Vietnam, sino por la dimensión extraordinaria de su trabajo periodístico.
A una edad en la que la gran mayoría -sobre todo en tiempos de extensos cursus honorum en las redacciones- estaba haciendo los palotes, él ya había escrito artículos inolvidables. Su "Reportaje al poder negro" (1967), sobre el conflicto racial en Estados Unidos, es una maravilla narrativa y de investigación. En 15 días, un desconocido jovencito llegado desde la remota Argentina había recorrido los principales ghettos del país, desde Nueva York y Washington hasta la incendiada Detroit, y había entrevistado a los principales líderes negros (Martin Luther King y Rap Brown, entre otros), a relevantes dirigentes blancos como Robert Kennedy, y a cientos de norteamericanos de a pie.
Aquel largo artículo, escrito en primera persona (por entonces, algo muy poco usual), empezaba así: "Me ahogaba. Ya no era por el calor sofocante y pegajoso de Nueva York, esa atmósfera llena de rascacielos, multitudes, neón y de insensible apariencia. Era una sensación desagradable y nueva. Sobre los hombros, y en el estómago, como una trompada punzante y prolongada, me pesaba el odio". En la senda del llamado "Nuevo Periodismo", corriente que nacía en Estados Unidos justo cuando él estudiaba en la Universidad de Missouri (Columbia), en 1960, Ignacio combinaba un trabajo de campo sesudo, incansable, con una prosa trepidante y florida hasta entonces solo propia del lenguaje literario. Ignacio fue uno de los precursores en la Argentina de ese nuevo periodismo de visceral compromiso con la verosimilitud del relato, al que adscribirían, con trazo indeleble, Rodolfo Walsh, Osvaldo Soriano, Tomás Eloy Martínez.
Maestro en la descripción de personas, lugares y momentos, su primer atributo era la intrepidez para ir -cámara en mano, porque también era fotógrafo- hasta el fondo de las historias que encaraba. Parecía responder a la máxima de que solo se puede dar a conocer aquello que se conoce muy bien. Y ahí iba, buscando las entrañas, con audacia y tozudez. Es cierto: esa audacia le costaría la vida. Pero no entendía otro periodismo que el de la mayor aproximación posible a los hechos y a las fuentes.
Para su nota sobre la lucha por los derechos civiles, a Ignacio lo encontramos en un "maloliente departamento de Harlem", donde siete jóvenes negros le muestran la dinamita con la que se proponen "volar una manzana" y destruir "todas las casas de los blancos". Poco después, en una esquina cerca de allí, le puntean la cintura con una sevillana por sacar fotos a dos negros que se estaban peleando en la calle. Lo vemos caminar las calles más sórdidas de barrios virtualmente prohibidos a los blancos y meterse en casas infestadas de ratas para ver cómo vivía la comunidad afroamericana.
Cronista curioso, inquieto, también temerario, Ignacio acompaña a una patrulla armada hasta los dientes que sale en busca de cazadores furtivos en la espesura de la selva misionera; llega hasta el corazón de la colorida Semana Santa indígena de Ayacucho, en Perú; va al encuentro de la célebre cantante folk y militante del pacifismo Joan Báez; vuela por las rutas en el auto conducido por el corredor de TC Juan Manuel Bordeu; recorre el explosivo Medio Oriente; husmea el depósito de hallazgos de la Policía Federal, donde hay desde joyas, televisores y lavarropas hasta calaveras y ataúdes.
En 1991 me tocó cubrir para LA NACION, desde Israel, la Guerra del Golfo Pérsico. Al volver tuve una visita que jamás olvidaré: la de Chiquita Ezcurra, la madre de Ignacio. Ella y su nieta Encarnación, que trabajaba en el diario, me regalaron Hasta Vietnam, el libro que, con prólogo de Manucho Mujica Láinez, reúne algunas de sus mejores notas y fotos, y el diario de su viaje a dedo a Estados Unidos, con dos amigos, cuando tenía 19 años. Se publicó en 1972 y fue reeditado en 1998, con un nuevo prólogo de sus hijos, Encarnación y Juan Ignacio, y una presentación de Sara Gallardo.
Desde entonces, Hasta Vietnam es una suerte de biblia profesional que utilizo para las clases de periodismo. A muchas generaciones de jóvenes estudiantes les he repartido fotocopias de "Reportaje al poder negro", y me maravilla comprobar, una y otra vez, cómo ese artículo escrito hace más de 50 años entusiasma y deleita a chicos de la era digital.
"Un periodista da su medida verdadera cuando es libre", dice Manucho en el prólogo. Ignacio era radicalmente libre. Libre, curioso, tenaz, aventurero. Soñador. Sus trabajos lo sobreviven, y en ellos palpita todavía esa libertad que no pudo cegar del todo la tragedia de Saigón.
Fuente:www.lanacion.com.ar
SOCIEDAD
La estirpe de un periodista, la libertad de un soñador
Carlos M. Reymundo Roberts
29 de abril de 2018
Cuatro periodistas marcaron mi carrera. Claudio Escribano, Alberto Laya y Germán Sopeña fueron maestros, ejemplo, guías. Al cuarto no lo conocí: Ignacio Ezcurra. Yo tenía 12 años cuando murió en Vietnam, y me acuerdo del estrépito y la conmoción que la noticia causó en mis padres, viejos lectores de LA NACION.
Volví a cruzarme con su historia, fugazmente, mientras estudiaba periodismo. "Este pibe era muy, muy bueno. Busquen lo que escribió y no dejen de leerlo", recomendó un profesor.
Más tarde, ya incorporado al diario, vi en el corazón de la Redacción su célebre foto con el casco, tomada en Vietnam. Podía ser interpretada como lo que era, un homenaje, un tributo, y también como la presencia de un centinela, un protector de lo mejor de esta profesión: la búsqueda de la verdad llevada, si hace falta, hasta el extremo del heroísmo.
Por los años 80, una madrugada fui al archivo del diario, en el edificio sobre la calle Bouchard, y leí varias de sus notas. Ahí empezó el idilio, el deslumbramiento. Comprobé que realmente se trataba de un grande, de alguien distinto y, me animaría a decir, único. Sabemos que la muerte tantas veces mejora a las personas. Una muerte así, a los 28 años, en un frente de guerra, podía haber contribuido a agigantar su imagen. En realidad había pasado lo contrario. La tragedia había frustrado una trayectoria destinada a alcanzar cumbres insospechadas. Ignacio estaba señalado para hacer historia no por morir bajo los tiros en Vietnam, sino por la dimensión extraordinaria de su trabajo periodístico.
A una edad en la que la gran mayoría -sobre todo en tiempos de extensos cursus honorum en las redacciones- estaba haciendo los palotes, él ya había escrito artículos inolvidables. Su "Reportaje al poder negro" (1967), sobre el conflicto racial en Estados Unidos, es una maravilla narrativa y de investigación. En 15 días, un desconocido jovencito llegado desde la remota Argentina había recorrido los principales ghettos del país, desde Nueva York y Washington hasta la incendiada Detroit, y había entrevistado a los principales líderes negros (Martin Luther King y Rap Brown, entre otros), a relevantes dirigentes blancos como Robert Kennedy, y a cientos de norteamericanos de a pie.
Aquel largo artículo, escrito en primera persona (por entonces, algo muy poco usual), empezaba así: "Me ahogaba. Ya no era por el calor sofocante y pegajoso de Nueva York, esa atmósfera llena de rascacielos, multitudes, neón y de insensible apariencia. Era una sensación desagradable y nueva. Sobre los hombros, y en el estómago, como una trompada punzante y prolongada, me pesaba el odio". En la senda del llamado "Nuevo Periodismo", corriente que nacía en Estados Unidos justo cuando él estudiaba en la Universidad de Missouri (Columbia), en 1960, Ignacio combinaba un trabajo de campo sesudo, incansable, con una prosa trepidante y florida hasta entonces solo propia del lenguaje literario. Ignacio fue uno de los precursores en la Argentina de ese nuevo periodismo de visceral compromiso con la verosimilitud del relato, al que adscribirían, con trazo indeleble, Rodolfo Walsh, Osvaldo Soriano, Tomás Eloy Martínez.
Maestro en la descripción de personas, lugares y momentos, su primer atributo era la intrepidez para ir -cámara en mano, porque también era fotógrafo- hasta el fondo de las historias que encaraba. Parecía responder a la máxima de que solo se puede dar a conocer aquello que se conoce muy bien. Y ahí iba, buscando las entrañas, con audacia y tozudez. Es cierto: esa audacia le costaría la vida. Pero no entendía otro periodismo que el de la mayor aproximación posible a los hechos y a las fuentes.
Para su nota sobre la lucha por los derechos civiles, a Ignacio lo encontramos en un "maloliente departamento de Harlem", donde siete jóvenes negros le muestran la dinamita con la que se proponen "volar una manzana" y destruir "todas las casas de los blancos". Poco después, en una esquina cerca de allí, le puntean la cintura con una sevillana por sacar fotos a dos negros que se estaban peleando en la calle. Lo vemos caminar las calles más sórdidas de barrios virtualmente prohibidos a los blancos y meterse en casas infestadas de ratas para ver cómo vivía la comunidad afroamericana.
Cronista curioso, inquieto, también temerario, Ignacio acompaña a una patrulla armada hasta los dientes que sale en busca de cazadores furtivos en la espesura de la selva misionera; llega hasta el corazón de la colorida Semana Santa indígena de Ayacucho, en Perú; va al encuentro de la célebre cantante folk y militante del pacifismo Joan Báez; vuela por las rutas en el auto conducido por el corredor de TC Juan Manuel Bordeu; recorre el explosivo Medio Oriente; husmea el depósito de hallazgos de la Policía Federal, donde hay desde joyas, televisores y lavarropas hasta calaveras y ataúdes.
En 1991 me tocó cubrir para LA NACION, desde Israel, la Guerra del Golfo Pérsico. Al volver tuve una visita que jamás olvidaré: la de Chiquita Ezcurra, la madre de Ignacio. Ella y su nieta Encarnación, que trabajaba en el diario, me regalaron Hasta Vietnam, el libro que, con prólogo de Manucho Mujica Láinez, reúne algunas de sus mejores notas y fotos, y el diario de su viaje a dedo a Estados Unidos, con dos amigos, cuando tenía 19 años. Se publicó en 1972 y fue reeditado en 1998, con un nuevo prólogo de sus hijos, Encarnación y Juan Ignacio, y una presentación de Sara Gallardo.
Desde entonces, Hasta Vietnam es una suerte de biblia profesional que utilizo para las clases de periodismo. A muchas generaciones de jóvenes estudiantes les he repartido fotocopias de "Reportaje al poder negro", y me maravilla comprobar, una y otra vez, cómo ese artículo escrito hace más de 50 años entusiasma y deleita a chicos de la era digital.
"Un periodista da su medida verdadera cuando es libre", dice Manucho en el prólogo. Ignacio era radicalmente libre. Libre, curioso, tenaz, aventurero. Soñador. Sus trabajos lo sobreviven, y en ellos palpita todavía esa libertad que no pudo cegar del todo la tragedia de Saigón.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN-Días de frivolidad y demagogia, por Joaquín Morales Solá
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OPINIÓN
Días de frivolidad y demagogia
Joaquín Morales Solá
29 de abril de 2018
Sucedió la peor semana que haya vivido el programa económico y el gobierno de Mauricio Macri . ¿Solo el programa económico? ¿Nadie más que el Gobierno? Si esas dos cosas no incluyeran el destino del país, podría explicarse la frivolidad política de gran parte de la dirigencia nacional. El problema es que incluye no solo el destino, sino también el presente de los argentinos. Es cierto que hubo algunos cambios en la economía internacional, como la suba de las tasas de interés en los Estados Unidos y el consiguiente fortalecimiento del dólar. Pero la tasa de interés norteamericana llegó a ofrecer solo el tres por ciento para los bonos a diez años.
Tal novedad no puede justificar, por sí sola, que la Argentina se haya visto obligada a volcar en el mercado más de 3700 millones de dólares en tres días de furia para mantener el valor del peso frente a la moneda norteamericana. Otros países emergentes se vieron obligados a devaluar, es cierto, pero ninguno fue sacudido fuertemente por una tempestad cambiaria parecida a la de aquí.
El conflicto es también político. El cambio externo sorprendió a Mauricio Macri con el nivel más bajo de aceptación desde julio del año pasado. Tiene un 45 por ciento de aceptación y un 55 de rechazo. La inflación incesante (que se siente más aún en los productos de consumo cotidianos, como alimentos y artículos de limpieza) y los aumentos de tarifas caldearon el clima social. Sin embargo, el escándalo es prematuro en ciertos casos, porque algunos aumentos, como el del gas, ni siquiera llegaron. Buena parte del peronismo reaccionó como reacciona cada vez que lo ve débil a Macri: borra sus muchas diferencias internas, se abroquela en posiciones demagógicas y avanza sin detenerse en cuánto daño hace. Se terminó el kirchnerismo y el antikirchnerismo, el massismo y el pejotismo, aunque sea solo por un instante, si eso le sirve para reinstalarse como opción política y electora.
Después de julio del año pasado, Macri reconstruyó su liderazgo y ganó ampliamente una elección nacional. ¿Lo volverá a hacer ahora? Es una pregunta que solo tendrá respuesta con la evolución de la política en los próximos meses. El peronismo, de todos modos, sabe que la alternativa a Macri es el peronismo. Una reservada encuesta reciente volvió a poner a Sergio Massa en el lugar del contrincante más importante frente a Macri en una eventual elección presidencial. No es casual, entonces, que haya sido Massa quien espoleó las sesiones especiales por las tarifas y que sea el autor, ahora, del proyecto que se trataría en la Cámara de Diputados. Como cuando presentó su propuesta sobre el impuesto a las ganancias, a fines de 2016, Massa volvió a rodearse del kirchnerismo parlamentario para darle fuerza a su posición. El antiguo alcalde de Tigre tiene estómago para todo.
El ministro de Finanzas, Luis Caputo, viene observando cierto desgano en los prestamistas internacionales, que son, en última instancia, los que financian el gradualismo. El temor de Macri es que el crédito se corte por los mensajes que envía la política argentina. El Presidente suele decir que lo que importa es lo que hacemos los argentinos, porque no podemos hacer nada para cambiar lo que ocurre afuera. Es el propio Macri, entonces, el que sostiene que influyeron más los espectáculos de la política interna que los estremecimientos de la economía internacional. En ese contexto, el peronismo se aferró aquí a una fórmula incomprensible: las tarifas deben ser "pagables", dijo. ¿Dónde está el pagómetro que decidirá cuánto pagará cada uno? El aumento en las tarifas estaba incluido en el presupuesto de este año que aprobó el Congreso. ¿De qué otra manera se bajarían los subsidios a los servicios públicos, como prevé el presupuesto? ¿O, acaso, las tarifas eran "pagables" cuando el presupuesto pasó por el Congreso y ahora no lo son?
El proyecto de Massa y el kirchnerismo (también se anotó el resto del peronismo) incluye la cláusula de que el porcentaje de aumento de tarifas será igual al aumento de los salarios. Pero las tarifas son solo una parte del salario que se puede compensar con el ahorro de energía. Es lo que se hace en casi todos los países del mundo (en los serios, al menos). Otra cláusula de ese proyecto ordena una importante disminución del IVA a las tarifas de los servicios públicos. La mitad del IVA es coparticipable con las provincias y son los representantes de los gobernadores los que firmaron esa sentencia. Ningún gobernador lamentó la decisión, nadie pidió un regreso al realismo. Es evidente que los gobernadores prefieren que sea solo Macri el que pague el costo político de vetar ese proyecto, si fuera aprobado por las dos cámaras del Congreso.
Si los aumentos de tarifas fueran similares a los de los salarios y, encima, se bajara la carga del IVA, el déficit fiscal crecería exponencialmente. ¿De dónde se sacarían los recursos para compensar esas pérdidas? ¿O la dirigencia opositora está proponiendo un mayor endeudamiento del país? Si crece el déficit y no quieren más endeudamiento, la única solución que les queda es llamarla a Cristina Kirchner para que reponga la política de emisión monetaria sin respaldo. Venezuela hizo eso durante muchos años y lo que hay ahora ahí es mucho más que una crisis política y económica: es una crisis humanitaria.
Los vaivenes del dólar no le hacen bien al Gobierno. La sociedad argentina suele evaluar la política económica por la estabilidad del dólar más que por la inflación. La Argentina vive de hecho un sistema bimonetario, del que no se fue desde los tiempos de Cavallo. En efecto, la escalada aquí de la moneda norteamericana tiene algunas razones, pocas, en el escenario internacional. Influyó mucho más la política argentina. Culparlo ahora a Federico Sturzenegger de las convulsiones cambiarias es culpar al bombero del incendio. Al contrario, el propio gobierno debió cuidar más al presidente del Banco Central y no obligarlo, por ejemplo, a participar de una conferencia de prensa junto a altos funcionarios en la Casa de Gobierno, en diciembre pasado, para anunciar un cambio en las metas de inflación. Se supone que el Banco Central es independiente del Ejecutivo.
¿Habría sucedido el escándalo opositor si antes no se hubieran sublevado los propios aliados del Gobierno? Es probable que no. El senador peronista Miguel Pichetto suele despachar a algunos enviados oficialistas con un solo párrafo: "Si no tienen el apoyo de sus aliados, ¿por qué los vamos a apoyar nosotros?". La frase no carece de pragmatismo y precisión. A su vez, callar a los aliados sería someterlos a un silencio insoportable y a resignar sus posiciones dentro de una coalición de partidos. ¿Por qué el Gobierno no incluyó a los sectores más racionales del peronismo (Pichetto y los gobernadores, por ejemplo) cuando cambió el modo de cobrar las nuevas tarifas de gas? El espectro del acuerdo hubiera sido más amplio. Con todo, las consecuencias que se vivieron en los últimos días obligan a los socios de Macri a cultivar en adelante la cautela y el cuidado.
Otra vez, el macrismo desocupó el centro del espacio mediático con el tema de las tarifas. También las empresas de servicios públicos, que parecen existir solo para cobrar. No dicen nada sobre la inversión: cuánto, cómo y dónde la realizan. Nadie sabe ahora cuánto pagará por la luz y el gas y ni siquiera se sabe cómo será el sistema de cuotas que acordó la administración con sus aliados. Nadie del Gobierno habla de las tarifas en público. Solo lo hizo el Presidente. El dramatismo opositor, a su vez, exacerbó todavía más a una sociedad asustada. Sucedió lo que pasó con la reforma jubilatoria, cuando muchos jubilados creyeron que les sacarían parte de su salario y, en realidad, estaban discutiendo cómo les aumentarían los ingresos.
La oposición cosecha en un territorio sembrado durante décadas por el populismo. Hay problemas reales, como la inflación y el déficit (uno consecuencia del otro), pero no hay realismo en el debate; hay solo agravios y proyectos que no van a ningún lugar. La pregunta que falta hacer es cuántos argentinos prefieren todavía seguir habitando en la ficción populista.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN
Días de frivolidad y demagogia
Joaquín Morales Solá
29 de abril de 2018
Sucedió la peor semana que haya vivido el programa económico y el gobierno de Mauricio Macri . ¿Solo el programa económico? ¿Nadie más que el Gobierno? Si esas dos cosas no incluyeran el destino del país, podría explicarse la frivolidad política de gran parte de la dirigencia nacional. El problema es que incluye no solo el destino, sino también el presente de los argentinos. Es cierto que hubo algunos cambios en la economía internacional, como la suba de las tasas de interés en los Estados Unidos y el consiguiente fortalecimiento del dólar. Pero la tasa de interés norteamericana llegó a ofrecer solo el tres por ciento para los bonos a diez años.
Tal novedad no puede justificar, por sí sola, que la Argentina se haya visto obligada a volcar en el mercado más de 3700 millones de dólares en tres días de furia para mantener el valor del peso frente a la moneda norteamericana. Otros países emergentes se vieron obligados a devaluar, es cierto, pero ninguno fue sacudido fuertemente por una tempestad cambiaria parecida a la de aquí.
El conflicto es también político. El cambio externo sorprendió a Mauricio Macri con el nivel más bajo de aceptación desde julio del año pasado. Tiene un 45 por ciento de aceptación y un 55 de rechazo. La inflación incesante (que se siente más aún en los productos de consumo cotidianos, como alimentos y artículos de limpieza) y los aumentos de tarifas caldearon el clima social. Sin embargo, el escándalo es prematuro en ciertos casos, porque algunos aumentos, como el del gas, ni siquiera llegaron. Buena parte del peronismo reaccionó como reacciona cada vez que lo ve débil a Macri: borra sus muchas diferencias internas, se abroquela en posiciones demagógicas y avanza sin detenerse en cuánto daño hace. Se terminó el kirchnerismo y el antikirchnerismo, el massismo y el pejotismo, aunque sea solo por un instante, si eso le sirve para reinstalarse como opción política y electora.
Después de julio del año pasado, Macri reconstruyó su liderazgo y ganó ampliamente una elección nacional. ¿Lo volverá a hacer ahora? Es una pregunta que solo tendrá respuesta con la evolución de la política en los próximos meses. El peronismo, de todos modos, sabe que la alternativa a Macri es el peronismo. Una reservada encuesta reciente volvió a poner a Sergio Massa en el lugar del contrincante más importante frente a Macri en una eventual elección presidencial. No es casual, entonces, que haya sido Massa quien espoleó las sesiones especiales por las tarifas y que sea el autor, ahora, del proyecto que se trataría en la Cámara de Diputados. Como cuando presentó su propuesta sobre el impuesto a las ganancias, a fines de 2016, Massa volvió a rodearse del kirchnerismo parlamentario para darle fuerza a su posición. El antiguo alcalde de Tigre tiene estómago para todo.
El ministro de Finanzas, Luis Caputo, viene observando cierto desgano en los prestamistas internacionales, que son, en última instancia, los que financian el gradualismo. El temor de Macri es que el crédito se corte por los mensajes que envía la política argentina. El Presidente suele decir que lo que importa es lo que hacemos los argentinos, porque no podemos hacer nada para cambiar lo que ocurre afuera. Es el propio Macri, entonces, el que sostiene que influyeron más los espectáculos de la política interna que los estremecimientos de la economía internacional. En ese contexto, el peronismo se aferró aquí a una fórmula incomprensible: las tarifas deben ser "pagables", dijo. ¿Dónde está el pagómetro que decidirá cuánto pagará cada uno? El aumento en las tarifas estaba incluido en el presupuesto de este año que aprobó el Congreso. ¿De qué otra manera se bajarían los subsidios a los servicios públicos, como prevé el presupuesto? ¿O, acaso, las tarifas eran "pagables" cuando el presupuesto pasó por el Congreso y ahora no lo son?
El proyecto de Massa y el kirchnerismo (también se anotó el resto del peronismo) incluye la cláusula de que el porcentaje de aumento de tarifas será igual al aumento de los salarios. Pero las tarifas son solo una parte del salario que se puede compensar con el ahorro de energía. Es lo que se hace en casi todos los países del mundo (en los serios, al menos). Otra cláusula de ese proyecto ordena una importante disminución del IVA a las tarifas de los servicios públicos. La mitad del IVA es coparticipable con las provincias y son los representantes de los gobernadores los que firmaron esa sentencia. Ningún gobernador lamentó la decisión, nadie pidió un regreso al realismo. Es evidente que los gobernadores prefieren que sea solo Macri el que pague el costo político de vetar ese proyecto, si fuera aprobado por las dos cámaras del Congreso.
Si los aumentos de tarifas fueran similares a los de los salarios y, encima, se bajara la carga del IVA, el déficit fiscal crecería exponencialmente. ¿De dónde se sacarían los recursos para compensar esas pérdidas? ¿O la dirigencia opositora está proponiendo un mayor endeudamiento del país? Si crece el déficit y no quieren más endeudamiento, la única solución que les queda es llamarla a Cristina Kirchner para que reponga la política de emisión monetaria sin respaldo. Venezuela hizo eso durante muchos años y lo que hay ahora ahí es mucho más que una crisis política y económica: es una crisis humanitaria.
Los vaivenes del dólar no le hacen bien al Gobierno. La sociedad argentina suele evaluar la política económica por la estabilidad del dólar más que por la inflación. La Argentina vive de hecho un sistema bimonetario, del que no se fue desde los tiempos de Cavallo. En efecto, la escalada aquí de la moneda norteamericana tiene algunas razones, pocas, en el escenario internacional. Influyó mucho más la política argentina. Culparlo ahora a Federico Sturzenegger de las convulsiones cambiarias es culpar al bombero del incendio. Al contrario, el propio gobierno debió cuidar más al presidente del Banco Central y no obligarlo, por ejemplo, a participar de una conferencia de prensa junto a altos funcionarios en la Casa de Gobierno, en diciembre pasado, para anunciar un cambio en las metas de inflación. Se supone que el Banco Central es independiente del Ejecutivo.
¿Habría sucedido el escándalo opositor si antes no se hubieran sublevado los propios aliados del Gobierno? Es probable que no. El senador peronista Miguel Pichetto suele despachar a algunos enviados oficialistas con un solo párrafo: "Si no tienen el apoyo de sus aliados, ¿por qué los vamos a apoyar nosotros?". La frase no carece de pragmatismo y precisión. A su vez, callar a los aliados sería someterlos a un silencio insoportable y a resignar sus posiciones dentro de una coalición de partidos. ¿Por qué el Gobierno no incluyó a los sectores más racionales del peronismo (Pichetto y los gobernadores, por ejemplo) cuando cambió el modo de cobrar las nuevas tarifas de gas? El espectro del acuerdo hubiera sido más amplio. Con todo, las consecuencias que se vivieron en los últimos días obligan a los socios de Macri a cultivar en adelante la cautela y el cuidado.
Otra vez, el macrismo desocupó el centro del espacio mediático con el tema de las tarifas. También las empresas de servicios públicos, que parecen existir solo para cobrar. No dicen nada sobre la inversión: cuánto, cómo y dónde la realizan. Nadie sabe ahora cuánto pagará por la luz y el gas y ni siquiera se sabe cómo será el sistema de cuotas que acordó la administración con sus aliados. Nadie del Gobierno habla de las tarifas en público. Solo lo hizo el Presidente. El dramatismo opositor, a su vez, exacerbó todavía más a una sociedad asustada. Sucedió lo que pasó con la reforma jubilatoria, cuando muchos jubilados creyeron que les sacarían parte de su salario y, en realidad, estaban discutiendo cómo les aumentarían los ingresos.
La oposición cosecha en un territorio sembrado durante décadas por el populismo. Hay problemas reales, como la inflación y el déficit (uno consecuencia del otro), pero no hay realismo en el debate; hay solo agravios y proyectos que no van a ningún lugar. La pregunta que falta hacer es cuántos argentinos prefieren todavía seguir habitando en la ficción populista.
Fuente:www.lanacion.com.ar
Saturday, April 28, 2018
SOC/JMKT/GINT-The Age Of Creativity, by Robert Hoffman
The following information is used for educational purposes only.
APRIL 03, 2018
The Age Of Creativity
Walk into any ad agency in the world and in 10 seconds something will become obvious. Everyone is young.
While people over 50 comprise 42% of adults in the US, they comprise only 6% of agency employees. This is even more pronounced in creative departments where people over 50 make up about 0% of the population.
The reason for this is that young people are just more creative. Or are they? Let's have a quick look around...
There is only one Nobel Prize in a creative field. It is the prize for Literature. Last year it went to
Kazuo Ishiguro who is 64.
The recent Pulitzer Prize awards were interesting.
The Pulitzer for Drama went to Lynn Nottage who is 54.
The Pulitzer for History went to Heather Ann Thompson, age 55.
The Pulitzer for Poetry went to Tyehimba Jess, age 53.
Meanwhile at this year's Academy Awards, three of the four winners for acting were over 50: Francis McDormand, 60; Gary Oldman, 59, and Allison Janney, 58. The fourth, Sam Rockwell, will be 50 in November.
The Oscar for Best Director went to Guillermo del Toro, who is 53.
Next we move to television.
The Emmy for Best Drama Series went to The Handmaid's Tale. The novel was written by Margaret Atwood who is 79 and is creative consultant on the show.
The Best Comedy Series went to Veep, executive produced by Julia Louis-Dreyfus, 57. She also won for Best Actress.
Best Limited Series went to Big Little Lies created by David E Kelley, 62.
The Best Supporting Actor was John Lithgow, 73; Best Supporting Actress was Ann Dowd, 62.
Best Supporting Actor in a Comedy Series went to Alec Baldwin, 60.
So, let's recap.
People over 50 aren't creative enough to write a fucking banner ad, but they are creative enough to dominate in Nobels, Pulitzers, Oscars, and Emmys. I guarantee you, not one of these brilliantly talented people could get a job in an ad agency today. Not one.
Is there another industry on earth that is as steeped in intolerance and as thoroughly isolated from reality as the ad industry?
Source:http://adcontrarian.blogspot.com.ar/2018/04/the-age-of-creativity.html
APRIL 03, 2018
The Age Of Creativity
Walk into any ad agency in the world and in 10 seconds something will become obvious. Everyone is young.
While people over 50 comprise 42% of adults in the US, they comprise only 6% of agency employees. This is even more pronounced in creative departments where people over 50 make up about 0% of the population.
The reason for this is that young people are just more creative. Or are they? Let's have a quick look around...
There is only one Nobel Prize in a creative field. It is the prize for Literature. Last year it went to
Kazuo Ishiguro who is 64.
The recent Pulitzer Prize awards were interesting.
The Pulitzer for Drama went to Lynn Nottage who is 54.
The Pulitzer for History went to Heather Ann Thompson, age 55.
The Pulitzer for Poetry went to Tyehimba Jess, age 53.
Meanwhile at this year's Academy Awards, three of the four winners for acting were over 50: Francis McDormand, 60; Gary Oldman, 59, and Allison Janney, 58. The fourth, Sam Rockwell, will be 50 in November.
The Oscar for Best Director went to Guillermo del Toro, who is 53.
Next we move to television.
The Emmy for Best Drama Series went to The Handmaid's Tale. The novel was written by Margaret Atwood who is 79 and is creative consultant on the show.
The Best Comedy Series went to Veep, executive produced by Julia Louis-Dreyfus, 57. She also won for Best Actress.
Best Limited Series went to Big Little Lies created by David E Kelley, 62.
The Best Supporting Actor was John Lithgow, 73; Best Supporting Actress was Ann Dowd, 62.
Best Supporting Actor in a Comedy Series went to Alec Baldwin, 60.
So, let's recap.
People over 50 aren't creative enough to write a fucking banner ad, but they are creative enough to dominate in Nobels, Pulitzers, Oscars, and Emmys. I guarantee you, not one of these brilliantly talented people could get a job in an ad agency today. Not one.
Is there another industry on earth that is as steeped in intolerance and as thoroughly isolated from reality as the ad industry?
Source:http://adcontrarian.blogspot.com.ar/2018/04/the-age-of-creativity.html
ECONOMÍA-Un sesgo de mercado lleno de frescura, vitalidad e irreverencia, por Sebastián Campanario
The following information is used for educational purposes only.
ECONOMÍA
Un sesgo de mercado lleno de frescura, vitalidad e irreverencia
Fuente: LA NACION
Al estar más naturalizada que otras segregaciones, la discriminación por edad representa un costo para la economía, en términos de ineficiencia y falta de creatividad
Sebastián Campanario
22 de abril de 2018
Eventos y concursos de innovación que convocan, sistemáticamente, a propuestas de "sub-35". Un mercado de trabajo local que en las búsquedas específicas de empleo excluye en un 50% de los casos a los de más de 35 años, y en un 85% a los de más de 45. Discusiones en redes sociales en los que defensores de agendas de inclusión terminan descalificando a algún crítico por su edad con un: "¿Qué te pasa? ¿Te olvidaste de tomar la pastilla?". Muchas notas de tapa con "30 emprendedores sub-30", ninguna (o poquísimas) con "50 innovadores post-50", sin esa mirada condescendiente de los contenidos sobre "los abuelos".
Al estar más naturalizada que otras segregaciones en la sociedad, la discriminación por edad representa un costo generalizado para la economía en términos de ineficiencia y falta de diversidad. Con un agravante: el sesgo y los estereotipos pro-juventud están mucho más marcados en los sectores de innovación y creatividad, que supuestamente deberían ser un motor del crecimiento y desarrollo para la economía.
A nivel global, el estudio de economistas más reciente y extendido sobre el tema fue escrito por los académicos Pierre Azoulay, Benjamin Jones, Daniel Kim y Javier Miranda, y publicado por el NBER. La investigación destruye el estereotipo de "joven emprendedor" arriesgado, varón, agresivo; construido a partir de un exceso de cobertura sobre las trayectorias de los fundadores de Google, Facebook, Apple y Microsoft. Con una muestra de miles de casos, el paper halló que la edad promedio para un fundador de startup está en 41,9 años; en tanto que en el caso del 0,1% de los emprendimientos más exitosos ese promedio trepa a 45.
En su investigación, los economistas hallaron que el promedio baja a 38,7 años cuando se trata de fundadores de startups con fondeo de capital de riesgo, lo cual indica que los fondos de este tipo tienen una preferencia importante por proyectos de personas jóvenes. Los autores del estudio especulan con que los 45+ pueden tener una red de contactos más aceitada para obtener financiamiento y no necesitan acudir a los Venture Capital, pero hay evidencia que apunta a un sesgo de reconocimiento de patrones: una suerte de "pensamiento mágico" que extrapola la frescura y el entusiasmo de un joven emprendedor al resultado final. "¿Es el fin del mito del emprendedor joven?", se preguntó en Twitter esta semana el economista Guillermo Mondino.
"Entre los capitalistas de riesgo es muy común escuchar la frase: me hizo acordar a Steve (Jobs) o Bill (Gates) cuando eran jóvenes", contó en un evento reciente la inversora argentino-coreana Rebeca Hwang. La empresaria e ingeniera del MIT creó años atrás un fondo que aprovechó la "falla de mercado" de la discriminación por género (cómo los inversores subvalúan las propuestas de valor presentadas por mujeres). La misma lógica puede aplicarse a proyectos de personas de mediana edad o adultos: "El mejor miembro que tomamos para un proyecto para este año tiene 63", cuenta Sebastián Inchauspe, experto en innovación. "Además de discriminadora, esta visión promedio es muy ignorante", dice el company builder Alex Contreras.
Según un estudio realizado por la asociación civil Diagonal, en la Argentina la mitad de las búsquedas excluyen a las y los postulantes de menos de 35 y más de ocho de cada diez dejan de lado a los de 45 o más. "La mitad de los avisos tienen especificidades discriminatorias de edad y muchas veces parecen segmentos establecidos al azar", dice el relevamiento. "¿Por qué se piden trabajadores de 24 a 28 años y no de 25 a 29?"
Si la diversidad es un gran determinante del éxito en los procesos creativos, entonces hay algo que la industria creativa por excelencia, la de la publicidad, está haciendo mal. El sector promueve una "doble Nelson" de discriminación (etaria y de género): los departamentos creativos de las grandes agencias tienen una mayoría abrumadora de varones jóvenes.
En un posteo publicado en el blog The Ad Contrarian a principios de abril, titulado The Age of Creativity (juego de palabras en inglés con los conceptos de "edad" y "era"), Robert Hoffman da estadísticas al respecto para los Estados Unidos: mientras que 42% de la población en ese país tiene más de 50 años, solo 6% de los empleados de agencias están en esa franja etaria. Y el porcentaje cae casi a 0% en los departamentos creativos.
¿Hay una correlación entre edad y creatividad?, se pregunta Hoffman. Si existe, es una correlación inversa, sostiene luego de repasar la edad de recientes galardonados por Oscar, Emmy, Grammy o Pulitzer. "La gente de más de 50 parece que no es lo suficientemente creativa como para idear un puto banner, pero sí lo suficiente como para dominar los Nobel de Literatura, Oscar y Emmy. Les garantizo que ninguno de ellos pasaría un test de admisión de un departamento de RR.HH. de una agencia publicitaria", provoca Hoffman.
Según una nota sobre este tema publicada en Campaign semanas atrás, "la juventud es malinterpretada por empleadores como un atajo a expertise digital", y esto no es necesariamente así. Hay una explicación económica no trivial por detrás de este fenómeno: en una industria con márgenes en declive, la "frescura" de tomar pasantes que recién terminan sus estudios es una excusa para precarizar y reducir el gasto en salarios.
Nada que no haya descubierto en su momento el economista de Chicago David Galenson. En su último reportaje con la nacion, Galenson contó: "Es increíble cómo se discrimina en este aspecto contra las personas adultas. Si yo dijera que los hombres son más creativos que las mujeres, o que los blancos son más creativos que los negros, seguramente perdería mi trabajo. Sin embargo, hay psicólogos muy respetados de universidades de prestigio que continúan asegurando que la creatividad está directamente asociada a la juventud".
El mito de la "genialidad precoz" está muy instalado en círculos académicos desde 1953, cuando el psicólogo Harvey Lehman publicó en los Estados Unidos un trabajo pionero sobre "Edad y logros", en cual sostenía que en algunas disciplinas, como la poesía o las matemáticas, el período de "explosión creativa" rara vez se da después de los veintipico. Además del "impulso" y la energía de la juventud, la hipótesis de una relación negativa entre la edad y la creatividad se sostiene en sesgos mentales que se van petrificando con el tiempo, en una mayor aversión al riesgo a medida que se suma la carga de mantener una familia y en instituciones y fuerzas del establishment que van "encauzando" a los artistas y les liman sus rasgos de originalidad.
Desde hace casi dos décadas, Galenson viene combatiendo esta visión. En su libro Viejos maestros y jóvenes genios: los dos ciclos de vida de la creatividad artística, relevó la vida de cientos de artistas y descubrió que quienes dan lo mejor en la adultez tienen una aproximación muy distinta a la de los cambios radicales que proponen los "jóvenes genios": su trabajo reposa en la prueba y error, en el mejoramiento de la técnica, que lleva a resultados más sostenibles y consistentes. Efecto Alfred Hitchcock, Mark Twain, Paul Cezanne o como quiera llamársele.
sebacampanario@gmail.com
Fuente:www.lanacion.com.ar
ECONOMÍA
Un sesgo de mercado lleno de frescura, vitalidad e irreverencia
Fuente: LA NACION
Al estar más naturalizada que otras segregaciones, la discriminación por edad representa un costo para la economía, en términos de ineficiencia y falta de creatividad
Sebastián Campanario
22 de abril de 2018
Eventos y concursos de innovación que convocan, sistemáticamente, a propuestas de "sub-35". Un mercado de trabajo local que en las búsquedas específicas de empleo excluye en un 50% de los casos a los de más de 35 años, y en un 85% a los de más de 45. Discusiones en redes sociales en los que defensores de agendas de inclusión terminan descalificando a algún crítico por su edad con un: "¿Qué te pasa? ¿Te olvidaste de tomar la pastilla?". Muchas notas de tapa con "30 emprendedores sub-30", ninguna (o poquísimas) con "50 innovadores post-50", sin esa mirada condescendiente de los contenidos sobre "los abuelos".
Al estar más naturalizada que otras segregaciones en la sociedad, la discriminación por edad representa un costo generalizado para la economía en términos de ineficiencia y falta de diversidad. Con un agravante: el sesgo y los estereotipos pro-juventud están mucho más marcados en los sectores de innovación y creatividad, que supuestamente deberían ser un motor del crecimiento y desarrollo para la economía.
A nivel global, el estudio de economistas más reciente y extendido sobre el tema fue escrito por los académicos Pierre Azoulay, Benjamin Jones, Daniel Kim y Javier Miranda, y publicado por el NBER. La investigación destruye el estereotipo de "joven emprendedor" arriesgado, varón, agresivo; construido a partir de un exceso de cobertura sobre las trayectorias de los fundadores de Google, Facebook, Apple y Microsoft. Con una muestra de miles de casos, el paper halló que la edad promedio para un fundador de startup está en 41,9 años; en tanto que en el caso del 0,1% de los emprendimientos más exitosos ese promedio trepa a 45.
En su investigación, los economistas hallaron que el promedio baja a 38,7 años cuando se trata de fundadores de startups con fondeo de capital de riesgo, lo cual indica que los fondos de este tipo tienen una preferencia importante por proyectos de personas jóvenes. Los autores del estudio especulan con que los 45+ pueden tener una red de contactos más aceitada para obtener financiamiento y no necesitan acudir a los Venture Capital, pero hay evidencia que apunta a un sesgo de reconocimiento de patrones: una suerte de "pensamiento mágico" que extrapola la frescura y el entusiasmo de un joven emprendedor al resultado final. "¿Es el fin del mito del emprendedor joven?", se preguntó en Twitter esta semana el economista Guillermo Mondino.
"Entre los capitalistas de riesgo es muy común escuchar la frase: me hizo acordar a Steve (Jobs) o Bill (Gates) cuando eran jóvenes", contó en un evento reciente la inversora argentino-coreana Rebeca Hwang. La empresaria e ingeniera del MIT creó años atrás un fondo que aprovechó la "falla de mercado" de la discriminación por género (cómo los inversores subvalúan las propuestas de valor presentadas por mujeres). La misma lógica puede aplicarse a proyectos de personas de mediana edad o adultos: "El mejor miembro que tomamos para un proyecto para este año tiene 63", cuenta Sebastián Inchauspe, experto en innovación. "Además de discriminadora, esta visión promedio es muy ignorante", dice el company builder Alex Contreras.
Según un estudio realizado por la asociación civil Diagonal, en la Argentina la mitad de las búsquedas excluyen a las y los postulantes de menos de 35 y más de ocho de cada diez dejan de lado a los de 45 o más. "La mitad de los avisos tienen especificidades discriminatorias de edad y muchas veces parecen segmentos establecidos al azar", dice el relevamiento. "¿Por qué se piden trabajadores de 24 a 28 años y no de 25 a 29?"
Si la diversidad es un gran determinante del éxito en los procesos creativos, entonces hay algo que la industria creativa por excelencia, la de la publicidad, está haciendo mal. El sector promueve una "doble Nelson" de discriminación (etaria y de género): los departamentos creativos de las grandes agencias tienen una mayoría abrumadora de varones jóvenes.
En un posteo publicado en el blog The Ad Contrarian a principios de abril, titulado The Age of Creativity (juego de palabras en inglés con los conceptos de "edad" y "era"), Robert Hoffman da estadísticas al respecto para los Estados Unidos: mientras que 42% de la población en ese país tiene más de 50 años, solo 6% de los empleados de agencias están en esa franja etaria. Y el porcentaje cae casi a 0% en los departamentos creativos.
¿Hay una correlación entre edad y creatividad?, se pregunta Hoffman. Si existe, es una correlación inversa, sostiene luego de repasar la edad de recientes galardonados por Oscar, Emmy, Grammy o Pulitzer. "La gente de más de 50 parece que no es lo suficientemente creativa como para idear un puto banner, pero sí lo suficiente como para dominar los Nobel de Literatura, Oscar y Emmy. Les garantizo que ninguno de ellos pasaría un test de admisión de un departamento de RR.HH. de una agencia publicitaria", provoca Hoffman.
Según una nota sobre este tema publicada en Campaign semanas atrás, "la juventud es malinterpretada por empleadores como un atajo a expertise digital", y esto no es necesariamente así. Hay una explicación económica no trivial por detrás de este fenómeno: en una industria con márgenes en declive, la "frescura" de tomar pasantes que recién terminan sus estudios es una excusa para precarizar y reducir el gasto en salarios.
Nada que no haya descubierto en su momento el economista de Chicago David Galenson. En su último reportaje con la nacion, Galenson contó: "Es increíble cómo se discrimina en este aspecto contra las personas adultas. Si yo dijera que los hombres son más creativos que las mujeres, o que los blancos son más creativos que los negros, seguramente perdería mi trabajo. Sin embargo, hay psicólogos muy respetados de universidades de prestigio que continúan asegurando que la creatividad está directamente asociada a la juventud".
El mito de la "genialidad precoz" está muy instalado en círculos académicos desde 1953, cuando el psicólogo Harvey Lehman publicó en los Estados Unidos un trabajo pionero sobre "Edad y logros", en cual sostenía que en algunas disciplinas, como la poesía o las matemáticas, el período de "explosión creativa" rara vez se da después de los veintipico. Además del "impulso" y la energía de la juventud, la hipótesis de una relación negativa entre la edad y la creatividad se sostiene en sesgos mentales que se van petrificando con el tiempo, en una mayor aversión al riesgo a medida que se suma la carga de mantener una familia y en instituciones y fuerzas del establishment que van "encauzando" a los artistas y les liman sus rasgos de originalidad.
Desde hace casi dos décadas, Galenson viene combatiendo esta visión. En su libro Viejos maestros y jóvenes genios: los dos ciclos de vida de la creatividad artística, relevó la vida de cientos de artistas y descubrió que quienes dan lo mejor en la adultez tienen una aproximación muy distinta a la de los cambios radicales que proponen los "jóvenes genios": su trabajo reposa en la prueba y error, en el mejoramiento de la técnica, que lleva a resultados más sostenibles y consistentes. Efecto Alfred Hitchcock, Mark Twain, Paul Cezanne o como quiera llamársele.
sebacampanario@gmail.com
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL-Hipermercados: una crisis con sello argentino
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OPINIÓN | EDITORIAL
Hipermercados: una crisis con sello argentino
El principal problema de las cadenas, como Carrefour, ha sido la competencia desleal de comercios que compran en negro, evaden y venden sin factura
28 de abril de 2018
Cuando se menciona el "costo argentino", suele hacerse referencia a las economías regionales, expuestas a los rigores del mercado internacional con sus peras y manzanas, el vino y la miel, la yerba y el maní. Se trata de productos que llevan en su mochila la manifestación fiscal del gasto público, la insaciable avidez de intendentes y gobernadores, los escamoteos sindicales, las gravosas obras sociales y otras gabelas extravagantes impuestas o bendecidas por el Estado.
Existen otras actividades ajenas a las aduanas que sufren el peso del costo argentino cuando compiten con la informalidad dentro de nuestras fronteras. La Argentina es pródiga en "zonitas francas" que operan sin pagar impuestos ni declarar su personal. El comercio es uno de los principales afectados por estas offshore de tierra adentro, por su ubicuidad, mínimas inversiones y un público muchas veces complaciente. Desde "manteros" hasta "saladas" y "saladitas", locales en la penumbra y galpones sin identificación.
Hace unas semanas, la cadena de supermercados Carrefour abrió un proceso preventivo de crisis en el Ministerio de Trabajo. La firma francesa llegó a la Argentina en 1982 y tiene en el país 19.000 empleados, en más de 400 locales. La caída de ventas en todo el sector durante los últimos años la afectó gravemente pues opera con altos costos fijos y bajos márgenes. Luego de arduas negociaciones, el Ministerio de Trabajo aceptó reducir cargas sociales y se evitaron despidos, pero salieron a la luz las dificultades de sobrellevar el costo argentino.
No es un tema menor, porque las cinco principales cadenas (Carrefour, Cencosud -con sus marcas Jumbo, Disco y Vea-, WalMart, Coto y La Anónima) emplean a más de 100.000 personas.
En todo el mundo, los hipermercados están en declive por múltiples causas.
En sus comienzos, WalMart y Carrefour lanzaron mundialmente sus hipermercados de grandes superficies, facilitando las compras de familias tradicionales. Ahora los jóvenes viven solos, con sus padres o en pareja, dilatan sus matrimonios, tienen pocos hijos y compran menos cosas, por Internet o en comercios de proximidad, privilegiando el precio y su comodidad. En Estados Unidos, Amazon ya cubre todas las necesidades del hogar a través de su sitio web, desde electrodomésticos hasta productos frescos con entrega gratuita, con la ayuda de Alexa, su asistente de voz. El gigante WalMart, en una estrategia de supervivencia, se ha aliado a Google, desarrollando el Google Assistant, para competir con Alexa.
Durante el kirchnerismo, con la inflación rampante, se eligió como principal culpable del aumento de precios a los supermercados, que fueron objeto de viles agresiones, controles y clausuras. En la actualidad, superada la época de las persecuciones y con una dramática caída de ventas, los problemas son otros.
Desde 2015 ha tenido lugar una fuerte alteración de precios relativos, con ajuste de tarifas y reducción de subsidios. Antes de ese año, las familias no ahorraban y consumían rápidamente el sueldo devorado por la inflación y engordado por el bajo costo de la electricidad y el gas. Ahora, los consumidores son más cuidadosos, se informan de las promociones desde sus diarios y sus celulares y eligen en función de los precios. También prefieren comprar bienes durables, como celulares, laptops, automóviles y motocicletas antes que primeras marcas de alimentos y bebidas. E incluso optan por adquirir viviendas con crédito, aunque implique mayor esfuerzo hacia adelante. Lo positivo es que, a pesar de las dificultades coyunturales, hay proyectos de futuro y pulsión de vida.
En ese contexto, han prosperado los supermercados mayoristas, que ofrecen a sus clientes individuales (o grupales) productos de marcas propias o segundas marcas a precios más accesibles que los hipermercados, por operar con costos más bajos, en localizaciones suburbanas (menores alquileres, menos personal, menor consumo eléctrico, menor rotación).
Pero el principal problema de las cadenas, como Carrefour, ha sido la competencia de comercios evasores, muchos de los cuales compran mercadería "en negro", no tienen personal registrado y venden sin factura. Son las offshore de cabotaje que operan a la vuelta de la esquina, pero con acceso en colectivo. Es cierto que, en muchos casos, son familias modelo de esfuerzo y trabajo, pero eso no las legaliza: quien saca el hombro al país, fuerza a otros a ponerlo.
Adviértase que el llamado "canal tradicional" (autoservicios, almacenes, fiambrerías y tiendas) está compuesto por alrededor de 125.000 comercios, estimándose que el 30% de sus ventas son sin ticket.
La dimensión de la presión tributaria, la magnitud de las cargas sociales y los aportes adicionales homologados por el Ministerio de Trabajo constituyen un incentivo irresistible para la evasión fiscal. Los comercios deben tributar tasas exorbitantes de ingresos brutos, el impuesto al cheque y al valor agregado. Entre aportes y contribuciones a la seguridad social, obras sociales y ART, el costo laboral es el mayor de toda América Latina. A pesar de ello, debe aportarse un 3,5% a la Compañía de Seguros La Estrella para un retiro complementario. Y el incomprensible 0,5% al Instituto de Capacitación para el Comercio (Inacap). Para no incluir también el costo logístico (sindicato de Camioneros) y la industria del juicio, montada sobre un sistema judicial parcial, que desnaturaliza el derecho laboral y desalienta a los grandes empleadores.
Como ejemplo, si un hipermercado y un evasor adquieren mercadería al mismo precio, el segundo podrá venderla un 30% más barata, sin necesidad de invertir dinero en promociones, ni publicidad, pues en Argentina la ideología "garantista" también permea el ámbito comercial: si quien evade es un negocio pequeño, no sufrirá clausura, sino una actitud compasiva para reeducar y no sancionar. Entretanto, circulan miles en efectivo por las cajas registradoras y por los bolsillos de algunos inspectores.
Lamentablemente, provincias y municipios solo piensan en aumentar la presión fiscal para no reducir sus gastos excesivos y su clientelismo crónico. Emplean a tres millones de argentinos, triplicando la cantidad que trabaja a nivel nacional. El Gobierno acordó con las provincias la reducción gradual del impuesto a los ingresos brutos, principal tributo en casi todas las provincias. En ese acuerdo, se puso un techo del 5% a las alícuotas para comercio y servicios, que estaba muy por encima de las vigentes. Con una picardía rayana en la deshonestidad, muchas provincias vieron el resquicio legal y en lugar de reducir el impuesto, lo aumentaron hasta ese techo. Salta pasó del 3,6% al 5%; Misiones del 3,5% al 4,5%; Tucumán del 3,5% al 5%; Río Negro del 3% al 5% y Tierra del Fuego del 3% al 3,5%. Neuquén realizó un incremento escandaloso, al 6,5%.
Los municipios también desvalijan al comercio con tasas que son impuestos, como seguridad e higiene. En muchas jurisdicciones se aplica como porcentaje de la facturación de las empresas, en lugar de suma fija, vinculada al costo de la prestación. A ella se suman tasas de registro y contralor, de abasto y de publicidad y propaganda. Además de tasas sobre las tarifas de energía, sumando llovido al mojado.
Por más vueltas que le demos, el costo argentino es la causa última de la evasión y de las dificultades de quienes deben competir cumpliendo con las leyes. Lo saben bien los industriales cuando combaten el contrabando, se quejan por el dumping, reclaman por el atraso cambiario y aborrecen los tours de compras a Chile. Buena parte de los argentinos aplaude el gradualismo, los planes sociales, las obras sociales sindicales, la inflexibilidad laboral, los jubilados sin aportes y la preservación del empleo público, pero nadie quiere pagarlos a través de precios más caros. Cuando existe la oportunidad, compran "en negro", "bagayean" del exterior o usan el resquicio que fuere para pagar menos.
Entretanto, los hipermercados, que eran campeones del empleo, ahora buscan reproducir el formato de sus competidores, adoptando modelos de negocios que impliquen menos personal, menos cargas sociales, menos juicios laborales y menos problemas sindicales. Como si dar trabajo fuese la "mancha venenosa" de los negocios en Argentina: líneas de cajas sin cajeros, 0800 que no atienden, banca virtual, voces grabadas, robotización creciente y expansión del e-commerce. Fenómeno simétrico a las toneladas de expedientes que atosigan los tribunales de aquel fuero.
Finalmente, el hilo se corta por lo más delgado: el empleo. Pues el resto de los costos son exigidos por el Estado o defendidos por los sindicatos. Si bien la reestructuración de Carrefour (y de otras grandes cadenas) podría explicarse en función de las tendencias mundiales, es absurdo que, en un país con un millón y medio de desocupados, cuatro millones de empleados "en negro" y más de diez millones de pobres, se fuerce a reducir empleos como si se tratase de Estados Unidos o Alemania.
Quizás sea cierto que los responsables de Carrefour en Argentina tardaron en darse cuenta de la inviabilidad de un esquema comercial con numeroso personal y cumplimiento estricto de las normas fiscales. La rentabilidad por metro cuadrado es una vara inflexible en esta actividad y al momento de evaluar la gestión gerencial, hay explicaciones que no son excusa. Pero es lamentable que el costo argentino y su correlato, la evasión generalizada, obliguen a reformular la estructura de grandes empresas para adecuarse a reglas de juego que contrarían los objetivos más alardeados por todos los políticos y dirigentes sociales: la inclusión de los marginados mediante la capacitación y el empleo regular.
Sin duda, se trata de otra crisis con sello argentino, para engrosar el manual de nuestros desatinos.
Fuente:www.lanacion.com.ar
OPINIÓN | EDITORIAL
Hipermercados: una crisis con sello argentino
El principal problema de las cadenas, como Carrefour, ha sido la competencia desleal de comercios que compran en negro, evaden y venden sin factura
28 de abril de 2018
Cuando se menciona el "costo argentino", suele hacerse referencia a las economías regionales, expuestas a los rigores del mercado internacional con sus peras y manzanas, el vino y la miel, la yerba y el maní. Se trata de productos que llevan en su mochila la manifestación fiscal del gasto público, la insaciable avidez de intendentes y gobernadores, los escamoteos sindicales, las gravosas obras sociales y otras gabelas extravagantes impuestas o bendecidas por el Estado.
Existen otras actividades ajenas a las aduanas que sufren el peso del costo argentino cuando compiten con la informalidad dentro de nuestras fronteras. La Argentina es pródiga en "zonitas francas" que operan sin pagar impuestos ni declarar su personal. El comercio es uno de los principales afectados por estas offshore de tierra adentro, por su ubicuidad, mínimas inversiones y un público muchas veces complaciente. Desde "manteros" hasta "saladas" y "saladitas", locales en la penumbra y galpones sin identificación.
Hace unas semanas, la cadena de supermercados Carrefour abrió un proceso preventivo de crisis en el Ministerio de Trabajo. La firma francesa llegó a la Argentina en 1982 y tiene en el país 19.000 empleados, en más de 400 locales. La caída de ventas en todo el sector durante los últimos años la afectó gravemente pues opera con altos costos fijos y bajos márgenes. Luego de arduas negociaciones, el Ministerio de Trabajo aceptó reducir cargas sociales y se evitaron despidos, pero salieron a la luz las dificultades de sobrellevar el costo argentino.
No es un tema menor, porque las cinco principales cadenas (Carrefour, Cencosud -con sus marcas Jumbo, Disco y Vea-, WalMart, Coto y La Anónima) emplean a más de 100.000 personas.
En todo el mundo, los hipermercados están en declive por múltiples causas.
En sus comienzos, WalMart y Carrefour lanzaron mundialmente sus hipermercados de grandes superficies, facilitando las compras de familias tradicionales. Ahora los jóvenes viven solos, con sus padres o en pareja, dilatan sus matrimonios, tienen pocos hijos y compran menos cosas, por Internet o en comercios de proximidad, privilegiando el precio y su comodidad. En Estados Unidos, Amazon ya cubre todas las necesidades del hogar a través de su sitio web, desde electrodomésticos hasta productos frescos con entrega gratuita, con la ayuda de Alexa, su asistente de voz. El gigante WalMart, en una estrategia de supervivencia, se ha aliado a Google, desarrollando el Google Assistant, para competir con Alexa.
Durante el kirchnerismo, con la inflación rampante, se eligió como principal culpable del aumento de precios a los supermercados, que fueron objeto de viles agresiones, controles y clausuras. En la actualidad, superada la época de las persecuciones y con una dramática caída de ventas, los problemas son otros.
Desde 2015 ha tenido lugar una fuerte alteración de precios relativos, con ajuste de tarifas y reducción de subsidios. Antes de ese año, las familias no ahorraban y consumían rápidamente el sueldo devorado por la inflación y engordado por el bajo costo de la electricidad y el gas. Ahora, los consumidores son más cuidadosos, se informan de las promociones desde sus diarios y sus celulares y eligen en función de los precios. También prefieren comprar bienes durables, como celulares, laptops, automóviles y motocicletas antes que primeras marcas de alimentos y bebidas. E incluso optan por adquirir viviendas con crédito, aunque implique mayor esfuerzo hacia adelante. Lo positivo es que, a pesar de las dificultades coyunturales, hay proyectos de futuro y pulsión de vida.
En ese contexto, han prosperado los supermercados mayoristas, que ofrecen a sus clientes individuales (o grupales) productos de marcas propias o segundas marcas a precios más accesibles que los hipermercados, por operar con costos más bajos, en localizaciones suburbanas (menores alquileres, menos personal, menor consumo eléctrico, menor rotación).
Pero el principal problema de las cadenas, como Carrefour, ha sido la competencia de comercios evasores, muchos de los cuales compran mercadería "en negro", no tienen personal registrado y venden sin factura. Son las offshore de cabotaje que operan a la vuelta de la esquina, pero con acceso en colectivo. Es cierto que, en muchos casos, son familias modelo de esfuerzo y trabajo, pero eso no las legaliza: quien saca el hombro al país, fuerza a otros a ponerlo.
Adviértase que el llamado "canal tradicional" (autoservicios, almacenes, fiambrerías y tiendas) está compuesto por alrededor de 125.000 comercios, estimándose que el 30% de sus ventas son sin ticket.
La dimensión de la presión tributaria, la magnitud de las cargas sociales y los aportes adicionales homologados por el Ministerio de Trabajo constituyen un incentivo irresistible para la evasión fiscal. Los comercios deben tributar tasas exorbitantes de ingresos brutos, el impuesto al cheque y al valor agregado. Entre aportes y contribuciones a la seguridad social, obras sociales y ART, el costo laboral es el mayor de toda América Latina. A pesar de ello, debe aportarse un 3,5% a la Compañía de Seguros La Estrella para un retiro complementario. Y el incomprensible 0,5% al Instituto de Capacitación para el Comercio (Inacap). Para no incluir también el costo logístico (sindicato de Camioneros) y la industria del juicio, montada sobre un sistema judicial parcial, que desnaturaliza el derecho laboral y desalienta a los grandes empleadores.
Como ejemplo, si un hipermercado y un evasor adquieren mercadería al mismo precio, el segundo podrá venderla un 30% más barata, sin necesidad de invertir dinero en promociones, ni publicidad, pues en Argentina la ideología "garantista" también permea el ámbito comercial: si quien evade es un negocio pequeño, no sufrirá clausura, sino una actitud compasiva para reeducar y no sancionar. Entretanto, circulan miles en efectivo por las cajas registradoras y por los bolsillos de algunos inspectores.
Lamentablemente, provincias y municipios solo piensan en aumentar la presión fiscal para no reducir sus gastos excesivos y su clientelismo crónico. Emplean a tres millones de argentinos, triplicando la cantidad que trabaja a nivel nacional. El Gobierno acordó con las provincias la reducción gradual del impuesto a los ingresos brutos, principal tributo en casi todas las provincias. En ese acuerdo, se puso un techo del 5% a las alícuotas para comercio y servicios, que estaba muy por encima de las vigentes. Con una picardía rayana en la deshonestidad, muchas provincias vieron el resquicio legal y en lugar de reducir el impuesto, lo aumentaron hasta ese techo. Salta pasó del 3,6% al 5%; Misiones del 3,5% al 4,5%; Tucumán del 3,5% al 5%; Río Negro del 3% al 5% y Tierra del Fuego del 3% al 3,5%. Neuquén realizó un incremento escandaloso, al 6,5%.
Los municipios también desvalijan al comercio con tasas que son impuestos, como seguridad e higiene. En muchas jurisdicciones se aplica como porcentaje de la facturación de las empresas, en lugar de suma fija, vinculada al costo de la prestación. A ella se suman tasas de registro y contralor, de abasto y de publicidad y propaganda. Además de tasas sobre las tarifas de energía, sumando llovido al mojado.
Por más vueltas que le demos, el costo argentino es la causa última de la evasión y de las dificultades de quienes deben competir cumpliendo con las leyes. Lo saben bien los industriales cuando combaten el contrabando, se quejan por el dumping, reclaman por el atraso cambiario y aborrecen los tours de compras a Chile. Buena parte de los argentinos aplaude el gradualismo, los planes sociales, las obras sociales sindicales, la inflexibilidad laboral, los jubilados sin aportes y la preservación del empleo público, pero nadie quiere pagarlos a través de precios más caros. Cuando existe la oportunidad, compran "en negro", "bagayean" del exterior o usan el resquicio que fuere para pagar menos.
Entretanto, los hipermercados, que eran campeones del empleo, ahora buscan reproducir el formato de sus competidores, adoptando modelos de negocios que impliquen menos personal, menos cargas sociales, menos juicios laborales y menos problemas sindicales. Como si dar trabajo fuese la "mancha venenosa" de los negocios en Argentina: líneas de cajas sin cajeros, 0800 que no atienden, banca virtual, voces grabadas, robotización creciente y expansión del e-commerce. Fenómeno simétrico a las toneladas de expedientes que atosigan los tribunales de aquel fuero.
Finalmente, el hilo se corta por lo más delgado: el empleo. Pues el resto de los costos son exigidos por el Estado o defendidos por los sindicatos. Si bien la reestructuración de Carrefour (y de otras grandes cadenas) podría explicarse en función de las tendencias mundiales, es absurdo que, en un país con un millón y medio de desocupados, cuatro millones de empleados "en negro" y más de diez millones de pobres, se fuerce a reducir empleos como si se tratase de Estados Unidos o Alemania.
Quizás sea cierto que los responsables de Carrefour en Argentina tardaron en darse cuenta de la inviabilidad de un esquema comercial con numeroso personal y cumplimiento estricto de las normas fiscales. La rentabilidad por metro cuadrado es una vara inflexible en esta actividad y al momento de evaluar la gestión gerencial, hay explicaciones que no son excusa. Pero es lamentable que el costo argentino y su correlato, la evasión generalizada, obliguen a reformular la estructura de grandes empresas para adecuarse a reglas de juego que contrarían los objetivos más alardeados por todos los políticos y dirigentes sociales: la inclusión de los marginados mediante la capacitación y el empleo regular.
Sin duda, se trata de otra crisis con sello argentino, para engrosar el manual de nuestros desatinos.
Fuente:www.lanacion.com.ar
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