Sunday, September 4, 2022

Más que nunca, prudencia y responsabilidad institucional

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 Más que nunca, prudencia y responsabilidad institucional 

 El repudiable atentado contra Cristina Kirchner no puede ser usado para renovar los ataques a la Justicia ni a los medios ni para dividir a la sociedad 

 3 de Septiembre de 2022 

 El intento de homicidio de la vicepresidenta de la Nación ha sido enérgicamente repudiado por la sociedad argentina en tanto constituye un gravísimo atentado contra las instituciones de la república y es de esperar que sea rápidamente esclarecido por la Justicia, que deberá actuar sin interferencias ni tentativas de manipulación política. Nadie en su sano juicio puede no conmocionarse ante un episodio tan violento como inaudito, registrado por distintas cámaras, que milagrosamente no concluyó en un magnicidio. El hecho en sí, protagonizado por una persona que pudo gatillar un revólver a escasos centímetros de distancia de la cabeza de Cristina Kirchner en las inmediaciones de su domicilio particular en el barrio de Recoleta, ofende no solo a la destinataria directa del ataque y a sus seguidores. Agravia a todos los argentinos que creen en el diálogo, la paz social, el respeto de la ley y el afianzamiento de la Justicia como pilares de la institucionalidad, y reconocen que la violencia de cualquier tipo no es definitivamente camino para consolidar la convivencia democrática. A poco de tomar estado público el grave acontecimiento registrado en la noche del jueves, la dirigencia política respondió, con contadas excepciones, de forma ejemplar para condenar el atentado.

 Así lo hizo un representativo grupo de senadores y diputados nacionales que, sin distinción de banderías políticas, se unieron para repudiar el ataque sufrido por la vicepresidenta. Lamentablemente, con el correr de las horas, se hizo sentir la imprudencia y la irresponsabilidad de algunos actores políticos que buscaron llevar agua para su molino, sucumbiendo ante la tentación del maniqueísmo. Por caso, el diputado de extracción sindical Sergio Palazzo sostuvo públicamente que el fiscal Diego Luciani y ciertos representantes del periodismo debían “hacerse cargo” del atentado contra Cristina Kirchner. En su mensaje al país, el presidente de la Nación se apartó una vez más de la prudencia cuando consideró que la convivencia democrática “se ha quebrado por el discurso del odio que se ha esparcido desde diferentes espacios políticos, judiciales y mediáticos de la sociedad argentina”. Paralelamente, volvió a exhibir su escaso respeto por la independencia del Poder Judicial y la Constitución, cuando anunció que se había comunicado con la jueza que interviene en la causa para darle instrucciones. Volvió a olvidar que, según nuestra Ley Fundamental, el titular del Poder Ejecutivo no puede ejercer funciones judiciales ni arrogarse el conocimiento de causas pendientes. 

 Al margen del repudio que merece, el cobarde ataque contra Cristina Kirchner no puede ser utilizado para silenciar voces críticas ni para entorpecer las investigaciones judiciales sobre los delitos de corrupción que se le imputan a la vicepresidenta de la Nación. Tampoco, para seguir dividiendo a la sociedad cuando tantos necesitan trabajar; disponer un feriado nacional fue otra medida tan injustificada como demagógica. Nada de lo acontecido puede ser argumento para que el oficialismo intente someter a la Justicia a sus designios, con el propósito de sortear los escándalos de corrupción, ganar impunidad y cargar sobre los críticos, incluidos periodistas a quienes se les pretende vedar su derecho a informar con el pretexto de que solo infunden odio. La vecina de Cristina Kirchner que saltó a la fama con sus mensajes colgados en su balcón ofreció días atrás un buen ejemplo, cuando invitó a un grupo de jóvenes para asistir en su departamento a una militante kirchnerista que se había descompensado en la calle en medio de los incidentes. Uno de ellos le agradeció en las redes sociales “la buena onda”. “Ni ella ni nosotros actuamos desde el odio”, reconoció. Pensar distinto no es un pecado. De hecho, la referida escena confirma, como tantas otras, que el altruismo y la solidaridad pueden superar barreras que, a priori, parecen infranqueables. Denostar al otro porque no comparte nuestro ideario no debería ser una opción a la hora de construir juntos. Sin embargo, a eso apuestan quienes fogonean los choques y los enfrentamientos en beneficio propio. Es momento de actuar con serenidad y no atolondradamente; de entender que la violencia nunca será una alternativa y que sin Justicia no habrá futuro.

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/editoriales/mas-que-nunca-prudencia-y-responsabilidad-institucional-nid03092022/

El discurso del odio, un viejo recurso

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               El discurso del odio, un viejo recurso 

 A lo largo de su historia, el peronismo viene reiterando una marcada pulsión por sembrar divisiones de todo tipo y una tendencia a olvidarlas cuando ponen en juego su poder

 4 de Septiembre de 2022 

 El repudiable atentado contra Cristina Kirchner debería servir para unir a los argentinos en la defensa de la democracia y jamás ser utilizado como arma política para acusar a opositores por un supuesto “discurso del odio”, como hicieron el Presidente y el gobernador Axel Kicillof agitando aguas que deberían calmar. Es demasiada obvia su maniobra para impulsar un “clamor popular” que exima a la vicepresidenta de penas por los delitos de corrupción que denunció el fiscal Diego Luciani. Desde que la izquierda marxista pretendió cooptar el justicialismo hace medio siglo, se incubó un enfrentamiento entre los seguidores de Juan Domingo Perón, que costó muchas vidas y que subsiste en forma larvada. Ese es el discurso del odio más relevante y más profundo que aún no ha sido superado. Para quienes son jóvenes, basta contrastar lo que todavía simbolizan Isabel Perón y Cristina Kirchner para ese movimiento.

 Isabel fue la primera presidenta mujer de América Latina, sucesora de Perón, tras su muerte en 1974. Cristina sucedió a Néstor Kirchner en 2007, aunque supo revalidar sus credenciales por mérito propio al ser elegida dos veces por amplia mayoría. Ambas integraron fórmulas conyugales con maridos que no confiaban en nadie, como los esposos Marcos en Filipinas o los Ortega en Nicaragua, paracaidistas ajenos a la democracia que suelen terminar sin ella. Como Manuelita Rosas, en 1841, las dos recibieron sendas “máquinas infernales” como legados maritales, una diseñada para aniquilar y la otra para corromper, pero esta vez explotaron en sus manos. Cristina Kirchner e Isabel Perón tienen cosas en común y, si no, se complementan. Cuando una es acusada de aniquilar la subversión, la otra es ensalzada por indemnizar ilegítimamente a sus víctimas Aquella conoció a Perón como bailarina folklórica. Luego abandonó la danza hasta 1975, cuando Celestino Rodrigo y José López Rega la hicieron bailar otras melodías. 

La segunda ha preferido los cánticos militantes para contonearse desde los balcones o los escenarios. Todavía está por verse qué compases le hará bailar Sergio Massa cuando los aumentos de tarifas y la mayor inflación atronen en los bolsillos de su audiencia. En la Argentina, las fiestas populistas siempre fuerzan a las viudas a bailar con los más feos. Ambas hicieron carreras políticas de la mano de sus maridos y recibieron enormes fortunas de origen desconocido al fallecer aquellos. Isabel debió enfrentar juicios relativos a la sucesión de Perón y vive retirada, como una aristócrata española, evitando volver a la Argentina para no ir a prisión. En cuanto a Cristina, los esquemas armados por su marido fueron tan torpes que, ahora, en lugar de disfrutar de sus nietos, peregrina por tribunales mascullando “la que se siente una b… soy yo”. La CGT ahora cierra filas para proteger a Cristina Kirchner en la causa Vialidad, como lo hizo respecto de Isabel, demostrando su enorme laxitud ética. Una, procesada por delitos de lesa humanidad. Otra, por administración fraudulenta Al igual que Cristina, la viuda de Perón percibe una doble pensión, por ella y por su marido, que alcanzó el grado más alto del escalafón militar. Ambas viven en barrios exclusivos de las ciudades donde habitan: Isabel, en un barrio cerrado próximo a Madrid. Cristina, en Recoleta. La madrileña habrá recorrido el Valle de los Caídos lamentando no haber podido enterrar a su marido cerca del Generalísimo, la platense visitaba el insólito mausoleo de Río Gallegos acompañada por su constructor, Lázaro Báez, a quien le otorgaron toda su confianza, con el grado de testaferro mayor.

 Al igual que Cristina, la viuda de Perón mantiene un estrecho vínculo con el Vaticano y ambas recibieron rosarios del Papa Francisco. La viuda de Kirchner lo usó como collar laico en Semana Santa en el encuentro EuroLat y como prueba divina de su inocencia en el Senado, cuando convocó a sus bloques en otra maniobra distractiva. Cuando se trata de protegerlas de la Justicia, para el peronismo ambas son lo mismo. Mientras subsista ese odio larvado, nada bueno puede presagiarse Mientras Isabel conserva recuerdos de López Rega e imágenes del Caudillo de España, la sucesora de Néstor guarda con orgullo sus fotos con Fidel Castro y Hugo Chávez, mientras relee La historia me absolverá, el alegato del comandante en su juicio de 1953, por el asalto a los cuarteles Moncada. Como se advierte, ambas viudas tienen cosas en común y, si no, se complementan. Cuando una es acusada de aniquilar la subversión, la otra es ensalzada por indemnizar fraudulentamente a sus víctimas. El 31 de julio de 1974, el diputado Rodolfo Ortega Peña, director de la revista Militancia Peronista, fue asesinado por la Triple A durante la presidencia de Isabel. Ese grupo paramilitar fue organizado desde el gobierno para combatir la subversión armada, con apoyo del peronismo histórico. En dos años y medio, asesinó a alrededor de 3000 personas sindicadas como izquierdistas. El 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner nombró secretario de Derechos Humanos a Eduardo Luis Duhalde, socio de Ortega Peña y también impulsor del socialismo nacional, quien continuó en su cargo hasta su muerte, durante la presidencia de Cristina Fernández. En 2007, la justicia española ordenó la detención de Isabel, a pedido de un juez de Mendoza, por el secuestro de dos activistas en 1974. Dada su avanzada edad, obtuvo prisión domiciliaria. 

De inmediato, las mismas Madres de Plaza de Mayo que ahora convocan a marchar por la vicepresidenta y que aplauden que tantos acusados por delitos de lesa humanidad no reciban el beneficio domiciliario a edad avanzada, celebraron la noticia como señal de que “comienza a llegar la justicia”. Para el peronismo, todo es lo mismo. Este año, cuando Isabel cumplió 91, Julio Piumato, secretario de Derechos Humanos de la CGT, pidió su sobreseimiento a la justicia federal en la causa de la Triple A, para poner fin “a la injusta proscripción que aún pesa sobre ella”. Y la misma CGT, con la firma de Héctor Daer, Carlos Acuña y Pablo Moyano, reclamó al Presidente la instalación de su busto en la Casa Rosada para “recuperar la memoria histórica de los trabajadores”. Así estaría cerca de la efigie de Néstor Kirchner. La CGT ahora cierra filas para proteger a Cristina Kirchner en la causa conocida como Vialidad, como lo hizo respecto de Isabel, demostrando su gigantesca laxitud ética. La una, procesada por delitos de lesa humanidad; la otra, por administración fraudulenta, con daño al sistema democrático. Andrés “Cuervo” Larroque declaró que la casa de Cristina, en Uruguay y Juncal, es un santuario peronista. La conversión de una unidad funcional en un lugar de veneración religiosa no parece conciliarse con el régimen de propiedad horizontal, ni tampoco con las normas de convivencia entre vecinos. Más simple es el santuario de la CGT para Isabel en el salón Felipe Vallese de la calle Azopardo. Perón, que siempre leía las Vidas Paralelas de Plutarco, no hubiera tolerado que el historiador romano comparase a las dos viudas como paradigmas del peronismo. Su doctrina era lograr una comunidad organizada con justicia social, pero sin lucha de clases, como proponen quienes veneran a Héctor J. Cámpora. 

 Las dos expresidentas, testigos de los peores dramas que vivió la Argentina reciente, representan la contradicción más flagrante que subsiste en el peronismo. Se mantiene sin resolución, por una cuestión de poder e intereses. Con tal de mantener gobernaciones, intendencias, cajas sindicales, planes sociales y botines varios, les da igual Noruega que Venezuela. Cuando se trata de protegerlas de la Justicia, para el peronismo ambas son lo mismo, aunque sean extremos opuestos. Mientras subsista ese odio larvado, nada bueno puede presagiarse para lo que vendrá. Con inflación del 100% y pobreza en aumento no debería unirse para ocultar delitos, sino para terminar con esos escandalosos flagelos. Es tiempo de que repliquen a Mijail Gorbachov, adoptando una perestroika (renovación) con glasnost (transparencia) para superar modelos perimidos mediante un consenso republicano conforme los valores de la Constitución nacional. Seguir jugando a la ruleta rusa es profundizar la crisis y agravar la situación para quien triunfe el año próximo, acaso otro objetivo aún más difícil de aceptar, pero igualmente capaz de cohesionar voluntades.

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/editoriales/el-discurso-del-odio-un-viejo-recurso-nid04092022/

Saturday, August 13, 2022

Reinicia, un proyecto de amor

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 Reinicia, un proyecto de amor


 13 de Agosto de 2022

 
Reinicia reivindica la importancia de continuar con los procesos de aprendizaje en jóvenes con discapacidad después de los 18 años. Gentileza Reinicia 

 Una de las mayores preocupaciones de quienes tienen un familiar cercano con alguna discapacidad que los vuelve dependientes en mayor o menor medida es pensar cómo cubrir sus necesidades según cada etapa de su vida. Muchos jóvenes que han concurrido a instituciones especiales para su tratamiento o para sus aprendizajes deberán sortear la dificultad de que en la gran mayoría de los casos no podrán continuar allí una vez traspasada la barrera de los 18 años.

 Con los avances experimentados por las ciencias médicas, el potencial y la expectativa de vida de este segmento vulnerable también se han visto acrecentados. Pensar que a su mayoría de edad entrarán en un parate, cuando no un retroceso, luego de tantos esfuerzos, activó una propuesta. Padres, familiares y amigos de jóvenes con trastornos neurológicos se encolumnaron detrás de la voluntad de armar una alternativa de acompañamiento para cuando superan los 18 años, sin caer en el aislamiento del simple regreso al hogar, fomentando también la continuidad de las actividades grupales de intercambio y sociabilización. Así nació Reinicia (www.reinicia.org.ar) y el deseo de crear un Centro Educativo Terapéutico (CET) para mayores de 18 años que atienda las particularidades de cada persona y su familia.

 
Una ONG que se propone dar amor a quienes más lo necesitan. Gentileza Reinicia 

 Cuentan ya, merced a donaciones, con instalaciones terminadas y otras en construcción en San Isidro, pero aún queda mucho por hacer. Reciben materiales, equipamiento y otras ayudas para proveer el mejor espacio físico, clave para el abordaje integral según distintos modelos de intervención. El objetivo es que comience a funcionar el año próximo. Los concurrentes contribuirán abonando una cuota según el nomenclador del servicio nacional de rehabilitación y alcanzar convenios con obras sociales hará que la valiosa propuesta sea autosustentable. 

 El principal combustible del proyecto es y será el amor y la generosidad de una comunidad que se ocupa de quienes más lo necesitan. 

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/editoriales/reinicia-un-proyecto-de-amor-nid13082022/

Sunday, July 24, 2022

Alpargatas sí, chancletas no

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 Alpargatas sí, chancletas no

 La Argentina no tendrá futuro si sigue financiando piquetes con recursos del Estado, sin proponer un serio plan de estabilización y crecimiento para terminar con la pobreza.

 24 de Julio de 2022

 En 1944, estudiantes universitarios se enfrentaron en las calles con activistas sindicales, oponiéndose a la participación de los gremios en la gestión de las universidades y allí utilizaron por primera vez el cántico “alpargatas sí, libros no” que luego se atribuyó a Eva y Juan Domingo Perón para identificar al peronismo. Pues bien, ahora ha llegado el tiempo de reivindicar a la alpargata, pues, con la perspectiva del tiempo, fue símbolo del trabajo y el esfuerzo personal. Ese sencillo calzado, de origen vasco, se introdujo en la Argentina con la inmigración luego de la Organización Nacional. Durante los 300 años que corrieron desde la fundación de Buenos Aires y hasta entonces, la pampa húmeda no estaba cultivada y tan pronto el viajero salía de la ciudad, se encontraba con pajonales, colas de zorro y espesos cardos, más altos que los jinetes. En el ámbito urbano, los pobladores usaban calzado rústico, fabricado por alguno de los 72 zapateros registrados en Buenos Aires (1744). En el campo, por el contrario, el gaucho caminaba poco y montaba con botas de potro. 

Ni unos ni otros labraban la tierra; apenas se producía un mínimo de grano, destinado a atahoneros y panaderos. En 1850 eran solamente las hectáreas sembradas. La alpargata evoca al agricultor que, por primera vez, puso en valor la fertilidad del suelo argentino, caminando detrás de un arado de mancera y luego, en rudimentario tractor a vapor, hasta convertir la Argentina en “granero del mundo”. La cultura del trabajo y el sacrificio junto con la educación dieron lugar a una clase media única en América Latina, que, más allá del campo, fundó las primeras industrias y desarrolló el comercio en ciudades, colonias y pueblos del interior, alentada por el sistema de valores implícito en la Constitución de 1853: el esfuerzo, el mérito, el talento y el éxito. Correlato del derecho de propiedad, las libertades individuales y la división de poderes, para garantizar aquel y aquellas. Con el tiempo, la producción rural se hizo mucho más compleja, con grandes inversiones de capital en tractores, acoplados, sembradoras, pulverizadoras y cosechadoras que operan contratistas especializados; aplicando biotecnología, drones y tecnologías satelitales. Al punto que todas las distorsiones posteriores de la Argentina autárquica, estatista y dispendiosa, fueron posibles debido a la competitividad del sector rural, impulsada por aquella alpargata primigenia.

 En 1943 la economía comenzó a politizarse, pasando de confiar en los mercados, a las rentas reguladas. El sistema corporativista, generó nuevos incentivos y nuevos ricos: la lealtad, la subordinación, la disciplina y la afiliación política. Y 30 años más tarde, en un giro de 180 grados, viró a los borceguíes y las barbas de Sierra Maestra. Con el nombre de “socialismo nacional”, la doctrina justicialista se contaminó de Antonio Gramsci (1891-1937) y la lucha cultural por la hegemonía marxista continúa hasta ahora, como útil manto discursivo para subordinar a los más débiles y tapar la corrupción. El esfuerzo, el mérito, el talento y el éxito serían armas culturales de lucha entre desiguales y deben ser desplazados por una nueva hegemonía. Así lo dijo Alberto Fernández: “Lo que hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años”. Por primera vez, la mitad de los argentinos son pobres, pues los incentivos que impulsaban al trabajo y el esfuerzo fueron reemplazados por la cultura del pobrismo. En el ámbito educativo, se eliminaron las calificaciones, las sanciones y los aplazos. Los docentes no son evaluados y solo pueden mejorar sus ingresos por antigüedad y ascenso jerárquico, no por mérito. Las jubilaciones se otorgan a quienes aportaron y también a quienes no lo hicieron. 

El garantismo judicial enseña que el delincuente es víctima social de un capitalismo explotador y no infractor del orden jurídico democrático. Para los amigos del poder, las penas son sustituidas por pagos en dinero, cursos de oratoria o de jardinería. El ingreso a la administración pública, en lugar de ser por concursos públicos indiscutidos, se logra con contratos discrecionales, transformados luego en planta permanente para retribuir a militantes y familiares. El peronismo toleró esa subversión ideológica, con tal de no perder sus cuotas de poder, a pesar del efecto devastador sobre el bienestar general. Por primera vez, la mitad de los argentinos son pobres, pues los incentivos que impulsaban al trabajo y el esfuerzo fueron reemplazados por la cultura del pobrismo. Como en la Inquisición, la alpargata fue quemada en auto de fe, mientras fueron entronizadas la zapatilla, la sandalia y la chancleta, más apropiadas para marchas y piquetes que la noble “espadrilla” de yute. Ahora los movimientos sociales reclaman el Salario Básico Universal, poniendo su mira para financiarlo, otra vez, en el campo argentino. Juan Grabois propone la receta de Henry George (1839 -1897) para nacionalizar tierras y arrendarlas a pools de siembra, más eficientes que el Estado. 

Y, con esa renta, sueña con eliminar la pobreza para siempre. Pero ningún pool de siembra invertirá en tierras gerenciadas por la política, incumplidora, oportunista y corrupta, salvo que su estrategia consista, una vez más, en recurrir a esquemas pergeñados para militantes y amigos. Esos experimentos ya se hicieron, provocando hambre y mayor pobreza. La hambruna rusa de 1921-22; la de Ucrania de 1932-33 (Holodomor de Stalin) y la de China de 1959-61 reflejan el impacto de la colectivización cuando los agricultores pierden interés por producir. En Venezuela y Cuba, los alimentos esenciales están racionados. Sin inversión en tractores, acoplados, sembradoras, pulverizadoras y cosechadoras; sin recursos para utilizar biotecnología, drones y tecnologías satelitales, una hectárea en la zona núcleo podría valer como una hectárea en el África subsahariana. La Argentina podría salir de su actual crisis si recuperase los valores que la alpargata simboliza. Mientras continúe financiando marchas y piquetes con recursos del Estado, sin proponer un programa serio de estabilización y crecimiento para eliminar la pobreza, el país quedará descalzo, sin pan y sin trabajo. 

 Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/alpargatas-si-chancletas-no-nid24072022/

Saturday, July 23, 2022

Alicia María Zorrilla: “Nunca jamás en mi vida he dicho una mala palabra”, por Luciano Román

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 Alicia María Zorrilla: “Nunca jamás en mi vida he dicho una mala palabra”


 La presidenta de la Academia Argentina de Letras advierte sobre un “desinterés” en la calidad lingüística del discurso público; asegura que el llamado lenguaje inclusivo deforma la gramática del español.

 23 de Julio de 2022 

 Luciano Román
Alicia María Zorrilla, presidenta de la Academia Argentina de Letras.  Alejandro Guyot.


 Siente pasión por las palabras; ve en la enseñanza de la lengua una misión. Encuentra en el lenguaje la clave de la convivencia y del respeto en una sociedad civilizada. Desde esa convicción, transmite amor por la gramática, el vocabulario y la sintaxis. No ve en el manejo de esas herramientas una cuestión meramente técnica: repara en la dimensión ética del lenguaje y en los valores que expresan nuestras formas de comunicación. 

Alicia María Zorrilla es una intelectual de fuste, una erudita de la lengua española. Pero tal vez por encima de esas condiciones, es esencialmente una maestra, en el significado más hondo y profundo del magisterio. Concibe la enseñanza como una tarea humanista y como un profundo compromiso con los demás. La ejerce con claridad y sencillez, sin alardes de erudición ni excesos de academicismo. Es divertido escucharla hablar de los zócalos de televisión o de las muletillas que empobrecen el lenguaje. 

Ha escrito libros poblados de ejemplos de las deformaciones cotidianas a las que es sometido el español. Afirma “bajo juramento” que jamás en su vida ha dicho una mala palabra. “Me chocan, pero no las censuro”, dice. Quizá sea un dato anecdótico y apenas pintoresco, pero habla de su singularidad y de su relación con el lenguaje. Habla también de otra época, en la que la enseñanza marcaba a fuego los hábitos y comportamientos sociales. 

 Hay algo sobre lo que Alicia Zorrilla no tiene dudas: el “lenguaje inclusivo” no es lenguaje ni inclusivo. Lo impugna con severidad. considera que es una deformación gramatical”, y que además “es innecesario”. Asegura que el español tiene un “masculino inclusivo” que no excluye a la mujer. 

En esta entrevista habla de la lengua en el sentido que le daba Heidegger: “El lenguaje es la casa del ser”. 

 –¿Cómo hablamos los argentinos? ¿Cómo hablamos hoy en comparación con nuestro pasado reciente? 

 –Algunos hablan muy bien, todavía, lástima que son una minoría. Los demás lo hacen como pueden. Hay una desidia, un desinterés… La gente dice: “Como total me entienden”... Entonces todo vale; cada vez se devalúa más la palabra. Y no es lo mismo hablar bien que hablar mal. Parece verdad de Perogrullo, pero es así. Nosotros tenemos la libertad de hablar, claro, pero con la obligación de que nos entiendan. Tienen que establecerse diálogos sólidos. Yo noto un desinterés en ese sentido. Pero hay personas que demuestran entusiasmo por mejorar y perfeccionar la lengua. Hay, entonces, un sector que quiere cultivarse lingüísticamente. Pero otros quieren hacer de esta sociedad una Babel. Y no puede haber una cultura lingüística personalizada, porque si cada uno habla como quiere, caemos en el caos. "Me parece infantil que los funcionarios hablen con la ‘e’. Mucha gente se está riendo de eso. Es triste, ¿no? Parece que estuvieran jugando”"

 –¿Cuál es el mayor peligro de esa desidia que usted señala?

 –Que la comunicación no sea clara; que se diga lo que se quiera de una manera incorrecta… 

 –Cuando usted observa el discurso público, desde la dialéctica política hasta los debates parlamentarios, ¿qué percibe? 

 –Que ha habido una regresión en el ámbito lingüístico. No hay cuidado; no se cuida la palabra. Y se ríen, eso es lo peor. Hay muchos que fomentan la devaluación de las palabras: “Hablen mal, total no pasa nada”…

 –¿Qué le pareció el planteo del gobernador de Buenos Aires, cuando convocó a los jóvenes a que hablen como quieran? 

 –Me pareció una falta de responsabilidad, sobre todo porque les estaba hablando a chicos de nueve o de diez años, que estaban atentos a la palabra del gobernador. Por supuesto, cada uno de esos niños tiene una familia, y en la familia debe empezar el estímulo para hablar bien. Pero no todas las familias tienen la formación para guiar a sus hijos. Cuando digo guiar, digo educar, porque educar significa guiar, conducir… hacia el conocimiento y durante el conocimiento. Yo siempre digo que la primera aula es la familia. Después viene la escuela, que cimenta lo que hace la familia. 

 –A muchas generaciones, la escuela las educó muy bien con herramientas que hoy se juzgan obsoletas. La ortografía se enseñaba con dictados; se obligaba a escribir cien veces, de manera correcta, una palabra mal escrita; las preposiciones y el abecedario se estudiaban de memoria. 

¿Qué valoración hace de los cambios pedagógicos que se han propuesto después?

 –Creo que deberíamos volver a eso; esa fue mi escuela. Yo tuve grandes maestras, a las que siempre agradezco la formación que me han dado. Los dictados, por ejemplo, eran un método muy efectivo. Hay que recuperar eso, y cambiar la metodología de enseñanza-aprendizaje. Dar clase no es ir a recitar un tema. Dar clase es volcar la pasión que uno tiene por la lengua para que el alumno la sienta dentro de sí también. El alumno tiene que recibir el estímulo de esa metodología.

 –Hoy existe una impugnación ideológica a los métodos tradicionales de enseñanza, a los que muchos consideran autoritarios. 

 –Es un error. Tenemos que separar la ideología y lo sociopolítico de lo lingüístico. Los niños y los adolescentes tienen derecho, desde el nivel inicial, a recibir una buena formación lingüística. No todos los maestros hablan bien, y ellos deben ser ejemplo. Parece otra verdad de Perogrullo, pero el alumno necesita ejemplaridad. Y hoy falta muchas veces ese ejemplo. 

 –¿Usted nota un deterioro en la formación lingüística de los docentes?

 –Sí, y un desinterés. Una vez organicé un curso gratuito sobre lingüística para maestros y profesores. Llevé la propuesta a 30 escuelas. No vino ninguno. Ni siquiera hubo consultas sobre el contenido del curso. 

 –Probablemente porque no otorgaba puntaje en el circuito de la burocracia educativa… 

 –¿Pero tenemos vocación para enseñar a o no? Eso debemos preguntarnos. 

 –¿Qué opinión tiene sobre el llamado lenguaje inclusivo?

 –Para mí, no es lenguaje. Es una invención innecesaria, porque en la lengua tenemos un masculino que se llama genérico o gramatical. Yo lo llamo masculino inclusivo, porque nos comprende a todos los seres humanos, sea cual fuere el sexo. Algunos creen que en ese masculino inclusivo hay un predominio social de lo masculino, con una invisibilidad de la mujer. No es así; no hay que equivocarse. Hay una diferencia entre ausencia e invisibilidad. Si yo digo “los diputados sesionan en el Congreso”, de ninguna manera significa que solo sesionan los hombres. Sabemos que entre “los diputados” hay hombres y mujeres. Entonces hay ausencia gramatical del femenino, porque no podemos decir “diputadOAs”, pero no hay invisibilidad: la mujer está, como también los transexuales. Lo peor es que es una minoría la que se queja de que la Real Academia quiere imponer, y nos están imponiendo ellos una invención por razones ideológicas. No podemos aceptarlo: la lengua pertenece al sistema gramatical del español. No se trata de ideología sino de lingüística.

 –¿Cómo evalúa el uso de esa invención dentro de la escuela? 

 –Es un peligro, porque los niños se están formando lingüísticamente. Si les ponemos esa bendita “e”, que no simboliza nada, ¿cómo van a entender el significado de una oración?, ¿cómo van a expresarse? Yo quisiera que los que promueven esto, cuando escriben o dan discursos, hablen totalmente en el mal llamado lenguaje inclusivo. Ninguno lo hace. 

 –¿Y cómo ve que el Presidente u otros altos funcionarios hablen con la “e”? 

 –Me parece adolescente y a veces infantil. Parece que están jugando. Mucha gente se está riendo de eso. Y es triste, ¿no? Además, se equivocan todo el tiempo. Escuchaba en estos días un discurso en el que el orador decía “todos y todas las ciudadanas”. Cuando hacemos una coordinación de ese tipo, deberíamos segmentarla: decir “todos los ciudadanos y todas las ciudadanas”. Pero ahí quedaba “todos las ciudadanas”. Entonces, ¿de qué inclusión me hablan? Están mezclando, alterando y distorsionando el español. 

 –¿Cree que puede haber un vínculo entre la degradación del lenguaje y la degradación de la ética pública?

 –Sí, la ética está unida al lenguaje. Yo digo que la comunicación es un arte cuando uno se expresa con ética, con verdad (que implica también corrección), con belleza y con inteligencia. Ese es el arte de la comunicación. Comunicar significa compartir, intercambiar. 
¿Qué podemos compartir e intercambiar si alteramos el lenguaje? 

 –Le preguntaba por la relación entre ética y lenguaje, porque esa consigna “hablen como quieran” parece remitir, también, a la idea de “hagan lo que quieran”: una noción de anomia y relativización de las normas… 

 –Es que eso es lo que se busca: que no haya leyes, que no haya reglas. Muchos profesionales, incluso, no aceptan reglas. Recuerdo el caso de un profesor que escribió un libro sobre Lengua. La correctora le señaló 25 errores que estaban fuera de la lengua, o sea eran anormales, sin la norma. ¿Sabe qué contestó el profesor? “Que se publique como yo lo escribí”. Es un acto de soberbia y de necedad. En el ámbito de la lengua hay que tener humildad y dejarnos ayudar. Errores cometemos todos; el que diga que domina la lengua española miente. Es una lengua muy rica. 

 –¿Cómo ha jugado, en relación con el lenguaje, la irrupción de la tecnología en todas nuestras formas de comunicación?

 –Es otro mundo; a mí no me asusta. Si la persona sabe escribir bien y se expresa con corrección, sería deseable que se ajuste a esas normas también al escribir un tuit. Pero a veces, por el apuro y la brevedad, no se puede. Me parece más criticable la incorrección en los correos electrónicos, donde muchas veces se saluda sin la coma: “Hola Juan”, en lugar de “Hola, Juan”. El nombre propio debe ir precedido por la coma. 

 –¿Y el menor ejercicio de la cursiva, más la velocidad con la que los chicos escriben en el teléfono, no conspira contra la calidad de la escritura? 

 –No me asusta. Creo que no conspira si tienen una buena enseñanza en la familia y en la escuela.

 –Recién mencionaba el papel de los correctores. ¿Hay un avance o un peligro con el mayor protagonismo de los correctores automáticos? 

 –Yo les tengo miedo. Confío en el que sabe y se ha formado para ser corrector, porque no cualquiera puede ser corrector. La corrección es un arte también. Hay que ser muy mesurado para corregir. Es mal corrector el que corrige de más, como el que corrige de menos. Hay que tener un equilibrio, y solo corregir lo que realmente se aparta de la norma. No el estilo, porque el corrector no es coautor. 

 –Corregir es un verbo que parece fuera de época, y que incluso esta estigmatizado… 

 –Ah, porque es lo mismo que censurar, para muchos. Pero no hay que tenerle miedo… 

 –Entre los adultos, sin embargo, parece haber cierta reticencia a corregir a los adolescentes, por ejemplo, en el uso y abuso de muletillas… 

 –“Dale” es una de esas muletillas… 

 –“Tipo” es otra… 

 –Tipo, tipo… ¡Ahh! Y hay otras: el “¿sí?” al final de la frase. O “a ver”, y “nada”… 

Es pobreza de vocabulario. Creo que es en una historieta de Tute, donde un personaje femenino pregunta: “¿Me querés?” .Y el hombre le contesta: “Dale”… 

 –Pero corregirlos parece un anacronismo…

 –No hay que tener reparos. Y entre los maestros y profesores, no solo debe corregir el docente de Lengua; lo deben hacer también los de Matemática, de Historia, de Química, de Física… La lengua es el centro de la cultura, y atañe a todas las asignaturas y a todos los ámbitos profesionales. Habitamos la lengua, y la lengua nos habita. 

 –¿Los jóvenes utilizan cada vez menos palabras para comunicarse? 

 –Sí, pero lo grave es la sintaxis. Cuando oigo a los adolescentes advierto que empiezan a hablar, cortan de pronto la oración sin terminarla, y le agregan otra. Entonces se forma un anacoluto, que es una inconsistencia que se produce en la relación entre las palabras. Y lo noto también en algunos periodistas.

 –¿Cómo nos ve a los periodistas en el uso del lenguaje? 

 –Depende. No quiero dar nombres… Veo que tratan de cuidarse. Yo denuncié mucho los zócalos televisivos, y ahora veo que se están corrigiendo un poquito, pero falta. He visto cosas muy groseras. Por ejemplo, al dar una noticia sobre un violador en el zócalo dice “violo a su suegra” sin acento. Parecía que estaba ofreciendo sus servicios de violador… 

 –En el ámbito educativo, la enseñanza de la lengua, aun defectuosa, parece más centrada en la escritura que en la oratoria. ¿Hay cierta devaluación de la oralidad?

 –Sí, lo he notado. Se ha perdido la práctica oral de la lengua, y hay que ser riguroso con eso. La corrección oral también se traslada a la escritura. Hay que explicarle al alumno para qué sirve la gramática. Hay que enseñar el “para qué” de las cosas. "La palabra tiene que construir, unirnos y enseñarnos a amar; la palabra es un milagro que nos permite la comunicación"

 –¿Qué lugar tiene el lenguaje en el sistema de convivencia de una sociedad? 

 –La clave es el respeto. Mientras nos respetemos a través de la palabra, todo va a ir mejor. Yo creo que sin respeto no hay comunicación. En los diálogos, uno debe ser correcto, primero por respeto a uno mismo, y después por respeto al otro. La palabra no puede herir ni discriminar. La palabra tiene que construir, unirnos y enseñarnos a amar. Yo siento pasión por la palabra; la palabra es un milagro. 

 –En términos comparativos, ¿la Argentina está mejor o peor que otros países de habla hispana en relación con el uso de la lengua? 

 –Más o menos igual. Antes se decía que Colombia era el país que hablaba mejor. Hoy los colombianos lo desmienten. El director de la Real Academia ha dicho que en ningún país se habla el mejor español; cada país tiene su español. Pero el descuido por el lenguaje se percibe en todos los países, aún en España. 

 –¿Cómo se lleva con las “malas palabras”? 

 –Yo nunca jamás dije una en mi vida. 

 –¿En serio? ¿Bajo juramento? 

 –Sí, sí, sí… No dije una en mi vida. En mi casa éramos mi hermana y yo, y siempre nos inculcaron que “las niñas no deben decir malas palabras”. Yo me crié en un hogar español: mi madre, gallega; mis abuelos maternos, gallegos; papá era muy estricto. Nos formaron en eso: en el respeto, en los valores, en las tradiciones. También en la belleza y en la inteligencia, dentro de lo posible.

 –Aunque no haya dicho jamás ninguna, ¿acepta las malas palabras como engranajes de nuestra lengua? 

 –A mí me chocan, especialmente en boca de una mujer, porque fui criada así. Pero están en el diccionario. A veces, según los contextos, caen perfectas. Están registradas. En el diálogo de una novela, que imita a la realidad, pueden aparecer. Yo no las censuro ni las corrijo. 

 –¿Se puede decir que una sociedad que habla mal piensa mal? 

 –Por supuesto. Si uno piensa mal, seguramente va a hablar mal. Todo empieza en la cabeza. Pero, como decía Malraux, hay que tener voluntad de cultura. Malraux decía: “La cultura no se hereda; se conquista”. Me parece una maravillosa definición.

 –¿Esa “voluntad de cultura” depende solo del individuo o también de la sociedad? 

 –Empieza siendo individual, pero en las clases, por ejemplo, se debe estimular. La voluntad se liga con el esfuerzo y el sacrificio. Decía santa Teresa de Jesús: “la verdad padece, pero no perece”. Ese es mi lema. Cuesta a veces introducir la verdad, lo correcto, pero esa verdad no perece. 

 –En esta pasión por la corrección del lenguaje, ¿siente que libra una batalla perdida o que nada todo el tiempo contra la corriente? 

 –No siempre. Por ejemplo, conmigo estudian muchos traductores. Y el traductor tiene muchas ganas de saber; quiere que su traducción sea rigurosa, pulida, que nada la altere. Entre mis alumnos hay médicos, psicólogos, abogados. Y eso me da fuerza. Mi vocación es de servicio. 

 –¿Considera que Wikipedia ha sido una buena contribución para hacer más accesible el conocimiento?

 –Hay que tener cuidado. Ayuda; aporta una orientación. Pero a veces los datos no son exactos. Es útil siempre que se haga con responsabilidad. 

 –¿Qué palabras cree que definen el tiempo que nos toca vivir en la Argentina? 

 –Desorden, desorganización, incertidumbre, tristeza, angustia. 

 –Tiene una visión muy pesimista… 

 –Sí, pero trato de no deprimirme; pongo mucha fuerza para no deprimirme. Pero a veces me siento abrumada. La casa tiene que tener orden, y nuestro país no tiene orden. Está desordenado, y parece que nadie sabe ordenarlo. 

 –Esa palabra, orden, también parece fuera de época… 

 –Bueno, hay muchas palabras que deberán volver, al vocabulario, pero también al hacer. 

 –¿Por qué cree que hay palabras a las que se termina identificando con un significado negativo cuando no lo tienen? Ocurre con “orden”, con “autoridad”…

 –Porque se las confunde: autoridad con autoritarismo; corrección con censura… Y no es así. A la pobre Real Academia le achacan todo el tiempo un supuesto autoritarismo. Fíjese que la Real Academia Española nació en 1713, cuando no había nada… Claro que se convirtió en autoridad lingüística. Pero después, cuando nacieron todas las otras academias, se empezó a trabajar conjuntamente. La Academia no dicta nada ni impone nada. A nosotros nos llegan las palabras y expresiones nuevas, las estudiamos, vemos si están difundidas en los distintos países, y luego las aprobamos o no. Todo depende de si están dentro del sistema gramatical del español. No sé por qué se han ensañado con la Real Academia Española.

 –Tal vez porque las academias representan un lugar de autoridad, y toda autoridad se pone en tela de juicio…

 –Las academias estamos al día, somos actuales, estamos en acción… Primero oímos y luego escuchamos (que es oír con atención) todas las palabras que se dicen. Todo para nosotros es una fuente de información: un noticiario, un llamado telefónico… Yo estudio todo; es el vicio de la profesión. 

 –¿Y qué detecta en las conversaciones telefónicas? 

 –Y, anoto… tengo mi “libretita del terror”. Es que todo es válido para identificar errores y tratar de revertirlos. A veces escucho “voy de mi tía”, que es un italianismo. No es correcto: “voy a la casa de mi tía”, o en todo caso, “voy a lo de mi tía”, que en el coloquio se admite. El otro día oí: “por lejos, es el mejor profesor”. Ese es un anglicismo; hay que decir “de lejos…” A esas cosas debemos estar atentos.

 –¿Cómo se empieza a revertir el deterioro que usted describe? Las pruebas Aprender marcan un pronunciado retroceso en la enseñanza y el aprendizaje de la lengua…

 –Se revierte estudiando. Yo creo que todo parte del maestro. El maestro tiene que tener una formación sólida; si no, mal va a poder enseñar. Una clase no es una improvisación, se debe preparar con mucho tiempo y mucha dedicación. El profesor debe demostrar solidez, demostrar que sabe. El conocimiento da un lugar en el aula. Y no solo es saber, sino también pasión por enseñar. Hay que transmitir vocación por mejorar. Y hay que tener un discurso ético con los alumnos. La palabra no es cualquier cosa; la palabra tiene mucho poder. Algunos dicen que tiene más poder que una espada. La distorsión de la lengua la degrada. Por eso yo combato tanto el llamado lenguaje inclusivo.

 –Usted hace mucho hincapié en la pasión para enseñar… 

 –¿Sabe qué significa pasión en griego? Significa padecer. El apasionado sufre. Pero sufre con alegría; es el sufrimiento que da placer. Dar una clase representa un gran esfuerzo, pero cuando la pasión está de por medio, es una caricia.

 –¿Cree que se ha diluido esa pasión por la enseñanza? 

 –Creo que sí, por distintas razones. Por circunstancias económicas o de otro tipo, pero no noto esa pasión. 

 –¿Y cómo se puede recuperar? 

 –Depende del esfuerzo de cada uno, y también de la vocación. La vocación es muy importante; es ese llamado que uno recibe. Así como una monja recibe el llamado de Dios en un momento, la vocación también es un llamado; un llamado a hacer algo por los demás; un llamado a mejorar y hacer mejores a los otros. 

 –¿Qué consejos les daría a padres de niños y adolescentes que quieren inculcarles a sus hijos el amor por el lenguaje y la lectura?

 –Los padres tienen que enseñar con el ejemplo. Los chicos ven a sus padres y también a sus abuelos. Es muy bueno que los padres comenten los libros con sus hijos; comentar es más que contar: es explicar, interpretar. Creo que hace falta ese diálogo cultural entre padres e hijos; incitarlos a la lectura; demostrarles que no es lo mismo leer que no leer. Santa Teresa decía: “Si no lees, estarás de rodillas; si lees, tendrás un lugar en la sociedad”. El estímulo debe comenzar en la familia. He visto en ferias de libros a muchos padres con sus hijos de cuatro o cinco años. Eso me emociona y me da esperanza. Esperanza con mayúsculas. 

 UNA APASIONADA POR LAS PALABRAS Y LA ENSEÑANZA.

  PERFIL. Alicia María Zorrilla 

 ■ Alicia María Zorrilla es miembro de número de la Academia Argentina de Letras y cumple su segundo mandato como presidenta de esa institución. 

 ■ Es Doctora en Letras, licenciada en Filología Hispánica y profesora especializada en Castellano, Literatura y Latín. 

 ■ Es Miembro de Honor de la Unión de Correctores de Madrid e integró la Comisión Interacadémica que creó la Real Academia Española para composición de la Nueva gramática de la lengua española.

 ■Es autora de obras literarias y lingüísticas, entre ellas, Retrato de la novela; La voz sentenciosa de Borges; Diccionario de las preposiciones españolas y Dudario. Diccionario de consultas sobre el uso del español. 

 ■En 2013 fue condecorada con la Medalla de San Jerónimo por el Colegio Nacional de Traductores del Perú. 

 Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/alicia-maria-zorrilla-nunca-jamas-en-mi-vida-he-dicho-una-mala-palabra-nid23072022/

Wednesday, July 20, 2022

20 de Julio-DÍA DEL AMIGO-FRIENDSHIP DAY

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                   20 de Julio: DÍA DEL AMIGO-FRIENDSHIP DAY


 


Fuente/Source
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Saturday, July 9, 2022

9 de Julio-DÍA DE LA INDEPENDENCIA

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                                ¡FELIZ DÍA DE LA INDEPENDENCIA!


 


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Más de lo mismo, por Graciela Guadalupe

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