Saturday, December 25, 2021

Navidad, renovar la esperanza/¡FELIZ NAVIDAD!-MERRY CHRISTMAS!

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Navidad, renovar la esperanza

 En estas Fiestas, es vital brindar en todos los sentidos, regalando generosidad para que el desarrollo y la inclusión de todos sean una realidad 

 24 de diciembre de 2021

 Venimos de transitar años complicados, de esos que nos marcan a fuego porque la vida se ha visto en jaque. Experimentar esa fragilidad tiene múltiples efectos. Entre aquellos más positivos está el de despegarse un poco de la tierra para elevar la mirada, más conscientes de la perentoriedad de las cosas. Para quienes sufren por no tener cubiertas sus necesidades básicas, el espíritu reclama encarnadura, soporte físico. Es así como mientras algunos puedan estar alzando su copa entre manjares, otros muchos añorarán tener un simple plato en sus mesas para estas Fiestas.

 De hecho, el Banco de Alimentos propone “recetas festivas con desperdicio cero” (bancodealimentos.org.ar/desperdicio-cero/) precisamente en tiempos en que un mal cálculo produce demasiados sobrantes que van tristemente a la basura. Como contrapartida, decenas de niños cuyo futuro peligra necesitan packs de leche, como solicita el Centro Conin Bancalari (Asoc. Civil Nutriéndonos, transferencias al alias CONIN.NUTRIENDONOS). Por su parte, Cáritas (caritas.org.ar) lanzó su campaña solidaria de fin de año con el lema “Navidad nos renueva” y convoca a todos a compartir con quienes más lo necesitan en estas Fiestas. 

En el difícil contexto de la pandemia, la institución prácticamente duplicó la asistencia para llegar a unos tres millones de personas, acercando consuelo y apoyo desde múltiples frentes. En su página plantea un creativo juego de palabras en torno al sentido de brindar, asociándolo a estos festivos momentos. Brindamos con las copas, pero también podemos brindar ayuda, afecto, tiempo, compañía, esperanza. Todos podemos ser constructores de fraternidad y de una amistad social que hoy, más que nunca, demanda nuestra solidaridad. Haciendo Camino (haciendocamino.org.ar) invita a ayudar con la alimentación de más de 600 chicos del norte argentino que merecen celebrar. Con #PapaNoelx1día la Fundación Natalí Flexer (fundacionflexer.org/navidad) pide regalos para niños en tratamiento oncológico. Manos Abiertas (manosabiertas.org.ar/navidad) propone “regalar bien” y ofrece distintas alternativas para acercar ayuda a niños, mayores o enfermos. 

Todos los días de la semana los merenderos de Lumen Cor (lumencor.org, transferencias al alias LUMEN.COR) atienden a muchos hermanos en situación de calle y necesitan donaciones de alimentos y cajas navideñas, tanto como voluntarios. Decenas de instituciones motorizan ayudas. En el contexto de la pandemia, el acompañamiento de cercanía también se complica. Hay mucha gente que estará sola. A veces una simple llamada telefónica o una palabra a un desconocido pueden cambiarles el humor a muchos y solo hace falta estar atentos y dispuestos. La noche de paz y amor es un momento de reflexión, de reencuentros y reconciliaciones, de reuniones familiares y de ausencias lamentadas. De celebraciones que deberían superar la fugacidad de un fuego de artificio, una costumbre que debiéramos desterrar definitivamente en beneficio de personas con autismo, niños, adultos mayores o animales. Se trata de fiestas del espíritu que muchas veces colapsan ante distracciones materiales externas, alejándonos del verdadero propósito. 

Para los católicos, el portal de Belén remite a un Dios que se hizo hombre en la humildad de un pesebre, alejado de los escenarios de poder de entonces, en un ritual silencioso que nos recuerda que un mundo mejor es posible. Para muchos, es un tiempo especial; un cierre y un comienzo en el que cada uno puede hacer la diferencia para otro. Cuando la pobreza golpea tan fuerte a tantos, la oscuridad de un futuro incierto solo puede iluminarse con esperanza. Necesitamos renovar la ilusión y la capacidad de sobreponernos a las diferencias para encarar nuevos proyectos. Navidad es unión, ¡y es tanto lo que tenemos en común! Depongamos las diferencias y aprendamos a respetarnos. Dispongamos el corazón, brindemos, en todos los sentidos, regalemos generosidad y miremos juntos hacia adelante. Que aquella estrella guíe nuestros pasos hacia un futuro de unión en el que el desarrollo y la inclusión de todos sea una realidad. 

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/editoriales/navidad-renovar-la-esperanza-nid24122021/Google Images.

Sunday, October 17, 2021

¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!

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Para todas las madres: pintura con palabras.

 Queridas madres: 

 Siempre que llega este día nos invade un profundo sentimiento de reconocimiento y agradecimiento hacia aquellas mujeres que nos han nutrido, criado y apoyado en nuestro desarrollo como personas. El amor materno es un sentimiento perenne en la historia de la humanidad que todos nosotros como hijos disfrutamos y agradecemos todos los días del año. Pero este domingo las homenajeamos especialmente, tratando de retribuir el amor recibido con un presente que simbolice todo lo que sentimos por ellas. Un presente elaborado por nosotros siempre tiene un sabor especial, pone en juego la inteligencia creativa, el corazón latiente y las manos activas. 

El arte en todas sus expresiones y manifestaciones tiene la cualidad de reunir estos tres elementos. Trascendida la esfera de las relaciones humanas el arte se convierte en objeto sensible, y la pintura una de las revelaciones artísticas que más ha reflejado ese amor materno. Por eso imaginé regalarles una pintura de palabras, con luces y sombras volcadas sobre un papel. 

 Recorro las huellas que dejó mi madre en mi infancia, imagino la dimensión del texto-cuadro, las perspectivas, la ubicación de los personajes, el fondo, los colores para dar comienzo al movimiento del teclado-pincel. Elijo la figura de una madre abrazando un niño pequeño, un abrazo intenso que casi los une, que recuerda la protección del niño en el vientre materno unidos por el cordón umbilical. Sentada en una silla de la cocina con el niño que la mira inocentemente, la madre retribuye esa mirada con ojos que destellan amor sereno. Esa profundidad de la mirada hace que la retina de uno encuentre la del otro, transmitiendo a través de sinapsis neuronales el sentimiento mutuo.

 El entorno es sencillo pero cálido, utilizo colores puros para darle centralidad y luminosidad al binomio. Una ventana en un lateral de la cocina permite que un haz de luz ilumine y refuerce ese vínculo en el que las manos de ella rodean al pequeño cuerpo del niño. Son manos de sacrificio de una noble trabajadora, como las describe Mercedes Sosa “lavando tanta ropa, cortando tanto pan, corriendo por la casa, la mesa acariciando, buscando en el descanso la aguja y el dedal”. La mesa de la cocina es sencilla con un mantel blanco y un plato con papilla de calabaza de color rojo tenue que contrasta con el mantel, papilla que complementa la nutrición afectiva.

 Observo la pintura casi realista, como si la madre pudiera salir del cuadro-texto y hacerse presente en cualquier momento. ¿Será esto un artificio visual, una imaginación o un deseo? El teclado-pincel ya no necesita más tinta-pintura, todo ya fue expresado en el cuadro, solo falta la firma: “un hijo para todas las madres”.

 Dr. Miguel Ángel Schiavone

 Rector Pontificia Universidad Católica Argentina

Thursday, September 16, 2021

Presidente, queda poco tiempo, por Víctor Manuel Fernández

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 Presidente, queda poco tiempo

 16 de septiembre de 2021

 Víctor Manuel Fernández

 El arzobispo de La Plata, de extrema confianza del papa Francisco, hizo llegar a LA NACION una crítica columna sobre las políticas sociales del gobierno de Alberto Fernández, el manejo de la pandemia y las elecciones primarias

 Por amor a esta Patria herida, muchos esperamos que el Presidente pueda revisar a tiempo su agenda de prioridades, para evitar una debacle que terminaría dañando todavía más a nuestro pueblo. Lo hemos visto muy entretenido con el aborto, la marihuana y hasta la eutanasia, mientras los pobres y la clase media tenían otras hondas angustias que no obtenían respuesta. En los últimos meses se vio una potente avanzada para imponer un lenguaje “no binario” que en las inmensas barriadas a nadie parece interesarle. Quizás se quiere copiar la agenda del socialismo español, olvidando que aquí estamos en América Latina. Y para colmo en plena pandemia, donde las circunstancias reclaman ocuparse de otros asuntos más imperiosos. A fines del año pasado, mientras los países vecinos estaban comprando vacunas, aquí el Ministerio de Salud se apasionaba en plena campaña por el aborto. Al menos hay que reconocer que no era el momento justo ni era esa la necesidad más imperiosa.

 Lo hemos visto muy entretenido con el aborto, la marihuana y hasta la eutanasia, mientras los pobres y la clase media tenían otras hondas angustias que no obtenían respuesta.  Muchas mujeres, a las que el gobierno creía responder, estaban viviendo al día, con sus familias despedazadas, sus hijos que habían abandonado el colegio y habían caído en la droga y la delincuencia, y con la plata valiendo cada día menos. De este modo, la agenda social que podría haber caracterizado a este gobierno, quedó desdibujada, y así se dilapidó una gran oportunidad. No debería llamar la atención la fuerte abstención de gente que no se siente representada por otras opciones políticas pero que está demasiado indignada como para ir a votar. Es muy elocuente que en muchos barrios pobres la abstención llegó al 40%, aunque en realidad esta campaña con pocas propuestas reales y mucho eslogan no entusiasmó a nadie.

 El presidente todavía está a tiempo de dar prioridad a los grandes problemas sociales y de enfocarse mejor en la producción y en el trabajo, que es lo que uno puede escuchar como reclamos genuinos si está cerca del pueblo. Le conviene recordar que en las anteriores elecciones Mauricio Macri pudo recuperar en las generales muchos puntos que había perdido en las PASO. No lo logró por cautivar con propuestas inteligentes, sino por algo muy sencillo: un enorme esfuerzo de acercarse más a la gente y al menos escuchar los verdaderos reclamos. ¿Quiénes no le perdonarían al Señor Presidente el mal paso de la fiestita de Olivos si lo hubieran sentido más cerca de sus reales problemas? De un estratega se espera la capacidad de leer en el momento histórico actual cuales son los verdaderos y más grandes reclamos del pueblo, al margen de los propios gustos. Pero a veces la política se confunde cuando cree que hablando de determinados temas responde a las expectativas de la sociedad, y en realidad solo está halagando a sectores minoritarios que tiene cerca. 

Eso no es el pueblo argentino, y los votos parecen demostrarlo. Sin embargo, algunos miembros del propio gobierno parecen pensar que la solución está en radicalizarse más, sin ver que eso sería acercarse más al abismo. ¿Quiénes no le perdonarían al Señor Presidente el mal paso de la fiestita de Olivos si lo hubieran sentido más cerca de sus reales problemas? El asunto es que trataba de “imbéciles” a quienes hacían lo mismo que él, así como cuando pedía un debate respetuoso sobre el aborto mientras llamaba “hipócritas” a los que pensaban distinto. Esa no es la imagen que muchos tenían cuando lo votaron. La mayoría lo votó por todo lo contrario, y la gente es demasiado sensible a ciertas cosas. Pero nuestro pueblo es generoso y es capaz de dar otra oportunidad a los que saben volver tras sus pasos y retomar el rumbo. Ojalá que así sea, para que se pueda reconstruir una economía que lleva varios años dañada y empecemos a resolver las dificultades de las grandes mayorías sufrientes. Ya hay mucha gente cansada de esperar.

 Arzobispo de La Plata

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/opinion/presidente-queda-poco-tiempo-nid16092021/

Saturday, September 11, 2021

El maestro debe volver a ocupar el centro de la educación argentina, por Santiago Kovadloff

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 El maestro debe volver a ocupar el centro de la educación argentina 

 La pandemia ha quebrado un orden pedagógico ya deteriorado; aun así, la enseñanza ha de ser una tarea primordial a la hora de reconstruir el país 

 11 de septiembre de 2021


 Santiago Kovadloff
Boligan 

La decadencia de nuestra educación se inició hace mucho. La pandemia no ha hecho más que multiplicar sus síntomas. Acentuó su patología, pero no la generó. Desnudó su magnitud, la hondura que ha alcanzado en tantos años. La educación pública está en ruinas. En ella y aun más allá de ella, las figuras del maestro y del alumno se han desdibujado. La peste, mal encarada por un gobierno que ni siquiera ha sabido disimular su falta de seriedad, sumó a la parálisis que impuso a la economía la indiferencia ante el quebranto del orden pedagógico. Se ha favorecido el contagio y la muerte donde se lo pudo haber evitado. La peste se rearma y vuelve a atacar. La recuperación es lenta, incierta, oscilante, desigual. Muchos han sido víctimas de la soberbia política y la insolvencia sanitaria. En nuestra América y en el mundo desarrollado. Aun así, tras la catástrofe, siempre sobreviene la reconstrucción. En ese proceso, la educación debería figurar entre las tareas primordiales. Más todavía, debería estar a la cabeza de ese proceso. Y la razón es clara: ella es la meta que infunde sentido a todo lo demás. La médula de lo que importa. Lo decisivo, si se piensa en la calidad de personas que debe generar el progreso económico y con las que el progreso tiene que contar si aspira a superar sus constantes contradicciones. La antinomia feroz entre rentabilidad y exclusión. El abismo entre dignidad y pobreza.

 "Un don caracteriza a los maestros: fecundan a quien los trata, lo iluminan" 

 No se trata de ninguna manera de limitarse a dar continuidad a lo que se vio interrumpido por la pandemia. Las soluciones de fondo que exige la educación –un escenario donde se acumulan los fracasos desde hace más de medio siglo– reclaman en la Argentina un cambio radical de orientación; del rumbo que nos llevó a la decadencia. El desafío mayor atañe a la recomposición de esas dos figuras hoy menoscabadas que mencioné al pasar: las del maestro y el alumno. Si ellas no recuperan protagonismo, todo será inútil. Proseguirá la farsa, abundarán los espectros y se profundizará la aniquilación del porvenir. Sobre la figura del maestro recae una responsabilidad indelegable: la de volver a dar vida a la emoción de enseñar y aprender. Sin él, la educación podrá contar eventualmente con recursos objetivos pero no tendrá sustento espiritual. Estas páginas intentan su semblanza, celebran sus rasgos distintivos. La aptitud que lo convierte en timonel de esa travesía fundamental que llamamos educación. 

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 Estoy persuadido: más allá de toda adversidad, los hubo, los hay, los habrá siempre. No abundan, es cierto, pero integran una especie a prueba de extinción. Son, por lo demás, inconfundibles. Un don caracteriza a los maestros: fecundan a quien los trata, lo iluminan. Convocan a sus oyentes a una experiencia mayor: la de ingresar de su mano al campo del saber como acto de autodiscernimiento. Son sembradores de hallazgos. Agudizan el oído, dinamizan la percepción. Promueven perspectivas inusuales. Destronan la costumbre y despiertan el asombro. Arrebatan la palabra a lo convencional y su modo de pensar contagia al discípulo. Le hacen lugar a la disidencia, no la ahogan. No invitan jamás a la polarización: prefieren tender puentes, alentar el intercambio. 

 "No aspira a inscribir a quien lo escucha en un saber que reclama sumisión" 

 Quien descubre que está ante un maestro se redescubre. Por obra de ese hallazgo, él mismo pasa ser otro. Este deslizamiento de la propia identidad desde lo previsible a lo imprevisible sitúa a quien aprende en un suelo inexplorado. Y, una vez en él, el alumno alza vuelo. El maestro disipa la bruma en que hasta allí se vivía. La oscuridad cede con él a una penumbra bienhechora. Penumbra, digo, y no ilusoria claridad plena. Inspirado por quien lo educa, el alumno sostendrá esa afición a la vigilia y la media luz. Aprenderá con él que la intransigencia del prejuicio y la tentación de lo dogmático no dejarán de acecharlo. El maestro transmite, no adoctrina. No aspira a inscribir a quien lo escucha en un saber que reclama sumisión. El maestro no pide acatamiento. La materia que modelada por su voz llega al discípulo preserva ese grado de flexibilidad semántica que incita al alumno a intervenir, a abordar lo que se le dice con su propio parecer. Es así como el acto de aprender se encarna en un compromiso personal. Con ello, el sentido de lo transmitido recibe la impronta de su nuevo intérprete, nuevos matices para su significación. 

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 La estirpe de los maestros es también variada e imprevisible. Se los encuentra donde menos se lo sospecha. Sin embargo, desde quien educa en el orden corporal hasta quien lo hace en el cielo de las altas abstracciones matemáticas, se diría que son uno solo; en todos ellos puede reconocerse un mismo perfil. Me deleité semanas atrás oyendo a Ana Victoria Chaves. En esa ocasión no fue como pianista sino describiendo los atributos de quien fuera su gran maestra. “Mi madre musical”, la llamó. “Elizabeth Westerkamp me enseñó –dijo–, qué era lo que yo debía entregar de mí al piano si quería que él me expresara”. 

 "Hay magisterio en una vieja moneda si se la sabe ver, en la palabra de un tendero, en una lápida remota tanto como en el esplendor de algo nuevo" 

 Hizo una pausa prolongada. Ana buscaba, en el silencio conmovido que la embargó, a qué darle prioridad en la semblanza de esa gran artista que lo era también en la enseñanza. “Elizabeth modeló mis movimientos. Me abrió las puertas de la naturalidad. Y me reveló el parentesco posible entre esa naturalidad y la obtención del sonido. Liberó mis manos de excesos. Sus gestos eran una conjunción perfecta de suavidad y firmeza. Su elocuencia estaba allí, en esos gestos. Sentada a mi lado, tomaba mis dedos entre los suyos y los conducía sobre cada nota como si me enseñara a pronunciar cada letra de cada palabra. Luego, suavemente, apartaba sus manos de las mías dejándome ir, confiada en que yo sabría hacer brotar el sonido que debía escucharse: límpido, sin impurezas. A todos sus alumnos nos estimulaba para que buscáramos y reconociéramos nuestra singularidad. La suya era una invitación a ser único”. El maestro no es privativo del aula. Tampoco alguien a quien corresponde identificar únicamente como un pedagogo profesional. Si se lo puede encontrar en una escuela o en una facultad, nada asegura que no se dé con él en boca de alguien con quien nos cruzamos en una calle o en un taller mecánico. Y su magisterio puede abarcar tanto semanas, meses o años como un solo y luminoso instante. De igual modo, es múltiple y variada su ubicación temporal. Puede irrumpir en una partitura del siglo XVI, en una talla de madera medieval o en una página de Franz Kafka. Hay magisterio en una vieja moneda si se la sabe ver, en la palabra de un tendero, en una lápida remota tanto como en el esplendor de algo nuevo. 

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 El maestro es un alquimista. Y también, un hechizado que hechiza. Si es suya la facultad de cautivar, es porque también se deja ver como cautivado por lo que transmite, urgido por compartir su íntima vibración. No habla sobre sino desde lo que comunica. Al escucharlo se advierte que se está ante alguien que da qué pensar y lo da literalmente. Es suyo lo conjetural, lo dilemático, los planteos que se aventuran más allá de lo asentado; la palabra donde confluyen la precisión y esa indispensable cautela al interpretar lo complejo. Atento siempre a la percepción de aquel o aquellos a quienes se dirige, se brinda en la misma medida en que pide entrega. 

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 Ofelia se llamaba. La contundencia de su paso, al ingresar al aula, anticipaba ese apego al rigor que era tan suyo y la fortaleza de un carácter que parecía hecho a prueba de adversidades. Le debo la emoción de empezar a aprender lo que a ella la enamoraba enseñar: Historia Moderna. Corrían los años 60. En la profesora Ofelia descubrí al primero de mis maestros. La ocasión en que me lo reveló sigue siendo inolvidable. Llamándome a exponer, me pidió que lo hiciera sobre el “Tercer Estado” en la Francia monárquica. Y de inmediato agregó sonriendo: “Y no olvides que yo ya lo sé.” El impacto que me produjo esa advertencia fue crucial, un deslumbramiento, una conmoción. Severa, por un lado, era a la vez una invitación a proceder con libertad, a que me arriesgara a dar a conocer mi opinión sobre el tema propuesto. Me incitaba a no ser el eco de su palabra, reclamaba mi presencia. Que le hiciera saber qué destino había corrido en mí lo que ella, con tanto empeño, había brindado. Aún no había descubierto a Sócrates. Y, sin embargo, ya lo tenía ante mí. 

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 Nada más alejado del maestro que la vehemencia de una prédica o la promoción de una ideología. El arte de la transmisión nada tiene que ver con esa presunción empecinada en creer y hacer creer que se cuenta con un saber invicto, impermeable al error, a salvo de la duda y poseedor jactancioso de un diagnóstico y de un pronóstico acabados sobre lo que somos, lo que sucede, lo que fuimos y lo que sucederá. Así concebida, la verdad no es más que una presa a la que se la exhibe enjaulada. Reverso absoluto del ideólogo, el maestro enseña a desconocer. Mediante diferentes formas de aproximación a su tema, reconfigura su semblante sin terminar de dar su esbozo por concluido. Así lo exige el carácter insuficiente de todo saber fecundo, no maniatado por el dogma ni el prejuicio y consciente de que lenguaje y realidad siempre se aproximarán sin alcanzarse nunca. Los hechos se acomodan a diferentes lecturas sin que ninguna les baste para dar por agotada en ella su significación. Por eso entre esas lecturas las más ricas son las que saben abrirse a la comprensión de su propia insuficiencia. 

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 Nicolas Malebranche, teólogo y filósofo cuya vida transcurrió entre 1638 y 1715, encabezó con el epígrafe que sigue las páginas de su Búsqueda de la verdad: “Le debo al Señor Descartes o a su manera de filosofar los sentimientos que opongo a los suyos y la osadía de discutirlos”. ¿Qué mejor caracterización que esta para dar a conocer el perfil de un buen alumno? La deuda que se contrae con un maestro no se paga jamás con subordinación a su enseñanza. El provecho rendido por sus ideas se deja reconocer siempre en la irrupción de ideas propias. Martin Heidegger dedica Ser y tiempo a Edmund Husserl, el pensador que inspiró su palabra y le dio sustento. Pero en él la gratitud no se manifiesta como acatamiento sino como discusión radical de su concepción de la fenomenología. Pocos a su turno reconsideraron con la acuidad de Karl Löwitz y Emmanuel Levinas el alcance de la obra de Heidegger. No por eso uno y otro dejaron de concebir al autor de Qué significa pensar como el filósofo decisivo del siglo XX. Y no es otra la razón por la que Goethe escribió, mucho antes, que solo sabe heredar quien transforma lo recibido. 

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 La plasticidad pedagógica del maestro hunde sus raíces, por supuesto, en un temperamento personal. Pero lo hace, además y necesariamente, asentada en un concepto de la transmisión que se convierte en brújula orientadora de su vocación. Quizá sea este el atributo intelectual decisivo de quien, al comunicar su enseñanza, sabe sembrar libertad interpretativa, apego a un intercambio que infunde otro valor que el convencional a quienes se reúnen para estudiar. Por obra de ese encuentro ambos, maestro y alumno, establecen una interdependencia hasta entonces desconocida: la que se funda en la puesta en juego de la propia subjetividad. El maestro es el celebrante de un rito singular. Opera sobre sus discípulos mediante aquello mismo que a él lo convierte en quien es. Es así como la alegría de aprender se convierte en la alegría de transmitir. De este modo se interna en el corazón de sus oyentes hasta hacer de ellos interlocutores. Habitante de sus ideas, el maestro promueve en quienes lo escuchan, esa misma necesidad de protagonizar plenamente lo que se dice. Un verso, una sentencia, una frase musical, una fórmula matemática: todo aquello a lo que remite proviene de un saber previamente metabolizado por su sensibilidad. Hace tiempo escribió Arthur Koestler: “Todos combatimos con solo media verdad contra una mentira entera.” Si de veras el maestro educa es porque sabe eludir una y otra vez el espejismo de lo inequívoco, esa ilusión que aspira a concebirse como certeza. Su fe en el papel que juega la interpretación proviene del valor que le adjudica como estímulo en el desarrollo del conocimiento personal. Es en ese punto donde comulgan, sin confundirse nunca, algo de la verdad que se busca y mucho de la sensibilidad que el maestro anhela fortalecer en quien aprende.

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/ideas/el-maestro-debe-volver-a-ocupar-el-centro-de-la-educacion-argentina-nid11092021/

Tuesday, May 25, 2021

25 de MAYO-¡VIVA LA PATRIA!

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                          25 de MAYO-¡VIVA LA PATRIA!

 

¡Muchas gracias Padre Sergio por su reflexión y acertadas palabras! C.M.


 Fuente: Mensaje del Padre Sergio S. párroco del Santísimo Redentor.

Triste correlato de una decadencia idiomática

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 Triste correlato de una decadencia idiomática 

 Cuando la grandeza del idioma se pierde, se ingresa en un terreno de pobreza intelectual colectiva en la que se expande la más pobre de las uniformidades 

 25 de Mayo de 2021
El lenguaje es una capacidad propia de los seres humanos; un conjunto de símbolos que nos permite expresarnos y comunicarnos. Más de 500 millones de personas compartimos el español como idioma, rica expresión viva y cambiante de una unidad en la diversidad de orígenes, costumbres y culturas. La digitalización y la globalización nos han conducido a una mayor internacionalización del idioma, con extranjerismos que se han incorporado a nuestra comunicación cotidiana. 

En el territorio de la inmediatez vertiginosa que transitamos, el lenguaje escrito se ha visto también recortado, inundado de abreviaturas que supuestamente permiten mantener el ritmo de los tiempos a costa de también acotar severamente la riqueza y la grandeza de las palabras, reduciendo el vocabulario de manera drástica, cuando no penosa. Sin duda, son los más jóvenes quienes encarnan estas nuevas tendencias y somos los mayores quienes podemos horrorizarnos ante su ortografía tanto como ante su pobreza de vocabulario, limitada apenas a un promedio de mil o mil quinientas palabras en muchos casos. Cuando el terreno de la imagen gana espacios y marca otros ritmos, el hábito de la lectura también retrocede. 

Todo parece contribuir a una simplificación de la expresión que desactiva matices y colores, y que conduce a una uniformidad capaz de suprimir el enorme y riquísimo bagaje que solo brindan las diferencias. Pretende también reducirse, incluso, a unos cuantos emojis para expresar las emociones más complejas. El proceso de empobrecimiento del lenguaje no es inocuo en tanto es expresión de las ideas y los pensamientos de la humanidad. Un estudio realizado hace ya unos años por economistas noruegos señalaba que, así como los tests de inteligencia fueron alcanzando mejores resultados a lo largo del siglo XX, en lo que se denominó el efecto Flynn –por James Flynn, investigador neozelandés–, los últimos resultados revelaban que el cociente intelectual de los jóvenes en los países desarrollados había comenzado a estancarse e incluso a disminuir, atribuyendo este efecto Flynn negativo a causas ambientales. 

 Ser capaces de leer, de ampliar nuestra mirada y nuestros pensamientos, de abrirnos a razonamientos más complejos es liberador, aunque sin duda pueda resultar molesto y desestabilizante para el dictador de turno Muchos consideraron insensatas y simplistas aquellas conclusiones, nacidas de pruebas de aritmética y vocabulario que no medían capacidad de razonamiento, por ejemplo, y muy distintas según se considerara el continente europeo o América Latina y África, donde aún queda un buen margen de mejora posible. El propio Flynn reconoce que “los ciudadanos adultos necesitan tanto inteligencia como conocimiento para ser críticos con sus gobernantes”. El profesor francés Christophe Clavé analizó más recientemente el efecto de la degradación del lenguaje: “El coeficiente intelectual medio de la población mundial, que desde la posguerra hasta finales de los años 90 siempre había aumentado, está disminuyendo en los últimos veinte años [...] 

El empobrecimiento del lenguaje puede ser uno de los factores más importantes de este retroceso”. Agregó que “quienes afirman la necesidad de simplificar la ortografía, abolir los géneros, los tiempos, los matices, o sea todo lo que crea complejidad, son los verdaderos artífices del empobrecimiento de la mente humana”. Una menor capacidad para expresar las emociones se condice asimismo con menor posibilidad de elaborar un pensamiento. Clavé afirma que se ha demostrado que parte de la violencia en la esfera pública y privada proviene directamente de la incapacidad de describir las emociones a través de las palabras. Una tan interesante como razonable observación. Cuando no se puede poner en palabras una emoción, se la actúa con el cuerpo.

 Cuando la grandeza del idioma se pierde, se ingresa en un terreno de pobreza intelectual colectiva en la que la uniformidad se expande. Es también en este contexto que suena ridículamente disparatada la excesiva preocupación por imponer particularidades “inclusivas” que no pueden integrarse forzosamente en un cuerpo vivo como la lengua, mientras simultáneamente se la empobrece cada día más. “¿Cómo se puede construir un pensamiento hipotético-deductivo sin el uso de un verbo condicional? ¿Cómo se puede considerar el futuro sin una conjugación en el futuro?”, reflexionaba Clavé y acentuaba el peso que limita el pensamiento al aquí y ahora, anulando proyecciones. Como en otros campos, nivelar hacia abajo desalienta el esfuerzo y el desarrollo de las personas. 

En ese sentido, ya conocemos la opinión del presidente Alberto Fernández sobre el mérito. Renunciar a continuar esforzándonos por brindar más y mejor educación es también una forma de alinearnos en ese mundo de pensamientos flacos, con pocas palabras y, por ende, cada vez más desprovisto de capacidades críticas. Un soberano sin instrucción es terreno fértil para la instalación de una corriente única de pensamiento cuando desactiva cualquier mirada independiente que pretenda sonar discordante. Los ciudadanos se vuelven así más fácilmente manipulables: a los autoritarios les conviene obstaculizar el pensamiento para anular cualquier crítica.

 Ser capaces de leer, de ampliar nuestra mirada y nuestros pensamientos, de abrirnos a razonamientos más complejos, es francamente liberador, aunque sin duda pueda resultar molesto y desestabilizante para el dictador de turno. En la educación está el verdadero germen de la libertad, capaz de sacarnos de una mediocridad fácilmente doblegable y de contribuir a la defensa de nuestros derechos. La educación es una garantía insustituible de equidad y progreso en libertad para cualquier sociedad.

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/editoriales/triste-correlato-de-una-decadencia-idiomatica-nid25052021/

Sunday, May 23, 2021

Editoriales- Opinión- Por el cambio político o la inviabilidad del país

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 Editoriales

 Opinión

 Por el cambio político o la inviabilidad del país 

 Urge la búsqueda de consensos básicos, de propuestas concertadas para planificar de una buena vez la salida de esta desgastante endemia política 

 23 de Mayo de 2021 

 Desde hace casi ocho décadas, es un lugar común advertir que la persistencia del populismo condena al país a la decadencia. El hecho de que quienes gobiernan hayan desoído sistemáticamente la advertencia sugiere tres hipótesis: una incapacidad asombrosa de aprendizaje individual y colectivo, la existencia de fuertes restricciones políticas (eufemismo para describir la presión de grupos dominantes que se benefician a corto plazo del statu quo) o una combinación de ambas y, la más grave, un fenómeno por el cual configuramos una sociedad que ha ido perdiendo con vistas al futuro el sentido y orientación de su destino como Nación. Si en el desarrollo de la personalidad humana concurren factores de consideración moral y de superación por el esfuerzo, por el estudio, por el ahorro, ¿por qué habría de ser distinto en el desenvolvimiento de las comunidades nacionales y por qué habría de ser admisible la disipación de recursos, la corrupción en el manejo de los negocios públicos, el desinterés por las razones que fundamentan la prosperidad visible de otras naciones y el desdén por el orden y la disciplina más elementales? 

 Hay quienes consideran que la Argentina va camino a convertirse en un corto plazo en Estado fallido, colapsado (failed state) o inviable. ¿No lo sienten así quienes dejan de apuro el país para abrirse nuevos horizontes en otras partes del mundo? Esto ocurre cuando un gobierno pierde el control o el monopolio del uso de la fuerza dentro de su territorio, sufre la gravísima erosión de su autoridad legítima para tomar decisiones, es incapaz de asegurar servicios públicos esenciales –en salud, educación, justicia, defensa– y de interactuar con otros Estados como miembro de pleno derecho de la comunidad internacional. La ciencia política concibe una categoría previa a la de Estado fallido, que es la de Estado vulnerable. Esta categoría se caracteriza por niveles crecientes de pobreza, venalidad, inflación y cierre de la economía, acompañados por un estancamiento persistente de su desarrollo. A eso se agrega la marcada erosión de la autoridad y el poder del Estado para actuar en la totalidad del territorio en relación con fuerzas desafiantes, como las del narcotráfico o las de quienes usurpan la propiedad pública y privada sin que los gobiernos atinen, u opten voluntariamente, por no reprimirlos con eficiencia inmediata.

 Frente a crisis de vigor excepcional un Estado vulnerable puede convertirse en Estado fallido. La crisis del Covid-19 ha afectado a todo el mundo. Desde el punto de vista puramente económico, el impacto fue más fuerte en promedio en los países ricos, pero también la recuperación ha sido en ellos veloz merced a campañas denodadas de vacunación y a paquetes de asistencia gubernamental de magnitud inédita. La Argentina se ha destacado en ese tiempo por un mediocre desempeño en el área de la salud y el desaire sufrido reiteradas veces por sus autoridades a raíz de la imprudencia de compararse con otros países, a partir de datos no debidamente probados. Sobre ese fondo se han acentuado los rasgos infortunados de la situación económica nacional y proliferado la comisión de errores, incluso de los que ya se registraron en el pasado cercano, como el cierre temporario para la exportación de carnes. Al menos figurativamente, la evolución de la sociedad argentina en las últimas ocho décadas se parece más a la de las víctimas del Ling Chi o “la muerte de los mil cortes” que a cualquier categoría de la ciencia política. Esta forma de tortura y ejecución fue utilizada en China y otros países del sudeste asiático hasta principios del siglo XX para castigar a quienes cometían crímenes abominables.

 El Ling Chi requiere que el verdugo, provisto de un cuchillo bien afilado, corte con precisión minuciosa distintas partes del cuerpo de la víctima durante un período prolongado. Difícil imaginar un castigo más cruel y una muerte más horrenda. Al igual que las víctimas del Ling Chi, la sociedad argentina ve cómo el populismo va amenguando en sucesivos trozados la vitalidad del conjunto. Sin embargo, parece anestesiada, acaso por la habitualidad en la decadencia, respecto de un empobrecimiento que apenas se palia, lejos de la dignidad del trabajo, con la dádiva de recursos públicos dispensados por una política errática. Nos negamos a aceptar que la Argentina esté predestinada a la decadencia. Nadie debe callar el llamamiento a reaccionar en las urnas frente a políticas que nos han situado en múltiples rubros –transparencia, inflación, pobreza, niveles básicos de aprendizaje escolar de nuestros adolescentes– en los renglones menos calificados en la comparación internacional. Nunca es demasiado tarde para corregir tan indeseable rumbo, acentuado desde la malhadada década de los setenta. 

Disponemos de recursos humanos de talento, ingenio y habilidades profesionales en múltiples disciplinas. En medicina, en ciencias básicas, en artes, en producción agropecuaria; en fin, en dominio, creatividad e innovación en las tecnologías del conocimiento. Debemos estimularlos en vez de producir el desaliento que confunde e impele a actores de valía a dejar el país. Los partidos de la oposición mal pueden, ante este estado de cosas, distraerse en conflictos internos. Cabe exigir de ellos que acuerden un programa de gobierno, tan ausente hasta aquí como en el asombroso vacío gubernamental en materia económica al cabo de un año y medio de gestión. Urge la recreación de una ilusión política confiable en medio de esta anomia que se prolonga hasta la extenuación de los mejores esfuerzos. Urge la búsqueda de consensos básicos, de propuestas concertadas para encontrar la salida a esta endemia política desgastante. No se encontrará la salida de este cuadro con la segmentación de fuerzas, sino en la consolidación de impostergables alianzas que sirvan mucho más que para la competencia electoral: que trasciendan la gobernanza de un país hoy desorientado, para iluminar y animar a la sociedad con nuevas y fructíferas ideas. 

 Fuente:https://www.lanacion.com.ar/editoriales/por-el-cambio-politico-o-la-inviabilidad-del-pais-nid23052021/

Los Campanelli y los Benvenuto, por Alejandro Borensztein

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