Los
políticos pasan, las tobilleras quedan
por Alejandro
Borensztein
Cuando todo indicaba
que íbamos a tener un verano apacible, Javi prendió los motores, encendió los
faroles y empezó otra vez el show.
Hay ocasiones en las que
se justifica extender un cachito más las vacaciones. Ya sea porque el año que
terminó te dejó extenuado o porque no hay barbaridades políticas que ameriten
apurar el retorno. O por ambas cosas, que posiblemente sea el caso.
Con Cristina presa,
Macri de campamento con su psicoterapeuta y Javi sedado con 4 gotas de
Clonagín a la mañana y otras tantas a la noche (se ve que ya le
encontraron la dosis justa), el verano político no parecía ofrecer
divertimentos significativos. Sin embargo, acá estamos dando inicio a la 19° temporada de columnas
dominicales en la página 2 del poder hegemónico.
Como destacados del
verano solo tenemos la pelea de los dos grandes estadistas que ofrece
el peronismo: Kicillof y Máximo. También alguna de las barbaridades a las
que nos tiene acostumbrados Grabois y la foto de una legisladora libertaria
posando semidesnuda y enjabonada con las dos pechugas desafiantes en primer
plano. Nada que merezca un análisis político particular.
El único fenómeno
político que no se detuvo en enero y siguió creciendo en popularidad fue el
del Chiqui Tapia y su batucada. A primera vista, una coalición
interesante pero un poco rara. En general los proyectos políticos arrancan con
un sustento ideológico y terminan con propiedades, aviones privados,
helicópteros y galpones llenos de autos. Acá la cosa parece que arrancó al revés.
No está claro si en las próximas elecciones estos muchachos van a sacar muchos
votos, pero evidentemente guita para la campaña no les va a faltar.
Tampoco hay que exagerar
el caso. La movida que nació en la AFA es nada si la comparamos con la
época dorada de los Kirchner, De Vido, José López y el resto de
aquellos grandes capocómicos que protagonizaron la inolvidable década ganada.
A propósito, es una pena
la manera en que se fue diezmando esa secta. Para colmo, ahora cayó preso
Uberti, el de la valija de Antonini Wilson y tantos otros emprendimientos.
Todavía anda por ahí boyando el trío Alberto-Tolosa-Albistur, pero
es evidente que ya se van apagando. Los ponés en un titular de diario o en un
zócalo de televisión y no los mira ni el loro.
Viene zafando Sergio
Massa, posiblemente protegido por el propio gobierno ya sabemos todos por qué.
Pero ahora empezó a destaparse la gran joda que se potenció durante su paso por
el Ministerio de Economía. Para quienes no recuerdan el caso, algunos amigotes
conseguían dólares a precio oficial y, aprovechando la brecha cambiaria, los
vendían al doble en el mercado paralelo. Sin dudas, uno de los grandes éxitos
del gobierno de Alberto y Cristina por el que injustamente los persigue la ley.
Decimos injustamente porque los K no fueron los únicos chorros. Tal vez
fueron los más golosos pero también los más boludos. Por algo fueron todos
presos. La gracia de chorear es que no te atrapen.
A propósito de corruptos
y detenidos, este es un buen momento para que los principales dirigentes del
país, sobre todo los que gobiernan, aprendan que nada es para siempre. Y
que la impunidad que hoy tenés, tarde o temprano la perdés. Los políticos
pasan y las tobilleras quedan.
Cuando el reo o la rea
cumple su condena, se le saca el dispositivo electrónico, se le pasa un trapito
con un poco de lavandina y se lo vuelve a usar. Siempre habrá un
tobillo disponible de algún gracioso que se hizo pasar por patriota para
hacerse rico.
Para el gobierno, el
caso LIBRA o la joda que se destapó en la ANDIS son episodios sin consecuencias
que se irán perdiendo en el tiempo. Lo mismo pensaba Cristina cuando
Lanata mostraba la joda de Lázaro Báez y los hoteles de los Kirchner.
Volviendo al punto, nada
parecía alterar la modorra estival. El ministro Caputo, que siempre te rinde,
solo metió un hit en todo el verano: “Yo me compro la ropa afuera”, dijo
creyendo una vez más que todos los argentinos nos pasamos los fines de semana jugando
al rugby y escuchando temas de Cesar Banana Pueyrredón.
Una pelotudez menor si
la comparamos con el inolvidable “comprá campeón” y tantos
otros éxitos de este verdadero crack de zona norte.
La única movida
productiva que siguió funcionando de maravillas durante el verano es el
famoso carry trade. No es para cualquiera. Te tienen que sobrar
algunos dólares o tenerlos ahorrados de antes.
Todo consiste en vender
parte de esos dólares (hay que estar loco para venderlos todos), aprovechar el
dólar controlado que ofrece el gobierno, colocarlos en pesos a tasas altas y
fumar tranquilo debajo de la sombrilla. Es un truco que, desde Martínez de Hoz
para acá, no falla nunca.
En realidad no falla
nunca si es que estás atento y sabés salir a tiempo, aunque
con los años ya todos aprendimos a salir a tiempo. Si alguien todavía tiene
alguna duda, basta preguntarle a Macri y su mejor equipo en 50 años que incluyó
a Caputo y a Sturzenegger. ¿De dónde salen los pesos que los inversores se
llevan así de fácil? Menos averigua Dios y perdona.
Sin embargo, en algún
momento todo se puede complicar. Si bien el gobierno alardea de que está
comprando dólares y reforzando las reservas, la cruda realidad es que las
reservas netas en dólares y yuanes al 11 de febrero eran negativas en
11.510 millones de dólares.
Para quienes les
interesa el tema, esto se desprende de que las reservas brutas, al miércoles
pasado, eran de 45.305 millones de dólares pero los pasivos en dólares son de
56.815 millones. De ahí que estamos con 11.510 millones en rojo. Y no estamos
peor porque los 4.024 millones de dólares que teníamos en oro (y que se
computan en las reservas brutas) se transformaron en 9.848 gracias a la
espectacular subida del metal. Moraleja: el carry trade sirve
si estás atento. Si te dormiste, perdiste.
En esa calma veraniega
estábamos cuando Javi prendió los motores, hizo laburar al Congreso y
sacó la tantas veces postergada reforma laboral. Eso nos regaló nuevos
episodios. Por ejemplo el senador kirchnerista Recalde declaró estar en contra
de la reforma laboral y después explicó que todavía no había leído el
proyecto.
También el senador Jorge
Capitanich salió a criticar la ley aduciendo que estaba en riesgo la libertad
de expresión. Este muchacho debe ser un homónimo del Jorge Capitanich que el 2
de febrero de 2015 pasó a la historia cuando, siendo Jefe de Gabinete, se paró
frente a las cámaras de televisión y rompió en vivo varias hojas del
diario Clarín. Días antes había dicho que la repercusión mediática por
la muerte de Nisman era “una conspiración para tapar el éxito de la
temporada marplatense” (textual).
Por suerte Milei los
envalentonó y salieron todos de sus ratoneras. El mismo Javi tomó fuerzas y
empezó otra vez con el tema de los mandriles y sus derivados.
Por ahora, con cierta
cautela. Solo ligaron Paolo Rocca, Luis Novaresio, Marcelo Bonelli, Maria
O’Donnell y no muchos más. Pero todo puede cambiar de un día para el otro.
Bastaría que una noche se le caiga al piso y se le rompa el frasquito
de Clonagin para que el presidente agarre el celu y no lo suelte más.
En el fondo sería una
bendición. Un nuevo Campeonato Nacional de Mandriles 2026 nos vendría
bárbaro.
Como ve amigo lector, la
realidad siempre ofrece mercadería fina. Acá seguiremos para aprovecharla y
entretenernos.
Es un placer estar de
vuelta.
Arrancó la temporada.